¿Existe la suerte? Engañados por el azar, de Nassim Taleb



Sobresaliente libro de Taleb en el que explica cómo la suerte influye en nuestra vida y cómo debemos ser conscientes de ello para no autoengañarnos ni ser engañados. Según Taleb: "este libro trata de la suerte, disfrazada y percibida como no suerte, (es decir, habilidades) y, en general, del azar disfrazado y percibido como no azar (es decir, como determinismo)".

Recomiendo la lectura conjunta con el excelente libro de Manuel Conthe, Pensar con arteEstamos sometidos a muchos engaños de la mente, y debemos protegernos de ellos. Por ejemplo, "el que todos los millonarios fueron trabajadores duros y persistentes no hace que todos los trabajadores duros y persistentes se conviertan en millonarios: hay muchos emprendedores que no han tenido éxito y que eran trabajadores" de ese tipo. El autor no duda de las habilidades de Warren Buffett, uno de los inversores más exitosos del mundo, pero sí afirma "que una gran población de inversores producirá casi necesariamente a alguien con su historial, por pura suerte". Hay un libro, fallido desde mi punto de vista, de Malcom Gladwell, Fueras de serie, que, de manera mucho más torpe que Taleb, afirma que la suerte es la que ha determinado el éxito de los llamados fueras de serie, es decir, aquellos que han destacado de manera excepcional en alguna faceta. No obstante hay ciertos tipos de genios, como Newton, Einstein, o Lebron James, por ejemplo, en los que el factor genético les ha marcado más que la suerte de los acontecimientos. Aunque los genes no dejan de ser también azar. Taleb afirma que "un actor terminará siendo conocido por parte del público porque es conocido por las otras partes del público. La dinámica de esta fama sigue una hélice rotatoria, que podría haberse iniciado en la audición, ya que la selección podría haberse debido a algún detalle insignificante que hizo mella en el estado de ánimo de ese día del seleccionador". Esos casos se dan, pero considero que hay mucho más detrás del éxito de las personas. Buenas oportunidades hay muchas, pero no todos las aprovechan de la misma manera. De hecho, muchos tienen buenas oportunidades y ni siquiera las reconocen como tales.

Escribe Taleb que "nadie puede reproducir lo que se consigue gracias a la suerte", es decir, esos tontos con suerte que están "en el sitio adecuado en el momento adecuado" no deberían ser tenidos en cuenta ni por ni sus ideas ni por sus métodos. El tonto con suerte es definido como "una persona que se beneficia de una parte desproporcionada de suerte, pero atribuye su éxito a otra razón, por lo general muy precisa". La lección es que hay que protegerse de estos tontos, poniendo especial atención en el mundo de los negocios y de la política.

El libro también trata sobre la manera de adquirir conocimientos y disfrutar la vida. Coincido con Taleb cuando afirma: "me he acercado más a la vida de sus sueños gracias a la estimulación de las conversaciones con gente que comparte mis intereses", y que "hay algo en nuestra naturaleza que puede ayudarnos a tener ideas cuando nos socializamos con otras personas".

Según Taleb hay que escribir sobre temas observados personalmente o desarrollado de manera independiente, además de haber meditado lo suficiente como para escribir sobre ellos. Sobre todo, las personas que escriben o hablan en los medios de comunicación. Muchos dan miedo y pena.

La mayoría de las personas piensa que el mundo en que vivimos es determinista, es decir, que se pueden determinar todas las causas y los efectos asociados a ellas, por lo tanto, el futuro se puede conocer. Pero el mundo real dista mucho de ese pensamiento. Lo aleatorio manda. El futuro es imprevisible. Lo anterior queda de manifiesto cuando muchas personas miran al pasado y son capaces de relacionar los hechos con lo que sucedió, pero es muy complejo ese proceso. En general, hay que desconfiar de quien presenta de manera rápida conclusiones. Sabemos mucho menos de lo que nos creemos, especialmente los periodistas, según afirma Taleb. Seguimos más "el modelo de pensamiento formal de Descartes en vez de la marca del juicio vago e informal (pero crítico) de Montaigne". Estamos diseñados para autoengañarnos. "Las cosas son evidentes cuando ya han sucedido". Por eso la crítica debe darse antes del desenlace. El pasado siempre es determinista.

Taleb define probabilidad como "la aceptación de la falta de certidumbre en nuestro conocimiento y el desarrollo de métodos para superar nuestras ignorancias". Y anota, de manera muy acertada, que "en el mundo real, más que adivinar la solución, hay que adivinar cuál es el problema". De hecho, las personas tienen una gran dificultad para analizar resultados aleatorios.

Taleb sí considera que hay que estar preparado para la suerte, que "es democrática y afecta a cualquiera". Muchas de las cosas que hacemos para estar preparados son necesarias, pero no son las causas del éxito. Además, distingue entre entornos muy aleatorios, como inversiones en bolsa, de otros en los que las habilidades cuentan mucho más, como la odontología. Precisamente porque "la mayoría de los éxitos está causado por muy pocas 'ventanas de oportunidad', el no aprovecharlas puede ser mortal para la carrera profesional de uno. ¡Hay que arriesgarse!".

Otra crítica de Taleb es que "el negocio del periodismo es puro entretenimiento, y no una búsqueda de la verdad, sobre todo cuando se trata de radio y televisión". Toda generalización es injusta, pero poca gente dudaría de que hay una gran parte del negocio que sí se presta a ello. Mi admirado Arcadi Espada es de los pocos que defiende, con razón, uñas y dientes, que el periodismo es esa búsqueda de la verdad.

Otro buen consejo del autor es que, a la hora de escribir, y de otras tareas en la vida, es conveniente mantener el estilo. No se refiere a fallos gruesos, sino a esas pequeñas imperfecciones que nos hacen ser como somos, de tal manera que no tenemos necesidad de ponernos una peluca o pedimos prestada una nariz cuando nos van a sacar una foto. Al menos algunos no lo hacemos.

