Víctimas, 18 de noviembre: José Francisco Hernández Herrera y Daniel López Tizón

Libertad Digital.


A la una y cuarto de la tarde del 18 de noviembre de 1990 la banda terrorista ETA hizo explotar una camión-bomba al paso de un convoy policial que regresaba de prestar un servicio de orden público en el campo de fútbol de Santurce (Vizcaya), donde se había celebrado un encuentro de división regional entre el equipo local y el Aragón. El vehículo, una furgoneta Pegaso similar a las que se utilizan para el reparto de bombonas de butano, estaba cargado con cien kilos de amonal ydoscientos de metralla y aparcado en un arcén de la carretera cubierto con una lona. El convoy policial circulaba por la carretera que une el barrio de Cabieces con el acceso a la autovía Bilbao-Santander, y el camión-bomba fue activado por control remoto por miembros del grupo Vizcaya de ETA justo cuando el primer vehículo policial tomaba una pequeña curva. La onda expansiva de la bomba afectó de lleno al segundo furgón policial y, pese al blindaje del vehículo, causó la muerte en el acto de los agentes de Policía JOSÉ FRANCISCO HERNÁNDEZ HERRERA y DANIEL LÓPEZ TIZÓN, e hirió de gravedad a otros dos agentes: Isidro Villalibre Torrada y Antonio Suárez Mujía.
Los dos agentes asesinados viajaban en los asientos delanteros de la furgoneta. La onda expansiva provocó que los cuerpos de los policías salieran despedidos y uno de los fallecidos tuviese que ser recogido por el equipo de socorro a más de ciento cincuenta metros del lugar de la explosión."Quedaron despedazados" recordaba años después Antonio Suárez, herido en el atentado y con secuelas de por vida (ABC12/12/2010).
Todos los agentes pertenecían a una unidad de reserva del Cuerpo Nacional de Policía con base en La Coruña, y estaba previsto que permaneciesen en la provincia de Vizcaya hasta finales del mes de noviembre. Tras el atentado, el Sindicato Profesional de Policía Uniformada pidió al Ministerio de Interior que fuese la Ertzaintza quien se ocupase de la protección en los espectáculos deportivos en el País Vasco.
No era la primera vez que la banda terrorista ETA asesinaba a miembros de las Fuerzas de Seguridad que prestaban servicio de seguridad en partidos de fútbol y otros eventos deportivos. Ya lo hizo el 22 de octubre de 1978 en Guecho, asesinando a tres guardias civiles que volvían del campo de fútbol de Gobelas tras prestar el servicio de seguridad habitual de los domingos en los que había partido oficial. El 5 de noviembre de 1978 la banda asesinaba en Tolosa al guardia civil Mariano Criado Ramajo después de prestar servicio en el campo de fútbol de Berazubi. Y el 4 de octubre de 1980 la banda terrorista asesinaba en Salvatierra a otros tres guardias civiles que iban a regular el tráfico durante la celebración de la tradicional vuelta ciclista de la localidad.
Antonio Suárez, que preside desde septiembre de 2010 la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Comunidad Gallega (Agavite), sufrió treinta y cuatro o treinta y cinco operaciones, la última en febrero de 2010, y tuvo que abandonar la Policía por las secuelas del atentado. Un bastón le ayuda a caminar porque su pierna derecha está "totalmente destrozada". Junto a su esposa, Montse –"ella ha sido mi enfermera y mi psicóloga. El Gobierno nunca me preguntó si necesitaba asistencia" –, recuerda la desesperación vivida ante la maraña de trámites burocráticos posteriores al atentado. Se jubiló en 1992. "Me costó mucho trabajo, los mandos no querían, decían que qué iba a hacer yo tan joven jubilado... ¡pero si mi pierna estaba para cortar!". Fue como una segunda condena, dice sin comprender aún la falta de tacto de sus jefes.
Estuve seis meses sin cobrar. Me mantuvo mi familia. En cuanto pude, cogí mis muletas y me presenté con los hierros en las piernas en el cuartel de La Coruña. Pedí un anticipo de jubilación y me contestaron: 'Muchachito, búscate la vida, tú ya no eres policía' (ABC, 12/12/2010).
Tras el último comunicado de la banda terrorista ETA, Antonio Suárez quiso puntualizar que "aquínunca hubo una confrontación armada ni un conflicto político, solo un grupo terrorista que pega tiros en la nuca, pone bombas, extorsiona y lleva cincuenta años privando a mucha gente de libertad". En su opinión ETA ha logrado demasiado, entre otras cosas que tras las elecciones del 20-N estará en la política española. Por ello se pregunta: "¿Por qué no se les dio todo esto hace cincuenta años?" (La Voz de Galicia, 22/10/2011).
En una nota hecha pública por el Ministerio de Interior el 13 de septiembre de 2005, con motivo de la entrega de Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, a España por parte de Francia, se atribuía a este terrorista, entre otros muchos, el atentado que acabó con la vida de los dos agentes de Policía en Santurce.
José Francisco Hernández Herrera tenía 32 años y era natural de Tegueste (Santa Cruz de Tenerife). Destinado a Galicia, allí se casó con una gallega y tuvo dos hijos, que tenían 12 y 8 años cuando asesinaron a su padre. Había ingresado en el Cuerpo Nacional de Policía en 1981. Su familia se enteró de la noticia por el telediario del mediodía en televisión. José Francisco tenía nueve hermanos. Una de ellas, Ángeles, estaba en la cocina cuando escuchó al periodista dar la noticia.
'Eran las dos de la tarde', recuerda. 'Fue la noticia que abrió el informativo. No me acuerdo lo que hice. Mi madre vino corriendo. Vivía al lado. Oyó que había pasado algo, pero no sabía qué. Papá estaba en el bar. Mandamos a mi hija a que le dijera que viniera. En el camino se encontró con otro hermano de José Francisco, que también era policía nacional. Se paró para darles paso a los niños. Entonces ellos le soltaron de repente: 'que mataron a Pepe, que mataron a Pepe' (La Opinión de Tenerife, 20/01/2011).
Más de cien personas fueron al aeropuerto de Los Rodeos a recibir el féretro con los restos mortales de José Francisco, la novena víctima canaria del terrorismo de ETA, que fue enterrada en el cementerio de Tejina.
La familia de José Francisco reconoce haberse sentido arropada, pero principalmente en su localidad natal, donde la mayor parte sigue residiendo. Quienes más lo han reconocido son sus compañeros de lucha canaria de Tegueste. Uno de los trofeos del torneo de San Marcos del deporte vernáculo, de hecho, lleva su nombre, así como el club tiene un retrato suyo en la sede y el Ayuntamiento le puso su nombre a una calle del pueblo (Dani Millet enLa Opinión de Tenerife).
Daniel López Tizón tenía 41 años cuando fue asesinado. Era natural de Cayón, pequeña localidad pesquera de La Coruña. Estaba casado y tenía dos hijos de 13 y 10 años. Daniel ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1974. En agosto de 1989 fue destinado a la IX Unidad de Reserva con base en La Coruña y, cuando fue asesinado, estaba prestando veinte días de comisión de servicio excepcional en Vizcaya. Fue enterrado en el cementerio parroquial de la Virgen del Carmen de O Burgo (La Coruña).

