Optimismo, de Luis Alberto de Cuenca

No pienses en el día oscuro, en el día en que nadie
responde, en el día en que tienes a un dios enfrente.
Piensa en la otra jornada, aquella en que venciste
al enemigo o ganaste en el juego, aquel día feliz
en que todo te sonreía. Que tu ejemplo en la vida 
sea siempre lo que gozaste, no el sufrimiento.

De Poesía 1979-1996.

Lectura

"Una de las modificaciones estructurales que se da entre la lectura en papel y la digital es que, en esta última, tal experiencia de “límite” no se produce de manera tan acabada como en la lectura tradicional: tenemos una visión parcial en la que podemos movernos para adelante o atrás sobre las líneas del texto, pero no está clara esa noción de finitud del texto. Por eso no es azarosa esa metáfora de “navegación” que se usa para la Internet, ya que no está claro el camino prefijado ni tampoco dónde está la orilla."

"Lo bueno, en cualquier modo, es que la lectura se dé. Por eso, la clave está, más que en el instrumento, el soporte y el canal de las palabras, en el desarrollo, la capacidad crítica y el bienestar del cerebro lector."

Escrito por Facundo Manes.

¿Qué hacer cuando se aterriza en un cargo?

"“Lo importante es que llegue sin inspirar desconfianza e inseguridad. No debe trasmitir dudas con sus acciones sobre su idoneidad en el puesto” y apostilla, “la gente aceptará mejor que pida perdón, que no que pida permiso. En el segundo caso, se lo pueden comer”."

Incentivos o sentido del deber

"¿Qué hubiese ocurrido si en vez de ponerles un incentivo para no inventarse bajas por enfermedad se hubiese apelado a la honorabilidad de esos bomberos, a su sentido del deber, a su responsabilidad, o incluso a su patriotismo? Las investigaciones que desde hace años desarrolla el americano-israelí Dan Ariely nos ofrecen una pista al respecto: resulta que, por sorprendente que pueda parecer, basta con recordarle a la gente sus deberes, o hacerles firmar o prometer que los cumplirán, para que de hecho la gente los cumpla mucho más.

Los seres humanos no somos solo máquinas egoístas a las que únicamente importa sacar tajada. Lo que desvelan tanto Bowles como Ariely es que somos también personajes a los que nos gusta contarnos historias sobre nosotros mismos, y una de esas historias que nos gusta es vernos como personas fiables, como gente que cumple con sus deberes, como individuos que merecemos el aprecio de los demás. Aristóteles ya se dio cuenta, hace casi 2.400 años. Quién sabe, tal vez un día, en algún programa televisivo de alta audiencia, haya que dejar algún espacio a este viejo filósofo griego, junto naturalmente a los politólogos y economistas de rigor."

Escrito por Miguel Ángel Quintana.