Advertencia: "la mala información es peor que no tener información". Por eso hay que discriminar bien esa información, para lo cual es necesario tiempo, inteligencia, y experiencia. Muy interesante "la reflexión sobre el valor negativo de la información sobre la sociedad en general suscitado por Robert Shiller. No sólo en los mercados financieros; pero, en general, su artículo de 1981 puede ser la primera introspección formulada matemáticamente sobre la forma en que la sociedad, en general, utiliza la información. Shiller dejó su huella con su artículo de 1981 sobre la volatilidad de los mercados en el que determinó que, si el precio de una acción es el valor estimado de «algo» (por ejemplo, los flujos de caja descontados de una empresa), entonces los precios de los mercados son demasiado volátiles respecto a las manifestaciones tangibles de dicho «algo» (utilizó como variable proxy los dividendos). Los precios oscilan más que los fundamentales que se supone que reflejan, sobrereaccionan visiblemente al ser demasiado elevados en ciertos momentos (cuando su precio reacciona en exceso a las buenas noticias o cuando baja sin ninguna razón destacada) o demasiado bajos en otros. El diferencial de volatilidad entre los precios y la información implicaba que había algo en las «expectativas racionales» que no funcionaba. (Los precios no reflejan racionalmente el valor a largo plazo de los títulos ya que reaccionan en exceso en una u otra dirección.) Los mercados tenían que estar equivocados". Shiller se convirtió en un proscrito en el mundo de las altas finanzas.

"Somos defectuosos y no hay necesidad alguna de intentar corregir nuestros fallos. Tenemos tantos defectos, estamos tan poco ajustados a nuestro entorno, que tenemos que aceptar estos fallos". Hay personas (Rousseau, Godwin, Condorcet, Thomas Paine) con una "visión utópica" que "creen en la razón y en la racionalidad, que tenemos que superar los obstáculos culturales que hay en nuestro camino para convertirnos en una mejor raza humana, pensando que podemos controlar nuestra naturaleza a voluntad y transformarla con una sencilla orden para lograr, entre otras cosas, la felicidad y la racionalidad. En esencia, esta categoría incluiría a aquellos que creen que la cura de la obesidad consiste en informar a la gente del hecho de que debería cuidar su salud". Mientras que hay otros (Popper, Hayek, Friedman, Smith, Herbert Simon, Tversky, Kahneman, Soros) con una "visión trágica" que "cree en la existencia de limitaciones y fallos inherentes en nuestra forma de pensar y actuar y que hay que reconocer este hecho para poder emprender cualquier acción individual y colectiva". Se puede resumir lo anterior en: "están los que piensan que hay respuestas fáciles y claras y los que creen que no es posible una simplificación sin una grave distorsión". Esta simplificación implica que, por ejemplo, en un debate, las personas que presentan argumentos complejos de manera clara y precisa convencen a la mayoría de la audiencia cuando se enfrenten con otras que tratan de explicar las cosas con todas sus complejidades. Relacionado con lo anterior está la inducción que "consiste en ir de un montón de cosas particulares a lo general. Resulta muy cómodo, porque lo general ocupa mucho menos sitio en la memoria de una persona que un conjunto de cosas particulares. El efecto de esta compresión es la reducción del grado de azar detectado".

Sentencia Taleb: "las cosas que llegan con poca ayuda de la suerte resisten más al azar". 

En este libro ya introduce el concepto del Cisne Negro, es decir, esos sucesos inesperados y fuera de lo común, que pueden afectar tanto positiva como negativamente. Y advierte que "no importa la frecuencia con la que algo tiene éxito si es demasiado caro asumir el fracaso". Su ejemplo en el libro es el juego de la ruleta rusa: una pistola, con un tambor para seis balas, a la que se carga con una sola bala. Se le puede decir a una persona que le darán un millón de dólares si juega. La ganancia es buena, pero el fracaso conduce a la muerte. Siempre habrá idiotas que una vez ganado el millón de dólares con el juego, se giren a los que advirtieron del riesgo y les digan que si hubieran seguido los consejos de ser precavidos no habría ganado el millón de dólares. Si la bala se dispara, y le vuela la cabeza al jugador, ninguno de esos idiotas dirá nada, o quizá en ese momento sí se sumarían a los que advirtieron del riesgo. Admirar al que arriesga jugando a la ruleta rusa es estúpido, sin embargo, muchos de los que arriesgan mucho y triunfan son modelos, y los que fracasan son vistos como payasos. Pero ambos han hecho lo mismo con suerte dispar. La paradoja es que, si hay muchos jugadores, habrá algunos que triunfen una y otra vez sin morir, pero fijarse en ellos exclusivamente será un error. Hay que fijarse en los muchos más que van llenando al cementerio. Conclusión: "un suceso, aunque raro, que tiene consecuencias importantes no puede, sencillamente, ignorarse". "El efecto de un suceso raro puede arruinar a una empresa". Taleb escribe: "especulo en todas mis actividades sobre teorías que representan cierta visión del mundo, pero con la siguiente estipulación: ningún suceso raro me debe perjudicar. De hecho, quisiera que todos los posibles sucesos raros me ayudasen".

Otro de los consejos de Taleb es que una estrategia que consista en pequeñas pérdidas y en grandes ganancias es buena, para eso hay que controlar el riesgo y medir las pérdidas en caso de fallo. Fundamental buscar los riesgos invisibles, aunque la gente no se suele asegurar ante riesgos abstractos. "Nuestro cerebro tiende a buscar pistas superficiales cuando se trata de riesgos y probabilidades". Los riesgos se resuelven en la parte emocional no en la "pensante". Taleb afirma que "no hay nada malo en que una persona que asume riesgos sufra un contratiempo, siempre que uno acepte que asume riesgos en vez de decir que el riesgo que está asumiendo es muy pequeño o no existe". La ignorancia hace que se asuman riesgos sin saberlo, no hay valor en ello.