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Lecturas 18.11.2012

Los expertos ven margen para ahorrar, por John Müller.

Alberto Alesina, uno de los expertos que más ha estudiado los ajustes fiscales, acaba de publicar un artículo titulado The Kindest Cuts (Los recortes amables) en City Journal, la revista trimestral neoyorquina. En él reitera que es clave para el éxito de un ajuste fiscal que éste se base en recorte del gasto público y no en subidas de impuestos. «Las dos formas de reducir el déficit tienen efectos enormemente diferentes: recortar el gasto desemboca en pequeñas y cortas -si las hay-, recesiones, mientras que elevar los impuestos causa recesiones prolongadas». Todo indica que nosotros hemos tomado el camino de en medio, pensando que ahí está la virtud. El resultado es que tendremos una recesión mediana, ni corta ni prolongada, si no se tuercen las cosas.

Tras la guerra se desató la barbarie, por Tereixa Constenla.

El caos, la violencia y el odio camparon del este al oeste y del norte al sur. El historiador británico sostiene que semejantes elementos explican el éxito del comunismo y el auge de los nacionalismos para limpiar de minorías sus territorios. Ante este retrato desolador de lo que llegaría a ser el continente más admirado en décadas posteriores, Keith Lowe introduce algo de optimismo: “Europa ha hecho las cosas bien para refrenar lo que venía del pasado. La Unión Europea ha sido el antídoto contra los nacionalismos. Aunque la integración no es un proceso perfecto, mejora la situación”.

