Reflexiones 21.05.2013

Prever el futuro siempre y de una manera precisa es una tarea imposible. Se puede acertar puntualmente, pero el porcentaje de aciertos es bajo. Por ejemplo, leamos la presa o libros escritos hace 20 años para darnos cuenta que casi nadie previó el éxito brutal de Internet o del ¿teléfono? móvil. Pero a la vez, nuestras vidas se basan en estimaciones de nuestra vida futura. Sin ir más lejos, al elegir lo que estudiamos. No solo en momentos puntuales y decisivos, como puede ser la elección de estudiar una carrera universitaria, sino a lo largo de nuestra vida para ir completando nuestra formación, tanto académica como profesional, incluso en lo personal.

Realmente esas decisiones nos marcan e influyen en mayor o menos medida en nuestro futuro. Otra cuestión es saber si esas decisiones las tomamos libremente, o si el libre albedrío es solo un auto engaño, pero esa es otra cuestión.

No somos conscientes de la importancia de las decisiones que tomamos hasta que ha pasado el tiempo y vemos las consecuencias, si es que podemos trazar esa línea temporal y deducir que lo que nos pasa ahora es consecuencia de una o varias decisiones que tomamos en su momento. Por ejemplo, en mi caso he dedicado muchas horas de mi vida a jugar al baloncesto. Desde los 12 años hasta los 34 años, entrenando 3 veces por semana, jugando un partido los fines de semana, durante 9 meses al año. Se puede estimar que mi dedicación al juego ha sido de unas 10 000 horas, si incluyese el baloncesto que he visto, podríamos multiplicar esa cifra por 3. Casi siempre sabiendo que no era algo que me permitiría ganarme la vida, ese casi viene de los inevitables sueños de juventud. Por otra parte, llevo estudiando inglés toda mi vida, no sé estimar las horas, pero entre el colegio, academias y estudio personal podemos estimar unas cuantas miles de horas. A pesar de mi inversión de tiempo en jugar y ver baloncesto, no he llegado a ser más que un jugador, no profesional, honesto y trabajador, a un nivel bajo. Por otro lado, mi inversión en el estudio del inglés me ha abierto muchas puertas, tanto en el mundo profesional, como de acceso a conocimiento. Sin ser un experto, puedo entender y leer perfectamente, y escribir y hablar de una manera digna, pero aún hoy sigo estudiando para poder dar un salto más y poder expresarme de manera más fluida.

La pregunta es, si todo el tiempo que he dedicado a jugar al baloncesto lo hubiera dedicado a estudiar inglés, ¿me hubiera ido mejor en la vida? Todo lo anterior suponiendo que la pasión que tenía por el baloncesto se hubiera mantenido en el estudio del inglés. Por una parte, no cabe duda que ahora mismo tendría un nivel de inglés altísimo, prácticamente bilingüe, esto me hubiera abierto aún más puertas. Pero el dejar de practicar baloncesto, ¿me hubiera quitado otras cosas? Quizás el haber estado en muchos equipos y haberme relacionado con mucha gente me ha ayudado a desarrollar habilidades sociales, que de otra manera no hubiera adquirido o desarrollado. Quizás mi salud se hubiera resentido. Quizás mi capacidad de esforzarme y trabajar en equipo no serían las mismas.

Si volviera a tener 12 años y pudiera elegir de nuevo, ¿qué debería de hacer? Creo que no gastaría tanto tiempo con el baloncesto, buscaría un deporte que me consumiera menos tiempo, como salir a correr, y estudiaría inglés. Pero, ¿eso mejoraría mi vida? ¿Sería más feliz? Como he dicho al principio eso es imposible de saber. Y eso que en este escrito he reducido la cuestión a dos temas, pero hay miles de decisiones que he tomado y que me han afectado: estudiar ingeniería técnica industrial, no estudiar como debía en la universidad, haberme casado, mudarme a Perú, leer mucho sobre muchos temas, ser austero y no derrochar, ser honesto, controlar mi temperamento, estar dispuesto y preparado para los cambios en el trabajo y en la vida, no querer tener hijos hasta ahora, etcétera.

Si hubiera cambiado, o cambio, algo de lo anterior, ¿cómo se verá afectada mi vida? No tengo ni idea, y lo mejor de todo, es que me da igual.

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