Víctimas, 7 de noviembre: Fabio Moreno Asla y José María Lidón Corbi

Libertad Digital.


Hacia las 16:45 horas del 7 de noviembre de 1991 la bomba colocada por Juan Carlos Iglesias Chouzas y Francisco Javier Martínez Izaguirre en los bajos del vehículo particular del guardia civil Antonio Moreno Chica estalló cuando entraban en Erandio (Vizcaya), matando en el acto a su hijo de 2 años, FABIO MORENO ASLA, hiriendo a su hermano gemelo, Alexander –que sufrió quemaduras en una pierna y perforación en un tímpano–, y al propio agente de la Guardia Civil, que tardaría 852 días en curar sus heridas.
Tres días antes los asesinos habían colocado el artefacto bajo el asiento del copiloto sabiendo perfectamente que Antonio Moreno utilizaba ese vehículo exclusivamente para los desplazamientos con su familia, pues para ir y venir a su trabajo en la Comandancia de la Guardia Civil de Bilbao utilizaba el tren. Mientras Martínez Izaguirre vigilaba, Iglesias Chouzas, alias Gadafi, había forzado la puerta delantera derecha para colocar el artefacto explosivo bajo el asiento del copiloto.
"La bomba llevaba en el coche tres días, lo que pasa es que en tres días no lo habíamos usado. El coche sólo se utilizaba para la familia, para llevar a los críos a la piscina, al monte... Cuando se puso esa bomba se sabía que el daño iba a ser para la familia, que no iba a ser sólo para mí", contó en 2006 Antonio Moreno Chica (Trece entre mil, Iñaki Arteta).
La banda asesina de niños, porque no se la puede calificar de otra forma, hacía tres semanas que había mutilado gravemente a otra niña, Irene Villa. Además, ese año de 1991 ETA había asesinado a otros seis menores de edad antes que a Fabio Moreno, cinco de ellos en la casa cuartel de Vic, y una en San Sebastián, María del Coro Villamudria.
Felipe González, el entonces presidente del Gobierno, declaró al día siguiente del asesinato de Fabio: "Me produce una profunda repulsión moral, que a veces me coloca en una situación muypróxima a la pérdida de control. Por eso trato de no perder el control de la lucha contra esosasesinos de niños. Acontecimientos como el de ayer refuerzan nuestra voluntad de acabar con ellos" (ABC, 09/11/1991).
Antonio Moreno había recogido a sus gemelos en una piscina cubierta de Guecho en la que habían estado con su madre. En una curva cerrada a la entrada de Erandio el artefacto explotó. Fabio murió en el acto, con la cabeza destrozada y un brazo prácticamente desgajado del cuerpo:
Al abrir la parte de atrás del coche saqué a Alex, que estaba bien, lo malo fue cuando fui a sacar a Fabio, que lo tuve que coger a trozos. No sabes cómo sujetarlo porque se te cae por todos los sitios. Al reventar la bomba me reventó los tímpanos. No oía nada, no sabía lo que estaba pasando (...) Lo primero que piensas es por qué a mi hijo y no a mí. Si en teoría el malo de la película diríamos que soy yo (Trece entre mil, Iñaki Arteta).
Abrazado al cadáver de su hijo que acababa de sacar de la chatarra del vehículo, Antonio Moreno Chica repetía: "Ya me lo han matado esos hijos de puta". Él y Alexander fueron llevados al Hospital de Cruces de Baracaldo, donde se les diagnosticó rotura de tímpanos.
Todos los partidos políticos, a excepción de Herri Batasuna (HB), condenaron unánimemente el atentado. En un comunicado execrable, como todos los de la formación proetarra, HB señalaba que entendían el dolor que producía el atentado, que lamentaban la muerte del niño pero que no permitirían "que se utilice ese dolor para la realización de denuncias hipócritas por parte de quienes tienen la responsabilidad de estar prolongando el sufrimiento de este pueblo" y reclamaba, una vez más, la negociación con ETA.
En 1995 la Audiencia Nacional condenó a un total de 85 años de prisión al etarra Martínez Izaguirre. Coincidiendo con este juicio, Arantxa Asla, la madre de Fabio, manifestó que ella lo condenaría a "la muerte, que no es ni más ni menos lo que ellos hicieron a mi hijo, matarle. Ojo por ojo y diente por diente (...) Yo no puedo olvidar lo que ellos le han hecho a mi hijo y a mi familia, y tampoco puedo perdonarles. Sé que hay personas que afirman haber perdonado a los asesinos de sus familiares. Pero yo no puedo" (El Mundo, 23/01/1995). Con el paso del tiempo ese sentimiento de odio, de desear "que les pasara lo mismo" y que "sufrieran como perros" ha pasado. Ahora "simplemente no les perdono" y quiere "que cumplan sus penas" (El Correo, 10/07/2010).
