Víctimas, 17 de diciembre: Argimiro García Estévez, Luis Santos Hernández, Diego Fernández-Montes Rojas y Antonio Molina Martín

Libertad digital.

El martes 17 de diciembre de 1974 la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al subteniente de la Guardia Civil LUIS SANTOS HERNÁNDEZ y al agente ARGIMIRO GARCÍA ESTÉVEZen el que sería el último atentado con víctimas mortales de ese año. Con Santos Hernández y García Estévez sumaban diecinueve asesinados por ETA, de los que trece lo fueron en un solo atentado: el cometido en la cafetería Rolando de Madrid el 13 de septiembre.
Ambos guardias civiles pertenecían a la 551ª Comandancia y, tras patrullar por las calles de la localidad guipuzcoana, pararon a tomar un vino en un bar. Cuando salieron del bar, en torno a las 20:30 horas, se encaminaron por la calle del Ferial. Luis Santos, comandante del puesto de Mondragón, iba de uniforme, mientras que el agente García Estévez vestía de paisano. Pocos minutos después, hacia las 20:45 horas, un vehículo se puso a su altura y fueron ametrallados por miembros de la banda terrorista que iban a bordo del mismo. El vehículo utilizado, un Seat, fue robado a las 19:30 horas a punta de pistola y abandonado a unos cuatrocientos metros del lugar del ametrallamiento después de que los terroristas colisionaran contra otro turismo.
Argimiro García falleció prácticamente en el acto, mientras que Luis Santos fue trasladado primero al centro hospitalario de Mondragón, donde se le practicaron unas curas de urgencia, y de ahí al Hospital de Cruces de Baracaldo, falleciendo a las once y media de la noche.
La capilla ardiente con los restos mortales de ambos guardias civiles se instaló el 18 de diciembre en el cuartel de la Guardia Civil de Mondragón. El 19 tuvo lugar el funeral en la Iglesia de San Juan Bautista de la localidad, tras el cual fueron trasladados en sendos furgones fúnebres a sus localidades natales para ser enterrados.
En el ametrallamiento de los guardias civiles participó, presuntamente, Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, integrado entonces en los llamados "comandos especiales" (bereziak) de ETA político-militar, tras la escisión de un sector de la banda en octubre de ese año 1974 que pasaría a llamarse ETA militar comandado por Argala.
Argimiro García Estévez, guardia civil de 50 años había nacido en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). Estaba casado y tenía siete hijos, tres varones y cuatro mujeres, con edades comprendidas entre los 26 y los 14 años. Hacía veinticinco años que pertenecía a la Guardia Civil y llevaba siete destinado en Mondragón.


Luis Santos Hernández, subteniente de la Guardia Civil de 52 años, era natural de Alamedilla (Salamanca). Estaba casado y tenía un hijo de 25 años y una hija de 24. Había ingresado en la Guardia Civil en 1944 y llevaba destinado en Mondragón siete años, igual que García Estévez.