The Kindest Cuts, by Alberto Alesina.

The obvious economic challenge to our contention is: What keeps an economy from slumping when government spending, a major component of aggregate demand, goes down? That is, if the economy doesn’t enter recession, some other component of aggregate demand must necessarily be rising to make up for the reduced government spending—and what is it? The answer: private investment. Our research found that private-sector capital accumulation rose after the spending-cut deficit reductions, with firms investing more in productive activities—for example, buying machinery and opening new plants. After the tax-hike deficit reductions, capital accumulation dropped.

El huracán de intervencionismo que recorre Nueva York, por Ignacio Moncada.

Si, por cualquier motivo, no hay posibilidad de ofrecer la misma cantidad de bienes que en circunstancias normales, no se puede consumir al mismo ritmo de siempre. Así de simple. Es necesario que los precios se ajusten para que esos bienes escasos se asignen a aquellos consumidores que más los demandan. Como decía David M. Brown en el artículo anterior, "si eso es rapacidad, bienvenida sea". Bloquear este mecanismo de precios produce un grave impacto sobre la asignación de bienes. Cualquiera que haya estudiado un mínimo de economía, o simplemente tenga sentido común, sabe que limitar las subidas de precios, sean éstas repentinas por un cuello de botella puntual, como es el caso de un huracán, o por circunstancias más duraderas, provoca una cosa muy simple: desabastecimiento.

Entrevista a Steven Pinker, por Eduardo Lago.

P. En su libro discute la idea de una Paz Capitalista, ¿cree en la existencia de algo así?

R. Es una idea herética, que me ha causado regocijo comprobar que procede de Noruega y Suecia, lo cual le otorga una cierta legitimidad. En mi opinión se trata de una constatación empírica, que no guarda ninguna relación con cuestiones ideológicas. Los datos empíricos dan a entender que los países capitalistas son menos proclives a embarcarse en guerras. Que alguien de mi generación, forjado en los ideales de la década de los sesenta, con su fuerte sentimiento antibelicista, diga algo así, puede resultar chocante. Para mi generación capitalismo y guerra eran nociones intercambiables, pero las estadísticas dan a entender que la idea no es ningún despropósito. Desde que China, que no es un país democrático, se hizo capitalista a finales de los ochenta, no se ha vuelto a ver involucrada en ninguna guerra. Si el objetivo es ganar dinero, no reparar injusticias ancestrales, no la gloria nacional ni la venganza en nombre del honor patrio, la guerra pasa a un segundo plano. No digo que los datos que avalan esa hipótesis sean incontestables, pero creo que es una hipótesis digna de tenerse en cuenta. En ese sentido, me parece altamente significativo que la Unión Europea haya sido recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

Víctimas, 17 de noviembre: Juan García León, César Uceda Vera y José Martínez Moreno

Libertad Digital.