Es cierto que buena parte del libro se centra en los negocios de inversiones, pero los consejos valen para muchas actividades que desarrollamos otros profesionales. De hecho, afirma que "el éxito moderado se puede explicar por las habilidades y el trabajo. Un éxito enorme sólo es atribuible a la varianza". 

No hay que fiarse de las apariencias. Existen personas con "capacidad de expresarse con serenidad y confianza" que hacen que "el sujeto parezca creíble". Debemos analizar la información sin adornos, ir a lo esencial. Tampoco analizar los textos en función de lo abarrotado que esté de referencias intelectuales, "la ciencia se encuentra en el rigor de la inferencia, y no en referencias aleatorias a conceptos tan grandiosos como la relatividad general o la indeterminación cuántica".

Al analizar el éxito de una persona hay que analizar si reviviendo su vida varias veces tendría el mismo resultado. Un odontólogo sí tendría unas vidas similares en lo profesional, mientras que a alguien que le toca la lotería, o heredado una gran empresa, no le favorecería en otras vidas posibles. Debemos tener en cuenta todos los resultados posibles, los observados y los no observados.

Analizando la historia, Taleb asegura que "no se puede juzgar lo que ha ocurrido en cualquier campo (la guerra, la política, la medicina, la inversión) con los resultados, sino con los costes de la alternativa (es decir, lo que hubiera ocurrido si la historia se hubiera desenvuelto de forma distinta)". Taleb afirma que la historia puede ser una sucesión de acontecimientos debidos al azar, y que al no haber "forma de verificar las aseveraciones mediante un experimento controlado" no se puede pretender "interpretar los acontecimientos con teorías que parten del descubrimiento de ciertas leyes en la evolución de la historia".

"La historia nos enseña que las cosas que no han ocurrido nunca antes terminan ocurriendo". Por eso son mucho más peligrosas las cosas que muestran una estabilidad histórica y que pensamos que nunca sucederán, por ejemplo, una guerra nuclear. Muchas personas, incluidas las que toman decisiones, "piensan que lo que le ha pasado a los demás no tiene por qué pasarle a ellos".

"Los héroes son héroes porque su comportamiento es heroico, no porque hayan ganado o perdido". Igual que a los que anuncian que una situación es peligrosa no hay que valorarlos en función de si se desencadena el peligro, sino analizar el potencial peligro y la probabilidad de que suceda. No hay que confundir profecías con previsiones.

Cuando "la gente no consigue aprender que sus reacciones emocionales a experiencias pasadas (positivas o negativas) no durarán mucho tiempo: y, sin embargo, mantienen continuamente la idea sesgada de que la compra de un objeto les dará una felicidad duradera, posiblemente permanente, o que un contratiempo provocará una grave y prolongada aflicción".

El diseño de nuestra mente nos ayuda y perjudica al mismo tiempo, dependiendo de las labores que desarrollemos. "No está diseñada del todo para comprender cómo funciona el mundo sino, más bien, para alejarnos rápidamente de los problemas y procrear. Si estuviera hecha para que comprendiéramos las cosas, tendría una máquina que mostraría la historia pasada como en un reproductor de vídeo, con una correcta cronología, y nos ralentizaría tanto que tendríamos problemas para funcionar. Los psicólogos llaman a esta sobreestimación de lo que uno sabía en el momento en que se produjo el acontecimiento, debido a la información posterior, el sesgo de la retrospectiva, el efecto de «lo supe todo el tiempo»". Incide en la idea anterior explicando que "las reglas tienen su valor. Las aplicamos, no porque sean las mejores, sino porque resultan útiles y ahorran tiempo y esfuerzos. Tenga en cuenta que los que se pusieron a teorizar al ver a un tigre sobre si el tigre pertenecía a ésta taxonomía o a aquélla, y sobre el grado de peligro que entrañaba, terminaron devorados por el tigre. Los que simplemente se fueron corriendo a la más mínima presunción y no quedaron rezagados por la más mínima actividad de pensamiento terminaron escapándose del tigre o librándose del primo que había sido devorado por el tigre"; es decir, "si tuviéramos que optimizar cada paso de nuestra vida, nos costaría una cantidad infinita de tiempo y energía. Por tanto, tiene que haber en nosotros un proceso de aproximación que se para en algún punto. [...] Uno se detiene cuando alcanza una solución cuasi satisfactoria. De lo contrario, se tardaría una eternidad en alcanzar la más mínima conclusión o en realizar la más mínima tarea".

Remarca el autor que "un error no es algo que se pueda determinar una vez que se ha producido el hecho, sino a la luz de la información disponible hasta ese momento". Además, "vivimos en un mundo en el que los acontecimientos importantes no son predecibles".

Importante el concepto de ergodicidad cuyo significado es "que, en determinadas condiciones, las trayectorias muestrales muy largas terminarán pareciéndose entre sí", es decir, "el idiota afortunado puede haber disfrutado de cierta suerte en la vida; a más largo plazo convergerá lentamente al estado de un idiota menos afortunado. Cada uno reverterá a sus propiedades en el largo plazo". La conclusión es que "el tiempo suprimirá los molestos efectos del azar".