En la madrugada del domingo 17 de diciembre de 1978, miembros del grupo Gamboa de ETA asesinaban frente a la playa de La Concha de San Sebastián, al coronel del Ejército retirado DIEGO FERNÁNDEZ-MONTES ROJAS. La víctima trabajaba en el Ministerio de Cultura, donde se ocupaba del depósito oficial de prensa. Según la normativa de la época, los periódicos tenían que depositar un ejemplar de cada edición en el Ministerio de Cultura y Diego Fernández-Montes era el encargado de recibir y sellar esos ejemplares.
Dos miembros de la banda, con un tercer cómplice que les esperaba en un vehículo, lo esperaban en los jardines de Alderdi Eder y cuando vieron que se acercaba a la puerta de la Delegación del Ministerio de Cultura, lo acribillaron a balazos. El coronel retirado trató de refugiarse en unos soportales, pero cayó al suelo alcanzado en las piernas, brazos y vientre. Trasladado al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, fue intervenido quirúrgicamente durante tres horas, falleciendo a las nueve de la mañana. La Policía recogió en el lugar de los hechos catorce casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco.
Al día siguiente al mediodía se celebraba su funeral, oficiado en la parroquia de la Sagrada Familia de San Sebastián. A su finalización se produjeron algunos momentos de tensión que se exteriorizaron con gritos de "Arriba España" y "Gobierno asesino", acallados rápidamente a petición de la propia familia.
ETA militar asumió en un comunicado enviado a medios de comunicación vascos el asesinato a tiros del coronel de Infantería retirado. En el año 1982 la Audiencia Nacional condenó a José Luis Martín Elustondo, José Ignacio Goicoechea Arandia y Joaquín Zubillaga Artola por el asesinato de Diego Fernández-Montes a sendas penas de 20 años de prisión, y a otros 4 años por uso ilegítimo de vehículo. Un cuarto terrorista no identificado participó en el asesinato siendo el que con Goicoechea Arandia efectuó los disparos contra la víctima.
Diego Fernández-Montes Rojas tenía 63 años. Estaba casado y tenía nueve hijos. Era natural de Herencia (Ciudad Real) donde fueron enterrados sus restos mortales. Tras retirarse del Ejército, desde 1956 Diego Fernández-Montes estaba adscrito a los servicios del antiguo Ministerio de Información y Turismo. A partir de 1977 las funciones de control de la prensa fueron asumidas por el Ministerio de Cultura, en el que trabajaba Fernández-Montes cuando fue asesinado. La víctima residía en un bloque de viviendas del barrio de Amara, en la calle Sancho el Sabio de San Sebastián donde vivían otros militares. Varios de ellos serían asesinados por ETA en sucesivos atentados.
El martes 17 de diciembre de 2002 dos miembros de la banda terrorista ETA dispararon a bocajarro en la carretera Nacional VI contra el guardia civilANTONIO MOLINA MARTÍN y su compañero, Juan Aguilar Osuna, que acudió en su ayuda, cuando el primero solicitaba la documentación a dos individuos que les habían resultado sospechosos.
Hacia las 15:50 horas Antonio Molina y Juan Aguilar participaban en un dispositivo de seguridad especial contra los atracos que se estaban produciendo en algunas localidades de la zona noroeste de Madrid. Por ese motivo se encontraban en el kilómetro 38 de la carretera de Madrid-La Coruña a su paso por Collado Villalba, en un punto bastante conflictivo en cuanto al tráfico de vehículos. Uno de ellos, un Ford Escort con matrícula de Málaga que iba en dirección a Madrid, llamó su atención, por lo que se colocaron con su vehículo detrás del mismo e hicieron señales luminosas y acústicas a sus dos ocupantes para que se detuvieran. Cuando el vehículo sospechoso detuvo la marcha, Antonio Molina se acercó a la ventanilla del conductor, mientras su compañero lo hacía por la del copiloto, con la intención de proceder a identificar a los dos individuos. En ese momento, el que iba en el asiento del conductor se apeó del vehículo y disparó tres veces a bocajarro, provocando la muerte en el acto de Antonio Molina. El copiloto disparó desde dentro del vehículo contra el agente Juan Aguilar, iniciándose un tiroteo.
En el intercambio de disparos resultó herido grave en el brazo Juan Aguilar y el etarra Gotzon Aramburu Sudupe, que fue detenido en el lugar de los hechos por otro guardia civil del Destacamento de Tráfico de Collado Villalba, César Silos Lázaro, que casualmente se dirigía junto a su esposa hacia Madrid. Al descender de su vehículo vio a los dos guardias civiles heridos que le indicaron que el otro individuo herido, que intentaba huir, era el autor de los disparos. Se dirigió hacia él y, pese a estar desarmado, procedió a su detención. A continuación lanzó por la emisora el siguiente mensaje: "Urgente para cota (central). Tiroteo en el kilometro 38. Heridos"
