Cómo no se debe gestionar una crisis financiera

por Xavier Sala i Martín.

Durante muchos años de burbuja inmobiliaria, todos, absolutamente todos los bancos españoles se dejaron llevar y prestaron excesivamente a empresas promotoras y constructoras. Para poder prestar todo ese dinero, los bancos mismos pedían prestado a otros bancos e inversores. Una vez explotó la burbuja, las promotoras y las constructoras quebraron y en lugar de devolver los créditos a la banca, devolvieron las llaves de edificios a medio construir, solares, aeropuertos sin aviones y ciudades fantasma. Aunque el valor de todos estos activos no era equivalente al dinero prestado, los bancos tuvieron que devolver el dinero que ellos habían pedido por lo que se formó un agujero financiero.
A pesar de que todos los bancos son culpables de hacer las cosas así, algunos lo hicieron de manera más exagerada que otros. Hasta el punto de que el dinero que ellos debían devolver era superior a los activos que tenían. Es decir, estaban quebrados. Este es un punto importante: al explotar la burbuja inmobiliaria española, NO TODOS LOS BANCOS ESTABAN EN SITUACIÓN DE PELIGRO: había bancos que estaban bien y bancos que estaban mal. A partir de ahí, la política económica del gobierno ha sido tan desastrosa que está de conseguir que no solo quiebren los bancos que estaban mal sino también los que estaban b¡en y, de propina, ¡que quiebre el estado! ¿Como lo han conseguido?
Pues no dejando que los bancos insolventes hicieran concursos de acreedores como hacen las empresas normales o directamente dejarlos quebrar. En lugar de hacerlo, el gobierno ha seguidodos políticas que han llevado al desastre. La primera ha sido la política de fusiones. Los bancos "sanos" absorben a los bancos "podridos" y crean un banco grande. La teoría es que los bancos grandes son más eficiente que los pequeños. Si eso es así, la fusión de dos bancos crea un banco mucho más grande (y por lo tanto mucho más eficiente) y las ganancias en eficiencia serán tan grandes que el banco bueno podrá absorber las activos del banco insolvente sin problemas. Es decir, la suma de las partes es mucho más grande que las partes por separado. El problema con esta teoría es que no es verdad que "grande" sea equivalente a "eficiente". Hay bancos grandes eficientes y bancos pequeños eficientes del mismo modo que hay bancos grandes ineficientes y bancos pequeños que también. Por lo tanto, las fusiones no garantizan de ninguna manera que el banco resultante sea capaz de absorber al banco insolvente. Al contrario, a menudo sucede que el banco insolvente "contamina" al solvente y los dos acaban por quebrar. Es como las manzanas: nunca se ha observado el fenómeno que al unir una manzana podrida y una manzana sana, la sana acabara curando a la podrida. Más bien siempre pasa al contrario: al final las dos manzanas acaban podridas. 
La segunda ha sido que cometer el grave error de prometer que no dejaría caer a ningún banco, se comprometió a que si el sector privado no recapitalizaba a los bancos quebrados, sería el sector público el que tendría que poner el dinero para evitar que cerraran. Dado que el gobierno no tenía dinero (la crisis económica y su propia política keynesiana de 2009 había generado un déficit fiscal de más del 10% del PIB), la única manera que tenía el gobierno de rescatar a los bancos era a través de su propio endeudamiento. Pero esto conllevaba un pequeño problema: si la deuda pública aumenta demasiado, la probabilidad de que sea el estado español el que no pueda devolver el dinero y pagar sus deudas pasa a ser positiva. Y si existe la posibilidad de que el gobierno español quiebreel valor de los bonos del estado en propiedad de los bancos españoles solventes se reduce, cosa que crea agujeros en los balances de los bancos buenos.
Es decir, cuando el gobierno español dice que no dejará caer ningún banco insolvente, asume parte de la deuda de los bancos “malos” y, al hacerlo, pone en peligro los balances de los bancos “buenos”. El error del gobierno, pues, es garrafal.