El problema de la relación entre la suerte y el éxito:
"Si se pone a un número infinito de monos delante de (fuertes y sólidas) máquinas de escribir, y se les deja aporrearlas, existe la certeza de que uno de ellos redactará una versión exacta de la Iliada. Tras analizarlo, puede ser un concepto mucho menos interesante de lo que parece en principio: esa probabilidad es muy reducida. Pero llevemos el razonamiento un paso más allá. Ahora que hemos encontrado a ese héroe entre los monos, ¿algún lector invertiría los ahorros de toda su vida para apostar que el mono escribirá la Odisea a continuación?"
Igual que monos hay que contar inversores, y otro tipo de profesionales. Entre un gran número de ellos algunos serán exitosos por mero azar. Hay que analizar el total, no sólo a los exitosos. El problema es que "en la vida real no se pueden contar los otros monos, y menos todavía verlos. Están ocultos, ya que sólo se ve a los vencedores; es natural que los que han fracasado desaparezcan por completo. Por tanto, uno puede ver a los supervivientes, y sólo a los supervivientes, de donde surge tal percepción errónea de las probabilidades". "Puesto que estamos diseñados para vivir en comunidades muy pequeñas, resulta difícil evaluar nuestra situación fuera de los confines geográficos estrechamente definidos de nuestro hábitat". "Estamos formados para aprovechar la información que está delante de nuestros ojos, ignorando la información que no vemos".

Por ejemplo, en el mundo de las inversiones:
"La información de que una persona ha derivado algunos beneficios en el pasado, por sí sola, no es ni significativa ni relevante. Tenemos que conocer el tamaño de la población de la que provino. En otras palabras, sin saber cuántos gestores lo han intentado y han fracasado, no seremos capaces de evaluar la validez del historial. Si la población inicial incluye a diez gestores, le daría al que ha tenido beneficios la mitad de mis ahorros sin pestañear. Si la población inicial está compuesta por 10 000 gestores, ignoraría los resultados".
Taleb aconseja mirar el azar de lejos, es decir, en las inversiones ver el largo plazo, no fijarse en los movimientos del día a día. Los pequeños vaivenes diarios pueden alterar mucho y provocar malas decisiones. De hecho, el autor afirma que no sigue la información del día a día en la prensa especializada.

Ventaja de Taleb respecto a otros: "ser consciente de algunas de mis debilidades".

También trata el tema del "bullshit", es decir, ese lenguaje que no significa ni implica nada, pero que es repetido por muchos altos cargos y directivos de empresas importantes. Afirma Taleb:
"Podemos construir de forma aleatoria un discurso que imita al de su Consejero Delegado para garantizar que lo que dice tiene valor o es meramente palabrería decorada de una persona que tuvo la suerte de ser nombrada para el cargo. ¿Cómo? Se seleccionan aleatoriamente cinco frases de las siguientes, y después se conectan añadiendo lo mínimo necesario para construir un discurso gramaticalmente correcto. 
Nos preocupamos por los intereses de nuestros consumidores / el camino por delante / nuestros activos son nuestros empleados / creación de valor para los accionistas / nuestra visión / nuestra pericia se centra en / ofrecemos soluciones interactivas / nos posicionamos en este mercado / cómo atender mejor a nuestros consumidores / es un sacrificio a corto plazo a cambio de una ganancia a largo plazo / obtendremos las recompensas a largo plazo / explotamos nuestras fortalezas y mejoramos nuestras debilidades / el valor y nuestra determinación prevalecerán / tenemos un compromiso con la innovación y la tecnología / un empleado feliz es un empleado productivo / el compromiso con la excelencia / plan estratégico / nuestra ética laboral. 
Si esto se parece demasiado al discurso que acaba de pronunciar el jefe de su empresa, le sugiero que se vaya buscando otro trabajo".
Tantas veces he escuchado todas estas expresiones. Las repiten como papagayos en reuniones, en conferencias, y otros lugares. No implican ni significan nada, pero muchas se las creen o aparentan creérselas.

Lección: superar reveses en la vida por suerte hace que la gente piense que no puede equivocarse.

"La lealtad a las ideas no es una característica positiva de los operadores, los científicos, o de nadie". Taleb pone el ejemplo de George Soros, quien "sabía cómo actuar en un entorno de azar, manteniendo una mentalidad crítica abierta y cambiando de opinión sin vergüenza alguna (lo que tiene el efecto secundario de que trata a la gente como si fuera un pañal sucio)".

Lección: no ignorar los mensajes que da la realidad.

Un ejemplo claro de cómo actúa la suerte en el mundo de las inversiones es el de las personas que "tenían un toque en su estilo que se ajustaba muy bien a las propiedades de las subidas experimentadas en sus mercados durante el episodio. Eran compradores de mínimos. Y, con la retrospectiva que da el tiempo, esa característica resultó ser la más deseable entre 1992 [...] y el verano de 1998 [...]. La mayoría de los que tenían ese rasgo concreto, en el transcurso de este fragmento de la historia, dominaron el mercado. Sus resultados eran superiores y sustituyeron a gente que, tal vez, era mejor operador".

Sobre la evolución y el azar, Taleb comenta que "una persona que sólo tiene un conocimiento casual sobre los problemas del azar creerá que un animal tiene la máxima aptitud para las condiciones de su época. Esto no es lo que la evolución quiere decir; de media, los animales serán aptos, pero no todos y cada uno de ellos, y no en todo momento. [...] Una característica viciosa es que, cuanto más tiempo pueden estar estos animales sin que se produzca un suceso raro, más vulnerables serán a dicho suceso. Hemos afirmado que, si ampliáramos el tiempo hasta el infinito, entonces, por ergodicidad, el suceso se produciría con certeza: ¡la especie desaparecería! Porque la evolución significa ser apto a una serie temporal, y sólo una, y no a la media de todos los posibles entornos".

No se deben confundir las expectativas con las probabilidades:
"Supongamos que utilizo una estrategia de juego que tiene 999 posibilidades sobre 1000 de hacerme ganar un dólar (suceso A) y una posibilidad entre 1000 de hacerme perder 10,000 dólares (suceso B) como se muestra en la Tabla 6.1. 

