¿Por qué deberíamos restringir la inmigración?

Continuando con el tema de la restricción de la inmigración, y sus perversas consecuencias, he leído este documento escrito por Bryan Caplan, Why Should We Restrict Immigration? (¿Por qué deberíamos restringir la inmigración?).

La conclusión de Caplan es clara: Sea cual sea su queja, las restricciones a la inmigración son un remedio innecesariamente draconiano ("Whatever your complaint happens to be, immigration restrictions are a needlessly draconian remedy"). En el texto se proponen soluciones que son más humanas que forzar a los extranjeros a languidecer en el Tercer Mundo ("more humane than forcing foreigners to languish in the Third World").

Para defender su postura, el autor analiza algunos de los argumentos en contra de aceptar inmigrantes en los Estados Unidos de América. Primero, pone en duda la veracidad de estos argumentos para posteriormente, suponiendo que esos argumentos fueran ciertos, proponer soluciones mejores que la restricción a la entrada de extranjeros al país.

Por ejemplo, para proteger a los trabajadores americanos, en el supuesto de que fuera verdad que la inmigración los amenaza, el autor propone medidas, para los inmigrantes, como pagar un 50% más de impuestos durante el resto de sus vidas, que permitiría a los nativos con menos ingresos pagar menos impuestos.
Protecting American Workers?

For example, you could issue green cards to Haitians who agree to perpetually pay a 50 percent surtax on top of their ordinary U.S. tax liability. Haitians used to earning a dollar a day would jump at the opportunity, and the extra revenue could fund, say, tax cuts for low-income natives. Critics can tailor the details to fit the magnitude of the harm they believe immigrants inflict on native workers. Whatever the magnitude of this harm might be, extracting compensation is cheaper and more humane than forcing foreigners to languish in the Third World.
Para proteger a los americanos de una supuesta mayor carga fiscal, debido a un mayor número de inmigrantes, el autor propone limitar el acceso de estos inmigrantes a los beneficios.
Protecting American Taxpayers?

Suppose, however, that you remain convinced that immigrants impose a large fiscal burden on native taxpayers. Before you embrace immigration restrictions, you should still look for cheaper, more humane solutions. They’re not hard to find. The simplest is to freely admit immigrants, but make them permanently ineligible for benefits. “Net fiscal burden” is not a physical constant. It is a function of policy. If immigrants paid normal taxes and received zero benefits, their “net fiscal effect” would almost automatically be positive. If permanent ineligibility seems unfair, surely it is less unfair than refusing to admit immigrants in the first place. And there are many intermediate approaches. You could impose a waiting period: No benefits for 10 years. You could reduce or limit benefits: Half benefits for life, or double Medicare co-payments. You could set thresholds: Immigrants become eligible for benefits after their cumulative taxes exceed $100,000. Whether you love or loathe these proposals, they are certainly cheaper and more humane responses to the fiscal effects of immigration than the status quo.
Para proteger la cultura americana, suponiendo que sea cierto que se vea menoscabada, se podría evaluar a los inmigrantes en materias de conocimiento de la legua inglesa o cultura general. Pero haciendo lo mismo con los nativos.
Protecting American Culture?

Regardless of your cultural views, there are certainly cheaper and more humane ways to address them than immigration restrictions. If you’re worried about the decline of English, we could admit any immigrant who passes a test of English fluency. If you’re worried about culture in some vaguer sense, we could admit any immigrant who passes a test of cultural literacy. In the interest of fairness, though, you should make sure that the typical native can pass your test. If most Americans cannot name the decade of the American Civil War, why should we expect more from immigrants?
Para proteger la libertad de la sociedad americana, en el supuesto de que los inmigrantes la ataquen, el autor propone prohibir votar a los inmigrantes a perpetuidad o por un tiempo limitado. Además, señala la dificultas de las sociedades para cambiar lo existente, y el problema de una sociedad plural como la americana para crear un estado de bienestar al estilo Europeo.
Protecting American Liberty?