En 2003 fue condenado Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, a un total de 82 años por este atentado. Sin embargo fue absuelta de su participación en el asesinato de Fabio la etarra Rosa María Arana Txakartegi, pese a que el Ministerio Fiscal había solicitado las mismas penas que paraGadafi y por los mismos delitos. El tribunal aplicó a la etarra el principio in dubio pro reo, justificando esta decisión por no haber podido reconstruir de manera absolutamente clara la participación de Arana en el atentado. Y eso a pesar de que la principal prueba de cargo aportada por la Fiscalía era una nota manuscrita que se le incautó a Arana cuando fue detenida en 1992 y en la que se decía: "Yo había estado con ellos controlando cuando abrieron la puerta y colocaron la bomba en el coche del padre de Fabio". Arana fue detenida en febrero de 2001 cuando salía de su turno de trabajo en una fábrica de Guernica bajo la acusación de ser quien dio la orden de atentar contra Antonio Moreno.
En septiembre de 2005 Gadafi pidió su traslado a España, para seguir cumpliendo sus condenas aquí, quizás porque intuía que en España la situación podría serle más favorable. Cuando llegó a España, el padre de Fabio fue entrevistado en ABC y señaló algo que, lamentablemente, se está produciendo en estos momentos, que es la criminalización de las víctimas. Preguntado sobre qué pensaba de que Gadafi viniese a cumplir su condena a España "para estar más cerca de su familia, su novia y su hijo", Antonio Moreno contestó:
Sentí vergüenza de tener los gobernantes que tenemos. Anoche no pegué un puñetero ojo. Estaba viendo por televisión la llegada a España de esta alimaña y se me quitaron hasta las ganas de vivir. Ha llegado para reírse de nosotros y lo hace con el asentimiento del Gobierno. Y si yo ahora voy y mato a su hijo, ¿estamos en paz? Si yo fuera una alimaña como él podría matar a su hijo tranquilamente. ¿Y me van a dar los mismos privilegios que a él?, pregunto. Lo único cierto es que él va a tener a su hijo y yo no. Además, sé lo que va a pasar: pondrán a ‘Gadafi’ como buque insignia de la negociación, negociaremos todos, todos a las cárceles del País Vasco, y, en cuatro días, a la calle, eso sí, con una sonrisa. Y si las víctimas no nos reímos también nos dirán que somos unos desgraciados, unos rencorosos que no queremos la paz. ¿Es que somos tontos? Siempre las víctimas tienen que hacer los esfuerzos, y los gobiernos como éste que tenemos y los terroristas, ¡al cachondeo! ¿Para que no haya más víctimas? Eso sólo se arregla con buena presión policial, como les estaban haciendo (...) Van a venir todos [los presos] porque va a haber una negociación y todos a la calle en cuatro días. Y si no, les darán algún régimen especial y a vivir. Otra vez se van a reír de nosotros. Nadie nos apoya. El anterior Gobierno empezó a apoyarnos y comenzábamos a sentirnos respetados; pero ha vuelto esta gente y sientes de nuevo la bofetada con la negociación y el acercamiento de presos a sus familias. Y si no, a las familias de los presos les pagan viajes para que vayan a verlos, mientras yo llevo esperando 14 años a que el Gobierno vasco me pague un billete para ir a ver la tumba de mi hijo (ABC, 15/09/2005).
Los funerales por Fabio Moreno se celebraron en la parroquia de San Agustín de Erandio, y sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio vizcaíno de Derio.
