Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Pascual Méndez Piña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Pascual Méndez Piña. Mostrar todas las entradas

Un dolor de cabeza llamado transporte

Por Pablo Pascual Méndez Piña.

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Los vecinos del municipio Los Palacios, en la provincia cubana de Pinar del Rio, no exageran cuando hablan de sus vicisitudes con el transporte.
Los que viven en la localidad de San Diego están obligados a salvar la distancia de 13 kilómetros para llegar al borde de la autopista nacional, donde empieza otra odisea, ya que la mayoría de los vehículos que transitan por allí, van repletos, a causa del déficit de ómnibus interprovinciales.
Tras delimitarse las fronteras con la nueva provincia de Artemisa, el hospital de San Cristóbal, el más cercano a la población de Los Palacios, dejó de prestar servicios a la municipalidad y ahora los pobladores tienen que trasladarse a la ciudad Pinar del Rio, distante a unos 50 kilómetros.
Petronila una vecina de San Diego (la zona más afectada), tiene 75 años, es diabética, con agudos problemas cardiovasculares. Ella explica que para asistir a las consultas médicas está precisada a alquilar un automóvil por  25 dólares, que es más que el salario mensual medio de los cubanos.
Roberto, un obrero agrícola de 27 años, comenta que en el policlínico de la localidad hay una ambulancia para casos de emergencia, pero la batería está agotada. Recientemente, él, doblado con un fuerte dolor apendicular, se vio obligado a empujar la ambulancia para que lo llevaran al quirófano con urgencia.
También los estudiantes del municipio sufren por la falta de transporte y con frecuencia se les ve a media mañana, con sus mochilas, deambulando por las cunetas, a la espera de que un buen samaritano les dé “botella” para aproximarse a sus escuelas.
Lázaro, un trabajador del ministerio del transporte, explica que el problema de San Diego y Los Palacios son solo dos gotas de agua dentro del mar de dificultades en la transportación pública.  Revela que de 2000 ómnibus chinos marca Yutong que reforzaron el transporte interprovincial en el año 2006, hoy sólo quedan prestando servicio 400. El resto permanece montado sobre burros en los talleres de “Coyula”, en Santiago de las Vegas, o en “Sandino” y “Caamaño”, en la ciudad de La Habana.
Según Lázaro, las mayores dificultades se detectan en el deterioro de neumáticos y baterías, así como en las inexplicables carencias de petróleo. También afirma que el recurso para sustituir piezas deficitarias consiste en sustraerlas del parque desactivado, acción que en el argot popular llaman “canibalismo”.
Por último, este trabajador del transporte agrega que los técnicos de la Yutong se largaron del país y que el cáncer de la transportación interprovincial ya hizo metástasis también en los ómnibus metropolitanos de Ciudad Habana. Eso sin contar que la “omnipresente corrupción” forma parte  básica del problema. Por ejemplo, se ha detectado que algunos choferes venden  gomas de repuesto a los camioneros particulares.

Indignados e indignos

Por Pablo Pascual Méndez Piña.


LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Amplios espacios dedica la “Mesa Redonda” y los noticiarios oficialistas a las marchas de “los indignados”. Los vídeos muestran a españoles, italianos, griegos, norteamericanos marchando por las calles y protestando contra las políticas económicas que afectan a las mayorías. Pero estos disturbios no despiertan interés en los cubanos pedestres, quienes reciben sueldos por lo menos 25 veces menores que los subsidios recibidos por los desempleados europeos.

Al comienzo de diciembre, únicamente les preocupa: Cómo podrán comprar raciones de carne de cerdo, frijoles, yuca, ron y cerveza para celebrar el año nuevo.

El poder adquisitivo se ha despeñado a niveles alarmantes—“no hay dinero”—, es la afirmación que corre de boca en boca. En las shopping, el monto de las ventas en comparación con años anteriores sólo alcanza el 20% y después de las 3:00 de la tarde, pocos clientes acuden a los mercados, aseveró un empleado de TRD Caribe que solicitó el anonimato.

Betancourt, un chofer de taxis estatales “negro/amarillo” que cobran 10 pesos por persona, cuenta que recorrió la calle Prado, atravesó el túnel, fue hasta Alamar, transitó por las principales avenidas del municipio, las paradas de ómnibus estaban llenas de personas, pero nadie sacó la mano para alquilarlo, tuvo que regresar vacío; confiesa que no le había sucedido algo semejante en 20 años como taxista.

Pedro, un técnico cuentapropista, quien repara lavadoras automáticas desde hace más de 15 años; alega que ahora tiene trabajo, pero en diciembre “nada se rompe”, de seguir las cosas como van, celebrará el año nuevo con una cena de pan con tortilla y agua.

También los rateros y carteristas comienzan a hacer de las suyas; con el exacerbamiento de la delincuencia la gente vigila cuidadosamente las tendederas donde pone a secar la ropa y cuando viajan en ómnibus, meten sus manos en los bolsillos para palpar sus carteras.

Los cubanos permanecen absortos en recibir el año nuevo con una suculenta cena; pero ni siquiera se indignan con los rumores de escándalos de corrupción ocurridos en las altas esferas del régimen y en las firmas extranjeras donde trabajan los hijos de papá, “hace 52 años que en Cuba hay corrupción, estamos curados de espanto”—reiteran—y les importa un bledo que los funcionarios corruptos esperen el año nuevo en los restaurantes de lujo, cabarets y los mejores hoteles a costa del dinero que le roban al pueblo.

El 28 de agosto de 2011, las indignadas, Ivón Malleza y Rosario Morales, tocaron cazuelas en los portales del mercado único de Cuatro Caminos; ante un público atónito que se apiñó en la calle, ellas criticaron al régimen por las políticas económicas que afectan a las mayorías. El 30 de noviembre, también Ivón Malleza, esta vez con Blanca Hernández Moya y Mayra Morejón, protagonizaron una protesta similar en pleno Parque de la Fraternidad. Los videos de las protestas son reproducidos furtivamente y vistos por millares de cubanos—uno de ellos reconoció —“ellas son las indignadas, nosotros los indignos”.