Second, voters have what psychologists call “status quo bias” (Sachs 1994, Samuelson and Zeckhauser 1988). They have a strong tendency to favor whatever already exists because it already exists. In 2010, most Americans favored Medicare but opposed “Obamacare.” Why? In large part, because we already hadMedicare. Status quo bias is the psychological underpinning for political aphorisms like “Never waste a good crisis” (Harrison 2009). In normal times, the public prefers to stay the course; you have to wait for a crisis to persuade the public to try something new.

Racially mixed societies like the United States have less consensus and smaller welfare states. As AGS (2001: 229) explain:
Americans think of the poor as members of some different group than themselves, whereas Europeans think of the poor as members of their own group. Racial differences between the poor and the nonpoor in the United States will tend to create the perception of the poor as “other,” but geographic or social isolation might do this as well
Suppose, however, that you remain convinced that immigration has serious political externalities. You have to ask yourself: are immigration restrictions really the cheapest, most humane way to address the problem? The answer, again, is No. Consider a simple alternative: admit immigrants to live and work, but not to vote. If necessary, we could make their non-voting status hereditary. Or suppose you worry about immigrants’ political ignorance. If so, we could restrict the vote to immigrants who successfully pass a civics test. Are you afraid of class warfare? We could give immigrants the right to vote once their lifetime tax payments surpass $100,000. Whatever your complaint, there exists a remedy far less objectionable than exclusion and deportation.
En cuanto a los derechos de propiedad que tienen las personas que viven en un país, sobre ese territorio, el autor afirma que lo mejor sería liberalizar más que cualquier otro país la entrada de inmigrantes, para posteriormente observar que pasa, y en ausencia de malas consecuencia liberalizar más y más.

Protecting Property Rights: 
Critics of immigrants also often compare them to trespassers. If an individual has a spare bedroom, we don’t expect him to justify his refusal to allow a total stranger to live there. Why should we hold countries to a higher standard. 
Immigration restrictions literally ruin many millions of lives—forcibly denying people the opportunity to do business with their best customers.

If the “out of sample” problem bothers you, the obvious solution is to expand the sample gradually. Step one: liberalize slightly more than any other country. Step two: see what happens. Step three: in the absence of very bad consequences, liberalize a little more and return to step two.
 Coincido con las ideas expresadas por Caplan. Restringir la entrada de inmigrantes a un país es la peor solución que se puede adoptar. Hay muchas variantes que ayudarían a las personas que viven actualmente en países pobres a salir de ellos, ayudando a los países de procedencia y además a los países que reciben a esos inmigrantes.

José Sabogal en la Historia del Perú. Por Andrés Zevallos de la Puente

Durante cinco fechas consecutivas, previas a la celebración de nuestras Fiestas Patrias, el diario El Comercio publicó a doble página una sucinta referencia a los acontecimientos que han venido jalonando nuestra historia desde la proclamación de la Independencia.

Entre esos acontecimientos en forma destacada aparece la figura de José Sabogal como promotor de un viraje decisivo en la trayectoria de nuestra cultura, concretamente en el campo de las artes plásticas.

Sin embargo, el acontecimiento más significativo en torno a la figura de Sabogal lo constituye la extraordinaria exposición que el MALI (Museo de Arte de Lima) ha abierto en su espacioso local del Parque de la Exposición en la capital. Dicha exposición fue abierta al público el pasado 10 de julio y permanecerá hasta los primeros días de noviembre próximo.

La noche anterior a su apertura, y en el marco de un exclusivo acto protocolar, una masiva asistencia de personajes de la política, funcionarios, diplomáticos, periodistas, empresarios y figuras de la sociedad limeña asistieron al cóctel de inauguración oficial bajo estrictas medidas de seguridad.

