A toda costa contra el ser humano por Juan Ramón Rallo

Rallo sobre la ecología y el desarrollo.



Existe una cierta perversión en esa idea de que el ser humano, que hasta donde sé forma parte de la naturaleza, destruye la naturaleza a través de su comportamiento también natural. Sólo concibiendo al ser humano como un elemento exógeno a la naturaleza, como un parásito que debe ser sometido o erradicado, cabe defender seriamente que los individuos destruyen el entorno.

Quienes deseamos que cada vez más seres humanos vivan mejor somos conscientes de la necesidad de ir controlando porciones crecientes del medio; mejor dicho, somos conscientes de que tenemos que adaptar nuestro entorno a nuestras necesidades y no al revés. Como dice George Reisman:

Todas las actividades productivas humanas consisten fundamentalmente en la redisposición de los elementos químicos que nos ofrece la naturaleza con el fin de hacer que los mismos se encuentren en una relación más útil con el ser humano—es decir, con el fin de mejorar su entorno.

La alternativa a que el hombre controle el medio es que el medio controle al hombre; es decir, que los individuos repriman la satisfacción de sus fines, su felicidad o incluso su supervivencia para no alterar el curso "natural" (más bien artificial, pues se extrae al hombre de su medio) de las cosas.

Un disparate que nos llevaría a regresar a nuestra "naturaleza" salvaje y pendiente de civilizar: desnutrición, insalubridad, analfabetismo y frustración vital a cambio de minimizar nuestra influencia sobre el entorno. Es decir, justo aquellas desgraciadas situaciones de las que el ser humano trata siempre de escapar en cuanto tiene ocasión, haciendo un uso inteligente y creativo de su entorno.

Los ecologistas, pues, podrán descivilizar la humanidad, pero a menos que le coloquen cadenas y grilletes ésta volverá a emerger; ningún individuo, ni siquiera los ultraideologizados ecologistas, aceptaría malvivir en situaciones tan precarias sin tratar de prosperar. De ahí que se imponga la necesidad, no de reeducar al ser humano, sino de acabar con él.

Nos dicen ahora los ecologistas de Greenpeace que debemos arramblar con ciudades enteras porque estamos destruyendo la costa española. En 7,7 precisas hectáreas cifran la aniquilación diaria de la misma; pues la costa, ya saben, se destruye cuando se habita, cuando el ser humano la utiliza para mejorar su vida. Y, a la inversa, la costa se construye cuando se destruyen todas esas aberraciones humanas que son las ciudades, esos monumentos de cemento que nos sirven para vivir, comerciar, relacionarnos, disfrutar, crecer y morir.

La conclusión es sencilla: nos volveremos tanto más naturales cuanto menos humanos seamos. Pues lo que molesta a los ecologistas, en el fondo, no es que el individuo modifique su entorno –al cabo, todos los seres vivos lo hacen– sino que lo modifique con algún criterio, con alguna finalidad, haciendo uso de su razón. Es la razón lo que les sobra: son una apoteosis del irracionalismo, del regreso a las cavernas y al salvajismo. Greenpeace y otros altavoces subvencionados del misticismo ecologista no denuncian la destrucción a toda costa del terruño que suponen nuestras costas sino que promueven la destrucción a toda costa de la civilización humana.

Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

Pecar contra el sexto en Irán por Inocencio Arias‏

Inocencio Arias sobre Irán y la justicia.

Destaco:

Sakineh Ashtiani . Viuda y acusada de haber mantenido relaciones sexuales con dos hombres casados, ha sido condenada a morir a pedradas. La imagen hiela la sangre en Occidente: que una mujer de 43 años pueda ser lapidada hasta la muerte por haberse acostado con otro adulto nos resulta incomprensible.

El abogado de Ashtiani, un letrado conocido por defender cuestiones de derechos humanos, se ha refugiado en Turquía porque la

policía iraní había acudido a su domicilio a detenerlo. Su delito parece ser que aireó el caso ante los medios de información internacionales. Al no encontrarlo en su casa, la policía detuvo a su mujer e hija que fueron llevadas a una prisión donde han permanecido tres días. Otra forma peculiar de actuar de la justicia iraní. El abogado ha obtenido asilo político en Noruega, las autoridades turcas estaban incómodas con su presencia.

