Antifrágil, de Taleb

And the past—properly handled, as we will see in the next section—is a much better teacher about the properties of the future than the present. To understand the future, you do not need technoautistic jargon, obsession with “killer apps,” these sort of things. You just need the following: some respect for the past, some curiosity about the historical record, a hunger for the wisdom of the elders, and a grasp of the notion of “heuristics,” these often unwritten rules of thumb that are so determining of survival. In other words, you will be forced to give weight to things that have been around, things that have survived.

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The perishable is typically an object, the nonperishable has an informational nature to it. A single car is perishable, but the automobile as a technology has survived about a century (and we will speculate should survive another one). Humans die, but their genes—a code—do not necessarily. The physical book is perishable—say, a specific copy of the Old Testament—but its contents are not, as they can be expressed into another physical book.

La imaginación conservadora, de Gregorio Luri

"Si cada vez que pretendemos guiar la vida política de acuerdo con leyes supuestamente racionales acabamos manchándonos las manos de sangre, es como mínimo aconsejable intentar descubrir si entre Robespierre y Pol Pot hay algo más que un aire de familia y si no convendría ser extraordinariamente prudente a la hora de declarar caducadas las costumbres e instituciones heredadas, puesto que si han ido tomando cuerpo gracias al ensayo y el error a través de las generaciones, pudieran ser la expresión de un depósito de experiencia acumulada que no debiera ser echada en saco roto sin evaluar la posibilidad de que sea más racional de lo que supone el revolucionario."

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"La revolución se suele presentar a sí misma como una línea recta, pero está sometida a todo tipo de oscilaciones y de revueltas internas que obligan a los revolucionarios a estar más pendientes de los cambios en el liderazgo revolucionario que en la meta inicialmente establecida."

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"Es preciso no confiar demasiado en los medios represivos porque la experiencia los muestra débiles; a ideas es necesario oponer ideas; a sentimientos, sentimientos; a espíritu público, espíritu público; a la abundancia de mal, abundancia de bien; a constancia en disolver, constancia en unir; a tenacidad en trastornar, perseverancia en organizar". Jaime Balmes en su Pío IX.

Sanshô Dayû (El intendente Sansho)


Desoladora y elegante película dirigida por Kenji Mizoguchi; algo más de dos horas mostrando el sufrimiento de algunos personajes. La película es una oda a la familia y la justicia. El ritmo es pausado y con poco movimiento de cámara, se centra más en la acción general que en acercarse a los personajes en planos cortos o medios. Las escenas más duras no se muestran explícitamente; por ejemplo, en una de las escenas ordenan cortarle los tendones de Aquiles a uno de los personajes para evitar que vuelva a intentar la huida; y aunque no nos muestran el acto en sí, tanto la orden dada para realizar ese acto atroz como el grito de dolor de la mujer al recibir el castigo fueron suficientes como para dejarme impactado e incómodo. Lo mismo sucede en la escena del suicidio de otro de los personajes, quien se interna en un río para ahogarse; Mizoguchi no nos muestra el ahogamiento. La escena me provocó una inmensa tristeza. No la recomiendo en periodos de bajón anímico. El final de la película sí deja ver un atisbo de alegría. 


Enlaces:
‘El intendente Sansho’, de Ōgai Mori a Kenji Mizoguchi. Por Carles Matamoros Balasch.
El intendente Sansho, por David Vericat.
¡Qué grande es el cine!, en RTVE.

Twelve Monkeys (Doce monos)


Tenía un excelente recuerdo de esta película dirigida por Terry Gilliam y al volver a verla me ha parecido incluso mejor. Una obra maestra. Todo funciona en la película destacando especialmente la historia de ciencia ficción en la que se mezclan viajes al pasado, la muerte de gran parte de la humanidad debido a una epidemia, un futuro precario e incluso algún homenaje a las películas de Hitchcock. Acompañamos a James cole (Bruce Willis) a lo largo de esos viajes en el tiempo y vemos cómo va aprendiendo de los mismos, además de comprobar cómo afectan al futuro las acciones que él y otros personajes realizan en el pasado. En la trama destaca la manera en que la información parcial puede provocar malas decisiones que agraven los problemas; ¿cómo interpretarían la vida en España dentro de 200 años unas personas que únicamente pudieran acceder a un periódico o una serie de audios de radio sin tener acceso a múltiples fuentes? ¿Sería posible que pudieran tener una idea exacta incluso teniendo acceso a muchas fuentes de información? La realidad es tan compleja que intentar aprehenderla es en muchos casos tarea imposible. Queremos tener explicación para todo; la incertidumbre nos molesta. Otra idea poderosa es la de los falsos recuerdos; James Cole (Willis) confunde muchas veces la realidad con pesadillas o invenciones propias.

The bad and the beautiful (Cautivos del mal)



Jonathan (Kirk Douglas) hace todo lo necesario para que sus películas sean las mejores; lanza a la fama a un director, una actriz y un escritor convertido en guionista; para más tarde prescindir de ellos o no darles todo lo que desean, tanto a nivel personal como profesional, o apartar de ellos cualquier distracción, cuando él considera que debe hacerlo. A la vez es crítico consigo mismo cuando algo no sale bien. Un personaje embaucador, inteligente, cínico y con visión. 

El director es Vincente Minnelli, aunque la película es del estilo de Billy Wilder al ser mordaz, profunda en exponer los comportamientos humanos y rodada de manera sencilla. En glorioso blanco y negro (y una gama infinita de grises intermedios, que decía el maestro Pumares).

Tiene varios momentos duros e impactantes a lo largo de la película, lo que demuestra un guion muy bien estructurado. Aunque todos los actores me gustan mucho, destaco a Kirk Douglas por su fuerza y su manera de reírse; además de a Gilbert Roland que lo borda haciendo de galán.

Un clásico imperecedero del cine que me disfruto cada vez que lo veo.