Para quienes de una u otra manera nos sentimos ligados a su memoria, aquella ceremonia ostensiblemente desbordaba respeto y admiración por lo que, pasado ya más de medio siglo, esta exposición significaba el reconocimiento a la obra y decisión de un hombre que soñó con una patria de auténtica peruanidad, pero que, como toda propuesta revolucionaria, chocó y fue combatida con ensañamiento desde sectores con intereses distintos.

A los cajamarquinos que desconocen aún el personaje y solamente lo tienen presente como el nombre de uno de los principales jirones de la ciudad, nos permitimos hacer una breve referencia a su trayectoria.

El apellido Sabogal proviene de Calabria Cantabria región del norte de España bañada por el Golfo de Vizcaya, donde se pescan sabogas utilizando las redes llamadas precisamente sabogales. De allí vino al Perú su padre Don Matías; su madre peruana tenía el apellido Diéguez.

A los 22 años de haber nacido en Cajabamba, con unas cuantas libras peruanas en el bolsillo, se embarcó por su cuenta y riesgo en un buque mercante que después de varias semanas de navegación lo desembarcó en un puerto italiano.

Desde muy niño había soñado con este viaje, tanto que a los 12 años se escapó del hogar y emprendió camino hacia la Costa donde sabía que iba a encontrar el mar que habría de cruzar para llegar a la tierra de “el Sanzio” el gran pintor que él trataba de imitar en sus dibujos infantiles. Pero unos amigos de don Matías que lo encontraron por el camino lo obligaron a volver con ellos. Esta aventura se repitió a los 16 años pero ya con la aquiescencia familiar. Varios años de trabajo en los cañaverales de La Libertad le permitieron juntar aquellas libras que por fin hacían posible aquel viaje soñado.

Deslumbrado por el arte de los maestros del Renacimiento , entre los cuales admiraba la sobriedad y el vigor de Masaccio, anduvo muchas veces, por los caminos de Florencia, Siena, Pisa, Roma y otras ciudades más para conocer y estudiar las obras que en ellas se atesoran.

Cuando se acabaron aquellas libras peruanas, empezó a alternar sus lecciones vespertinas de dibujo y pintura con trabajos ocasionales de ayudante de albañilería o de pintor de brocha gorda. Cuando esto le permitió ahorrar algo, cruzó el Mediterráneo para recorrer los países norafricanos antes de pasar a España donde, según lo manifestara más tarde, sentía bullir en las venas lo que quedaba de la herencia de sus ancestros cantábricos.

Un día, en el puerto de Cádiz, se enteró que, estando para partir rumbo a Buenos Aires, un velero requería con urgencia un grumete que le faltaba para completar su tripulación. En un vehemente arranque de aventura y recordando su juvenil dominio del deporte de barras y argollas, tomó la decisión de darse un paseo por “su” América.

En Buenos Aires, mientras se armaba el retorno a Cádiz, el improvisado grumete trabó amistad con jóvenes porteños algunos de los cuales tenían nexos con el arte. Allí se había fundado la Academia de Bellas Artes con lo cual la inquietud artística había despertado gran interés, ello determinó que Sabogal tomase la decisión de aprovechar la oportunidad para completar aquí su formación profesional.

Habiendo terminado los estudios, fue nombrado como profesor en la Escuela Docente de Jujuy, ciudad del noroeste argentino en el límite con Bolivia y Chile. Para entonces ya era conocido en los círculos artísticos y contaba con la amistad de pintores como Modesto Luccioni y Jorge Bermúdez.

Por entonces, en Argentina soplaban vientos de renovación que se inspiraban mayormente en los ideales de la llamada Generación del 98, en España, compuesta por notables figuras como Unamuno, Azorín, Ortega y Gasset, y que en pintura reflejaba la obra de Ignacio Zuloaga, Anglada Camarasa y Julio Romero de Torres, artistas de quienes en Buenos Aires ya se conocía su obra.

