Enlaces 05.05.2014

Grandes retos para India, en Estudios de Política Exterior.
4) Presión demográfica. India, con sus más de 1.200 millones de habitantes, pronto se convertirá en un país mayoritariamente urbano. Eso significa que 300 millones de indios emigrarán del campo a la ciudad a lo largo de los siguiente 25 años. Para una democracia que, a diferencia de China, no puede restringir este proceso, las consecuencias del fenómeno pueden ser desastrosas. Ya lo han sido en ciudades como Bombay, donde la principal reivindicación de los habitantes de slums es el derecho a defecar en condiciones higiénicas. El Banco Mundial estima que nueve de cada diez habitantes de un slum ni siquiera tiene acceso a un aseo con agua corriente.
Si no quiere dejar huella de carbono, mejor no coma, por Antón Uriarte. 
Los alimentos que un americano come al año, siguiendo una dieta de 2.600 kilocalorías y comiendo variado, tienen una huella de CO2 de 2,5 toneladas ( las que se emiten en el proceso de su producción). 
Las 2,5 toneladas de CO2 del tipo normal equivalen, nada más y nada menos, a las que emite un coche normalito en un recorrido de 20.000 kilómetros, media circunferencia terrestre!
Global Warming’s Upside-Down Narrative, by Bjørn Lomborg.
We live in a world where one in six deaths are caused by easily curable infectious diseases; one in eight deaths stem from air pollution, mostly from cooking indoors with dung and twigs; and billions of people live in abject poverty, with no electricity and little food. We ought never to have entertained the notion that the world’s greatest challenge could be to reduce temperature rises in our generation by a fraction of a degree.
Desigualdad, pobreza e ideología, Daniel Lacalle.
En un país en el que el 70% del valor añadido lo crean las pymes y la mayor parte del empleo, los héroes son esas empresas, los autónomos y los ciudadanos que sobreviven. Y ellos son la solución a la pobreza. No otra chequera en blanco. Porque, desde luego, regar el sistema asistencialista de dinero no ha servido para nada.
The fuel of the future, unfortunately. A cheap, ubiquitous and flexible fuel, with just one problem, in The Economist.
But poverty kills people too, and slow growth can cost politicians their jobs. Two decades of environmental worries are proving only a marginal constraint on the global coal industry. Some are trying to get out: in America Consol Energy is selling five mines in West Virginia to concentrate on shale gas. Big coal-burners such as American Electric Power and Duke Energy are shutting coal-fired plants. Yet despite America’s shale-gas boom, the federal Energy Information Administration reckons that by 2040 the country will still be generating 32% of its electricity from coal (compared with nearly 42% now).* The International Energy Agency has even predicted that, barring policy changes, coal may rival oil in importance by 2017. As countries get richer they tend to look for alternatives—China is scrambling to curb its rising consumption. But others, such as India and Africa, are set to take up the slack (see chart).

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