Lecturas 16.01.2013

Dieta, ejercicio y buenos hábitos, por Silvia Tremoleda.

Uno de los errores que se cometen es querer cambiarlo todo a la vez. Se recomienda hacer pequeños pasos, introducir pequeñas cosas que perdurarán con más seguridad; lo ideal es hacer 3 pequeños cambios, por ejemplo: comer menos pan o solo cuando se haya hecho ejercicio, desayunar todos los días y hacer ejercicio 3 días a la semana. Serían 3 pasos muy importantes, y bastante asumibles, y evitar el “como no he hecho deporte durante 3 meses, ahora lo hago todo en una semana para “sobrecompensar”.

La casa feliz, por Pedro Torrijos.

proyecto ópera sidney

Félix Candela publicó en 1968, con el edificio aún en construcción, el estupendo artículo El escándalo de la Ópera de Sydney, en el que, entre otras cosas, acusaba al proyecto (no tanto a Utzon y mucho menos a Arup) de ser víctima de un sistema publicitario que premiaba la espectacularidad, la inmediatez y la máscara, en detrimento de la honradez arquitectónica, la previsión y el conocimiento de las realidades técnicas, económicas y estructurales del proyecto a realizar.

Corea del Norte: Holocausto en el Campamento 22, por David Jiménez.


Shin Dong Hyuk logró escapar a Corea del Sur en 2005. Las cicatrices de su paso por el Campamento 14 siguen siendo visibles: la amputación de un dedo por tirar accidentalmente una máquina de coser al suelo, quemaduras en la espalda por las torturas recibidas desde que tenía 13 años y las heridas que se produjo en las piernas al saltar la verja electrificada de la prisión durante su huida. "Nunca me había planteado escapar porque no pensé que pudiera existir otra vida más allá. Un recluso empezó a contarme cómo era todo fuera y juntos decidimos intentarlo", recuerda Shin, cuyo relato se recoge en su libro autobiográfico 'Escapada al mundo exterior'. Para él, como para cientos de supervivientes de los campos de concentración norcoreanos, la pregunta es cuándo empezará el mundo a creer su historia.

Un cuchillo en el corazón de los otros, por Arcadi Espada.


Esta muerte tremenda del diseñador Mota, más exitosa que la de Chamfort que, ante el espejo, y mientras se destrozaba la cara y el cuello con una navaja barbera iba diciéndose no sirves ni para matarte. La muerte de Mota y el periodismo. La prensa facebook se permite la grave licencia de acusar a la empresa Pronovias y a uno de sus ejecutivos (al que llamaba el Monstruo) de poco menos que de asesinos de Mota. Todo ello porque al parecer se han encontrado unas cartas póstumas y acusatorias del diseñador.

El suicidio de Mota es terrible y doloroso. Pero su muerte no legitima la veracidad de unas acusaciones que el periodismo debería tratar con la misma pulcritud y rigor (en fin, ya se me entiende) que exigiría a las acusaciones de un vivo. El suicidio tiene esta cosa brutal del ahí queda eso. Cualquier periodista razonable debería entender, además, que es un jodido acto sin réplica.


¿Debemos invertir en proyectos con rendimiento elevadísimo?


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