Con éstos antecedentes, en Argentina se gestaba también un movimiento cultural que devino en llamarse “nativismo”. Imbuidos de estos ideales Sabogal y sus amigos se dieron a pintar motivos netamente argentinos. En el caso de nuestro pintor, el asunto caló más hondo todavía pues en aquel rincón fronterizo con Bolivia, Sabogal encontró evidentes similitudes con lo peruano ya que aquella región había sido parte del Imperio Incaico. Todo esto determinó su decisión de volver al Perú dejando atrás su proyecto de retorno a Europa.

Entrando por Bolivia se encontró con la mágica belleza del lago Titicaca; pero su deslumbramiento culminó al llegar al Cusco, cuyos paisajes urbano y rural así como la gente que los habita, coparon seis meses de intenso trabajo artístico. Nunca se había imaginado encontrar tanta belleza de auténtica originalidad. Además allí encontró también gente imbuida de una inquietud de renovación política y cultural que venía a afirmar su convicción de que el Perú independiente tenía que optar por una cultura acorde con su herencia histórica.

Con noventa cuadros bajo el brazo, Sabogal emprendió viaje a Lima, anhelante de sentir el impacto que producirían en el público capitalino.

El 15 de julio de 1919, se inauguró la exposición en los salones de la Casa Brandes, causando verdadera sensación en un público dividido en pro y en contra. Teófilo Castillo el crítico más influyente del periodismo se declaró abiertamente a favor resumiendo de esta manera: “Yo sostengo que Sabogal es lo más fuerte y verdadero que en temas de arte serio y de los jóvenes háse visto en Lima”.

Años más tarde Sabogal escribiría: “Cayó esta muestra como si fuera motivo de exótico país; el medio limeño aún permanecía entre los restos de sus murallas virreinales con más conocimiento de mar afuera que de mar adentro”.

Esta muestra de José Sabogal marcará un hito en la plástica peruana. Otro suceso que coadyuvó en ello fue la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1918, para dirigir la cual se llamó al pintor Daniel Hernández, residente en París.

No obstante la disparidad de conceptos y métodos, quizá movido por el éxito de la exposición, el director de la Escuela invitó al joven Sabogal a formar parte del plantel de profesores.

A la llegada del nuevo profesor, en la Escuela empezaron a soplar vientos de renovación. Había que olvidarse de los viejos postulados del arte europeo, en especial de la temática cuya visión había que volverla hacia el hombre y el paisaje peruanos, tema que había sido ignorado en un país lleno de originalidad. Solía arengar a sus alumnos diciéndoles: “Olviden los Apolos y las Venus. Miren hacia dentro, dibujen y pinten nuestro paisaje. Métanse en las pupilas los cerros, los desiertos y las selvas del Perú así como nuestros cholos y negros. Todo eso somos nosotros”.

Prédicas como esta calaron hondo en los jóvenes artistas que luego conformaron el grupo “Indigenista”, mote con el cual bautizaron sus oponentes al movimiento comandado por Sabogal desde la dirección de Bellas Artes, cargo que había asumido a la muerte de Hernández. Los componentes de ese grupo eran Julia Codesido, Teresa Carvallo, Alicia Bustamante, Camilo Blas, Enrique Camino Brent, Cota Carvallo y Raúl Pro. La mayoría de ellos luego conformarían la plana docente de la Escuela.

Aclaremos aquí que, si bien el sentimiento y práctica de la inquietud llamada “indigenismo” era adjudicada exclusivamente a este grupo, marginalmente se desarrollaba una actividad similar por varios pintores desligados de la influencia sabogalina. Entre ellos Manuel Pantigoso y Francisco Gonzáles Gamarra ,en Cusco; Jorge Vinatea Reinoso, en Arequipa; Alejandro Gonzáles Trujillo “Apurímak”, en Lima; y Juan Villanueva “Bagate” en Cajamarca, cada uno haciéndolo a su manera. El caso de Mario Urteaga fue similar, pero desde cuando fue descubierto y dado a conocer por los indigenistas, se le ha considerado como tal.

