Héroe, 20 de octubre: Cándido Cuña González



El 20 de octubre de 1983, un día después de la aparición del cadáver del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Rentería (Guipúzcoa) al panadero CÁNDIDO CUÑA GONZÁLEZ.
Cándido estaba en el Bar Tres Cepas, un bar de la calle Zubiaurre al que iba habitualmente, jugando en la máquina tragaperras. En ese momento se encontraban en el local el hijo del dueño y la madre de éste. A las 18:45 dos terroristas le llamaron desde la puerta, y le dispararon a bocajarro. Algunas versiones hablaron de que, una vez en el suelo, fue rematado por otro disparo. En el lugar de lo hechos se recogieron dos casquillos del calibre 9 milímetros parabellum marca SF y una bala marca Geco. Dos de sus hijos, de 22 y 19 años, fueron de los primeros en llegar al lugar del crimen.
El asesinato de Cándido hay que enmarcarlo, una vez más, en la campaña de la banda contra los supuestos o reales colaboradores de las Fuerzas de Seguridad, campaña que le sirvió a ETA para realizar una auténtica limpieza étnica, una caza de brujas contra todos aquellos vascos no nacionalistas que, a la larga, les ha permitido tener un censo a la medida. Para ETA y su entorno, tan culpable como la banda, cualquier vasco no nacionalista era tachado de ser antivasco y pasaba a convertirse en objetivo potencial de los pistoleros. En el caso de Cuña González la acusación se basaba, como tantas otras veces, en un dato absurdo y ridículo. La "colaboración" de Cándido con la Policía había consistido en vender pan a los agentes de la Guardia Civil del cuartel de Pasajes, igual que hacía con otros muchos clientes.
Por vender pan a miembros de las Fuerzas de Seguridad durante una huelga general, Cuña González había tenido problemas unos años antes con el entorno proetarra, preludio del atentado de la banda que sufrió el 21 de abril de 1979. Ese día, fue tiroteado cuando salía de su domicilio a las seis de la mañana y alcanzado por ocho proyectiles. Quedó gravemente herido y permaneció varios meses en el hospital, aunque consiguió salvar la vida. Tras este primer intento de asesinato, en círculos políticos de Rentería se comentó que Cándido colaboraba con la Policía. Por este atentado la Audiencia Nacional condenó en 1981 a José María Zubiaurre Portugal a 17 años de prisión.
Pese a esos rumores y al atentado sufrido, vecinos de la víctima declararon que Cándido Cuña no tomaba especiales medidas de precaución. "Era muy alegre, andaba tranquilamente por los bares de la zona. En ocasiones iba solo, y en ningún momento trataba de esconderse o de adoptar actitudes de especial cautela".
Sin embargo, el segundo intento de asesinarlo sí tuvo éxito. Tras ser tiroteado en el Bar Tres Cepas, Cándido fue trasladado gravemente herido al Hospital de la Cruz Roja, donde los médicos sólo pudieron certificar su muerte a causa de dos impactos de bala recibidos en la cabeza.
La comisión permanente del Ayuntamiento de Rentería, con los votos de PSE-PSOE, PNV y EE, y la ausencia de Herri Batasuna, condenó el "terrible asesinato de Cándido Cuña González" e invitó a los vecinos a asistir al funeral. Manuel Fraga declaró que ya bastan las "palabras, es hora de pasar a los hechos" y la junta directiva del Gremio de Panaderos condenó el "vil asesinato" y anunció que el día 23 no habría pan en señal de protesta.
El 22 de octubre a las 15:30 horas se celebró en una abarrotada parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Rentería el funeral por Cándido Cuña González, presidido por el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, y concelebrado por cuatro sacerdotes. Asistieron políticos socialistas como Enrique Casas, Txiki Benegas y Enrique Múgica, además de concejales del PNV y del PSE-PSOE de la localidad guipuzcoana. Posteriormente los restos mortales de Cándido fueron enterrados en el cementerio de Rentería. Ese día la plaza del Ayuntamiento y las calles próximas aparecieron sembradas de octavillas con el texto "ETA ez. Vosotros terroristas sois los fascistas".
Ese mismo día ETA militar reivindicó el asesinato de Cándido Cuña, acusándolo de ser un confidente y de haber testificado en un juicio contra un terrorista de la banda. Lo que para todo el mundo es un deber ciudadano, para ETA se convertía en un motivo para asesinar. ETA aprovechó el comunicado de reivindicación para enviar un recado amenazante a todos los supuestos confidentes, a los que conminaba a abandonar el País Vasco.
Cándido Cuña González, de 46 años, era panadero de profesión y socio desde hacía cinco años de una cooperativa panadera del barrio Molinao de Pasajes, a dos kilómetros de Rentería.  Además, Cándido era muy conocido por haber trabajado como cartero de Rentería. Natural de Galicia, vivió una temporada en Burgos, donde se casó, aunque llevaba residiendo en Guipúzcoa veinte años. Estaba casado y tenía tres hijos, de 26, 22 y 19 años.

