Los Comuneros. Joseph Pérez. 2006

Por Manuel Álvarez López.


Los Comuneros. Antonio Gisbert.

El libro es un análisis de la Guerra de las Comunidades que tuvo lugar en Castilla entre los años 1520 y 1522. El libro es riguroso y el análisis claro, aunque la lectura no es todo lo ágil que me gustaría. Lo incluyo entre mis libros.

La interpretación general que da el autor de las Comunidades está resumida al final del libro (p. 268):
Estamos frente a un movimiento fundamentalmente castellano, más concretamente centro-castellano, y quedan excluidas las tierras burgalesas y las situadas al sur de Sierra Morena. Este movimiento nace y se desarrolla en las ciudades, pero encuentra pronto muy fuertes ecos en el campo, el escenario de una poderosa explosión antiseñorial. El movimiento elabora un programa de reorganización política de signo moderno, caracterizado por la preocupación de limitar el arbitrario de la corona. Su derrota se debe a la alianza de la nobleza y de la monarquía y viene así a reforzar las tendencias absolutistas de la corona.
Ese enfrentamiento entre las dos Castillas es entre "la Castilla de los ganaderos y de los grandes comerciantes, simbolizada por Burgos [...] y la Castilla de los pequeños tenderos, de los comerciantes con un radio de acción muy limitado, de los artesanos y de los industriales molestos por la competencia extranjera y por la legislación favorable a los exportadores" (p. 159).

Todo lo anterior se justifica a lo largo de la obra. Incluso en el último capítulo, "El significado histórico de las comunidades", se estudian las distintas interpretaciones que se han dado de este fenómeno histórico a lo largo de los siglos, desde los primeros cronistas del siglo XVI hasta José Antonio Maravall (con quién coincide en su análisis el autor), pasando por Ángel GavinetManuel Azaña y Gregorio Marañón, por ejemplo.

Un factor determinante es el nombramiento de Carlos I como Emperador. Ese cargo exige financiación por parte de Castilla. Pero hay muchos que se oponen, por ejemplo, en un texto "elaborado por un grupo de franciscanos, agustinos y dominicos" se indica que "los recursos de Castilla se deben emplear en la defensa exclusiva de Castilla, no en la defensa de los demás territorios sobre los que ejerce soberanía Carlos V" (p . 39). De hecho, los comuneros aceptan a Carlos como rey pero no como emperador (p. 219).

El capítulo VI, "Comuneros y anticomuneros", es el más interesante del libro, en él se analizan los grupos en conflicto y las alianzas que se tejen a lo largo de este periodo. Por ejemplo, la alianza entre el rey y los nobles, frente a los comuneros (p. 178). Esa alianza da como resultado (p. 182):
  • A partir del otoño de 1520 la revuelta de las Comunidades se presenta como un enfrentamiento entre la alta nobleza y las ciudades. [...] Esta situación no fue impuesta voluntariamente por los comuneros; les vino dada por la sublevación espontánea de las poblaciones sometidas al régimen señorial. La Junta encontró entonces la oportunidad de precisar el sentido de la lucha.
  • Los grandes se decidieron a entrar en lucha con los comuneros no para defender el poder real, sino para salvar sus dominios. 
  • La rebelión fue aplastada por los Grandes y por nadie más. Tordesillas y Villalar constituyen dos victorias de la alta nobleza que no dejará de recordárselo al rey.
El autor niega "la idea de que la rebelión comunera fue esencialmente una manifestación de la general inquietud de los conversos por aquellos años" (p.197). "Como grupo social los conversos estaban interesados en una supresión del Tribunal de la Inquisición o, por lo menos, en una reforma de los procedimientos del Santo Oficio" (p. 206), y no está claro, como demuestra el autor, que los comuneros persiguiesen eso.

Cierto aire democratizador se intuye en las medidas tomadas por los comuneros, por ejemplo, cuando permiten entrar "a formar parte de los ayuntamientos representantes de las diversas clases sociales (clérigos, hidalgos, pecheros) y representantes de los distritos urbanos" (p. 212).

La libertad es otro punto clave del levantamiento, pero la "libertad otorgada no era libertad; la libertad política tenía que ser declarada y mantenida por el mismo reino" . Es decir, "los comuneros procedían como si ellos fuesen los depositarios de la soberanía y pretendían obligar a Carlos V a aceptar las disposiciones previstas en los Capítulos" (p. 252).

El autor escribe lo siguiente, con grandes dosis de optimismo (p. 255):
Lo que desapareció en Villalar no fueron las libertades castellanas, es decir, franquicias anacrónicas, sino quizá la libertad política y la posibilidad de imaginar otro destino al de la España imperial con sus grandezas y sus miserias, sus hidalgos y sus pícaros. Lo que durante el reinado de los Reyes Católicos y el gobierno de Cisneros se había preparado, una nación independiente y moderna, lo abortó Carlos V.
Estos libros históricos son una prueba indudable de que hemos ido a mejor, tal y como Matt Ridley demuestra en El optimista racional. Por ejemplo, "Los primeros años del siglo XVI, sobre todo 1504-1506, son terribles en Castilla, porque coinciden con una serie de malas cosechas, hambre, epidemias, mortandad, y porque la presión fiscal contribuye a agravar la situación" (p. 26). Comparemos la situación anterior con las crisis modernas, sin ir más lejos la que vivimos actualmente en España.

Acabo con un poema de Luis López Álvarez incluido en el libro:

Desde entonces, ya Castilla 
no se ha vuelto a levantar, 
en manos de rey bastardo.
o de regente falaz, 
siempre añorando una junta,
o esperando un capitán, 
Quién sabe si las cigüeñas...



Titulo: Los Comuneros.
Autor: Joseph Pérez.
Editorial: RBA.
Fecha: 2006.
Páginas: 286. 

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