Para solucionar el problema de los bancos “malos” o insolventes, lo que se tenía que hacer era (lo he dicho mil veces pero lo voy a repetir), dejarlos caer. Convocar concursos de acreedores como si los bancos fueran empresas normales. Los que no sobrevivan, que cierren y se acabó.
Si se decide que esa solución no es factible, entonces el rescate de los bancos insolventes NO debe comportar deuda por parte del estado español porque esto pone en peligro la solvencia del propio estado y, por lo tanto, la solvencia de los bancos “buenos” que tienen cantidades ingentes de deuda del estado (y que está valorada en sus balances como si fuera deuda segura). Es decir, si se hace el rescate con deuda pública se crea una chapuza, una bola de nieve que puede acabar solo quebrando de los bancos “malos” por falta de dinero (y recuerden que eso es, precisamente, lo que todo esta esperpéntica política quería evitar) sino que, de paso, se consigue que también quebren los “buenos” y, de paso, que quiebre el estado. Peor no se puede hacer.
La política del gobierno para gestionar el problema del sistema financiero español, pues, (la del PSOE y la del PP) no solo no funciona sino que está arruinando al sector y, de paso, está arruinando el estado. Es hora de cambiar la dirección. Para evitar ese "bucle negativo" que existe entre unos bancos (cada vez más grandes por culpa de las fusiones) que tienen dueda del estado y un estado que se ha comprometido a los bancos, un bucle que puede acabar con la insolvencia de ambos, es que el rescate lo asuman los fondos de rescate europeos directamente. Eso es lo que Rajoy ha pedido en la reunión del G20 en México y no lo que “consiguió” con el rescate-tomate del fin de semana pasado. Como argumenté entonces, el “rescate” tomaba la forma de crédito al estado español, cosa que aumentaba la deuda pública y, por lo tanto, no podía solucionar el problema de fondo sino más bien lo podía agravar porque endeudaba todavía más al estado. El Domingo 10 de Junio, don Mariano dijo en su ya famosa y esperpéntica rueda de prensa que era un rescate sino que había conseguido un “crédito en condiciones favorables” y celebró que Angela Merkel “cediera ante las exigencias de Rajoy para que le diera dicho crédito”. Se llame o no se llame rescate, es cierto que había conseguido un crédito. Pero lejos de ser la solución, un crédito adicional al estado solo hace que agravar el problema (como ya expliqué en este blog el día en que se presentó el plan de rescate) por lo que don Mariano se equivocaba cuando decía que había conseguido la solución. Más bien estaba agravando el problema. Después de una semana de subidas estrepitosas en la prima de riesgo y cuando solamente  han pasado 9 días, Rajoy ha reconocido desde Mexico que aquella operación era un fracaso que solo ha hecho que empeorar las cosa.  El radical cambio de opinión ha venido acompañado por una petición de que los fondos europeos rescaten directamente a los bancos sin que eso conlleve más deuda para el estado español. Los europeos han dicho que los actuales tratados no lo permiten. ¡Pues que los cambien! A diferencia de las tablas de la ley que contenían los 10 mandamientos, los tratados europeos los ha escrito el hombre y pueden ser cambiados por el hombre. Claro que debe ser un hombre europeo que no quiera ir directo a la autodestrucción.
Rectificar es de sabios y Rajoy ha rectificado, aunque con tantas opiniones y declaraciones contradictorias pronto tendremos que tratar al presidente del gobierno como a los buenos vinos: detrás de su nombre tendremos que poner una fecha: igual que un “Vega Sicila 1982” no es lo mismo que un “Vega Sicilia 1984”, un “Rajoy 10 de Junio” no es lo mismo que un “Rajoy 19 de Junio”. Y en este caso, el Rajoy 19J tiene razón que no tenía Rajoy 10J. En cualquier caso, tenga razón el Rajoy que tenga razón, la verdad es que los sucesivos gobiernos de España están dando una lección importante para las futuras generaciones de economistas y políticos: cómo no se debe gestionar una crisis financiera.

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