...sería interesante que los políticos occidentales hagan ver a sus interlocutores en Teherán que con estos principios jurídicos no hay posible alianza de civilizaciones ni nada que se le parezca.


Pecar contra el sexto en Irán

Las leyes y autoridades iraníes no se andan con chiquitas a la hora de castigar lo que consideran aberrantes desviaciones sexuales, el adulterio y la homosexualidad. Las penas impuestas a los acusados de ellas causan sonrojo e indignación en el año 2010.

Paradigmático es el caso, que ha dado la vuelta al mundo, de Sakineh Ashtiani . Viuda y acusada de haber mantenido relaciones sexuales con dos hombres casados, ha sido condenada a morir a pedradas. La imagen hiela la sangre en Occidente: que una mujer de 43 años pueda ser lapidada hasta la muerte por haberse acostado con otro adulto nos resulta incomprensible. Ante la algarabía montada en la prensa de diversas naciones -el presidente brasileño, Lula, ha ofrecido a la mujer asilo político- las autoridades iraníes, que se han negado a dejarla salir del país, han comenzado a divagar, el caso está en apelación, podría ser enviada a la horca en vez de lapidada… y recurrido a lo que parece ahora una invención: la juzgada, dicen, también esta acusada de matar a su marido.

El tema se ha complicado estos días empañando aún más la imagen del curioso régimen iraní. El abogado de Ashtiani, un letrado conocido por defender cuestiones de derechos humanos, se ha refugiado en Turquía porque la

policía iraní había acudido a su domicilio a detenerlo. Su delito parece ser que aireó el caso ante los medios de información internacionales. Al no encontrarlo en su casa, la policía detuvo a su mujer e hija que fueron llevadas a una prisión donde han permanecido tres días. Otra forma peculiar de actuar de la justicia iraní. El abogado ha obtenido asilo político en Noruega, las autoridades turcas estaban incómodas con su presencia.

El affair Ashtiani corre paralelo con el de Ebrahim Hamidi, otro defendido por el citado letrado. Ebrahim es un joven de 18 años al que se acusa de haber cometido actos de sodomía aunque, al parecer, es heterosexual. Nuevo proceso porque la legislación local, otra perla retrógrada, prevé para aquellos hombres que han dormido juntos innecesariamente, aunque no hayan practicado ningún acto sexual, penas que van desde los 99 latigazos hasta la capital por horca o lapidación

Según el abogado y ciertos testimonios, Ebrahim se limitó hace un par de años a participar en una pelea con amigos y miembros de su familia contra miembros de otra familia. Fue acusado de sodomía, “delito” que el admitiría algo más tarde bajo tortura. El joven oscuro objeto del deseo del acusado ha confesado ahora que mintió presionado por sus padres, lo que hace trizas el alegato de la acusación, pero el juez competente, por tener “conocimiento especial” de lo ocurrido, otra figura jurídica peregrina, le puede imponer la pena máxima.

La justicia iraní se ha vuelto más severa en supuestos como los mencionados desde que el ayatollah Sadeq Larijani fue puesto al frente de ella en las secuelas de los disturbios que acontecieron con motivo de la trucada elección de hace un año.

Las autoridades iraníes blandirán un argumento caro a los regímenes dictatoriales, el de que no se van a dejar intimidar por la prensa y los alborotadores extranjeros, pero sería interesante que los políticos occidentales hagan ver a sus interlocutores en Teherán que con estos principios jurídicos no hay posible alianza de civilizaciones ni nada que se le parezca.

Los Reyes de la filantropía por Inocencio Arias‏

Inocencio Arias sobre el altruismo de particulares.

Destaco:

En las estadísticas de la ONU, al establecer los países que son más generosos en la ayuda oficial al desarrollo, los nórdicos europeos, Finlandia, Noruega... siempre aparecen en primer lugar. Son los que vienen dando más en relación a su PNB. Estados Unidos emerge normalmente en la cola. Cuantitativamente es la nación que da más, pero si medimos su riqueza está entre las últimas.

