Lecturas 02.04.2013

¿Cómo reclutan e incentivan a sus maestros los países más exitosos?, por Domingo Soriano.

Lo más importante para conseguir una escuela de calidad es tener buenos profesores. Parece una verdad de Perogrullo, pero lo cierto es que en el debate sobre el sistema educativo no siempre se tiene en cuenta. En muchas ocasiones, se pone el acento en cuestiones como el gasto total medido en relación con el PIB, el número de alumnos por aula o los diferentes planes educativos. Sin embargo, la mayoría de los estudios internacionales aseguran que estos aspectos son secundarios, aunque hay algo en lo que coinciden todos los modelos de éxito, desde Finlandia a Singapur: tienen unos maestros excelentes.

Primero aprende y solo después enseña, Enrique Moradiellos.

Ya en los años sesenta del siglo XX, cuando esta deriva comenzaba a extenderse por Estados Unidos, Hannah Arendt lanzó una llamada de alerta con su habitual perspicacia: “Bajo la influencia de la psicología moderna y de los dogmas del pragmatismo, la pedagogía se desarrolló, en general, como una ciencia de la enseñanza, de tal manera que llegó a emanciparse por completo de la materia concreta que se va a transmitir”. Una década después, era el pedagogo canadiense Lucien Morin el que advertía contra los desvaríos de unos “charlatanes de la nueva pedagogía” que querían hacer tabula rasa de todas las experiencias docentes previas en aras de una modernidad mal entendida. Sus palabras son particularmente actuales a la vista del caso madrileño: “Todos afirman que gracias a las ciencias de la educación serán más respetadas las exigencias intelectuales y, sin embargo, lo que está ocurriendo en todas partes es exactamente lo contrario”.

Los campos de prisioneros de la Europa liberada, por Juan Abreu.

Según Hans Guenther Adler, judío que fue recluido en Theresienstadt, había muy poca diferencia entre el trato que él había recibido y el que recibieron los alemanes cuando les internaron en ese mismo campo después de la guerra: “Es indudable que muchos de ellos se convirtieron en culpables durante los años de ocupación, pero en su mayoría eran niños y menores que fueron encerrados simplemente porque eran alemanes. ¿Simplemente porque eran alemanes…? Esta frase suena terriblemente familiar, sólo cambiaron la palabra judío por alemán. Los harapos que vestían los alemanes estaban llenos de esvásticas. Su alimentación era pésima y les maltrataban, y sus condiciones no eran mejores de lo que solían ser en los campos de concentración alemanes”

“Los métodos sádicos que utilizaban los guardias de estos campos eran tan crueles, y quizá peores, que los utilizados por la SS en Auschwitz. Se decía que en algunos campos sólo sobrevivían alrededor del 5% de los internos”.

Y he aquí el testimonio de Günther Wollny, un señor que tuvo la desgracia de sufrir los campos de Auschwitz (en tiempos nazis) y Zgoda (bajo control de los vencedores de los nazis): “Preferiría estar diez años en un campo alemán que un día en uno polaco”.

Primavera Negra: La lucha continúa, por Magaly Norvis Otero Suárez.

En el año 2003, la soberbia de los gobernantes cubanos ordenó una ola represiva contra la oposición pacífica en Cuba, y condenó la razón y la decencia, cuando encarceló a 75 inocentes por ejercer su derecho a expresarse libremente.

En las primeras horas de la madrugada del 18 de marzo del 2003, agentes de la Seguridad del Estado realizaron una ola simultánea de registros, arrestos y juicios sumarísimos a opositores pacíficos, Periodistas y bibliotecarios independientes; esos hechos quedaron registrados para la historia como la Primavera Negra 2003.

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