Mi expectativa es una pérdida de aproximadamente 9 dólares [exactamente $9.001] (que se obtiene multiplicando las probabilidades por los correspondientes resultados). La frecuencia o probabilidad de la pérdida, en sí, es totalmente irrelevante; es necesario evaluarla en relación con la magnitud del resultado. Aquí, A es mucho más probable que B. Lo más probable es que ganáramos dinero apostando por el suceso A, pero no sería una buena idea".
Los consejos de supuestos expertos se deben tomar con precauciones extremas. Primero, porque esos expertos pueden no participar en lo que tratan de explicar, es decir, "su éxito depende de la retórica más que de hechos contrastables". Segundo, porque hay mucha gente "que, sin haber hecho los deberes en la biblioteca, piensa que puede tener una idea original e intuitiva sobre determinado asunto".

El libro explica una falacia muy extendida sobre la media, por ejemplo, cuando se escribe que: "puesto que no puede haber más del 50% de individuos que sean más ricos que la media". Taleb aclara con un contraejemplo lo falso de tal afirmación: "partamos de una población de 10 personas en la que nueve tienen un patrimonio neto de 30.000 dólares y una tiene un patrimonio neto de 1.000 dólares. El patrimonio neto medio es de 27.100 dólares, y nueve de cada diez personas tendrán un patrimonio superior a la media".

El resultado final es lo que importa, y no las ganancias o pérdidas intermedias, el ejemplo de Taleb es claro: "piense en alguien que participa en la investigación científica. Día tras día se dedicará a diseccionar ratones en su laboratorio, alejado del resto del mundo. Puede intentarlo e intentarlo durante años y años sin que obtenga ningún resultado. Su pareja podría perder la paciencia con este perdedor que vuelve a casa todas las noches oliendo a orina de ratones. Hasta que, ¡bingo!, un día vuelve con un resultado. Una persona que observara las series temporales de su ocupación vería que no se produce ninguna ganancia en absoluto, aunque todos los días se estaría acercando, en probabilidad, al resultado final". Esto lo aprovecha Taleb en su propio beneficio en el mundo de la inversión. Él mismo se incluye en esos operadores que "pierden dinero con frecuencia, pero en pequeñas cantidades, y rara vez ganan dinero, pero en grandes cantidades".

"No tiene ningún sentido buscar patrones de comportamiento que están disponibles para todo el que tenga una cuenta de operador de valores; una vez detectado, el patrón se cancelaría sólo". Esto es aplicable a toda ciencia social que estudie el comportamiento humano. Aprendemos unos de otros, y condicionamos nuestro comportamiento en función de lo que experimentamos. Taleb es muy crítico con la economía porque "se puede disimular la charlatanería con una montaña de ecuaciones, y nadie te puede pillar puesto que no existe nada parecido a un experimento controlado". También se muestra muy crítico con los estudios de finanzas ya que "miden los riesgos utilizando la herramienta de la historia pasada como un indicador del futuro. En este punto nos limitaremos a decir que la mera posibilidad de que las distribuciones no sean estacionarias hace que todo el concepto parezca un caro error (tal vez muy caro)".

"Puede utilizar datos para rechazar una proposición, pero nunca para demostrarla. Puede utilizar la historia para refutar una conjetura, nunca para afirmarla"; es decir, se puede refutar algo buscando contraejemplos, pero no se puede afirmar que sucederá lo mismo en el futuro simplemente por el hecho de que así ha sucedido en el pasado, de acuerdo a las observaciones hechas.

"No se puede inferir gran cosa de un único experimento en un entorno aleatorio: un experimento tiene que poder repetirse y mostrar cierto componente causal". Es un error común lo contrario, es decir, usar esos experimentos únicos para sacar todo tipo de conclusiones.

Taleb admira a Karl Popper y admite que tuvo una gran influencia sobre él. Destaca las ideas de Popper sobre la ciencia:
"La idea de Popper es que la ciencia no debe tomarse tan en serio como suena (...). Sólo hay dos tipos de teorías: 
1.    Las teorías que se sabe que son incorrectas, ya que fueron contrastadas y adecuadamente refutadas (él dice falseadas). 
2.    Las teorías que todavía no se sabe que sean falsas, todavía no han sido falseadas, pero están expuestas a que se demuestre que son incorrectas. 
¿Por qué una teoría no es nunca correcta? Porque nunca sabremos si todos los cisnes son blancos (Popper tomó prestada la idea kantiana de los fallos de nuestros mecanismos de percepción). El mecanismo de contrastación puede ser erróneo. Sin embargo, se puede afirmar que existe un cisne negro. No se puede verificar una teoría. [...] Sólo se puede aceptar provisionalmente. Una teoría que no pertenezca a ninguna de estas dos categorías no es una teoría. Una teoría que no presenta un conjunto de condiciones en las que se puede considerar que no se cumple será tildada de charlatanería: de lo contrario, sería imposible refutarla. ¿Por qué? Porque el astrólogo siempre puede encontrar una razón para explicar un hecho pasado, diciendo que probablemente Marte estaba en línea, pero no demasiado (de la misma manera, para mí, un operador que no tenga un punto que le haga cambiar de opinión no es un operador). En efecto, la diferencia entre la física newtoniana, que fue falseada por la relatividad de Einstein, y la astrología se encuentra en la siguiente ironía. La física newtoniana es científica porque nos permitió falsearla, ya que sabemos que no es correcta, mientras que la astrología no es científica porque no ofrece condiciones para que podamos refutarla. No se puede demostrar que la astrología se equivoca, debido a las hipótesis auxiliares que entran en juego. Esta cuestión constituye la base de la demarcación entre, ciencia y sinsentido (lo que se denomina «el problema de la demarcación»).
Para Taleb "la ciencia es mera especulación, mera formulación de conjeturas". La "ciencia normativa (lo que, a todas luces, es un concepto que se contradice a sí mismo) ofrece enseñanzas prescriptivas; estudia cómo deberían ser las cosas. [...] Lo contrario es una ciencia positiva, que se basa en la observación de cómo se comporta, de hecho, la gente".