El panorama cambia radicalmente al dejar a un lado la ayuda de los gobiernos y examinar el comportamiento de los particulares. Ahí, Estados Unidos, por la idiosincrasia de sus habitantes, por la existencia de un sistema fiscal que permite deducir lo que se dedica a obras de caridad o culturales... ocupa un lugar destacadísimo. Probablemente el primero del mundo. Los estadounidenses dan privadamente al año unos 300.000 millones de dólares a obras benéficas.


Los Reyes de la filantropía

En las estadísticas de la ONU, al establecer los países que son más generosos en la ayuda oficial al desarrollo, los nórdicos europeos, Finlandia, Noruega... siempre aparecen en primer lugar. Son los que vienen dando más en relación a su PNB. Estados Unidos emerge normalmente en la cola. Cuantitativamente es la nación que da más, pero si medimos su riqueza está entre las últimas.

El panorama cambia radicalmente al dejar a un lado la ayuda de los gobiernos y examinar el comportamiento de los particulares. Ahí, Estados Unidos, por la idiosincrasia de sus habitantes, por la existencia de un sistema fiscal que permite deducir lo que se dedica a obras de caridad o culturales... ocupa un lugar destacadísimo. Probablemente el primero del mundo. Los estadounidenses dan privadamente al año unos 300.000 millones de dólares a obras benéficas.

Campeón incontestado de esta filantropía es Warren Buffett, uno de los tres o cuatro hombres más ricos del planeta. El bueno de Buffett ha prometido dar nada menos que el 99% de su fortuna a obras sociales. Tiene hijos, pero argumenta que estos están ya bien acomodados y que con el 1% que les deje tendrán bastante, que no es justo que ellos sean no millonarios sino archimillonarios cuando hay tantas necesidades en la tierra...

Buffett escribió en 1986 un artículo titulado ¿Debería dejarle todo a sus hijos? Respondía rotundamente que no y lo está cumpliendo. Ya ha donado el 20% de su fortuna, seguirá aportando cantidades anuales. Solo a la Fundación benéfica de los Gates entregó el pasado año más de 2.500 millones de euros, y en su testamento dejará las disposiciones oportunas para cumplir el objetivo del 99%.

Tan sorprendente como el gesto es que Buffett se ha unido al matrimonio de Bill y Melinda Gates, otros imponentes filántropos que dedican miles de millones a temas de salud, educativos, etc., sobre todo en el tercer mundo, para persuadir a los pudientes de Estados Unidos que hagan algo parecido. No se andan por las ramas, su blanco son los multimillonarios y el objetivo es que se comprometan entregar el 50% de su fortuna a obras benéficas.

El trío de los Gates y Buffett es activista y ya ha organizado tres cenas confidenciales, de doce o catorce personas, en las que "comen el coco" a los invitados para que imiten su ejemplo. Los invitados son pesos pesados, Bloomberg, el alcalde de Nueva York, que gastó 100 millones de dólares en su campaña electoral; Ted Turner, fundador de la CNN, que regaló 1.000 millones de dólares a la ONU; Oprah, la estrella de televisión, probablemente la mujer de más influencia y la que más gana al año en Estados Unidos, etc. Uno de los invitados ha filtrado el contenido de lo tratado en la primera cena que presidió otro conocido filántropo, David Rockefeller. Por eso las siguientes están envueltas en un mayor secretismo, aunque se conocen los nombres de algunos participantes, un industrial que ha regalado la friolera de 800 millones de dólares a los institutos y a la universidad en que estudió (gesto frecuente en Estados Unidos), etc.

Los tres samaritanos ya han conseguido un puñado de adhesiones, millonarios que han comprometido ese cincuenta por ciento. Quieren que los conversos sigan predicando la buena nueva para que ésta sea conocida por los cuatrocientos o quinientos mayores millonarios del país. Una empresa con un potencial benéfico que da vértigo.

