Cada vez que te hablo, otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto, y cada vez que surgen
de dentro – o de muy lejos, o de nunca-,
me fluye de la boca un hilo tibio
de sangre que resbala por mi cuerpo.
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.
De La caja de plata (1985)
“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
Principio de legalidad
En Los orígenes del poder político Francis Fukuyama define con admirable precisión el alcance del principio de legalidad: "Significa que en una sociedad existe el consenso social de que sus leyes son justas y preexistentes, y que deberían regir el comportamiento de todo aquel que se encuentra al mando del gobierno en un momento dado. El gobernante no es soberano; la ley es soberana, y el gobernante adquiere legitimidad únicamente en la medida en que obtiene sus poderes justos de la ley".
Fuente: Arcadi Espada.
El Fantasma, de Luis Alberto de Cuenca
Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,
hazte mucho más grande
o infinitamente más pequeña.
Envuélveme en tu pecho.
Bésame.
Pero nunca me digas la verdad.
Nunca me digas: “Estoy muerta.
No abrazas más que un sueño.”
hazte mucho más grande
o infinitamente más pequeña.
Envuélveme en tu pecho.
Bésame.
Pero nunca me digas la verdad.
Nunca me digas: “Estoy muerta.
No abrazas más que un sueño.”
De Necrofilia (1983)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