Las heridas que sufrió Juan Aguilar Osuna, de 26 años y natural de Baeza (Jaén), provocaron su inhabilitación permanente para el desempeño de su oficio. El agente era hijo de guardia civil, y su hermano, también miembro de la Benemérita, estaba destinado en el mismo cuartel de Collado Villalba. Un voluntario de Cruz Roja resultó también herido leve por un disparo fortuito de un agente de la Guardia Civil. 
El segundo terrorista, Jesús María Etxebarria Garaikoetxea, emprendió la huida inicialmente a pie. Pistola en mano, abordó al conductor de un vehículo, una mujer a la que obligó a bajar tras llevarla un trecho secuestrada mientras enfilaba la Nacional VI en dirección a La Coruña. Después hizo uso de varios medios de transporte público y llegó a San Sebastián, vía Valladolid, donde apareció el vehículo abandonado. Allí fue reconocido y detenido esa misma noche por miembros del dispositivo policial que se estableció tras el atentado que contaban con la descripción exacta del asesino que proporcionó la conductora del vehículo robado a punta de pistola.
El Ford Escort de los terroristas iba cargado con ciento treinta kilos de explosivos por lo que las Fuerzas de Seguridad establecieron un amplio cordón de seguridad antes de que los Tedax procediesen a explosionar controladamente el vehículo a las 19:20 horas. Pese al cordón de seguridad establecido, a algunos curiosos la explosión les pilló desprevenidos y fueron alcanzados por trozos del vehículo que salieron despedidos a muchos metros de distancia. "Al empezar la explosión nos han echado para atrás pero me ha caído un hierro que mide más de un palmo en el paraguas, lo ha atravesado y, si no es por eso, me abre la cabeza" comentó un joven de Villalba. La detonación se pudo sentir en las viviendas no sólo de Collado Villalba sino también en el cercano municipio de Alpedrete. En muchas viviendas se llegaron a mover los muebles y muchos vecinos se quedaron sin luz. La explosión provocó un intenso fuego que obligó a la Guardia Civil a pedir inmediatamente la presencia de los Bomberos del parque de Collado Villalba.
Mientras tanto, la carretera de La Coruña se había convertido en una trampa para los conductores que circulaban por la misma. La carretera estaba cortada al tráfico en sentido de entrada a Madrid desde las cuatro de la tarde, nada más producirse el asesinato de Antonio Molina, y en sentido salida desde poco más tarde, lo que provocó atascos de cerca de diez kilómetros en ambas direcciones.
Los explosivos que transportaban iban a ser utilizados para cometer una serie de atentados escalonados en varios centros comerciales de Madrid el 31 de diciembre, según declararon los dos etarras tras su detención. En 2005 la Audiencia Nacional condenó a Gotzon Aramburu Sudupe y Jesús María Etxebarria Garaikoetxea a sendas penas de 26 años de reclusión mayor por el asesinato de Antonio Molina y a 16 años más por el asesinato frustrado de Juan Aguilar. Ambos formaban parte de un grupo itinerante de la banda y se les imputó también el atentado cometido semanas antes en un aparcamiento situado en la plaza Alfonso XIII de Santander.
Antonio Molina Martín tenía 27 años y era natural de Melilla. Primogénito de una familia de cinco hermanos, el padre del agente asesinado era brigada de la Guardia Civil destinado en la frontera de Melilla con Marruecos. Antonio Molina estaba soltero y había vivido en Melilla hasta los 17 años, cuando ingresó en la Escuela para Guardias Jóvenes de Valdemoro (Madrid). Llevaba cinco años destinado en Collado Villalba y, siempre que podía, regresaba a su ciudad natal, donde seguía residiendo no sólo la mayor parte de su familia, sino sus amistades. Antonio Molina tenía solicitada una plaza en Melilla en el mismo acuartelamiento en el que estaba destinado su padre. 
El funeral por su alma se celebró en Las Rozas (Madrid) y durante el mismo el ministro de Interior, Ángel Acebes, impuso al féretro la máxima distinción del Instituto Armado, la Gran Cruz de Oro al Mérito Civil. A continuación los restos mortales de Antonio Molina fueron trasladados hasta Melilla, para ser enterrado en el cementerio de la Purísima Concepción. El pleno de la Asamblea de Melilla le otorgó la Medalla de Oro y lo nombró hijo predilecto de la ciudad autónoma. Además, se acordó que una calle de Melilla llevase el nombre del guardia civil asesinado. Tras el entierro, Ángel Acebes declaró: "Acabamos de enterrar a alguien que, con su vida, ha salvado, y estoy absolutamente convencido, la vida de otras muchas personas (...) Molina es un héroe".
En recuerdo del héroe Molina Martín se erigió un pequeño monumento frente al cuartel al que pertenecía en la localidad de Collado Villalba. Antonio Molina Martín fue la última víctima mortal de la banda terrorista ETA en el año 2002, tras el asesinato del concejal socialista en Orio Juan Priede Pérez el 21 de marzo, de Cecilio Gallego Alaminos y la niña Silvia Martínez Santiago el 4 de agosto en Santa Pola (Alicante) y del guardia civil Juan Carlos Beiro Montes el 24 de septiembre en Leiza (Navarra). 

