"Se debe educar a ambos sexos de forma separada". Anne Moir Neuróloga.

Entrevista con la neurógola Anne Moir, en la que expresa su convencimiento de que la educación debe hacerse por sexos y no mezclándolos.

Yo pensaba lo contrario, aunque las razones que da ella son lógicas.

Para seguir pensando sobre el tema.

Vía Francisco Capella.


Entrevista (las negritas son mías):

Anne Moir (Leeds, Inglaterra, 1950) es doctora en Genética por la Universidad de Oxford. Productora y directora de documentales sobre este asunto para la BBC, con los que ha ganado varios galardones, y educadora de adultos en el Human Givens College, es autora del libro Brain sex: The real difference between men and women, en el que expone los beneficios de educar a niños y niñas por separado en función de las diferencias neurológicas entre ambos sexos.

La neuróloga inglesa Anne Moir extiende una mano y señala sus dedos índice y anular. Sonriente, resalta que tienen el mismo tamaño, algo que, según apunta, se debe a la testosterona. En los hombres suele resultar habitual que el dedo anular sea superior al índice, dado que tienen más testosterona, mientras que en las mujeres presentan un tamaño muy similar o, incluso, el índice sobrepasa al anular.

A Moir le fascina el estudio del cerebro y de las diferencias neurológicas entre hombres y mujeres. A partir de ellas, ha configurado su tesis de que solo educando a ambos sexos por separado es posible explotar al máximo las facultades de cada uno. Hace unos días detalló sus tesis en el Palacio Euskaduna de Bilbao durante una conferencia organizada por la Federación de Asociaciones de Padres de Euskadi.
Pregunta. ¿Cuál es la principal diferencia entre los hombres y las mujeres?
Respuesta. Hay enormes diferencias en la configuración neuroquímica entre ambos sexos. La principal es aquello que nos motiva y que capta nuestra atención. A los chicos les fascina asumir riesgos, como saltar con un paracaídas. Pese a que siempre hay excepciones, una mujer se estresará más con aquello relacionado con el riesgo. El cerebro es muy plástico y, si no lo usas, lo pierdes. Las mujeres tienden a asumir menos riesgos a medida que van creciendo. Por ello, se les debe enseñar a tomarlos desde que son pequeñas. Los chicos no lo necesitan.
P. Aboga por educar de forma separada en los colegios a niños y niñas.
R. Si se desea reducir las diferencias entre chicos y chicas, se debe educar a ambos sexos de forma separada y diferente. Si no, discriminaríamos negativamente a los hombres. Y es que, si no se aprende, la socialización es irrelevante. Uno se socializa cuando aprende, y simplemente por convivir no se pegan las cosas. En las escuelas en las que se coeduca no se enseña, y puede ser contraproducente.
P. ¿En qué sentido?
R. Los chicos desarrollan la inteligencia emocional mucho más tarde que las mujeres y eso puede conducir a que estas ignoren a los chicos de su misma edad y piensen que son estúpidos. Si queremos ayudar a socializar tenemos que utilizar lo que sabemos sobre el cerebro con cualquiera. La socialización no es algo que ocurre; se entrena. La evidencia sugiere que ahora mismo hay una enorme distracción sexual entre ambos.
P. ¿Maduran hombres y mujeres a distinta edad?
R. Se está forzando a hombres y mujeres a entrar en otro mundo antes de que sus cerebros sean maduros, de que se desarrollen definitivamente. El cerebro de un hombre madura entre los 20 y los 25 años; los cerebros de las mujeres son maduros a los 16 o 17 años. Opino que ese lento desarrollo determina que poner a los adolescentes en las mismas clases repercutirá negativamente en su desarrollo y empobrecerá la comunicación entre sexos. Me gustaría que los colegios se organizasen de manera científica y no políticamente. Miro a la ciencia y pienso: ¿cómo dice que enseñaremos mejor a los niños?
P. ¿Chocan sus ideas con los postulados feministas?
R. Si enseñas a un niño que su cerebro está organizado de una manera lograrás sacarle lo mejor de sí mismo. Si ignoras las diferencias, las acentuarás. Pondré un ejemplo. Los chicos desarrollan la actividad verbal mucho más tarde que las chicas. La educación actual incide en la comunicación verbal, y los chicos se pueden sentir desplazados por no poder seguir la clase. Las chicas tienen menor habilidad para pensar en tres dimensiones. Si se ignora y no son educadas a otra velocidad en este aspecto serán menos aptas para dedicarse a labores técnicas, y se acentuarán estereotipos como que las mujeres aparcan peor. El feminismo ignora las diferencias, con lo que estas aumentan.

