“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
El hombre que yo amo, cantada por Myriam Hernández
El hombre que yo amo tiene algo de niño,
la sonrisa ancha, tierna la mirada;
tiene la palabra de mil hombres juntos,
y es mi loco amante, sabio, inteligente.
El hombre que yo amo no le teme a nada,
pero cuando ama lo estremece todo;
guerrero incansable en busca de aventuras,
tiene manos fuertes, cálidas y puras.
El hombre que yo amo sabe que lo amo,
me toma en sus brazos y lo olvido todo;
él es mi motivo, es mi propio sol;
él me da alegrías que nadie me dio.
El hombre que yo amo sabe que lo amo,
vuela siempre lejos, pero vuelve al nido;
el hombre que yo amo sabe que lo amo;
yo lo quiero loco, pero loco mío...
El hombre que yo amo siempre sabe todo,
no sabe de enojos, no entiende rencores;
él arregla todo con sabiduría,
con sólo mirarme me alegra la vida.
El hombre que yo amo camina en mi mente,
es mi único ídolo entre tanta gente,
él hace una fiesta con mi pelo suelto,
ladrón de mis sueños, duende de mi almohada.
Desarrollo económico y sus causas
"Dice Weingast que eso no es plausible sencillamente porque las ideas de “libertad e igualdad” no son “autoejecutables”, es decir, no basta con que la gente crea en la libertad y en la igualdad para que se desarrollen en un país las instituciones jurídicas y políticas que permiten el desarrollo de producción industrial y el florecimiento de los mercados, esto es, de los intercambios pacíficos, de la garantía del respeto de la propiedad y el cumplimiento de los contratos, en definitiva del Estado de Derecho (un sistema de gobierno es autojecutable cuando ningún actor tiene incentivo para violar las reglas, España se incluye entre estos Estados desde hace relativamente poco tiempo).
Estas instituciones, éstas sí, son las que garantizan que una Sociedad se desarrolle económicamente. El desarrollo económico en estas condiciones es, prácticamente, inevitable. Por tanto, continúa Weingast, McCloskey tiene razón en que la extensión de las ideas de libertad e igualdad son condición necesaria, pero no suficiente, para el “gran enriquecimiento”. No hay ejemplos históricos de “gran enriquecimiento” sin niveles mínimos de libertad e igualdad. Las Economías basadas en la servidumbre y la esclavitud o en las que no existe la propiedad privada ni la libertad de asociarse y de intercambiar, simplemente, no crecen económicamente. Y concluye que su posición debe entenderse como “complementaria” de la de McCloskey."
"En la concepción de Weingast, pues, la Revolución Industrial no fue la causa del gran enriquecimiento – en eso coincide con McCloskey – sino una consecuencia de la instauración en Europa Occidental de las condiciones de seguridad física – ausencia de violencia y depredación por el Estado – y libre acceso en igualdad a las actividades económicas y a los intercambios. Y, lo que es más interesante, la “teoría” para explicarlo está, una vez más, en los escritores de la Ilustración, los que escribieron entre 1650 y 1800 cuando se enfrentaron al problema de controlar el poder arbitrario."
Lavadora
"Pero claro, ¿y los bichos? Muchos bichos van en la ropa. Seguro que os han dicho mil veces que la ropa se estropea si se lava con agua caliente. ¿Sabéis que otra cosa se estropea con agua caliente? Los bichos. La mayor parte de bacterias y virus que afectan a humanos viven felices entre 30 y 37 grados. Ahora pensad en esa lavadora con agua fría o a 30. Estáis confiando todo el trabajo a ese cacito de detergente que habéis usado. La mayor parte de las bacterias van a sufrir mucho si laváis la ropa a 60, y eso le pondrá más fácil el trabajo al detergente. Para toallas y ropa de cama, mejor a 90. Los hongos son más problemáticos, porque las esporas aguantan muy bien el calor, así que ahí sí tendremos que confiar en el poder del detergente."
"Limpiemos la lavadora. Sacad el cajetín del detergente y limpiadlo a fondo en el fregadero con un estropajo y lavavajillas. Usad agua bien caliente. Que no quede ni un resto de jabón seco. Secadlo bien. Quitad el filtro de la lavadora. Recuperad todas esas monedas que no sabíais a dónde habían ido a parar y los trozos de tickets de la compra que en algún momento estaban en vuestro bolsillo. Limpiadlo bien hasta que se vuelvan a ver todos los agujeritos. Recordad: el filtro tiene que poder filtrar.
Ahora vamos al interior de la lavadora: con un paño húmedo retirad los seres vivos que os saludaban desde la goma a diario. Si sale negro, decidle hola al hongo de mi parte. Para este proceso podéis utilizad un paño empapado en vinagre diluido en agua (un cuarto de vinagre). Ahora montad todo otra vez, llenad el cajetín de lejía (todos sus huecos) y poned el programa más largo de la lavadora a la temperatura más alta. Al acabar sacad el cajetín y secadlo, abrid la puerta y secad la goma. Si os da miedo usar lejía, repetid el programa una segunda vez sólo con agua."
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