Incidentalmente digamos que lo del donativo del 50%, que aquí pasmaría, a Belinda Gates le parece "un techo bajo". Lo que va de allí a España.

Recuerdo de infancia, de Félix Grande (1937) por Gonzalo Sánchez-Terán‏

Terán sobre el Congo.

Destaco:

En Kinshasa ceno con Théodore Ngami. Théodore es un profesor de primaria de Kikwit, alto, enjuto, dueño de unos dedos hipotenusas que revolea como quien lleva una vida precisando recoger la atención de los niños. Conversamos; él me pregunta por mis padres y yo por sus hijos: tiene siete, tres en la universidad. Su gesto de orgullo al hablarme de ellos va entreverado de niebla: 'Cada vez es más duro. El estado me paga treinta y dos mil francos congoleses al mes (unos 24 euros), con eso es imposible alimentarlos y darles estudios. Además, nos pagan cuando quieren, a menudo con trimestres de retraso'. ¿Y qué haces? 'Lo que todos, trabajo la tierra. Tengo un terreno que queda a treinta kilómetros de Kikwit. Al acabar las clases el viernes me marcho a cultivar mandioca, maíz y arroz, y el lunes temprano regreso a la ciudad derrengado. Una parte de la cosecha sirve para que coma la familia; la otra la vendo y con lo que saco me encargo de la ropa, el colegio. Los precios de todo están subiendo. De verdad, no es fácil'. Yo, como de costumbre, no sé qué decir.

El robo consentido de los hombres uniformados es un impuesto directo a los más pobres: a políticos, extranjeros y ricos con coche propio no se les molesta.

En el este las cosas son peores, mucho peores. Los Kivus permanecen infestados de armas, odios e intereses. La violencia no se extingue y nadie labora por la erradicación de las causas de la guerra: una yesca de nacionalismos, miseria y codicia local y global. Hace pocos meses Oxfam publicaba un informe sobre el uso de la violación como instrumento bélico en el este del Congo. Más de cinco mil mujeres fueron violadas allí en 2009: perdón, denunciaron haber sido violadas; el número es trágicamente mucho mayor. Los procesos por violación en el Congo son casi inexistentes. La injusticia como rutina.

Algunos combates se pierden: hace diez días la Corte Penal Internacional de la Haya ordenó que Thomas Lubanga, un líder rebelde acusado de reclutar niños soldado en el este del Congo en 2002 y 2003, fuera puesto en libertad... Todo parece indicar que por motivos de procedimiento no será condenado. Si así sucede será un triunfo del estado de derecho y una derrota de la verdad.

...el historiador Adam Hoschschild fue a Ituri, la región del Congo donde el grupo rebelde de Thomas Lubanga actuaba. Allí la Corte Penal Internacional había dispuesto que la gente, especialmente los jóvenes, pudiera seguir el juicio... Adam Hoschschild escuchó contraviene las buenas intenciones de la Corte. Tras ver el vídeo los chicos congoleses hicieron preguntas incómodas: '¿Por qué están juzgando a Lubanga cuando otros que hicieron las mismas cosas están ahora mismo en el gobierno?'... Otro joven intervino: 'Lubanga no nos reclutó forzosamente, yo me uní a su grupo de forma voluntaria, para defender a mi comunidad. No teníamos ningún lugar al que ir y Lubanga nos aceptó'..l. Otro de los presentes preguntó antes de que la reunión concluyese: '¿Y qué pasa con los que mataron a Sadam Hussein, por qué no están ellos en La Haya?'. Son preguntas legítimas. En la mano del poder el mazo de la justicia es un martillo: siempre.


Recuerdo de infancia, de Félix Grande (1937)

La poesía nos descoloniza de nuestro yo. La poesía nos destrona de nuestra esclavitud. La poesía no está de nuestra parte, está de nuestro todo.