Lecturas 17.12.2012

Does The Universe Have A Purpose?


¿Es positiva la rentabilidad social del AVE?, por Abel Fernández.

De todas las posibles consideraciones de rentabilidad social del AVE, la única relevante es la de la equidad, que además es negativa. Para el resto de consideraciones, se trata de un servicio privado (un acuerdo entre una empresa y un particular) cuya única externalidad social es la contaminación, equivalente a la de otras alternativas. Por lo tanto, a su desastrosa rentabilidad económica hay que añadir la desastrosa rentabilidad social, puesto que socava la legitimidad del Sector Público al subvencionar la comodidad de las rentas altas con cargo a los Presupuestos Generales.

Parodia y mofa de TONI CANTÓ (UPyD) al nacionalismo catalán.


Entrevista de John Müller a Juan Ramón Rallo.

P.- ¿Qué reformas son imprescindibles en España? R.- Básicamente cuatro: no socialización de las pérdidas de la banca, reducción del gasto público del orden de 130.000 millones, mejora de la fiscalidad del ahorro y la inversión, y liberalización de todos los mercados.

Entrevista con Arthur Betz Laffer, creador de la "Curva de Laffer", por Carlos Molina.

Lo que está ocurriendo es que la gran mayoría está aplicando el modelo contrario. ¿Usted ve que esas economías están mejor que en el pasado? No. Cuando reduces los impuestos, controlas el gasto, no inundas el mercado de dinero, tienes libertada comercial y suprimes regulación innecesaria, las economías crecen más rápido. Hoy tenemos lo contrario:_mucho gasto descontrolado, subidas masivas de impuestos, barreras arancelarias, trabas regulatorias y por ello la gran mayoría de países no está creciendo. Lo están haciendo muy mal. Y España es, desafortunadamente, un buen ejemplo de esa mala política económica. Es muy triste ver sufrir a millones de personas.

Mary Beth McKenzie

American Gallery and Official Website.














































Víctimas, 16 de diciembre: Julio Martínez Ezquerro y Josefina Corresa Huerta

Libertad Digital.


