Qué no necesitamos del sector público para prosperar

Evidentemente los estados han prosperado y se han convertido en una parte muy importante de nuestras vidas. Tanto desde el punto de vista económico como social. Casi la mitad de la economía de los países desarrollados pasa por las manos del Estado.

Steven Pinker, en Los ángeles que llevamos dentro, ha demostrado que la violencia está en declive y en parte gracias a la formación de los estados.

Por su parte Matt Ridley, en su magnífico El optimista racional, hace una reflexión muy interesante referente a los gobiernos, y su relación con la prosperidad, que "tienden a ser algo bueno en sus comienzos, haciéndose peores conforme más perduren. Primero impulsan el florecimiento de la sociedad al proveer servicios centrales y retirar las trabas al comercio y la especialización. (...) Pero después (...) los gobiernos dan trabajo a más y más élites ambiciosas que captan cada vez más ingresos de la sociedad al inferir cada vez más en las vidas de las personas estableciendo más y más reglas que hacer cumplir (...) Los economistas, con razón, hablan con facilidad del 'fracaso del mercado', pero hay una mayor amenaza del 'fracaso del gobierno'. Al ser un monopolio, el gobierno trae consigo ineficiencia y estancamiento a casi todo lo que dirige; (...) Y, sin embargo, a pesar de todo esto, las personas inteligentes aún piden al gobierno dirigir más instancias; por alguna razón asumen que, de hacerlo, lo haría de algún modo más perfecto y desinteresado la siguiente vez".

Los estados que se han ido formando a lo largo de la historia de la humanidad han ayudado y frenado el progreso humano. Pero parece evidente que la suma global es positiva, y que la mejora de la vida de la humanidad ha sido en parte gracias a esos estados.

Pero cabe preguntarse cómo pueden ayudar actualmente esos estados para que sigamos prosperando. Y también cómo pueden perjudicar esa prosperidad.

Por ejemplo, en este artículo de Guillermo de la Dehesa, se indica que hay problemas que frenan el progreso de España: el excesivo tamaño del sector público, la corrupción, intereses partidistas dentro de los partidos, e intereses corporativos de los llamados agentes sociales.

Pretendo indicar en sucesivos artículos todos los aspectos relacionados con el sector público que frenan el desarrollo de un país.

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