Entrevista a Steven Pinker por Daniel Arjona

El Cultural.


Asesinatos, violaciones, torturas, ataques preventivos, guerras, genocidios. Nuestra era regó el tronco de la civilización con la sangre de millones de víctimas y parece justo premiarle con el título a la más violenta de la historia. Pero las metáforas no resisten bien la realidad. Reservemos la tétrica medalla y suspiremos aliviados. Nunca época alguna fue más pacífica que la nuestra. Es la tesis a la contra del psicólogo y neurocientífico de Harvard Steven Pinker plasmada en su libro Los ángeles que llevamos dentro, que publica Paidós la semana próxima. Nacer en el sangriento siglo XX fue cinco veces más seguro que hacerlo en una idílica comunidad tribal. Pero esperen, el asombro acaba de empezar.


El optimismo siempre tuvo mala prensa. Desalojado lo positivo de las portadas de los periódicos por una interminable secuencia de perros que muerden niños y niños que muerden perros, la pesadumbre anegó ideologías y modos de pensamiento, estudios y políticas. Gramsci clamó desde la cárcel por el optimismo de la voluntad pues a una razón que curioseara honestamente en torno suyo sólo le cabía el pesimismo. Pero, de pronto, la ciencia brindó una insospechada zapa al optimismo a golpe de razón.

Una nueva generación de científicos ha peleado en las últimas décadas por recuperar la poco fotogénica defensa del progreso humano. El psicólogo cognitivo Steven Pinker (Montreal, 1954) es uno de ellos. En 1981 quedó atónito al toparse con unas gráficas que mostraban que la Inglaterra del siglo XX era un 95% más pacífica que la del XIV. De 110 homicidios anuales cada 100.000 personas se había pasado a 1. Sólo 1. Cómo no tirar de ese hilo, un hilo que se convirtió en tela de araña que atrapó a todo el planeta y a la totalidad de la historia humana en forma de un libro sobre el declive de la violencia: Los ángeles que llevamos dentro.

De sus más de mil páginas, las primeras 628 forman filas como una fortificada legión de datos, gráficas y fuentes que dan fe de un vertiginoso descenso de la violencia desde las sorprendentemente belicosas sociedades de cazadores recolectores hasta nuestro muy pacífico presente. El ejército documental nunca fue más necesario para probar una afirmación que, al ser mencionada en una cena de amigos, suscita, en los mejores casos, sonrisas escépticas. 

Pregunta: ¿De qué forma les explicamos que, como usted afirma, “vivimos en la socidad menos violenta de la historia”?
Respuesta: Sus amigos deberían recordar dos lecciones de las clases de matemáticas. La primera es que la estimación de una tasa necesita tanto de un numerador como de un denominador. En el caso de las tasas de violencia, este último sería el número de ocasiones en que la violencia se produce. Sus amigos nunca ven a un reportero informando desde una ciudad pacífica de que, “por vigésimo tercer año consecutivo, no ha habido guerras en Nicaragua (o en Angola, Vietnam o Bangladesh)”. Las noticias tratan de cosas que ocurren, nunca de las que no ocurren. Tampoco vemos a nadie a la puerta de un hospital anunciando: “Siete personas han muerto hoy de viejas”. La segunda lección matemática es que una tendencia consta de, como mínimo, dos puntos en el tiempo, nunca de uno. Afirmar que “hay violencia hoy, luego el mundo es más violento que nunca” es la consecuencia de estos dos sencillos errores. En realidad, todas las estimaciones sobre el número de guerras y de muertos muestran un pronunciado descenso.

El sesgo de la memoria

P: ¿Qué tipo de autoengaño nos permite pensar que la violencia ha aumentado?
R: La gente calcula probabilidades a raíz de los ejemplos que puede recordar. Pero la memoria humana está sesgada y favorece la retención de episodios personales vívidos y tórridos. Recordamos las explosiones y la sangre, pero no tenemos mentalmente presente a toda la gente que ha muerto en paz. Además, nuestra mentalidad cambia, y nos hace más sensibles a la violencia que aún permanece. Hace 200 años, nadie hubiera considerado la pena de muerte como una forma de violencia -lo habrían llamado justicia-, y albullying entre menores lo habrían llamado chiquilladas. Sin embargo, hoy nos preocupa mucho más, y por eso vemos más violencia a nuestro alrededor.