A las 22:30 horas del viernes 16 de diciembre de 1977 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) al concejal del Ayuntamiento de esta localidad,JULIO MARTÍNEZ EZQUERRO cuando se disponía a entrar en el garaje de su domicilio en la calle Larretxipi, la misma donde habían asesinado unas semanas antes al policía municipal José Díaz Fernández.
Martínez Ezquerro había estado esa tarde en una reunión en el Ayuntamiento en el que era concejal. Terminada la misma, regresó a su domicilio en coche. Al llegar al mismo se bajó del vehículo para abrir la puerta del garaje, momento en el que fue abordado por varios miembros de la banda terrorista que lo tirotearon a quemarropa. La víctima recibió tres impactos de bala en la cabeza y el tórax, que le provocaron la muerte en el acto. Los terroristas utilizaron para cometer el atentado un vehículo robado el día anterior en San Sebastián, que fue encontrado al día siguiente en la zona de Larreundi.
La mujer de Martínez Ezquerro oyó los disparos desde el domicilio y bajó inmediatamente a ver qué ocurría, encontrándose el cadáver de su marido en el suelo. Cuando fue a levantarlo, pidió "ayuda a los que allí se encontraban, pero nadie movió un solo dedo para ayudarme" (El Correo, 18/12/1977).
El sábado 17 de diciembre se instaló la capilla ardiente en el Ayuntamiento de Irún y a las cuatro de la tarde se celebró el funeral por el alma de Julio Martínez en la Iglesia de Santa María del Juncal. El cortejo fúnebre que salió desde el Ayuntamiento estaba formado por el furgón con los restos mortales de la víctima, más otro furgón con coronas y ramos de flores seguido del coche que transportaba a los familiares. Ya en la iglesia se colocó el féretro frente al altar cubierto con las banderas de España e Irún. Santiago Valencia, párroco de Santa María del Juncal concelebró el funeral con otros diez sacerdotes de Irún y Fuenterrabía.
Terminado el acto religioso algunos asistentes y grupos de jóvenes con pegatinas de Fuerza Nueva se congregaron en la plaza frente a la iglesia y cantaron por dos veces el Cara al Sol, además de corear consignas como "Gloriosos caídos por Dios y por España" y "Camarada Julio Martínez, presente". Asimismo se escucharon repetidamente gritos tales como "Viva la Guardia Civil", "Ni amnistía ni perdón, ETA al paredón", y otras frases críticas con el Gobierno.
El 19 de diciembre la banda terrorista ETA reivindicaba el asesinato de Martínez Ezquerro en llamadas a diferentes medios de comunicación. La banda acusaba a la víctima de ser colaborador de la Policía y advertía que continuarían los atentados contra las fuerzas de orden público.
En 1980 la Audiencia Nacional condenó a Eugenio Sein Echevarría y Francisco Javier Arocena Salaberria a 27 años de prisión mayor como autores materiales del asesinato de Martínez Ezquerro. En febrero de 1979 fue detenido por este asesinato José Ignacio (Iñaki) Picabea Burunza, alias Piti.Mientras estaba en prisión preventiva a la espera de ser juzgado, en marzo de 1980 fue proclamado diputado por Guipúzcoa al Parlamento vasco por la coalición proetarra Herri Batasuna. En julio de 1981 Picabea sería condenado a 30 años por el asesinato de Martínez Ezquerro. Picabea fue quien sometió a vigilancia al concejal asesinado. En julio de 1985 protagonizó una sonada fuga de la cárcel de Martutene de San Sebastián, junto al también miembro de la banda Joseba Sarrionandia. Ambos etarras escaparon escondidos en los bafles del conjunto musical de Imanol Larzabal, que había dado un concierto en la cárcel. Tras la fuga, Picabea se reintegró en ETA, pero fue detenido dos años más tarde, en septiembre de 1987, en Francia. Extraditado a España, siguió cumpliendo condena hasta marzo de 2000, cuando salió en libertad condicional.
Julio Martínez Ezquerro tenía 46 años. Era natural de Pradejón (La Rioja), pero llevaba residiendo casi toda su vida en Irún. Estaba casado con Rosario Sánchez y tenía dos hijas de 18 y 15 años. Además de su puesto como concejal en el Ayuntamiento, Martínez Ezquerro regentaba un quiosco de prensa en la plaza de España de la localidad guipuzcoana. Había sido miembro de la Guardia de Franco y era uno de los cuatro concejales que permanecían en su puesto después de que hubiese dimitido el resto de la corporación municipal a causa de la situación política. Estaba previsto que en los días posteriores al asesinato de Martínez Ezquerro el alcalde pidiese al gobernador civil de Guipúzcoa la creación de una gestora hasta las elecciones, una decisión que había provocado una gran polémica entre los concejales y el propio alcalde. Tras tener noticia del atentado, los otros tres ediles pusieron su cargo a disposición del gobernador.
En septiembre de 2008 la localidad riojana de Pradejón quiso rendir un homenaje a las dos víctimas de ETA nacidas en esa localidad: Julio Martínez Ezquerro y Julián Ezquerro Serrano. Rosario Sánchez, viuda de Julio Martínez, asistió junto a su hija menor y dijo que agradecía "este tipo de actos ya que en el País Vasco no se atreven a hacerlos. A pesar de los años que han pasado, aún quema el dolor cuando lo recuerdas".
A las tres de la tarde del sábado 16 de diciembre de 1995 la banda terrorista ETA colocaba cinco bombas en El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla de Valencia. Una de ellas provocó la muerte de JOSEFINA CORRESA HUERTA y heridas de diversa consideración a otras ocho personas, entre ellas a una hija de 15 años de la fallecida, Amparo Rodrigo Corresa, que resultó herida "muy grave" con traumatismo múltiple, fractura de tobillo izquierdo, contusiones y heridas en la cara y miembros, y contusión torácica. También resultó herido menos grave el marido de Josefina.