En Kinshasa ceno con Théodore Ngami. Théodore es un profesor de primaria de Kikwit, alto, enjuto, dueño de unos dedos hipotenusas que revolea como quien lleva una vida precisando recoger la atención de los niños. Conversamos; él me pregunta por mis padres y yo por sus hijos: tiene siete, tres en la universidad. Su gesto de orgullo al hablarme de ellos va entreverado de niebla: 'Cada vez es más duro. El estado me paga treinta y dos mil francos congoleses al mes (unos 24 euros), con eso es imposible alimentarlos y darles estudios. Además, nos pagan cuando quieren, a menudo con trimestres de retraso'. ¿Y qué haces? 'Lo que todos, trabajo la tierra. Tengo un terreno que queda a treinta kilómetros de Kikwit. Al acabar las clases el viernes me marcho a cultivar mandioca, maíz y arroz, y el lunes temprano regreso a la ciudad derrengado. Una parte de la cosecha sirve para que coma la familia; la otra la vendo y con lo que saco me encargo de la ropa, el colegio. Los precios de todo están subiendo. De verdad, no es fácil'. Yo, como de costumbre, no sé qué decir.

Théodore Ngami está deshecho, ha sido un día amargo. Llegó hoy de Kikwit en autobús: la carretera no es mala y en condiciones normales los quinientos cincuenta kilómetros que la separan de Kinshasa se hacen en doce horas. Él ha tardado veintiséis. Poco después de salir el autobús tuvo la primera de un rosario de averías. Al caer la noche el autobusero anunció que se estaba quedando dormido y necesitaba echar una cabezada: nadie se opuso. Parece ser que el buen hombre llevaba una semana yendo y viniendo por la misma ruta sin apenas descansar: el autobús pertenece a una empresa privada que infringe las pocas normas de seguridad que existen en el Congo. Cuando ya creían que no habría más obstáculos en su camino un grupo de militares detuvo el vehículo a punta de metralleta. Hicieron salir al conductor y le exigieron quince mil francos (once euros) para poder continuar. En la cuneta estaban aparcados otros tres autobuses llenos de gente somnolienta y resignada: los berets rouges, boinas rojas, pasaban la mañana recolectando dinero impunemente. Théodore trató de bajar para protestar por el abuso pero uno de los soldados le disuadió encañonándolo con su fusil. El autobusero y los pasajeros intentaron resistirse, argumentar, negociar: hasta que no pagaron entre todos no pudieron seguir. Finalmente, exhaustos y humillados, entraron en Kinshasa.

Hace poco los taxistas de la capital de la República Democrática del Congo y los conductores de microbuses organizaron dos días de huelga para quejarse por el sistema de mordidas que la policía les impone. Taxis colectivos y microbuses hacinados son lo más parecido a un transporte público que existe en Kinshasa: sin ellos la gente no puede ir al trabajo. El robo consentido de los hombres uniformados es un impuesto directo a los más pobres: a políticos, extranjeros y ricos con coche propio no se les molesta. Ésta es la existencia de las personas corrientes al oeste del desaforado país del Río: un estado disfuncional y unas fuerzas de seguridad corruptas hasta la médula. La injusticia como forma de gobierno.

En el este las cosas son peores, mucho peores. Los Kivus permanecen infestados de armas, odios e intereses. La violencia no se extingue y nadie labora por la erradicación de las causas de la guerra: una yesca de nacionalismos, miseria y codicia local y global. Hace pocos meses Oxfam publicaba un informe sobre el uso de la violación como instrumento bélico en el este del Congo. Más de cinco mil mujeres fueron violadas allí en 2009: perdón, denunciaron haber sido violadas; el número es trágicamente mucho mayor. Los procesos por violación en el Congo son casi inexistentes. La injusticia como rutina.

Estados Unidos y la Unión Europea financian al gobierno, las fuerzas de seguridad y la policía del Congo. Su presidente, Joseph Kabila, es considerado un aliado del norte y la presencia de las multinacionales occidentales y chinas está creciendo: las inmensas riquezas mineras del corazón de África alimentan la máquina de consumir del mundo sin perturbaciones. La República Democrática del Congo cada vez hace menos ruido y produce más beneficios: a quién le importa el sufrimiento susurrado de millones de seres humanos, la sementera de rencores, la pobreza como centinela, la injusticia como paisaje.