P: La idea del buen salvaje rousseauniano que pintó como idílicas a las sociedades tribales es de nuevo el centro de sus ataques. ¿Qué debiera asustarnos más, vivir una guerra entre tribus o una guerra mundial?
R: Hablando proporcionalmente, las posibilidades de morir en batalla están en el mismo rango. En conjunto, vivir en el siglo XX resultaba al menos cinco veces más seguro que vivir en una sociedad tribal. 

P: ¿Rousseau es el enemigo público número uno?
R: Como todos los grandes pensadores, tenía ideas de diversa índole. Algunas de ellas eran erróneas -como el mito del buen salvaje- o incluso peligrosas -como la visión romántica de los cambios revolucionarios-, pero otras de sus ideas eran humanas -como que los niños deben ser educados en vez de castigados- e importantes -como sus novelas en las que suscita la empatía del lector.

El peso de la cultura

En 2002, en su monumental La tabla rasa (Paidós, 2005), Pinker desmontaba la creencia de que la cultura trabaja como un alfarero y moldea a voluntad una naturaleza humana no muy diferente de un bloque de plastilina. La evolución y la genética se alzaban como los principales responsables de nuestra conducta. En aquel libro fascinaba, por ejemplo, el relato de aquel par de gemelos univitelinos que, separados al nacer y criados por familias completamente diferentes, descubrían al encontrarse, ya en la edad madura, no sólo que vestían igual, escuchaban la misma música y votaban al mismo partido sino que... ¡ambos estornudaban en el ascensor cuando lo encontraban atestado! Pero, ¿y ahora? Si nuestros genes violentos pueden someterse, ¿es que ha mejorado su valoración del peso de la cultura en la conducta?
R: No es cierto, La tabla rasa no afirmaba que la cultura fuese irrelevante, sino que el error estriba en considerar que la cultura y la naturaleza humana son alternativas. La tabla rasa mantenía una amplia discusión sobre la cultura -incluido un capítulo entero dedicado al asunto-, pero argumentaba que la cultura no es una fuerza autónoma que se escriba sobre una tabla rasa o sirva para moldear una arcilla, sino que emerge como resultado de que la gente comparte el conocimiento entre sí y trabaja para alcanzar acuerdos acerca de cómo vivir.

Las cinco fuerzas pacificadoras

P: ¿Y cuál ha sido esa estrategia cultural que ha logrado encadenar a nuestros peores demonios?
R: Identifico cinco esenciales fuerzas pacificadoras: el gobierno, que penaliza la agresión; el comercio, que hace que otras personas sean más valiosas vivas que muertas; el cosmopolitismo, que anima a la gente a empatizar con los demás; la feminización, que devalúa al machismo y a las culturas violentas basadas en el honor, y la expansión de la razón, que considera la violencia como un problema cerca de su resolución.

P: Afirma que el intercambio comercial es un beneficioso agente pacificador. Hoy, en plena crisis mundial, con los mercados en el centro de todas las críticas, ¿cómo se atreve a reivindicar su fuerza civilizadora?
R: ¿Ha invadido Alemania a Grecia a causa de la crisis? ¿Irá Gran Bretaña a la guerra contra España? ¿Están China y Estados Unidos a punto de enfrentarse en una guerra? La reducción de la violencia no significa que todos los problemas humanos se vayan a evaporar mágicamente, o que las tensiones y conflictos vayan a desaparecer. Únicamente significa que no van a derivar en batallas con tanques e intercambios de artillería, como ocurría en el pasado.

P: Heinrich Heine escribió que las ideas de un solitario pensador pueden destruir civilizaciones. Pero usted afirma que otras ideas, como las de Kant, pueden también mejorarnos.
R: Tristemente, es mucho más fácil para un solo individuo -un Hitler, un Stalin, un Mao- provocar un gran daño que hacer mucho bien. Muchas de las fuerzas benévolas que describo han aparecido a través de cambios graduales de mentalidad que, poco a poco, se han extendido entre la población, pero no debido a la influencia de un solo pensador o líder. Pese a ello, existen algunos pensadores heróicos en lo que respecta a la reducción de la violencia. Citaré tres ejemplos: Cesare Beccaria, cuyo análisis de los castigos criminales ayudó a abolir torturas detestables; los forjadores de la Declaración de la Independencia y la Constitución de EE.UU., que establecieron la conveniencia de la democracia liberal, y Mahatma Gandhi, que explicó la lógica de la resistencia no violenta.