Fabio Moreno Asla, de 2 años, había nacido en Bilbao. Su madre, Arantxa Asla, y toda su familia materna, era vasca. Su padre, Antonio Moreno Chica, de 32 años, era natural de Granada y estaba destinado en el servicio de Intervención de Armas de La Salve (Bilbao) desde 1979. Además de su padre, el abuelo paterno del niño también fue guardia civil y había estado destinado en Vizcaya. El matrimonio era muy conocido en Erandio, donde los padres de Arantxa regentaron durante años un bar. Además de los gemelos Fabio y Alexander tenían otro hijo, Marco, que tenía 10 años cuando asesinaron a su hermano. Antonio tuvo que dejar la Guardia Civil por las secuelas que le quedaron tras el atentado. Si ningún padre puede superar y olvidar la muerte de un hijo, en el caso de Fabio ha sido imposible, porque su gemelo Alex les recuerda siempre al niño asesinado:
Veo a Alex, un tiarrón de 1,80 metros con 16 años, un deportista fenómeno, un chaval estupendo... y siempre pienso en el hermano... Le veo y la congoja se engancha a la garganta y ya no te la quita nadie. Imaginas... Y eso te destroza (ABC, 15/09/2005).
Alex perdió el habla tras el asesinato de su gemelo, y tardó cuatro meses en recuperarla. Su hermano Marco recordaba en 2010 durante un homenaje a Fabio en el Ayuntamiento de Erandio cómo se enteró de todo:
"Me lo dijo mi tío en el ascensor con estas palabras: 'Tu padre y Alex están bien, pero Fabio ha muerto'". Al entrar en casa, la desolación. Su madre, "llorando". Su padre, hundido en el sofá. Mucha gente pululando por la vivienda y su hermano muerto por culpa del "fanatismo". Él ya tenía una edad en 1991 para recordar lo que pasó. "Le querré toda mi vida y con todo mi corazón" (...) A Marco, que ya está casado y tiene un hijo, no le dejó satisfecho el homenaje del Ayuntamiento. Lo que menos le gustó fue la decisión de instalar la placa conmemorativa dentro y no fuera, en un espacio público a la vista de todos. Estaba decepcionado, como su padre (El Diario Montañés, 30/07/2010).
Diez años después del asesinato de Fabio Moreno, el 7 de noviembre de 2001, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Guecho (Vizcaya) al magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya JOSÉ MARÍA LIDÓN CORBI. A las 7:25 horas dos terroristas a cara descubierta descerrajaron cinco tiros al magistrado cuando éste se disponía a salir, acompañado por su mujer, del garaje de su domicilio para dirigirse a su trabajo. Dos terroristas se situaron frente al vehículo y junto a la puerta izquierda, y le descerrajaron cinco disparos a bocajarro. El juez fue alcanzado por tres impactos, uno de ellos en la nuca.
Además de su mujer, fue testigo del asesinato uno de sus hijos, Íñigo, que en ese momento aguardaba en su vehículo fuera del aparcamiento a unos diez metros del lugar de los hechos. Íñigo salió de su vehículo y acudió rápidamente al coche de sus padres. Los pistoleros de la banda se quedaron paralizados por unos instantes al escuchar sus gritos para, a continuación, emprender la huida a pie. Tras encontrarse con la escena de su madre con un shock nervioso y su padre agonizando, subió a su domicilio para llamar a la Ertzaintza y advertir a su hermano mayor de lo sucedido. "Han matado a nuestro padre".
María Luisa Galárraga, viuda de José María, rememoró durante el transcurso del juicio al etarra Orkatz Gallastegi en diciembre de 2005 el momento del asesinato:
Empecé a escuchar tiros. Primero por la ventanilla del conductor, luego también por la delantera. Al principio me quedé impasible... sin reacción. Después, al empezar a oír los disparos desde delante, pensé: "¡Ya vale, ya basta!, ¡más no, más no!" (...) En cierto momento, el que estaba disparando desde delante me apuntó. Hubo entonces un momento en el que me recliné en el asiento. Pensé: "Bueno, somos los dos".
Una de las vecinas, que conocía a la familia Lidón desde hacía casi veinte años, contó a los medios de comunicación que, al oír los disparos, se vistió y bajó inmediatamente a la calle, encontrándose con la terrible escena. Vio primero al menor de los hijos junto a su padre, que se encontraba todavía con vida en el interior de su vehículo con el rostro cubierto de sangre y la cabeza echada hacia atrás. El hijo no paraba de gritar: "¡que venga alguien, que venga alguien!... ¿Dónde está la ambulancia, que no viene?" (El Mundo, 08/11/2001). A los pocos minutos del atentado, una UVI móvil llegó al lugar, aunque para entonces el médico sólo pudo confirmar el fallecimiento de José María Lidón. Poco antes de las diez de la mañana el juez de guardia de Guecho ordenó el levantamiento del cadáver.
