Optimismo (para mis amigos Manolo y José Ángel).

Me levanto gracias a la alarma de mi teléfono móvil, que además me permite oir la radio, más concretamente a Carlos Herrera, entre otras muchas cosas.

Me ducho con agua caliente.

Me visto con ropa limpia. La lavadora hace sencilla esta tarea.

Desayuno mi leche fría, la nevera ayuda a mantenerla así, con cereales y un zumo de naranja. Las empresas de distribución hacen que pueda disponer de alimentos a menos de un kilómetro de mi casa.

Salgo de mi casa y voy en el metro a trabajar. Hay miles de personas que hacen lo mismo a diario en Madrid.

Llego al trabajo y con 3 compañeros vamos a Burgos en un coche de alquiler, unos 250 kilómetros. Charlando tranquilamente y guiados por el GPS.

Visitamos una fábrica y comemos en el excelente restaurante Casa Avelino. Platos diversos: callos, cecina, parrilla de verduras, solomillo, chuletitas, etc.

Hablo por teléfono durante el día con mi abuela, mi madre y mi mujer.

Disfrutamos de una conversación agradable en el camino de vuelta.

Al llegar a Madrid la encuentro perfectamente iluminada y con todo en orden.

Otra ducha de agua caliente.

La cena rica de siempre al llegar a casa, empanada de bacalao y ensalada de tomate, más dos mandarinas.

Ahora tiempo de diversión leyendo en Internet.

En breve a la camita a descansar.

¿Y me siguen preguntando por qué soy optimista?

Mi deseo es que todas las personas del mundo puedan gozar del nivel de vida que tengo yo. Dejarnos de miedo al progreso, de ponerle trabas y ayudar. Mejorar los sistemas de energía, mejorar la seguridad jurídica y física, dar libertad a la gente, favorecer el intercambio de mercancías, bienes y personas, etc.

Hagamos un trato de Mario Benedetti. Para mi mujer.

Le dedico este poema a mi adorable esposa. Siempre atenta, siempre ayudando, siempre cuidándome, siempre para mí. Un paraíso en la tierra es vivir a su lado.

Hagamos un trato de Mario Benedetti

Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo.

Si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

La guerra de Libia

Jordi Pérez Colome está analizando todos los acontecimientos de la guerra de Libia. Su último post es soberbio, como todos. Si se quiere estar informado y leer un análisis riguroso de los hechos su blog es de lectura obligada.

Destaco lo siguiente:

El principal objetivo de la resolución 1973 de la ONU es proteger a civiles libios. Podría discutirse si para ese fin hay que bombardear tanques que defendían un frente militar en una ciudad fantasma. La coalición puede decir que allí había civiles, incluso que los rebeldes son civiles. Es difícil de defender. Pero no es ilegal. La resolución de la ONU da ese margen.

(...)

Antes, ha habido montones de comentarios en los posts anteriores sobre la necesidad y justicia de la intervención. Estos son los hechos: las tropas de Gadafi estaban a las puertas de Bengasi. Había en Libia hasta entonces centenares de muertos en varias semanas de revuelta. No había ninguna noticia ni imágenes de masacres ni genocidio. Muertos y crueldad, sí; centenares de muertos, no.


Pero Bengasi y Tobruk eran distintos. Bengasi es la capital de los rebeldes. No era la primera vez que Gadafi tenía problemas con el este del país. Las ciudades por las que había pasado antes -Bin Jawad, Ras Lanuf, Brega, Ajdabiya- eran menores y de donde los civiles habían huido. No había opciones de revancha. El ataque final era Bengasi.

El asesor de la Casa Blanca, Dennis Ross, dijo hace un par de días en una reunión privada que Bengasi hubiera sido “Srebrenica con anabolizantes”. En Bosnia murieron 8.100 hombres. Ross hablaba de la posibilidad de 100 mil muertos. Quizá exageraba. Pero es probable que Gadafi no fuera con rodeos. Su amenaza era ir casa por casa en Bengasi y Tobruk. Entonces sí que no había nada que hacer.

En suma, las pruebas no indicaban una masacre previa. Pero el riesgo era inminente. Los que defienden que debería haberse dejado llegar a Gadafi a Bengasi juegan con la ventaja de que nunca sabremos qué hubiera ocurrido. Son quejas lícitas. Pero confiar de alguien cuyas tropas acabaron en un día de 1996 con 1.270 presos en una cárcel de Trípoli, es mucho confiar. Es un debate intelectual aceptable. Pero ahora ya está hecho. Y bien hecho. No puede haber discusiones ahora que obvien la amenaza sobre Bengasi.

Richard Feynman: Fun to Imagine. Using physics to explain how the world works.

Richard Feynman: Fun to Imagine.

Vídeos donde Feynman explica el mundo desde la física. Vídeos 1, 2 y 6 en inglés con subtítulos en español.

Una maravilla. Recomiendo sus libros.
























Liberalizar los horarios comerciales.

Arcadi Espada escribe hoy sobre los horarios comerciales. Es algo que nunca entenderé, por qué alguien que tiene un comercio no puede abrirlo cuando le dé la gana. Es bueno para toda la población en general, y es bueno para el que abra. El que no abra tendrá sus razones pero no entiendo el porqué de coartar la libertad de unos en función de los caprichos de otros.

Destaco del texto de Espada:

Zapatero. Todo lo hace bien. Ahora quiere cambiar los horarios comerciales. Magnífico. Acabaré votándole. Esperanza Aguirre ya lo hizo muchos años antes y así Madrid es una ciudad civilizada donde uno puede comprar a cualquier hora del día (y de cualquier día) un libro. Por contraste la estúpida Barcelona, a cal y canto, dado que su loby de tenderos amenzan con una revolución árabe cada vez que se insinúa la posibilidad de que ¡otros! abran sus tiendas. El presidente tendrá que negociar su propuesta con las fuerzas políticas y sobre todo con los tenderos nacionalistas, sinécdoque fiel de un lugar sobreprotegido donde ya nadie ni nada se valen por sí mismo.