El poeta Félix Grande escribió hace casi medio siglo un poema sobrecogedor que describe como ningún ensayo la historia del Congo,

RECUERDO DE INFANCIA
Hoy el periódico traía sangre igual que de costumbre
venía chorreando como la tráquea de un ternero sacrificado
he visto chotos cabras vacas durante su degüello
bajo el agujero del cuello una orza se va llenando de sangre
los animales se contraen en sacudidas cada vez más nimias
de pronto ya no respiran por la nariz ni por la boca
sino por la abertura que la navaja hizo en la tráquea
en la cual aparecen burbujas a cada nueva respiración
a menudo parece que están completamente muertos
y no obstante aún se agitan una o dos veces suavemente
ahora sus ojos ya no miran tienen como una niebla
un teloncillo de color indeterminado que recuerda al ceniza
entonces el carnicero se incorpora con las manos manchadas
y procede a desollar y trocear al animal cadáver
para después pesarlo venderlo en porciones hacer su negocio
hoy el periódico traía sangre lo mismo que otros días
acaso unos cuantos estertores más que de hábito
pero cómo saberlo hay países que no especifican
por ejemplo el departamento de estado no da la cifra de sus bajas
únicamente les agrega apellidos
bajas insignificantes bajas ligeras bajas moderadas
hoy el periódico traía sangre en volumen considerable
y mientras leo pacientemente civilizadamente el intento
de justificación de esos destrozos escrito de sutil manera
recuerdo vacas cabras chotos la gran orza en el suelo
y recuerdo imagino pienso que unos cuantos carniceros
continúan desollando troceando pesando en sus básculas
haciendo su negocio mediante esos pobres animales sacrificados.

Hay una lucha abierta entre la indignidad del mundo y su dignidad: se libra en cada esquina, en cada bolsillo, en cada voto, en los mercados, en los tribunales, en los bares, en los pasillos del edificio de Naciones Unidas y en las aulas de cualquier escuela. Cada paso es un destino, cada acto una determinación, cada opinión un veredicto. Y la Tierra, más ahora, es un barrio. Nadie vive en las afueras. Nadie vive en las afueras.

Algunos combates se pierden: hace diez días la Corte Penal Internacional de la Haya ordenó que Thomas Lubanga, un líder rebelde acusado de reclutar niños soldado en el este del Congo en 2002 y 2003, fuera puesto en libertad. El juez del caso considera que es imposible que tenga un juicio justo porque la defensa no ha tenido acceso a documentos que se supone pueden exculparlo. Además la fiscalía no quiere revelar el nombre de su principal testigo alegando que hacerlo pondría en peligro su vida: el juez por el contrario considera que su seguridad está garantizada. La acusación ha apelado la decisión del juez y por el momento Lubanga permanece encerrado. Todo parece indicar que por motivos de procedimiento no será condenado. Si así sucede será un triunfo del estado de derecho y una derrota de la verdad.

Lo más grave, como tantas veces, queda al fondo. Mientras se estaban desarrollando las sesiones del juicio, el historiador Adam Hoschschild fue a Ituri, la región del Congo donde el grupo rebelde de Thomas Lubanga actuaba. Allí la Corte Penal Internacional había dispuesto que la gente, especialmente los jóvenes, pudiera seguir el juicio. A tal fin se pasaban vídeos de lo que sucedía en la Haya seguidos de mesas redondas: la idea era usarlos como método disuasorio para que todo el mundo comprendiera que el peso de la justicia cae sobre quienes reclutan a niños soldado. Lo que Adam Hoschschild escuchó contraviene las buenas intenciones de la Corte. Tras ver el vídeo los chicos congoleses hicieron preguntas incómodas: '¿Por qué están juzgando a Lubanga cuando otros que hicieron las mismas cosas están ahora mismo en el gobierno?'. Podían haber añadido que ganando salarios pagados por la comunidad internacional. Otro joven intervino: 'Lubanga no nos reclutó forzosamente, yo me uní a su grupo de forma voluntaria, para defender a mi comunidad. No teníamos ningún lugar al que ir y Lubanga nos aceptó'. En sus años como líder rebelde Lubanga recibió de Ruanda morteros, metralletas, munición y formación, y de Uganda apoyo y asistencia: los presidentes de estos países, Paul Kagame y Yoweri Museveni, reciben ayuda y aplausos de las naciones poderosas que financian la Corte Penal Internacional. Otro de los presentes preguntó antes de que la reunión concluyese: '¿Y qué pasa con los que mataron a Sadam Hussein, por qué no están ellos en La Haya?'. Son preguntas legítimas. En la mano del poder el mazo de la justicia es un martillo: siempre.

