Una opinión de 1874 sobre gestión, conservación y mantenimiento de carreteras

Geodiciendo.



Que las labores de conservación y mantenimiento de carreteras no se valoran en su justa medida no es nuevo, que las decisiones de las Administraciones locales son discutibles, tampoco.

Buscando información sobre el ingeniero Rafael Yagüe para el post de la restauración de la cantera del castillo de Dénia me encontré con este escrito suyo, titulado “El abandono de las carreteras construidas por el estado“, publicado en la Revista de Obras Públicasen septiembre de 1874, una época en la que, pese a haber sólo 2.600 km de carreteras y un número de vehículos muy inferior al actual, ya se discutía el tema del peaje.
“[...] La forma única y universalmente admitida para la explotación de carreteras es el sistema de portazgos [peajes], y sabido es que, cualquiera que sea la tarifa de los derechos que en ellos se cobran, su producto no es nunca bastante, salvo casos excepcionales, ni aún para sufragar los gastos de conservación. Y la razón es obvia: desde el momento en que se establece una tarifa elevada, los vehículos ordinarios que transitan por las carreteras, abandonan éstas, aún arrostrando los inconvenientes de la mala viabilidad de los caminos naturales; y cuando esto no les es posible, puede asegurarse que inmediatamente empieza el fraude bajo múltiples y hasta inverosímiles formas, produciendo la consiguiente baja en la recaudación. Para evitar esto no hay otro medio que mantener las tarifas en límites prudentes, en cuyo caso puede alguna vez llegarse a sufragar con la recaudación los gastos de conservación de la carretera, pero nunca o casi nunca los de construcción.
[...] las carreteras, por su misma naturaleza, no pueden constituir nunca una especulación industrial, y, por consiguiente, el entregar su gestión a la iniciativa privada no puede pasar jamás de un precepto ilusorio de la ley.
[...] suponiendo dotadas a las corporaciones provinciales de la ilustración y elevación de miras de que por desgracia carecen por punto general, no habría ningún inconveniente en entregarles, casi en absoluto, esta gestión; pero precisamente esa falta e ilustración produce el que se sobrepongan en ellas a los buenos principios económicos las rivalidades de localidad que hacen estéril, en la mayor parte de los casos, la inteligente iniciativa de que algunas de ellas han dado muestra en ocasiones.
[...] La carretera o camino ordinario requiere para su conservación un gasto continuo e importante, y precisamente la necesidad y utilidad de este gasto es una de las cosas que con más dificultad se acepta y comprende por aquellas personas que carecen en absoluto de los conocimientos necesarios para apreciar las condiciones técnicas de esta clase de vías. Y no es de extrañar que las corporaciones locales caigan en este defecto, puesto que muchas veces, por desgracia, hasta la Administración central parece olvidarse de la capital importancia que tiene esta conservación constante.
No hay que olvidar, por otro lado, que el carácter temporal que lleva consigo el desempeño de los cargos populares contribuye también a este mismo resultado, puesto que la tendencia natural de los que con ellos se hallan investidos es más bien dejar testimonio perenne de su paso por la Administración local, que consumir los recursos disponibles en conservar lo que sus antecesores hayan construido.”
Se podría decir que el autor exageraba pero, por si acaso, ya avisaba desde el principio:
“Y no se crea que hemos exagerado las sombrías tintas del cuadro. De todos estos datos tenemos numerosas noticias y abundantes hechos, que no publicamos, desde luego, porque a fuer de españoles nos duele en el alma que tan al descubierto se presenten, más que la ignorancia y el atraso de nuestro pueblo, la imprevisión y falta de criterio con que se llevan a la práctica de la administración las más absurdas teorías y los principios menos aceptables.”
Ha llovido mucho desde septiembre de 1874. Ha llovido mucho, se ha construido mucho y se ha investigado mucho, pero en lo importante seguimos igual, minimizando costes a base de hipotecar conservación y mantenimiento… y así nos va.

El artículo completo está aquí:

Al visitante con ganas de seguir leyendo le recomiendo este post de Ingeniería en la Red sobre el ahorro de los firmes rígidos sobre los flexibles (eterna discusión), la lectura de la reflexiva carta electoral de Manuel Melis Maynar (con algunos comentarios interesantes sobre el tema) y este otro post de “Diario de un chancletero” sobre la (falta de) ética y coherencia de ciertos estudios…

¿Carreteras…? ¡¡ Dónde vamos no necesitamos carreteras !!
Doc Brown en Regreso al Futuro

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