Centauros del desierto [The searchers] (John Ford, 1956)

Ethan Edwards (Wayne) sabe lo que le ha pasado a su familia sin necesidad de estar cerca.

John Ford en estado puro. Cuando la veo me parece su mejor película, igual que me pasa al visionar El hombre que mató a Liberty Valance. Centauros es una película muy dura a pesar de las numerosas elipsis que impiden observar la violencia de manera directa; pero la mera intuición de lo que ha sucedido es suficiente para sentirme mal.

Poesía transformada en cine; tanto por las imágenes como por la manera de desarrollar la historia. Los primeros 30 minutos de la película son oro puro; y los 90 restantes igual. La película muestra la parte difícil de la vida con una sutileza exquisita; tanto al exhibir la muerte como la venganza y la crueldad. Todo lo anterior acompañado por la perseverancia de los dos protagonistas, Ethan Edwards (Wayne) y Martin Pawley (Jeffrey Hunter).

Los paisajes del mítico Monument Valley llenan la pantalla de un color rojo-anaranjado y la fotografía de la película los recoge en todo su esplendor (más poesía). Los ganaderos son nobles y tienen una camaradería a prueba de todo; juntos sufren, se divierten y se pelean. Los indios son más distantes, pero mientras que Ford nunca nos muestra el resultado de la violencia de los indios sí nos muestra el resultado de la violencia contra ellos. 

John Wayne está portentoso; no hay una sola escena en la que no haga exactamente lo que debe. La película hay que verla en versión original para apreciar su voz. Cuando se enfada suelta toda su ira por la boca y nadie se atreve a rechistar. Él manda o va solo; quienes lo quieren acompañar o acatan sus órdenes o no van con él. Es un renegado y nunca tendrá un hueco en la sociedad "convencional". 

La sutileza con la que John Ford deja entrever el amor entre Ethan (Wayne) y Martha (Dorothy Jordan) está entre lo mejor de la historia del cine (mucha más poesía). El cariño con el que ella le da su capote es algo sublime; en esa misma escena, el reverendo (Ward Bond) es testigo, pero sabe que debe ver, callar y no molestar. 

Otra escena estupenda es la de los indios emboscando al grupo; con los siete colonos en el centro y, a cierta distancia, dos hileras de indios a caballo a cada lado. ¡La composición!

Clint Eastwood imita en parte a Centauros en su magnífica The outlaw Josey Wells (El fuera de la ley). Pero la de Eastwood es otro tipo de película.

Obra maestra total y absoluta.

El cine es el mejor arte.  

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Enlaces: 

Cinemasmusic - Centauros del Desierto de Max Steiner - Programa 13. (Pódcast).
Qué grande es el cine - Centauros del desierto. (Vídeo).
Qué grande es el cine - Centauros del desierto. (Pódcast).
John Ford’s ‘The Searchers’: The Essential Film of American Culture and Identity. (Texto).
- Videodrome: ¿De dónde vienes, Ulises? (10 enero 2009). (Pódcast).
Querer de cine - Centauros del desierto. (Pódcast).


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Imágenes: 






Interstellar (Nolan, 2014)



Una obra de arte colosal que mezcla ciencia y amor. Tiene escenas portentosas tanto de acción como de reflexión. La música de Hans Zimmer está a un nivel estelar. Todo me funciona y me gusta en esta película.

La escena siguiente es cine del mejor:




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Enlaces: 

- Interstellar, a debate. Cristian Campos y Juan José Gómez Cadenas (Jot Down, 2014).
- Ellos somos nosotros. Marco Antonio Núñez (Cine divergente).
- La Música de Interstellar: Un Mito de Ruido y Silencio; Jaime Altozano (YouTube, 2018).
- Podcast: LODE 5x08 INTERSTELLAR (La órbita de Endor, 2014)
- Interstellar (2014) - Full Expanded soundtrack (Hans Zimmer) (YouTube).
- Interstellar Original Motion Picture Soundtrack (YouTube).
- Interstellar (2014) | The Definitive Explanation (enlace).



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Fotografías: 











No es tuyo para dar, de David Crockett

Extracto del artículo:

"No es la cantidad, Coronel, de lo que me quejo; es el principio. En primer lugar, el gobierno no debe tener en el Tesoro más que lo suficiente para sus propósitos legítimos. Pero eso no tiene nada que ver con la cuestión. El poder de recaudar y desembolsar dinero a placer es el poder más peligroso que se le puede confiar al hombre, particularmente bajo nuestro sistema de recaudación de ingresos por medio de una tarifa, que llega a todos los hombres del país, sin importar cuán pobres sean, y cuanto más pobres son, más pagan en proporción a sus medios. Lo que es peor, le presiona sin que sepa dónde se centra el peso, ya que no hay un hombre en los Estados Unidos que pueda adivinar cuánto paga al gobierno. Así que ya ves, que mientras contribuyes a aliviar a uno, lo sacas de miles que están aún peor que él. Si tienes el derecho de dar algo, la cantidad es simplemente una cuestión de discreción contigo, y tienes tanto derecho a dar 20.000.000 de dólares como 20.000 dólares. Si tienes el derecho de dar a uno, tienes el derecho de dar a todos; y, como la Constitución no define la caridad ni estipula la cantidad, tienes la libertad de dar a cualquier cosa que creas, o profeses creer, es una caridad, y a cualquier cantidad que creas apropiada. Percibiréis muy fácilmente la amplia puerta que esto abriría para el fraude y la corrupción y el favoritismo, por un lado, y para robar al pueblo por otro. No, Coronel, el Congreso no tiene derecho a dar caridad. Los miembros individuales pueden dar tanto de su propio dinero como quieran, pero no tienen derecho a tocar un dólar del dinero público para ese propósito. Si se hubieran quemado el doble de casas en este condado que en Georgetown, ni tu ni ningún otro miembro del Congreso habría pensado en apropiarse de un dólar para nuestra ayuda. Hay unos doscientos cuarenta miembros del Congreso. Si hubieran mostrado su simpatía por los que sufren contribuyendo con la paga de cada semana, habrían ganado más de 13.000 dólares. Hay muchos hombres ricos en Washington y sus alrededores que podrían haber dado 20.000 dólares sin privarse ni siquiera de un lujo de vida. Los congresistas eligieron conservar su propio dinero, que, si los informes son ciertos, algunos de ellos gastan de forma poco creíble; y la gente de Washington, sin duda, le aplaudió por aliviarles de la necesidad de dar dando lo que no era suyo. El pueblo ha delegado en el Congreso, por la Constitución, el poder de hacer ciertas cosas. Para ello, está autorizado a recaudar y pagar dinero, y para nada más. Todo lo demás es una usurpación y una violación de la Constitución."