Pasadas las seis de la mañana del 17 de noviembre de 1980, la banda terrorista ETA asesinaba en Éibar (Guipúzcoa) al guardia civil JUAN GARCÍA LEÓN, que conducía el primer vehículo de un convoy formado por dos Land Rover y un Seat 131 de la Guardia Civil. El convoy volvía de prestar servicio de vigilancia en la fábrica de armas Star Bonifacio Echeverría de la localidad guipuzcoana. A unos ciento cincuenta metros de la misma, en un punto de la carretera en dirección a Ermua, cinco terroristas les tendieron una emboscada y atacaron el convoy con metralletas, fusiles de asalto y escopetas, además de con dos granadas de mano que no llegaron a explotar. Los asesinos de la banda estaban escondidos en dos sitios distintos: en unas escaleras situadas encima de la estación de servicio de Éibar y debajo de las denominadas Torres de Amaña, por lo que el convoy de la Guardia Civil se vio envuelto en un fuego cruzado.
Los etarras efectuaron más de cien disparos y el primer vehículo, el que conducía Juan García León, recibió el impacto de cuarenta y seis, ocho de los cuales hirieron mortalmente al guardia civil. En el mismo vehículo iba en el asiento del copiloto José Terradillos Piña, y sentado en la parte de atrás Juan Pinilla Méndez. Ambos resultaron ilesos. Gravemente herido, Juan García León fue trasladado en una furgoneta a la casa de socorro de Éibar, donde falleció poco después de llegar.
Los agentes Gregorio González Roldán y Juan Baños López también fueron heridos de gravedad.Gregorio González Roldán, que viajaba en el Seat 131 a unos veinticinco metros del primer vehículo atacado, tardó en curar de sus heridas casi tres meses. Su vehículo fue alcanzado por seis impactos de bala y sin control colisionó contra una valla situada al lado derecho de la calzada. Juan Baños López, que viajaba en el segundo Land Rover, a unos cincuenta metros del Seat 131, no fue dado de alta hasta cinco meses después. En este segundo Land Rover iban los agentes Jesús González Díaz, en el asiento del copiloto, y Juan Varela Utrera, en el asiento posterior.
Los guardias civiles del convoy, incluido Gregorio González Roldán, respondieron con sus armas a los terroristas, pero no llegaron a alcanzar a ninguno de ellos. Los etarras emprendieron la huida en un Citroën GS robado a las tres de la madrugada en Vergara, y a cuyo propietario, Jesús Arenaza Aguiriano que salía de un bar de la localidad, habían abandonado en un monte próximo en Arechavaleta atado a un árbol. El dueño del vehículo consiguió liberarse de las ataduras y dio parte a la Guardia Civil de ese pueblo en torno a las 7:00 horas. El vehículo se encontraría, posteriormente, con las llaves de contacto puestas y las puertas abiertas en la carretera que une Éibar y Elgóibar.
El funeral por Juan García se celebró a las 16:30 horas en la parroquia de San Andrés Apóstol. Asistieron el gobernador general del País Vasco, Marcelino Oreja; el subdirector de la Guardia Civil, general González Lachantra; los gobernadores civil y militar de Guipúzcoa, los concejales del Ayuntamiento de Éibar (a excepción de los de Herri Batasuna) y familiares del fallecido, así como numerosos compañeros de uniforme. Durante la homilía, el capellán castrense, que celebró el acto religioso, pidió a ETA que depusiese las armas o declarase la guerra abierta, para que se la pudiese hacer frente en igualdad de condiciones.
En 1983 fueron condenados a 27 años de reclusión mayor por el asesinato de Juan García León, y a dos penas de 13 años de prisión menor por los asesinatos frustrados de Gregorio González y Juan Baños los etarras Fermín Ancizar Tellechea, Ángel María Recalde Goicoechea y Francisco Martín Robles. En la misma sentencia fueron condenados como cómplices Jesús María Retolaza Loidi a 7 años de prisión mayor –fue quien sometió a vigilancia los convoyes de la Guardia Civil, transmitiendo a ETA la información sobre movimientos, horarios e itinerarios–, y José Antonio Arluciaga Iribar a 13 años de prisión menor –que cobijó en su domicilio a los autores materiales del atentado, los trasladó a Vergara, donde robaron el vehículo utilizado en el atentado, y los recogió después del ametrallamiento del convoy, facilitándoles la huida–. Veintitrés años después del atentado, en marzo de 2003, la Audiencia Nacional condenó a 27 años de reclusión mayor y a dos penas de 18 años de reclusión menor a Pedro José Picabea Ugalde.
Juan García León, de 21 años, era natural de Málaga. Ingresó en la Guardia Civil a los 18 años y fue destinado al núcleo de reserva de la 152 Comandancia de Las Palmas, prestando servicio en el aeropuerto. Poco después solicitó voluntariamente el traslado al País Vasco, entre otros motivos para estar más cerca de la familia, ya que su padre, brigada de la Guardia Civil, estaba destinado en el Parque de Automovilismo de Madrid. García León llevaba quince meses destinado en Éibar y, poco antes de ser asesinado por ETA, había solicitado, y obtenido, el traslado a Santa Cruz de Tenerife. Estaba soltero pero se había prometido con una joven de Elgóibar.
El 17 de noviembre de 1982 fallece en Madrid el teniente del Cuerpo de Músicas Militares CÉSAR UCEDA VERA, incapaz de superar las heridas sufridas un mes antes, el 21 de octubre, cuando fue acribillado a balazos en Bilbao por dos terroristas de la banda ETA. Tras ser tiroteado, la víctima fue llevada urgentemente al Hospital de Basurto, pero unos días después lo trasladaron a un hospital de Madrid donde acabaría falleciendo. Su estado fue calificado de "muy grave" desde el primer momento. César presentaba "cuatro orificios de entrada de bala situados uno en la espalda, en la región dorso-lumbar causante de la parálisis apreciada en la pierna izquierda, otros cuatro en el brazo derecho, así como dos balas alojadas en los dos hemitórax".
El 21 de octubre de 1982, a las 7:10 horas, el teniente Uceda salió de su domicilio para dirigirse al trabajo en el acuartelamiento de Munguía. Se subió a su automóvil y lo puso en marcha, justo en el momento en que dos miembros de la banda, que actuaron a cara descubierta, lo tirotearon. El coche, un Volkswagen, avanzó unos metros sin control y se estrelló contra una tintorería situada a unos diez metros del domicilio del militar.