Sesgo: "nadie acepta el azar en su propio éxito, sólo en su fracaso".

Uno de los errores más comunes que cometemos es el de "el mundo es un pañuelo", es decir, "la posibilidad de encontrarse por casualidad con amigos o familiares en lugares inesperados". Este error ilustra muy bien nuestra falta de entendimiento de las probabilidades. El error viene de que "no estamos realmente contrastando la posibilidad de encontrarnos con una determinada persona en un determinado lugar en un determinado momento. Más bien, estamos sencillamente contrastando cualquier encuentro, con cualquier persona que hayamos podido conocer en el pasado, en cualquier lugar que podamos visitar en el periodo en cuestión. La probabilidad de este último encuentro es considerablemente mayor, tal vez varios miles de veces la magnitud de la probabilidad del primer encuentro". Lo mismo ocurre al buscar correlaciones entre todas las millones de variables que hay en el mundo, seguro que encontraremos "una relación espuria, como que el rendimiento en el mercado de valores está relacionado con la longitud de las faldas de las mujeres", pero no implicará nada sino que será azar. Siguiendo con lo anterior, hay otro error muy común y es lo que llaman "cocinar los datos (data snooping)", es decir, ajustar la regla para que ajuste a los datos que he encontrado y se cumpla la tesis que yo defiendo. "Una única ejecución aleatoria mostrará algún tipo de patrón, si se analiza con suficiente detalle".

A pesar de todo lo indicado anteriormente, Taleb es claro a la hora de distinguir entre las personas favorecidas por la suerte y las que no lo han sido: "soy incapaz de responder a la pregunta de quién tiene suerte y quién tiene mala suerte. [...] Nunca dije que todo hombre rico sea un idiota y que toda persona sin éxito ha tenido mala suerte, tan sólo que, si no se dispone de más información, es preferible reservarse el juicio personal".

Hay espacio en el libro para la teoría del caos que "se ocupa fundamentalmente de las funciones en las que un pequeño factor puede provocar una respuesta desproporcionada. Los modelos de una población, por ejemplo, pueden llevar a una trayectoria de crecimiento explosivo, o a la extinción de una especie, dependiendo de una muy pequeña diferencia de la población en el punto de partida". Los efectos no lineales son muy importantes, ya que llevan a comportamientos inesperados.

Taleb afirma que "es evidente que la era de la información, al homogeneizar nuestros gustos, está provocando que la injusticia sea todavía más aguda, los que ganan capturan a casi todos los consumidores". Y pone el ejemplo de Bill Gates y Microsoft: "resulta difícil negar que Gates es un hombre de elevados estándares personales, ética laboral e inteligencia superior a la media, ¿es el mejor? ¿Se lo merece? Evidentemente no. La mayoría de la gente utiliza su software (como yo mismo) porque otra gente utiliza su software, un efecto puramente circular (los economistas lo denominan las «externalidades de red»)".

El uso de las matemáticas en la economía: "¿Qué ha salido mal en el desarrollo de la economía como ciencia? Respuesta: había un grupo de personas inteligentes que se sintieron obligadas a utilizar las matemáticas para poderse decir a sí mismas que estaban siendo rigurosos en su forma de pensar, que lo suyo era una ciencia. Alguien con mucha prisa decidió introducir las técnicas de modelación matemática (acusados: Leon Walras, Gerard Debreu, Paul Samuelson) sin tener en cuenta el hecho de que, o bien el tipo de matemáticas que estaban utilizando era demasiado restrictivo para el tipo de problemas que estaban intentando resolver, o que tal vez debían ser conscientes del hecho de que la precisión del lenguaje de las matemáticas podría hacer creer a la gente que tenían soluciones cuando, de hecho, no tenían ninguna (recuerde a Popper y los costes de tomarse la ciencia demasiado en serio). En efecto, las matemáticas que utilizaron no funcionaban en el mundo real, posiblemente porque necesitaban tipos de procesos más ricos, y se negaban a aceptar el hecho de que, probablemente, fuese mejor no utilizar las matemáticas en absoluto".

Volviendo a la no linealidad, Taleb sigue la tesis que explica que "el comportamiento de variables como las epidemias pasa a un nivel extremo de contagio cuando se supera determinado nivel crítico no especificado. (Como, por ejemplo, la utilización de zapatillas deportivas por los adolescentes urbanos, o la difusión de ideas religiosas. Las ventas de libros tienen un efecto parecido, explotando una vez que superan un nivel significativo de publicidad por el boca a boca.) [...] Cuanto más conectada esté una red, mayor es la probabilidad de que alguien se incorpore a ella y esté todavía más conectada, sobre todo si no hay ninguna limitación significativa a esa capacidad. Observe que, a veces, es inútil buscar «puntos críticos» precisos, puesto que pueden ser inestables e imposibles de conocer excepto, como muchas cosas, tras producirse el hecho. [...] De nuevo, el hecho importante es conocer la existencia de estas no linealidades, y no intentar modelarlas".