El fracaso del terrorismo

P: España ha sufrido durante muchos años la ideología violenta de la banda terrorista ETA. ¿Cómo podemos defendernos de las ideas asesinas?
R: La teoría comúnmente citada de que un cambio social progresivo sólo puede alcanzarse mediante la violencia es verdaderamente una idea criminal, y no responde a los hechos. La inmensa mayoría de los movimientos terroristas no logran ni uno solo de sus objetivos. Que no haya un estado vasco independiente es uno de tantos ejemplos (tampoco hay en Quebec, Palestina, Kurdistán, Tamil, Eelam...). Además, un reciente estudio ha mostrado que los movimientos de resistencia no violenta, como los de Filipinas, Suráfrica y Egipto, tienen el triple de posibilidades de conducir a cambios de régimen que los movimientos de resistencia violenta. Me gusta pensar que, si estos hechos fuesen más conocidos, habría menos movimientos violentos.

P: Precisamente el mundo musulmán es hoy uno de los focos principales de violencia. ¿Es usted optimista sobre el resultado de las revoluciones árabes? ¿Qué quedará? ¿Democracia o fanatismo religioso?
R: Nadie lo sabe, pero la historia nos enseña que, cuando se pone en marcha una campaña mundial para eliminar alguna práctica violenta, a largo plazo triunfa. La esclavitud fue una vez legal en todas partes del mundo, y los movimientos abolicionistas del siglo XVII podrían haberse tachado de románticos e inútiles. No triunfaron inmediatamente -en EE.UU., hubo una Guerra Civil por este asunto-, sino que fueron gradualmente conquistando el mundo, incluidos los países islámicos, como Arabia Saudí o Yemen, donde no la abolieron hasta 1962, y Mauritania, que fue el último Estado en abolirla, en 1980. Lo mismo puede ocurrir con las campañas contra las dictaduras, la guerra y la violencia contra las mujeres: llevará algún tiempo que penetren en las zonas más atrasadas del mundo, pero la historia está de su lado.

Seis tendencias, cinco fuerzas históricas, cinco demonios interiores y nuestros cuatro mejores ángeles completa el estudio de Pinker, una narración bien divertida, pese a los muestrarios de torturas y las efusiones sanguíneas, en la que por primera vez se registra qué hemos hecho bien después de todo.

Moralistas y activistas

P: ¿Es esa su última provocación, que a estas alturas del partido el Bien gana por ahora al Mal?
R: Hay un principio general de la Psicología según el cual el Mal es psicológicamente más poderoso que el Bien. Prestamos más atención, y nos afectan más los acontecimientos malos que los buenos, incluso cuando los buenos son intensos. Las críticas duelen más de lo que ayudan los elogios. La gente detesta perder más aún de lo que disfruta ganar. Resulta fácil imaginarse en un estado mucho peor al actual que en otro mucho mejor. Además, los moralistas y activistas políticos tienen incentivos para decir que las cosas son terribles y están empeorando; de otra forma, ¿quién los escucharía?”.

P: Tiene fama de ser un pensador a la contra. ¿Le gusta sentirse un destructor de mitos?
R: Como psicólogo, soy la peor persona posible para evaluar mi propio rol. Aunque, en el fondo, me gusta pensar que estoy buscando verdades, explicaciones y entendimiento. Lo que a veces implica criticar mitos que veo que se interponen en el camino hacia la comprensión. Pero mi motivación primaria tiene más de positiva (explicar cosas) que de negativa (criticar cosas).


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Website de Jorge Elías Alva Hurtado, Dr. Ing.

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El PIB español desde 1850, por Kiko Llaneras

Politikon.