El Ayuntamiento de Lejona, con la ausencia de los concejales de Herri Batasuna, condenó por unanimidad el atentado contra César Uceda en un comunicado hecho público el 21 de octubre.
En 1984 la Audiencia Nacional condenó a Juan Carlos Echeandia Zorroza a 26 años de reclusión mayor por un delito de asesinato con alevosía. Echeandia fue el encargado de seguir y controlar los horarios y hábitos de César Uceda. En cuanto a los autores materiales, sólo fue condenado en 1991 el etarra Manuel Murua Alberdi, alias El Casero, a 26 años de reclusión. Entre otros atentados, El Casero participó, presuntamente, en el secuestro y tortura de tres jóvenes gallegos residentes en Irún, que cruzaron la frontera y desaparecieron para siempre en algún lugar del sur de Francia.
César Uceda Vera, de 47 años, estaba separado, tenía nueve hijos y desde seis años antes vivía con una segunda mujer. Era natural de Andújar (Jaén), pero siendo niño se trasladó con su familia a San Sebastián, primero, y a Bilbao, después. Estaba adscrito al regimiento de Infantería Garellano número 42, de Bilbao, donde ingresó por oposición como brigada músico en 1970. En el momento del atentado era profesor de Armonía en el Conservatorio de Música de Lejona, del que fue cofundador, y perteneció a la Orquesta Sinfónica de Bilbao en la especialidad de instrumentista de viento. César Uceda hizo la carrera de Musicología y había comenzado a estudiar la de Físicas. Una de sus hijas, María Uceda, contó de él que
Era un hombre polifacético: daba clases de matemáticas, era músico, militar y, además, empresario. Entró en el Ejército por oposición a los treinta y cuatro o treinta y cinco años; creo que era el último año que podía acceder (...) Supongo que se metió porque viendo los muchísimos hijos que tenía pensaría que era bueno para asegurar el futuro (...) Le gustaba mucho la docencia, amaba a sus alumnos (Arteta, I., Galletero, A., Olvidados, Adhara, 2006).
En 2006 el Ayuntamiento de Lejona creó un Premio con su nombre para Jóvenes Intérpretes.
A las 17:00 horas del 17 de noviembre de 1989 Jacques Esnal y Henri Parot asesinaban en Madrid al teniente coronel del Ejército de Tierra JOSÉ MARTÍNEZ MORENO y herían al soldado conductor Alfonso de los Reyes Cobertera Zurita. Fue el último asesinato de los cerca de treinta que cometió el sanguinario Parot durante doce años de actividad criminal antes de sudetención en Sevilla en abril de 1990.
El teniente Martínez Moreno se dirigía a su domicilio en el vehículo oficial tras terminar su jornada laboral en el Cuartel General del Ejército. Esnal y Parot pusieron el vehículo en el que viajaban a la altura del coche oficial cuando este se detuvo en un semáforo en rojo en la glorieta de Carlos V, frente a la sede del Ministerio de Agricultura. Uno de ellos se bajó del vehículo y el otro disparó sin bajarse, acribillando a balazos al militar, que falleció en el acto. Los terroristas abandonaron el lugar a toda prisa en dirección a la avenida de la Ciudad de Barcelona. En el lugar de los hechos se recogieron un casquillo del calibre 9 milímetros parabellum, así como once casquillos y cinco cartuchos sin percutir que, según se publicó, correspondían a un arma automática de fabricación checa o soviética (ABC 19/11/1989).
Alfonso de los Reyes Cobertera, de 20 años, resultó herido en la región cervical, recibiendo el alta médica seis días después. A Alfonso le quedaba apenas una semana para licenciarse.
La capilla ardiente del teniente coronel José Martínez fue instalada en el Cuartel General del Ejército de Tierra, donde fue velado por familiares y compañeros. Sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio sur de Madrid. Su padre, comandante de Artillería retirado de 93 años, asistió a las honras fúnebres, además de numerosas autoridades.
Tres días después del asesinato de Martínez Moreno, varios diputados electos del brazo político de ETA, Herri Batasuna, se encontraban en Madrid para recoger sus credenciales como diputados y senadores, obtenidas en las elecciones del 29 de octubre. Los batasunos se encontraban alojados en el Hotel Alcalá y la noche del 20 de noviembre, dos individuos entraron y dispararon contra Iñaki Esnaola –que había actuado como abogado defensor de los asesinos del teniente coronel Carlos Vesteiro, el comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas y el soldado conductor Francisco Casillas en 1986–, Jon Idígoras Gerrikabeitia y Josu Muguruza Guarrochena. En el ataque resultó muerto Josu Muguruza y herido grave Iñaki Esnaola. Jon Idígoras resultó ileso. Josu Muguruza, tercero por la lista de Vizcaya y redactor jefe del diario proetarra Egin, había sustituido a Tasio Erkicia. En 1993 la Audiencia Nacional condenó al policía nacional Ángel Duce Hernández a casi cien años de cárcel por un asesinato consumado y otro frustrado. Estuvo también procesado Ricardo Sáenz de Ynestrillas, hijo del comandante asesinado, que fue absuelto por falta de pruebas. Ángel Duce falleció en 1997 en un accidente de tráfico mientras disfrutaba de un permiso penitenciario.
De las investigaciones policiales y judiciales sobre el atentado que acabó con la vida del teniente coronel Martínez Moreno se determinó que Jacques Esnal y Henri Parot se encontraban en otoño de 1989 en Madrid donde, por orden del dirigente de la banda Francisco Múgica Garmendia, buscaban un objetivo militar contra el que atentar. El dirigente etarra les había proporcionado, además, armas que guardaron en un zulo construido anteriormente. En 1991 la Audiencia Nacional condenó a Parot a 51 años como autor del atentado. Su detención en Sevilla puso fin a una sanguinaria carrera que se inició el 2 de noviembre de 1978 con el asesinato del empresario José Luis Legasa Ubiría. Jacques Esnal, por su parte, cumple cadena perpetua en Francia desde 1997. Fue autor de veintiún atentados terroristas cometidos entre 1978 y 1989, que provocaron la muerte a treinta y ocho personas y heridas a más de doscientas. En 2002 fue condenado a 55 años de prisión mayor Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, por un asesinato consumado y otro frustrado.
José Martínez Moreno, de 51 años, estaba soltero. Estaba destinado en el Cuartel General del Ejército de Tierra, en la Inspección de Artillería.


