Reflexiones 24.06.2013

A todos nos gustan los héroes inmaculados, que cumplan su misión y no se desvíen lo más mínimo de una conducta ejemplar. Y si mueren en el desarrollo de la acción heroica, se convierten en mártires y la admiración es mayor. Todo lo anterior se suele dar en novelas y en leyendas, la realidad es distinta y suele tener aristas cortantes.

Tomemos el caso de Benjamin Murmelstein, el único de los tres dirigentes judíos del gueto de Terezín, en la antigua Checoslovaquia, que no fue asesinado durante la guerra. Vilipendiado por los propios judíos. Pero tengamos en cuenta las palabras de su hijo:
¿Su padre podría haber rechazado asumir ese cargo (responsable judío del gueto)? 
Los alemanes dieron la orden de constituir los consejos judíos. Quien había escapado y estaba seguro no tenía de qué preocuparse. Mi padre era rabino en un barrio de Viena y se mantuvo en su posición mientras otros se ponían a salvo. Lo hizo porque era su deber, y porque lo contrario habría sido una impiedad. Por cumplir con su deber mi padre se tuvo que relacionar con personas que tenían instinto criminal, y si alguno no lo tenía se lo inculcaban. Pero mi padre consideraba que un rabino o dirigente de la comunidad tenía la obligación de continuar en su puesto, que debía formar parte del consejo judío y afrontar la muerte, como los propios rabinos ortodoxos dijeron. Uno de ellos dijo incluso que si la comunidad era condenada a muerte y por un medio u otro se podía salvar una parte de ella, los dirigentes tenían que salvar esa parte, tenían que salvar lo salvable. Y eso es lo que hizo mi padre.
Los hechos fueron que Murmelstein sobrevivió y muchos judíos a su cargo murieron, y él estuvo encargado de dirigir la comunidad en el gueto, salvando a unos y condenando a otros. ¿Fue un héroe Murmelstein? ¿Merece ser recordado como una persona valiente y que ayudo a salvar vidas?

Conviene recordar que Murmelstein se enfrentaba al mal absoluto, a una serie de personas fanatizadas y dispuestas a exterminar a los judíos de la faz de la tierra.

Qué haríamos si nos dieran la oportunidad de elegir entre huir, aceptar un cargo similar, o luchar hasta la muerte por nuestra vida. En las circunstancias en las que se desenvolvió Murmelstein, la primera opción le hubiera salvado la vida y ésta hubiera sido muy placentera, y la última le hubiera asegurado la muerte. Él eligió la segunda.

Cuando negocias con el diablo es difícil que las opciones que te ofrezca sean buenas, ni siquiera regulares. Sólo puedo hacerme una idea de la presión a la que estaría sometida una persona como Murmelstein al tener que tomar decisiones que sabía que supondrían la pérdida de vidas para salvar otras.

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