La consolidación del “Indigenismo” en una institución oficial, enardeció los ánimos de sus oponentes aduciendo la oficialización del culto a lo feo, la exaltación del indio y sus costumbres y un intento retrógrado de volver al pasado incaico. Estas exageraciones, acompañadas de denuestos, eran machacadas en influyentes periódicos como La Prensa y La Crónica. Sin embargo, de otro lado, la propuesta de Sabogal había sido plenamente aceptada en los círculos políticos de izquierda; José Carlos Mariátegui había saludado la exposición de 1919 escribiendo en la revista AMAUTA lo siguiente: “José Sabogal señala ya con su obra un capítulo de la historia del arte peruano. Es uno de nuestros valores signos (…) es, ante todo, el primer pintor peruano; severo con los demás pero severo también consigo mismo, como todo creador auténtico tiene Sabogal la probidad artística de esos maestros pre-renacentistas que le son tan queridos. No se encuentra en su obra concesiones al mercado, ni coqueterías con la frivolidad del ambiente. Trabaja para realizarse libre y plenamente. Por eso su obra pertenece ya a la historia, mientras otras no pasaran de la crónica”.

Precisamente en los inicios de AMAUTA, Sabogal había tenido una participación determinante ya que propuso el nombre de la revista y asumió su original diagramación e ilustración artística.

Tarea muy importante en la obra de Sabogal lo constituye el descubrimiento, estudio y divulgación del arte popular al que dedicó muchos viajes por distintas regiones de nuestro país, de los que escribió varios libros, como por ejemplo “El toro en las artes populares”, “El pintor mulato Pancho Fierro”, “El retablista López Antay”, “Los mates burilados”, “Del arte en el Perú”, “El desván de la imaginería”, etc.

En 1922, en compañía de la escritora María Wiesse con quien acababa de contraer matrimonio, Sabogal realizó un fructífero viaje a México, lo cual se repitió en 1942, por extensión del que realizara a Estados Unidos a invitación del Departamento de Estado. Ambos viajes reafirmarían la amistad y admiración que siempre lo vinculó a Rivera, Orozco y Siqueiros, los maestros del muralismo mexicano.

Dichos viajes le habían hecho concebir ambiciosos proyectos de obras por realizar, sobre todo relacionadas con el muralismo. Pero el Perú de la época de Manuel Prado no era el de Vasconcelos en México y aquellos proyectos chocaron con la indiferencia y la oposición; más todavía, mientras su ausencia habían recrudecido los ataques dando paso a la confabulación. Esta dio los resultados apetecidos cuando desde el Gobierno le tendieron una celada que determinó su alejamiento de la dirección de Bellas Artes.

Esto produjo una conmoción en la gente adicta a Sabogal, especialmente en el grupo de los profesores indigenistas que renunciaron a sus cargos; de igual manera, muchos de los alumnos allegados al maestro también se alejaron de la Escuela y formaron un taller independiente donde ocasionalmente recibían orientación de sus antiguos profesores.

En el caso de Sabogal, Julia Codesido, Teresa Carvallo y Camilo Blas, ellos fueron convocados para asumir tareas en el recientemente creado Instituto de Arte Peruano, dependencia del Ministerio de Educación cuya dirección ejercía nada menos que Luis E. Valcárcel, aquél viejo amigo cuzqueño de idéntica inquietud peruanista. Esto permitió a Sabogal y los suyos ahondar en el estudio sistemático de las artes populares, lo que dio paso a la formación el Museo de Arte Popular.

Durante la segunda mitad de los años 40 y primeros de los 50, el maestro alternaba sus investigaciones con su obra personal, con la certeza de estar cumpliendo su propósito. En su discurso de agradecimiento al homenaje que se le tributó, expresó lo siguiente:

“Los avances son difíciles, estorbados y, con frecuencia, vapuleados. Este es el destino de la marcha hacia los ideales de superación; pero en este remanso episódico, volviendo hacía el año 19, vemos con satisfacción de que nuestra cabeza de puente de peruanismo artístico, ha consolidado posiciones y sus filas se hacen más fuertes y templadas”.