Más sobre no linealidad: "La gente cree que si, por ejemplo, dos variables tienen una relación causal, un aumento continuo de una debería afectar siempre a la otra. Nuestro sistema emocional está diseñado para la causalidad lineal. [...] Puede que estudie el año entero y no aprenda nada y, después, salvo que se haya desanimado por la falta de resultados y haya tirado la toalla, algo llegará como en una aparición. Mi socio Mark Spitznagel lo resume de la siguiente manera: imagine que está practicando todos los días durante mucho tiempo para aprender a tocar el piano, casi incapaz de tocar Chopsticks y, de repente, descubre que es capaz de tocar Rachmaninov. Debido a esta no linealidad, la gente no puede comprender la naturaleza del suceso raro. Esto resume por qué hay caminos al éxito que no son aleatorios, pero muy pocas, muy, muy pocas personas tienen la resistencia mental necesaria para seguirlas. Las que ponen el esfuerzo adicional necesario reciben la recompensa. [...] La mayoría de la gente tira la toalla antes de alcanzar la recompensa". Por ejemplo, "un movimiento de un 2% [en el valor de una acción o divisa] no es dos veces tan significativo como un movimiento de un 1%, es más bien de entre 4 a 10 veces más significativo. ¡Un movimiento del 7% puede ser de varios miles de millones de veces más relevante que un movimiento de un 1%!".

"Piense que su cerebro reacciona de distinta manera a la misma situación en función del capítulo que abra. La ausencia de un sistema de procesamiento central nos hace tomar decisiones que pueden estar en conflicto entre sí. Es posible que prefiera las manzanas a las naranjas, y las naranjas a las peras, pero prefiera las peras a las manzanas: depende de cómo se le presenten las opciones. El hecho de que su mente no puede retener y utilizar todo lo que sabe al mismo tiempo es la causa de estos sesgos. Una cuestión central de una regla heurística es que es ciega al razonamiento".

Necesitamos comparar y nos anclamos a nuestras experiencias recientes, por ejemplo, en el tema de las cifras. "Este anclaje a una cifra es la razón por la que la gente no reacciona a su riqueza total acumulada, sino a las diferencias de la riqueza respecto a cualquiera que sea la cifra a la que actualmente están anclados. Éste es el principal conflicto con la teoría económica ya que, según los economistas, una persona que tenga un millón en el banco estará más satisfecha que si tuviera medio millón. Pero vimos a John tener un millón después de haber tenido un total de 16 millones; era más feliz cuando sólo tenía medio millón (partiendo de nada)".

Muy interesante la explicación de nuestra manera de razonar:
"El Sistema 1 no requiere esfuerzos, es automático, asociativo, rápido, de procesos paralelos, opaco (es decir, no somos conscientes de estar utilizándolo), emocional, concreto, específico, social y personalizado. 
El Sistema 2 requiere mucho esfuerzo, es controlado, destructivo, lento, consciente serial, neutro, abstracto, por conjuntos, asocial y despersonalizado. 
[...] Encontré una confirmación en la creencia de los investigadores de la tradición de la heurística y los sesgos de que el Sistema 1 puede verse afectado por la experiencia e integrar elementos del Sistema 2. Por ejemplo, cuando aprende a jugar al ajedrez, utiliza el Sistema 2. Pasado cierto tiempo las cosas se hacen intuitivas y es capaz de valorar la fortaleza relativa de su adversario echando un vistazo al tablero".
Taleb también escribe sobre psicología evolucionista, cuyos miembros "están de acuerdo en que nuestros cerebros no están hechos para comprender cosas, pero también piensan que no están sesgados, o sólo están sesgados porque no los utilizamos en su auténtico hábitat", es decir, nuestro cerebro está preparado para un mundo existente hace miles de años, no el actual. La vida actual exige procesar mucha más información, y más rápido. Además, los cambios son constantes. De hecho, "Un cálculo eficiente de las probabilidades nunca fue necesario hasta hace muy poco". "Gran parte de nuestro problema proviene del hecho de que hemos evolucionado saliendo de ese hábitat mucho más deprisa, pero que mucho más deprisa que nuestros genes. Incluso peor; nuestros genes no han cambiado en absoluto".

"Damasio explica que el hombre totalmente libre de emociones era incapaz de tomar la decisión más sencilla. No podía levantarse de la cama por la mañana, y desperdiciaba sus días infructuosamente ponderando decisiones. ¡Sorpresa! Va en contra de lo que cualquiera hubiera esperado: no se pueden tomar decisiones sin emociones. Ahora bien, las matemáticas ofrecen la misma respuesta: si hubiera que realizar una operación de optimización con un gran conjunto de variables, incluso con un cerebro tan grande como el nuestro, se tardaría mucho tiempo en decidir la más sencilla de las tareas. Así que necesitamos un atajo; las emociones están ahí para impedirnos temporizar. ¿Le recuerda a la idea de Herbert Simon? Parece que las emociones son las que están haciendo el trabajo. Los psicólogos las llaman «lubricantes de la razón»".

Lección: nunca "la probabilidad de un suceso es mayor que la probabilidad de un suceso más general que engloba al primero".

Un ejemplo claro y preciso de cómo muchos confunden los conceptos: "«El estadounidense medio tiene una esperanza de vida de 73 años. Por tanto, si tiene 68 años puede esperar vivir cinco años más, y debe planificar en consecuencia». A continuación, procedió a ofrecer precisas indicaciones sobre cómo debe invertir esta persona para un horizonte temporal de cinco o más años. Pero, ¿qué ocurre si tiene 80 años? ¿Es su esperanza de vida de menos siete años? Lo que confunden estos periodistas es la esperanza de vida condicional y la esperanza de vida no condicional. Al nacer, su esperanza de vida no condicional puede ser de 73 años. Pero, a medida que cumple años y no se muere, su esperanza de vida aumenta junto con su vida. ¿Por qué? Porque otra gente, al morir, le ha quitado el sitio en las estadísticas, puesto que esperanza significa media. Así pues, si tiene 73 años y tiene buena salud, es posible que tenga una esperanza de, por ejemplo, nueve años más. Pero la esperanza cambiará, y, con 82 años, tendrá otros cinco años, siempre que, por supuesto, siga vivo. Incluso una persona que haya cumplido los 100 años sigue teniendo una esperanza de vida condicional positiva. Semejante afirmación, cuando uno reflexiona al respecto, no es demasiado distinta de decir: nuestra operación tiene una tasa de mortalidad del 1%. Hasta ahora hemos operado a 99 pacientes con un gran éxito; usted es el número cien, de aquí que tenga una probabilidad del 100% de morir en el quirógrafo".