Algunos combates se pierden, otros se ganan. La semana pasada el Presidente Obama firmó la Ley sobre Reforma Financiera. Gracias al activismo de grupos de derechos humanos la Ley incluye una provisión que obliga a las empresas estadounidenses importadoras de productos que contienen minerales que son abundantes en el Congo a presentar un informe anual especificando el origen de estos minerales y su procedimiento de adquisición: transparencia en una zona de corrupción y conflicto. Esta medida, difícil de implementar, no acabará con la violencia y su hidra de causas, pero alicortará su financiación y desincentivará a sus predadores. Mucha gente de bien, congoleses y extranjeros, han trabajado, escrito, leído y soñado para que esta página de la Ley viera la luz.

Creo sinceramente que cada persona, en cada encrucijada, decide el porvenir de la humanidad.

Si el hombre pudiera decir, de Luis Cernuda (1902-1963) por Gonzalo Sánchez-Terán‏

Terán sobre la neutralidad.

Destaco:

Leer es tomar partido: la neutralidad es la mayor mentira inventada por los acaudalados, una prestigiosa manera de respaldar al mal. La indiferencia es un crimen de lesa humanidad.

Como recuerda Tony Judt, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial casi todos los europeos neutrales estaban íntimamente comprometidos, si bien de forma indirecta, con los esfuerzos bélicos alemanes. Durante el conflicto Alemania dependió en gran medida de la España de Franco para el suministro de manganeso. El tungsteno llegaba a Alemania desde las colonias portuguesas, a través de Lisboa. El 40% de las necesidades de mineral de hierro de Alemania durante la guerra procedía de Suecia (llegado a los puertos alemanes en barcos suecos). Y todo ello se pagaba en oro, gran parte del cual había sido robado a las víctimas de los nazis y canalizado a través de Suiza.

En 1941-1942 Suiza producía para Alemania el 60% de la industria de la munición, el 50% de la industria óptica y el 40% de la de ingeniería, por todo lo cual era remunerada en oro.

El fascismo defiende la primacía de las esencias; el humanismo defiende la primacía de las presencias, la mujer y el hombre que comparecen en el alba: ambas ideologías son antagónicas... Nos rodean el hambre, la violencia, la infelicidad, ¿en qué luchas andan ellos? Cómo no sienten vergüenza.


Si el hombre pudiera decir, de Luis Cernuda (1902-1963)

La poesía no es ni de izquierdas ni de derechas: los mancos ni saben aplaudir ni pueden arar, y son éstas únicamente las tareas. Votar y pensar se están convirtiendo en actividades incompatibles.

Son las tres de la mañana y la noche abrasa como la correa en el cuello del inocente. Las paredes de mi casa están enlucidas de libros: no protegen o tupen, sino que desbrozan, desatrincheran el espacio, te arrastran a campo abierto. Leer es tomar partido: la neutralidad es la mayor mentira inventada por los acaudalados, una prestigiosa manera de respaldar al mal. La indiferencia es un crimen de lesa humanidad. Sobrevolar los problemas del planeta es minar sus soluciones: quienes habitan en torres de marfil pagan su alquiler a los constructores de celdas. Quienes se desentienden de la realidad la sancionan. Los libérrimos patinadores por lejanas constelaciones aleteando entre músicas y lienzos son la infantería de la iniquidad. El sistema los produce porque el sistema los requiere. Quienes viven en su mundo, viven contra el mundo.

