Lecturas 27.04.2013

Expropiaciones y seguridad jurídica (segunda edición), por Roger Senserrich.

En ambos casos, tenemos un ejemplo claro sobre por qué los economistas hablan tanto de seguridad jurídica y respeto a los derechos de propiedad. Que la compañía que extrae petróleo en un país sea pública o privada no tiene excesiva importancia (a efectos prácticos, uno puede redactar las concesiones a empresas privadas de modo que den un nivel de ingresos comparable a yacimientos estatales, y corriendo menos riesgo), pero que el arreglo institucional sea estable es crucial. A Exxon le importa poco si Vaca Muerta es propiedad de YPF y explotada en una joint venture o si es privado y tiene que pagar cánones enormes al gobierno por el derecho a perforar; el margen de beneficio es parecido. Lo que Exxon no soporta es que el gobierno argentino cambie las reglas del juego a medio camino, nacionalizando después de hacer una inversión. Es un riesgo absurdo y totalmente arbitrario, y no van a poner un duro por mucho que les prometan que se van a portar bien.

Ruina bolivariana, por Pablo Pardo.

Para explotar su crudo no convencional, que se encuentra en la cuenca del Orinoco, PDVSA, la petrolera estatal venezolana, necesitaría duplicar su actual inversión anual de 12.500 millones de dólares (unos 9.500 millones de euros). El problema es que Venezuela no tiene esos 9.500 millones. Su déficit público ronda el 12% del PIB, o sea, casi el doble que España, y el crecimiento de su PIB este año será del 1%, según Martínez.

A vueltas con el patrón oro (2): ¿Por qué se abandonó el patrón oro? Por Tano Santos.

Por insistir: En un sistema de paridades fijas cualquier shock, en cualquier país miembro del patrón oro, se trasmite de forma inmediatamente a través de todos los países en el sistema que tienen que ajustar sus políticas al coste que sea para el mantenimiento de la paridad. Y la naturaleza de estos shocks no tiene que ser productiva sino que puede ser fiscal, un error de política monetaria, cualquier cosa. No es sorprendente por tanto la naturaleza global de la Gran Depresión: el patrón oro era el mecanismo de transmisión perfecto para cualquier shock o error de política monetaria en cualquiera de los miembros centrales del sistema.

Países emergentes. En busca del milagro económico. De Ruchir Charma. Reseña por Carlos Rodríguez Braun.

Este libro advierte contra las ilusiones de los mercados emergentes. “Aunque la India es considerada la nueva China, existen grandes posibilidades de que pueda experimentar una regresión y convertirse en el nuevo Brasil”. Y el propio Brasil es distinto de China, “pues ha invertido en la prematura construcción de un Estado del bienestar antes que en carreteras y redes inalámbricas para una economía industrial moderna”. Se demuestran los peligros del intervencionismo, ilustrados por los multimillonarios sin competencia, como Carlos Slim en México, un país donde la bolsa crece más que la economía, acorralada por oligarquías políticas, empresariales y sindicales. Como sucede en Rusia, con lo que cabría preguntarse qué clase de “capitalismo” existe allí, o en China, donde más de la mitad de la capitalización bursátil corresponde a empresas públicas, y los gobiernos son feudales o socialistas (bastante parecidos, la verdad). En Rusia hay empresas mastodónticas pero no competitivas: no hay pymes, ni innovación, ni presencia internacional, ¡ni una sola de las cinco primeras marcas mundiales de vodka es rusa! Tampoco cuentan con un sistema financiero digno de tal nombre, y por eso tienen (mejor dicho, tenían) su dinero en Chipre.

Empresas, mercado y Estado. Por Carlos Rodríguez Braun.

las empresas y el Estado pueden anudar toda suerte de colusiones, pero no son iguales; ninguna empresa ostenta de por sí el monopolio de la violencia legítima; aunque los accionistas no tengan sobre los ejecutivos el poder del empresario propietario, pueden abandonar la empresa y vender sus acciones; nadie puede abandonar el Estado. Por otro lado, ningún fallo del mercado justifica de por sí la intervención del Estado, por más que este non sequitur sea ampliamente perpetrado.

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