"No es la estimación, o previsión, lo que importa tanto como el grado de confianza de la opinión". Por ejemplo, "¿qué pasaría si fuera a un planeta donde la expectativa de la temperatura también está en torno a unos 20 grados, pero con una varianza de más menos 275 grados? ¿Qué pondría en la maleta?".

Lección: "considero que soy tan proclive a ser engañado como cualquier otra persona a la que conozca, a pesar de mi profesión y del tiempo empleado en aprender sobre el tema. Pero he aquí la excepción; sé que soy muy, muy débil en ese sentido. Mi humanidad tratará de frustrarme; tengo que estar en guardia. Nací para ser engañado por el azar".

Reflexión con humildad, sentido común, y consciencia:
"La epifanía en mi carrera sobre el azar llegó cuando comprendí que no soy suficientemente inteligente, suficientemente fuerte, para siquiera intentar luchar contra mis emociones. Además, creo que necesito mis emociones para formular mis ideas y para conseguir la energía necesaria para ejecutarlas. 
Sólo soy suficientemente inteligente como para comprender que tengo una predisposición a ser engañado por el azar, y para aceptar el hecho de que soy bastante emocional. Estoy dominado por las emociones, pero, como esteta que soy, estoy encantado de que sea así. Soy exactamente igual que cualquiera de los personajes a los que ridiculizo en este libro. No sólo eso, sino que es posible que sea incluso peor que ellos porque puede que exista una correlación negativa entre las creencias y el comportamiento (recuerde a Popper, el hombre). La diferencia entre yo y aquellos a los que ridiculizo es que yo intento ser consciente de ello. No importa cuánto tiempo dedique al estudio y a intentar comprender la probabilidad, mis emociones responderán a un conjunto distinto de cálculos, aquellos a los que mis genes sin inteligencia quieren que reaccione. Si mi cerebro puede distinguir entre ruido y señal, mi corazón no puede".
"Una crítica de un libro, buena o mala, puede ser mucho más descriptiva del revisor que informativa sobre el propio libro. A este mecanismo también lo llamo la regla de Wittgenstein: salvo que confíe en la fiabilidad de la regla, si utiliza una regla para medir una mesa es posible que esté utilizando la mesa para medir la regla. Cuanto menos confíe en la fiabilidad de la regla (que en probabilidad se llama el principal), más información estará obteniendo sobre la regla y menos sobre la mesa. Este argumento va mucho más allá de la información y la probabilidad. Esta condicionalidad de la información es central en epistemología, probabilidad, e incluso en los estudios sobre la conciencia".

Precaución: "un cumplido siempre es agradable, independientemente de quien lo dé, una cosa que los manipuladores conocen muy bien".

Nuestro comportamiento hace "difícil actuar como si uno fuera un ignorante que como si uno fuera un tipo listo; los científicos saben que es emocionalmente más difícil rechazar una hipótesis que aceptarla. [...] Nos resulta muy difícil callarnos. No estamos hechos para eso. Popper o no, nos tomamos las cosas demasiado en serio". Además, "la mayoría de nosotros sabe muy bien cómo debería comportarse. Es la ejecución lo que constituye un problema, no la ausencia de conocimiento. [...] Tenemos que aceptar el hecho de que somos meros animales que necesitamos trucos, y no lecciones"; es decir, "nos gusta emitir ideas lógicas y racionales, pero no disfrutamos necesariamente con su ejecución".

Fundamental el que no se agarra "obstinadamente a una opinión por el mero hecho de que la hubiera expresado anteriormente". ¿Por qué nos humilla cambiar de opinión? Ya en el mencionado libro de Conthe se afirmaba que "a veces el heroísmo no consiste en defender contra viento y marea las antiguas convicciones, sino en, cuando se muestran equivocadas, ser capaz de abandonarlas, por mucho apego que les tuviéramos". Estoy de acuerdo con lo anterior, pero dependerá de si esas convicciones se basaban en un estudio detallado de la realidad, o en una mera alineación con ideas que nos parecían atractivas. Añadiendo las consecuencias que tuvieran para uno mismo, es decir, si arriesgábamos algo o no. Remata Taleb: "Los tiempos modernos nos ofrecen una historia deprimente. La autocontradicción se ha convertido en algo vergonzoso por cuestiones culturales, una cuestión que puede resultar desastrosa en la ciencia".

Taleb afirma que "la única cosa sobre la que la Dama Fortuna no tiene ningún control es su comportamiento". Exactamente lo afirmado por Viktor Frankl en su colosal libro El hombre en busca de sentido: “hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.

"En este libro, el problema de la probabilidad es, en gran medida, una cuestión de conocimiento, y no de cálculo. Considero que estos cálculos no son más que una nota a pie de página en esta materia. El auténtico problema es: ¿de dónde sacamos la probabilidad? ¿Cómo cambiamos nuestras creencias? He estado trabajando en el problema de «jugar con el dado equivocado»: es mucho más importante averiguar con qué dado estamos jugando que desarrollar un cálculo sofisticado sobre los resultados y correr el riesgo de estar jugando con, por ejemplo, un dado que sólo tiene seises. En economía, por ejemplo, tenemos modelos muy grandes para el cálculo de riesgos que parten de supuestos muy frágiles (de hecho, no es que sean frágiles, es que son directamente erróneos). Nos confunden con las matemáticas, pero todo lo demás está mal. El partir de los supuestos correctos puede ser mucho más importante que el disponer de un modelo sofisticado".

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