Lecturas 17.11.2012

Los MBA y la educación superior en España, por Carlos Rodríguez Braun.

Cualquier universidad española, si tuviera las instituciones de Harvard, podría ser excelente, y seguiría siendo española. Pero sería una universidad privada, gobernada por un patronato de donantes, donde nadie más tomaría las decisiones; los profesores no serían seleccionados por ellos mismos sino por un comité de contratación; los alumnos pagarían el coste de su educación, y habría becas en función de la dedicación y el rendimiento; los contribuyentes no pagarían nada, y ningún burócrata, ningún político, ningún sindicalista, y ninguna entidad oficial nacional o extranjera tendría nada que decir sobre cómo se organiza la Universidad, ni sobre las matrículas, ni sobre la selectividad, ni sobre los programas, ni sobre las carreras, ni sobre nada; habría menos y mejores estudiantes, y habría menos y mejores profesores. Y podríamos hacer el ejercicio inverso: imaginar que sucedería con la Universidad de Chicago si mañana… Dios Santo, prefiero no pensarlo.

Todas las islas de la isla, por Raúl Rivero.

En otra, la activista de derechos humanos Ailer González hacía esta descripción de la razia policial: “Eran muchos y estaban por encima de la ley todo el tiempo, parecía fascismo, pura mafia. Luego me pasé la noche en un calabozo frío y mugriento, sin saber a dónde llevaron a los demás. Nunca nos dijeron por qué nos detenían, bajo qué acusaciones”.

