Lecturas 06.01.2013

El soldado desconocido, por Mario Vargas Llosa.

Limitándose a contar lo que vivió e intercalando a veces en el relato breves evocaciones del paisaje andino, la desaparición de los compañeros, la muerte de su hermano, el miedo cerval que a veces sobrecogía a todo el grupo, y la ferocidad de algunos hechos —la ejecución del centinela que se quedaba dormido, por ejemplo, y el asesinato de los reales o supuestos soplones—, Lurgio Gavilán instala al lector en el corazón de la locura ideológica y la crueldad vertiginosa que vivió el Perú, en los años ochenta, sobre todo en la región de los Andes centrales, por la guerra que desató Sendero Luminoso. Lo que comienza como un sueño igualitario de justicia social, se convierte pronto en un aquelarre de disparates sectarios y brutalidades ilimitadas. A diario hay sesiones de adoctrinamiento en las que los guerrilleros leen —en voz alta para los que no saben leer— folletos de Stalin, Lenin, Marx y Abimael Guzmán y cantan marchas revolucionarias. Al principio, los campesinos ayudan y alimentan a los guerrilleros, pero, luego, estos imponen esta ayuda por la fuerza, y, a la vez, ejecutan matanzas colectivas contra las comunidades rebeldes a la revolución, que apoyan a los ronderos. Al mismo tiempo, ahorcan o fusilan a sus propios compañeros sospechosos de ser “soplones”. Todos viven en la inseguridad y el temor de caer en desgracia, por debilidad humana —robar comida, por ejemplo— pues el castigo es casi siempre la muerte.

El salvajismo no es menor entre los soldados que combaten a los terroristas. Los derechos humanos no existen para las fuerzas del orden ni se respetan las más elementales leyes de la guerra. Los prisioneros son ejecutados casi de inmediato, salvo si se trata de mujeres, pues a estas, antes de matarlas, las llevan al cuartel para que cocinen, laven la ropa y sean violadas cada noche por la tropa.

Cuba: La desoladora situación habitacional, por Osmar Laffita Rojas.

La tabla de salvación para la gran mayoría es el ansiado subsidio que tal vez algún día les otorgue el Estado, para evitar que sus destartaladas casas terminen de derrumbarse. La otra opción es que algún familiar emigrado se apiade y les mande de Miami algún dinero antes de que les caiga el techo encima.

Si cada 20 minutos solo una mujer fuera violada en la India... sería una buena noticia, por Josu Mezo.

¿Por qué digo que es una estadística estúpida e incomprensible? Pues porque, como ya he explicado otras veces, en sí misma no dice nada. Si no hacemos algunos cálculos mentales, la cifra de una violación cada 20 minutos está completamente vacía de contenido. Por ejemplo, si yo les dijera que en España hay una violación cada hora, o en Portugal una al día (cifras inventadas). ¿Son esos datos mejores o peores que los de India? ¿En qué país sería peor la situación de las mujeres y en cual mejor? Imposible saberlo sin hacer varios cálculos mentales (o con calculadora) teniendo en cuenta las poblaciones respectivas.

De hecho, la prueba de que es una estadística incomprensible es que los periodistas que la reproducen no se han percatado de que una violación cada veinte minutos sería un dato bastante "bueno". En efecto, una violación cada veinte minutos equivale a tres a la hora, 72 al día, y 26.280 al año. En un país de 1.240 millones de habitantes, esto representaría una tasa anual de 2,11 violaciones por 100.000 habitantes.

La cifra: la subvención a las televisiones públicas, por Andrés Betancor.

En el año 2011, según el informe económico-social de la CMT (Más información), el importe total de las subvenciones percibidas por las televisiones públicas en España ascendió a los 2.334,5 millones de euros. A título puramente ilustrativo, el gasto público presupuestado en atención a la dependencia en España ascendió gradualmente desde los 3.809 millones de euros en 2007 hasta los 8.004 millones de euros en 2011. Esto significa que el gasto en televisiones representa casi un tercio del gasto en dependencia. La política por encima del interés de los ciudadanos. Estoy seguro que si a los ciudadanos se les diera a elegir en qué gastar su dinero, no elegirían las televisiones cuando se podría destinar a la dependencia. El gasto social se podría mantener si se administrase mejor el gasto político-burocrático-administrativo. Si se hicieran recortes en este ámbito seguro que no habría problemas para mantener aquél.


Innovation: Where Can We Go From Here? A Lot Of Places, Actually. 

Just when you think that we’ve innovated all that we can, something new comes along and completely blows our mind. It could be an advancement in hardware, software or just a new way of thinking of things. Humans are pretty resilient when it comes to thinking up new things to tinker with and making our lives easier.

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