Como recuerda Tony Judt, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial casi todos los europeos neutrales estaban íntimamente comprometidos, si bien de forma indirecta, con los esfuerzos bélicos alemanes. Durante el conflicto Alemania dependió en gran medida de la España de Franco para el suministro de manganeso. El tungsteno llegaba a Alemania desde las colonias portuguesas, a través de Lisboa. El 40% de las necesidades de mineral de hierro de Alemania durante la guerra procedía de Suecia (llegado a los puertos alemanes en barcos suecos). Y todo ello se pagaba en oro, gran parte del cual había sido robado a las víctimas de los nazis y canalizado a través de Suiza.

Los suizos actuaron más que como simples blanqueadores de dinero e intermediarios para los pagos alemanes, lo que en sí ya constituía una contribución muy importante a la guerra de Hitler. En 1941-1942 Suiza producía para Alemania el 60% de la industria de la munición, el 50% de la industria óptica y el 40% de la de ingeniería, por todo lo cual era remunerada en oro. La pequeña empresa de armamento Bührle-Oerlikon todavía seguía vendiendo ametralladoras a la Wehrmatch en abril de 1945. En total, durante la Segunda Guerra Mundial el Reichsbank alemán depositó en Suiza el equivalente en oro a 1.638 millones de francos suizos. Y fueron las autoridades suizas la que antes de estallar el conflicto exigieron que los pasaportes alemanes indicaran si sus titulares eran judíos, la mejor manera de impedir llegadas no deseadas.

Desconfía de los neutrales: hay que implicarse, hay que tomar medidas realistas. Los países cambiarán de himno cada tres años y de capital cada diez. En el futuro se estudiará la posibilidad de que la capital de un país se halle en otro continente durante un lustro: así la capital de Estados Unidos sería Bangui, la de España, Asunción, la de Camboya, Viena, etc. Todos los países de la Tierra intercambiarán sus banderas periódicamente: habrá cierto desconcierto en la inauguración de los Juegos Olímpicos pero muchos menos conflictos. Una única autoridad mundial expedirá todos los pasaportes: solo les serán denegados a los evasores fiscales. Se abrirán las fronteras de par en par, repito, se abrirán las fronteras de par en par. Los servicios públicos, salud, educación, transporte, serán globales. El saber heredado se untará equitativamente sobre el mundo: se emprenderá un Plan Marshal del conocimiento. Los hombres serán distintos por sus obras, no por sus herramientas. La riqueza de las naciones se medirá en función de su poesía per cápita: cuantía de humanidad dividida por el número de habitantes.

Hace calor. Releo la vieja edición de Siruela de la Poesía Completa de Luis Cernuda. Hace un par de años, en Spitsbergen, una isla noruega a mil kilómetros del Polo Norte, se creó un banco de semillas para garantizar la seguridad alimentaria de nuestra especie en caso de un holocausto nuclear o una catástrofe natural. Se guardaron 268.000 muestras de semillas procedentes de un centenar de países. Si se hiciera lo mismo con las almas, si se atesoraran las más altas para asegurar la pervivencia de la sensibilidad humana más allá de toda hecatombe, la de Cernuda estaría allí,

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquél que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,´
La única libertad porque muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Cuando regreso a España y encuentro a los mismos miserables defendiendo las mismas banderas me entran arcadas: los que en Barcelona enarbolan su estandarte sintiendo agredida la esencia de su patria son dañinos para el mundo; los que en Madrid enarbolan su estandarte sintiendo agredida la esencia de su patria son dañinos para el mundo. Cómo no les da vergüenza. El fascismo defiende la primacía de las esencias; el humanismo defiende la primacía de las presencias, la mujer y el hombre que comparecen en el alba: ambas ideologías son antagónicas. Las banderas son la ropa del pudibundo dinero. Nos rodean el hambre, la violencia, la infelicidad, ¿en qué luchas andan ellos? Cómo no sienten vergüenza.

En lugar de enarbolar la verdad: el amor, el deseo.