Pero José Arnaldo Sabogal Diéguez, en el fondo de su corazón, también guardaba un profundo sentimiento de amor por Cajabamba, su inolvidable patria chica y por extensión Cajamarca, lugares que en un impulso premonitorio visitó por última vez en los meses de setiembre y octubre de 1956.

Aquí, en Cajamarca, visitó en forma especial el Conjunto Monumental de Belén y el Cuarto del Rescate, recinto este que le hizo concebir un muy importante proyecto de restauración el que, con el título de “El memorial Atahualpa” fue dado a conocer a los medios de prensa en Lima.

Y aquí llegamos al episodio final de una vida de intensa lucha en pro de ideales íntimamente ligados con el destino del Perú. Intempestivamente, cuando menos se esperaba, el 15 de diciembre de 1956, a los 68 años, fallecía en su hogar de Miraflores, víctima de una afección de inusitada virulencia.

Hace más de medio siglo, cuando la oposición a su propuesta creía haberla hecho desaparecer junto con su muerte física, estaba muy lejos de admitir que el tiempo y la razón iluminarían de nuevo aquella propuesta.


Hoy, cuando el Perú está tomando un rango importante dentro del acontecer mundial, el hecho de lucir caracteres propios de una nación con identidad cultural nos da orgullo y nos hace olvidar nuestro pasado pesimista. José Sabogal es uno de los personajes que lo han propiciado, gracias Maestro.

En el Cuarto del Rescate, Cajamarca. 1953. Archivo José Sabogal, Lima. (*)


India del Collao. 1925. Óleo sobre tela. (*)


Junto a Walt Disney en su taller de Lima. 1942. (*)


Músicos Huancas. Ca 1930. Xilografía. (*)


(*) Fotografías e ilustraciones tomadas del libro:
SABOGAL, de Natalia Majluf y Luis Eduardo Wuffarden
© 2013 de la Edición Asociación Museo de Arte de Lima – MALI.

Diseño de superestructuras de puentes de hormigón armado. Comparación entre diseño según norma AASHTO standard (Método ASD) y norma AASHTO LRFD

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Cristian Andrés Ochoa Espinoza.
Universidad Austral de Chile.
Valdivia - Chile.
2008



Resumen:

Los puentes de nuestro país son diseñados utilizando las disposiciones establecidas en la norma “AASHTO Standard Specifications for Highway Bridges”, 16º edición (1996), la cual fue adoptada por la Dirección de Vialidad del M. O. P. como norma nacional, complementada con el Capitulo 3.1000 “Puentes y Obras Afines”, del Manual de Carreteras Volumen III (2002).

La AASHTO, publica paralelamente la norma “AASHTO LRFD Bridge Design Specifications”, cuya primera versión es de 1994. Esta norma entrega las disposiciones de diseño para puentes según las últimas investigaciones, basándose en nuevos criterios de cálculo y corrigiendo deficiencias que presenta la norma AASHTO Standard.

El objetivo de esta tesis es estudiar y comprender las disposiciones de ambas normas, y aplicarlas al diseño de superestructuras de puentes con vigas de hormigón armado y comparar los resultados obtenidos. Para este análisis, se establecieron 4 modelos de superestructuras, con geometrías usadas comúnmente en nuestro país. Estos consisten en vigas con luces de 15 y 20 (m) y tableros de hormigón armado con 3 y 4 vigas.

El resultado final presento grandes diferencias en la metodología usada, debido a que la norma LRFD usa el “Diseño por factores de carga y resistencia”, el cual es más complejo que el de “Diseño por tensiones admisibles”, método utilizado por la AASHTO Standard. Además se presentaron grandes diferencias en el refuerzo a utilizar. Se concluye, que es conveniente utilizar la norma AASHTO LRFD en el diseño de superestructuras de hormigón armado, principalmente, como manera de ahorro de acero y porque incluye en sus disposiciones, las últimas investigaciones.


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