Ese día se clausuraba en Madrid la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y hacía cinco que la banda terrorista ETA había provocado una terrible masacre en Vallecas, tras la cual KAS había emitido un comunicado en el que señalaba que los civiles no eran objetivo de la banda. Sin embargo, la banda colocó las bombas en un centro comercial lleno de civiles, en el momento de máxima afluencia –a las tres de la tarde de un sábado víspera de las vacaciones de Navidad–, con el objetivo evidente de provocar una masacre parecida a la de Hipercor en 1987. El cinismo del entorno proetarra quedaba, una vez más, de manifiesto.
Además de la hija de Josefina, resultaron heridos: Hortensia Merlo Gil, de 33 años, grave; María de los Desamparados Martínez Falcó y su hija, María Moya Martínez, de 33 y 12 años respectivamente;Ana María Carbonell SanchoLuis Bello CataláMaría del Carmen Rubio y la norteamericana de 31 años Melanie Hyde.
La bomba que acabó con la vida de Josefina Corresa estaba colocada en los lavabos de señora de la cafetería de la sexta planta de El Corte Inglés y, antes de que explotase, hubo otras dos pequeñas detonaciones en el mismo centro, que no provocaron víctimas pero que llevaron a iniciar el desalojo del edificio. Esas dos pequeñas bombas incendiarias pudieron ser sofocadas con los medios de extinción del propio centro comercial. Mientras se estaba produciendo el desalojo del edificio, explotó la tercera bomba, causante de la víctima mortal y los heridos, cuya onda expansiva hizo que se viniera abajo parte del techo de los grandes almacenes. Más tarde la Policía encontró y desactivó otros dos explosivos en las plantas segunda y tercera del centro comercial que no estallaron porque falló el mecanismo de iniciación.
Sobre las dos menos cuarto, una voz femenina había comunicado por medio de dos llamadas, con cinco minutos de diferencia entre una y otra, a las emisoras Egin Irratia, de Hernani, y a la Cadena SER, en Vitoria, de que había "un montón de bombas" que iban a estallar en un centro comercial de Valencia (de la cadena El Corte Inglés) a partir de las 14:30 horas. Tras recibir la llamada, los periodistas que en esos instantes trabajaban en la Cadena Ser en Vitoria se pusieron en marcha. Alertaron a las fuerzas policiales y a la emisora de esa misma cadena en Valencia para que también desde allí trasladaran el aviso a la Policía. En ninguna de las dos llamadas la voz anónima especificó en qué centro de El Corte Inglés en Valencia (había cuatro en esos momentos) estaban colocados los artefactos explosivos.
En la cafetería del edificio se encontraban en el momento de la gran explosión entre cuatrocientas y quinientas personas, según empleados de este centro comercial. "La cafetería y el restaurante, en un día como hoy, sábado y con las fiestas de Navidad al caer, estaba repleta, yo diría que con cerca de unas quinientas personas cuando se oyó un fuerte trueno en el servicio de señoras. Me he salvado de milagro" señaló a los medios un empleado del centro comercial, que añadió: "A mí, la explosión me levantó los pies del suelo (...) Me extrañó ver salir mucho humo de una de las papeleras de la segunda planta, a eso de las 14:30, y fui a advertir a uno de mis jefes. Poco después oí una fuerte detonación, sin saber muy bien de dónde venía".
Inmediatamente, el Servicio de Ambulancias Municipal (SAMU) atendió a diez personas que resultaron heridas de diversa consideración. "No pasaron más de siete minutos entre la llamada de socorro y nuestra presencia en las distintas plantas", contó Valentín Aguirre, uno de los primeros médicos que llegó a asistir a las víctimas. Los heridos fueron trasladados al Hospital Clínico y a La Fe, donde algunos de ellos quedaron ingresados.
Durante toda la tarde diferentes personalidades valencianas se trasladaron al centro comercial para interesarse por los hechos y prestar su apoyo y solidaridad. Además de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y de la delegada del Gobierno, se desplazaron al lugar de los hechos los consejeros de Educación, Sanidad y Trabajo, Fernando Villalonga, Joaquín Farnós y José Sanmartín respectivamente. También acudió el secretario de la Consejeria de Sanidad, Juan Oliver, así como el socialista Vicent Soler y el presidente de las Cortes, Vicente González Lizondo, entre otros.
Los autores materiales del asesinato de Josefina Corresa no han sido juzgados, aunque presuntamente el atentado fue cometido por miembros del grupo Ibarla de ETA a los que las fuerzas de seguridad les imputan, al menos, tres asesinatos, además del de Josefina.
El grupo lo integraron Ignacio Telletxea Goñi, Marcos Sagarzazu Oyarzabal y Francisco Javier Irastorza Dorronsoro. Los tres fueron entregados por Francia y puestos a disposición judicial en España en agosto de 2007. También formaba parte del grupo Ibarla la etarra Ainhoa Adin Jauregi, mujer de Irastorza Dorronsoro, detenida en Hendaya por la Policía francesa en enero de 2008.
Por otra parte las fuerzas de seguridad consideraban que otra integrante del grupo Ibarla de ETA era Iratxe Sorzabal, exportavoz de Gestoras pro Amnistía. Detenida en marzo de 2001 por la Guardia Civil, la Policía le atribuyó entonces la participación en tres atentados mortales. Sorzabal, que denunció torturas tras su detención, sería posteriormente absuelta en los tres juicios por asesinato (entre ellos el de Josefina Corresa). Su voz es la que presumiblemente se oye en los últimos comunicados de la banda terrorista ETA.
Josefina Corresa Huerta tenía 43 años. Estaba casada y tenía dos hijas, una de las cuales, Amparo, resultó herida grave en el mismo atentado. Josefina trabajaba como auxiliar de clínica en el Hospital de Sagunto.