Desahucios y parches jurídicos, por José García Montalvo.

La solución a largo plazo no es poner parches jurídicos sino formular una legislación integral para hacer frente al sobreendeudamiento familiar. El motivo por el cual se aceptan las daciones de los promotores es que su responsabilidad está limitada por la legislación mercantil. Las familias necesitan un procedimiento similar, pero menos gravoso, de suspensión de pagos y limitación de responsabilidad que genere una segunda oportunidad. A corto plazo hay que buscar fórmulas que produzcan los incentivos adecuados para que las entidades financieras renegocien con más intensidad las condiciones de las hipotecas incluyendo no solo cambios en el tipo de interés o el plazo, sino también quitas o la posibilidad de aceptar un alquiler social. Los beneficiarios deben ser obviamente los “deudores de buena fe”. Pero ante la imposibilidad de definir con claridad la buena fe no queda otra alternativa que imponer condiciones, como hacen los programas estadounidenses HOPE o HAMP o el actual Código de Buenas Prácticas en España. Evidentemente es muy difícil encontrar un conjunto de condiciones que garanticen la buena fe del deudor, pero en todo caso no sería razonable que estos programas generen incentivos que beneficien a aquellos que compraron con motivos especulativos.

"Nos dejan sin futuro", por Carlos Rodríguez Braun.

Lamentan que “el sacrificio no es compartido por toda la sociedad” pero jamás exigen la supresión de los impuestos que pagan los ciudadanos corrientes. De hecho, se oponen al objetivo de lograr “cueste lo que cueste, el equilibrio de las cuentas públicas”, pero nunca consideran qué puede suceder con un déficit creciente ni qué ventajas tendría para las trabajadoras y los trabajadores la reducción de la coacción política y legislativa sobre el llamado mercado laboral. Protestan porque no hay crédito, pero no porque sí lo haya, y muy copioso, para el sector público. Sostienen que las prestaciones sociales y los derechos laborales “hace cien años no existían y fueron conquistados a base de huelgas muy duras”. Es falso: el crecimiento del Estado no fue ninguna “conquista social” sino al revés: el Estado conquistó la sociedad extendiéndose en todas partes con excusas benévolas y redistributivas, haya habido huelgas o no.

La codicia de la banca propició la concesión de hipotecas a insolventes, Íñigo de Barrón.

En opinión de algún veterano gestor de una antigua caja, que son las entidades que acumulan tienen la peor parte de este problema, estas entidades confundieron su “vocación social con entrar de lleno en el segmento hipotecario de los inmigrantes, así como las clases sociales más populares. Tomaron este camino, ya de por sí arriesgado, sin contar con los sistemas de control de riesgos adecuados. La mezcla ha sido una bomba”.

[...]

Una oferta de aquellos tiempos fue la “hipoteca bienvenida”. Era un producto financiero especialmente pensado para los inmigrantes y lo ofrecía, en 2005, la intermediaria financiera CreditServices. Con solo tres meses de trabajo en España, el inmigrante podía acceder a un crédito que cubría el 120% del valor de una vivienda. Todos los gastos y comisiones de gestión quedaban cubiertos y pasaba a ser propietario de un piso en España sin poner un euro. El crédito lo concedían entidades de Estados Unidos. La hipoteca bienvenida conseguía unos 50.000 clientes al año.

[...]

Todas las entidades realizaron campañas masivas, aunque no con la misma intensidad. Por eso no han caído todas las entidades, sino algo más de la mitad del sector y ningún banco ha recibido ayudas públicas. Las cajas aprovecharon la burbuja inmobiliaria para crecer apoyándose en las promociones inmobiliarias. Entre 1993 y 2008 pasaron de 14.000 a 25.000 oficinas mientras que los bancos redujeron las sucursales de 18.000 a 15.000.

[...]

Pero allí estaban los “vicios que todos nos sabemos”, como dijo Sáenz. Un elevado porcentaje del valor (en general, se considera arriesgado un préstamo que cubra más del 80% del valor del bien hipotecado), una tasa de esfuerzo alta (que el comprador tenga que dedicar más del 35% de su renta a pagar los plazos) y las tasaciones “forzadas” que subían los precios. Los desahucios son la mutación más salvaje de estos errores en cadena y las entidades prometen medidas severas para evitar más escándalos. No será fácil.