Denis Dutton: Una teoría Darwiniana de la belleza

TED colabora con el animador Andrew Park para ilustrar la provocadora teoría de la belleza de Denis Dutton: que el arte, la música y otras cosas hermosas, lejos de estar simplemente en el "ojo del observador", son una parte estructural de la naturaleza humana, con orígenes evolutivos profundos.


Heroínas en el Museo Thyssen-Bornemisza y en la Fundación Caja Madrid

Muy interesante la exposición Heroínas. Se puede ver en el Museo Thyssen-Bornemisza y en la Fundación Caja Madrid.

Quién pueda ir que lo haga, merece la pena. Los que estén lejos o no puedan ir que disfruten en la web de la visita virtual y demás enlaces.

Además de disfrutar de obras muy interesntes, este tipo de exposiciones sirven para comprobar como ha evolucionado el arte, y para comparar los estilos y visiones de los artistas.

La exposición es fundamentalmente de pinturas, pero hay esculturas, fotografías e incluso un par de vídeos.



Aquí dejo algunas de las obras expuestas:


Gaston Lachaise. Heroína,1932. Bronce.



Frederick Leighton. Soledad. 1890.




Gerhard Richter. Leyendo. 1994.


Y una foto de la Fundación Caja Madrid:


La música y la tecnología

Maravilloso vídeo en el que se demuestra como la tecnología nos puede llevar a crear cosas inimaginables hace unos años. Y es sólo el comienzo. Dentro de unos años no puedo ni imaginar qué se podrá conseguir.

El vídeo está en inglés y tiene subtítulos en español, entre otros.

Vía Cafe Hayek.


Climate Change by Don Boudreaux‏

Climate Change by Don Boudreaux. (En español)‏

Here’s part of the conclusion of a recent, data-rich paper by Indur Goklany; this paper is Chapter 6 in Climate Coup (Patrick J. Michaels, ed., 2011):
Despite claims that global warming will reduce human well-being in developing countries, there is no evidence that this is actually happening. Empirical trends show that by any objective climate-sensitive measure, human well-being has, in fact, improved remarkably over the last several decades. Specifically, agricultural productivity has increased; the proportion of population suffering from chronic hunger has declined; the rate of extreme poverty has been more than halved; rates of death and disease from malaria, other vector-borne diseases, and extreme weather events have declined; and, consequently, life-expectancy has more than doubled since 1900.
And while economic growth and technological development fueled mainly by fossil fuels are responsible for some portion of the warming experienced this century, they are largely responsible for the above-noted improvements in human well-being in developing countries (and elsewhere). The fact that these improvements occurred despite any global warming indicates that economic and technological development has been, overall, a benefit to developing countries [pp. 181-182].
Indur here nicely captures my own attitude toward the current hysteria about climate change. I neither deny that climate change is occurring nor that its occurance is the result of human activity. (I’m no natural scientist, so my ability to judge the science is inadequate.)
What I do deny is (1) the presumption that climate change necessarily has worsened or will worsen human well-being compared to what that well-being would have otherwise been, or will be, under different feasible policies, and (2) the presumed necessity for governments to ‘do something’ about climate change. From the perspective of an economist, it is a non sequitur to conclude from the existence of made-made climate change that government must take steps to halt, or to diminish, those human activities that contribute to climate change.
Of course, the fact that fossil-fuel fueled improvements in humans’ ‘micro’ environments – the close-in environments that matter most to us, such as the air in our homes and workplaces, the cleanliness of our clothing, the absence of animal manure on our city streets, etc. – are very real and very large does not imply that steps ought not now be taken at the margin to reduce human activities that are thought to contribute to climate change.
But the case for taking such steps would be more plausible, believable, and acceptable were not so many of its advocates prone to write and speak as if the benefits of industrialization, such as those mentioned above by Indur, are unreal or overblown or, more precisely, as if these benefits are not connected with the very industrial and commercial processes that climate-change hawks wish to further rein in. So much of the conversation by climate-change hawks takes place as if the demonstration of the existence of a cost is sufficient to prove that that cost must be reduced.
And, too, so much of that same conversation takes place as if the political authorities to be charged with reducing this cost will act both wisely and in the public interest.
Both stances are most unscientific.