Al hilo de la idea del libro que critiqué en su momento, leo este artículo y me reafirmo en lo que es evidente. Si naces sin cualidades para desarrollar una actividad de manera brillante, nunca serás de los más destacados, y mucho menos el más destacado, el genio.
Con las actividades deportivas se ve muy claramente, casi todos los niños pequeños juegan a los mismos deportes, pero los que destacan no lo hacen porque trabajan mucho más, sino porque ya traen consigo unas cualidades naturales, en sus genes, que les hacen ser los mejores. El entrenamiento les ayudará, y les hará alcanzar el tope de sus posibilidades. Pero ese tope es muy diferente de una persona a otra.
Intelectualmente sucede lo mismo, hay gente con una capacidad de análisis, de comprensión, de escritura, de concentración, que no son alcanzadas por cualquiera. Hay gente que estudia, se prepara, le dedica horas y horas, pero nunca llegan a destacar de la misma manera que lo hicieron Galileo, Newton o Einstein.
Es una pena, pero es mejor mentalizarse, tenemos un tope, marcado por nuestra genética, que no puede ser superado. Aunque cuanto más trabajemos más cerca estaremos del máximo.
Definitivamente no fui Michel Jordan jugando al baloncesto ni seré Mario Vargas Llosa escribiendo, los genes me apartaron de mis sueños. Aunque seguiré practicando lo segundo.
“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
Realidad e interpretación
La interpretación de la sociedad es muy compleja, para llegar a comprenderla y descubrir la verdad de lo que ha sucedido debemos hacer esforzarnos y ser sistemáticos.
Dos de los problemas a los que nos enfrentamos son: la determinación de los hechos en los que nos vamos a basar para realizar el análisis, y, muy relacionado con esto, el sesgo de confirmación, es decir, intentar interpretar todo lo que sucede de acuerdo a nuestras ideas preconcebidas.
Una buena manera de lograr el éxito en el análisis es ser sistemático y hacernos preguntas incómodas sobre nuestros razonamientos, ser nuestro abogado del diablo. Lo primero, nos ayudará a determinar cuáles son esos hechos que se deben tener en cuenta, y lo segundo, nos permitirá enfrentarnos con la realidad antes de que ésta nos arrolle. No hay mejor juez que uno mismo, si se está dispuesto a no dejarse engañar.
Dos de los problemas a los que nos enfrentamos son: la determinación de los hechos en los que nos vamos a basar para realizar el análisis, y, muy relacionado con esto, el sesgo de confirmación, es decir, intentar interpretar todo lo que sucede de acuerdo a nuestras ideas preconcebidas.
Una buena manera de lograr el éxito en el análisis es ser sistemático y hacernos preguntas incómodas sobre nuestros razonamientos, ser nuestro abogado del diablo. Lo primero, nos ayudará a determinar cuáles son esos hechos que se deben tener en cuenta, y lo segundo, nos permitirá enfrentarnos con la realidad antes de que ésta nos arrolle. No hay mejor juez que uno mismo, si se está dispuesto a no dejarse engañar.
Accidentes y causas
Al hilo de lo que escribí el otro día sobre la determinación de la culpabilidad de las personas, leo este artículo sobre el accidente ferroviario en Santiago de Compostela.
La clave está en la pregunta: ¿opinaban éstos lo mismo el día antes? A Arcadi Espada también le he leído esta pregunta muchas veces en sus artículos, y es fundamental para entender la vida y sus hechos. Una vez que han sucedido las cosas todos somos genios, y sabemos exactamente lo que había que hacer y como actuar. Pero las decisiones hay que tomarlas a priori.
Pensar que podemos controlar la vida y que todo se va a dar sin accidentes ni fallos es un error muy común. No cabe duda que hay errores evitables, algunos muy tontos, pero la acción humana y el error van de la mano. Hay que procurar minimizar esos errores, pero si lo hacemos con un costo alto dejaremos otras actividades sin proteger o sin desarrollar.
Lean completo el artículo del Doctor Enrique Castillo Ron. Muy útil.
La clave está en la pregunta: ¿opinaban éstos lo mismo el día antes? A Arcadi Espada también le he leído esta pregunta muchas veces en sus artículos, y es fundamental para entender la vida y sus hechos. Una vez que han sucedido las cosas todos somos genios, y sabemos exactamente lo que había que hacer y como actuar. Pero las decisiones hay que tomarlas a priori.
Pensar que podemos controlar la vida y que todo se va a dar sin accidentes ni fallos es un error muy común. No cabe duda que hay errores evitables, algunos muy tontos, pero la acción humana y el error van de la mano. Hay que procurar minimizar esos errores, pero si lo hacemos con un costo alto dejaremos otras actividades sin proteger o sin desarrollar.
Lean completo el artículo del Doctor Enrique Castillo Ron. Muy útil.
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