La capilla ardiente había quedado instalada por la tarde en el Palacio de Justicia de Bilbao. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, el ministro de Interior, Mariano Rajoy, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, y el portavoz del Partido Nacionalista Vasco, Joseba Egibar, entre otras autoridades, así como numerosos miembros de la judicatura, acudieron a acompañar a la familia. José María Aznar canceló a última hora su asistencia al funeral, decisión que causó cierta polémica. Mientras desde el Partido Popular se justificó la misma alegando que la familia deseaba dar al funeral un carácter "no institucional", fuentes citadas por el diario El País en su edición del 8 de noviembre señalaban que el motivo de la ausencia del presidente del Gobierno era que no había sentado bien la decisión de la familia del magistrado de reservar los cinco primeros bancos de la iglesia para los más allegados. En lugar de Aznar asistió a título personal el ministro de Justicia,Ángel Acebes. Después del funeral, una gran manifestación recorrió las calles de Guecho para protestar por el asesinato de José María Lidón. Los restos mortales del magistrado fueron incinerados al día siguiente por la mañana en el crematorio del cementerio de Derio en una ceremonia privada.
El consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, confirmó también que José María Lidónno llevaba escolta porque su nombre no había aparecido en ninguna lista de objetivos de ETA, información que fue corroborada por un familiar de la víctima, que señaló que José María no se sentía amenazado, por lo que nunca había solicitado protección. El hecho de no aparecer en listados de la banda le había hecho comentar alguna vez: "Fíjate lo poco importante que soy que no aparezco en los papeles de ETA" (El Mundo, 08/11/2001). Sin embargo, José María Lidón fue ponente de la sentencia que condenó con penas entre 2 y 20 años de prisión a los etarras menores de edad que atacaron con cócteles molotov la sede del PSE de Portugalete en abril de 1987. A consecuencia del ataque murieron María Teresa Torrano Francia y Félix Peña Mazagatos. En sentido contrario, había sido también ponente de la sentencia que, en 1981, condenaba a nueve guardias civiles por torturas a Tomás Linaza, padre de un etarra, durante su detención en el cuartel bilbaíno de La Salve.
En opinión del consejero Javier Balza el asesinato de José María Lidón obligaba a replantear la seguridad de los trescientos miembros del Poder Judicial presentes en el País Vasco, porque suponía un "salto cualitativo" en la actividad terrorista de ETA, al pasar de atentar contra edificios judiciales, como el Palacio de Justicia de Vitoria, a asesinar a un magistrado. Recordó que la última víctima de ETA en el País Vasco dentro del ámbito judicial fue José Javier Jáuregui Bernaola, juez de paz de Lemona (Vizcaya) asesinado por la banda el 8 de julio de 1978.
El 15 de noviembre la banda terrorista ETA reivindicó el asesinato del magistrado en un comunicado enviado al diario Gara, asumiendo que era un atentado dirigido "contra el aparato de Justicia española (...) Los jueces españoles que castigan sin piedad a los combatientes vascos no tienen un espacio de impunidad en Euskal Herria". Ese mismo día Arnaldo Otegi, portavoz de Batasuna, brazo político de la banda, señaló en Radio Euskadi que "la Judicatura española en Euskal Herria no defiende los intereses de los ciudadanos de Euskal Herria".
Los presuntos autores materiales del asesinato del juez Lidón, Hodei Galárraga Irastorza y Egoitz Gurrutxaga Galarza, no pudieron ser juzgados al fallecer ambos en septiembre de 2002 cuando les explotó la bomba que transportaban en un vehículo por las calles de Bilbao. Sí fue juzgado Orkatz Gallastegi Sodupe, chivato de la banda que facilitó a ETA la información necesaria para asesinar al magistrado. En 2005 la Audiencia Nacional lo condenó a 26 años de prisión como autor criminalmente responsable de un delito de asesinato terrorista.
José María Lidón Corbi, de 50 años, era natural de Gerona, pero cuando tenía 17 años se fue al País Vasco para estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de Deusto. Allí conoció a la que sería su mujer, María Luisa Galárraga, natural de Baracaldo. Tras la boda, el matrimonio, fijó su residencia en Vizcaya. Tenían dos hijos, de 23 y 21 años cuando José María fue asesinado. Magistrado de la Audiencia Provincial de Vizcaya, José María era catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Deusto, donde impartía clases desde hacía treinta años. También era profesor en la Academia de la Policía Municipal de Bilbao.

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