La semana pasada zerohedge publicó un gráfico sobre la crisis de España que corrió como la pólvora. El gráfico representaba las tasas de crecimiento de nuestro PIB desde 1850 y se resumía con un dato desolador: España vive su peor recesión desde la guerra civil.
El dato es cierto (y terrible), pero el gráfico es algo tramposo.
La gráfica mostraba la variación relativa del PIB y no su valor absoluto, lo que viene a ser contar la mitad de la historia —es como si os dijera que me han bajado el sueldo a la mitad, pero no aclaro si mi sueldo inicial eran mil o diez mil euros—. Representar una variación (una derivada) es útil para seguir los cambios a corto plazo de una variable, en este caso el PIB, pero no tanto para un análisis con perspectiva histórica.
Por eso he acompañado el gráfico original con un segundo gráfico, que muestra el PIB en términos absolutos, y que será por tanto un mejor reflejo de como ha evolucionado nuestra capacidad de producir riqueza en los últimos dos siglos.
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Nota. He representado los datos en PIB/capita. El PIB está expresado en términos reales (paridad de poder de compra y precios internacionales de 2000).
El segundo gráfico cuenta una historia distinta: España ha acumulado décadas de desarrollo apenas interrumpido, multiplicando su capacidad de producir riqueza y (con matices) nuestro bienestar material. Esa capacidad acumulada nos sirve de amortiguador frente a la crisis, porque sufrir una contracción del diez por ciento no tienen el mismo efecto sobre el bienestar en una economía de 20.000 dólares/capita que en una de 3.000 dólares/capita. Eso no evita que España enfrente la peor recesión desde la postguerra, y que nuestra economía vaya a retrotraerse cinco o diez años, quizás incluso más. Un retroceso que está teniendo consecuencias graves y que hay que combatir, pero sin olvidar que, aunque retrocediese al nivel de 2002, nuestro PIB será aún superior al que tuvimos en cualquier momento anterior de nuestra historia.
Pensaba en esto hace unos días, cuando el FMI dijo que España sufrirá una “década perdida”. Tengo la sensación de que todos estos malos presagios provocan una desesperanza peligrosa, comprensible, pero no del todo justificada. Pensad en Japón. El país nipón vivió una de estas “décadas perdidas” en los noventa —golpeado también por una burbuja inmobiliaria y una crisis bancaria—, pero sigue siendo el lugar del mundo con la mayor esperanza de vida. Además, Japón no solo se está reponiendo, sino que en su travesía por la recesión no ha dejado nunca de ser un país rico y un lugar próspero.
Los tiempos difíciles son motivo para trabajar duro, no para cruzarse de brazos.

Fueras de serie, de Malcolm Gladwell. 2008

El libro es interesante pero no me convence su tesis central, además de que no está defendida de manera adecuada. Sin embargo algunas de las ideas expuestas son muy interesantes y verdaderas. No lo incluyo entre mis libros favoritos, pero sí merece unos comentarios.

Aquí hay una entrevista con el autor hablando del libro. 

La tesis que defiende el libro es que los llamados fueras de serie*, Bill Gates por ejemplo, son debidos en mayor medida a las circunstancias que a la genética. Es otra opinión más al debate nurture versus nature. Pero creo que el razonamiento es errado por muchas razones. La primera, y más importante, es que la mayoría de los casos que se presentan son particulares, no hay estudios comparativos que recojan muchos casos, y tampoco hay pruebas de los muchísimos fracasos de otras personas que con unas condiciones similares no triunfaron. De hecho, si analizáramos la vida de cada una de las personas que han habitado la tierra, la mayoría nos parecerían fruto del azar, porque a cada uno de nosotros nos han pasado cosas que eran muy improbables que nos pasaran, ¡pero es que algo nos tenía que pasar! Cada hecho de la vida es único y excepcional. Pero no todos nos convertimos en fueras de serie, la mayoría destacamos lo justo o nada. Ni Bill Gates, ni Mozart fueron únicos en su preparación y su entorno, pero solo ellos han llegado a destacar de la manera que lo han hecho, por su genética, por lo que llevaban dentro. Como se dice en el libro: "Suerte es que te toque la lotería. A ellos (Joseph Flom y otros abogados) les dieron una oportunidad y la aprovecharon". 

Otro tema importante es que esos fueras de serie han desarrollado su carrera en un medio concreto con unas condiciones concretas, pero no sabemos como se hubieran comportado en otro medio y con otras condiciones.

Una vez acabado el libro tengo la duda de si hay sesgo en los datos mostrados. Mi respuesta es que sí, me parece que el autor en sus investigaciones se ha ido decantando por casos que defienden sus premisas iniciales.

No cabe duda de que las circunstancias importan, y que Bill Gates en el siglo XIX no hubiera podido desarrollar todo su potencial en la rama de la informática, aunque sí podría haber destacado de la misma manera en otro campo. Pero Bill Gates, por sus genes, en un entorno específico ha sido capaz de hacer lo que nadie ha hecho, crear una compañía que ha mejorado y facilitado la vida de cientos de millones de personas. Es decir, el genio se lleva dentro y no todos podemos serlo. En el mundo del deporte es clarísimo, hay muchos chicos que siguen los mismos entrenamientos, las mismas técnicas, la misma alimentación, y comparten muchas otras cosas, pero sólo unos pocos elegidos destacan y llegan a ser un deportista del nivel de Pau Gasol.

Estoy de acuerdo con que unas condiciones externas favorables hacen que haya personas que con las mismas capacidades que otras se desarrollen más, pero no más allá de sus propias capacidades. Por más que una persona entrene, no llegará nunca a jugar al fútbol como Messi ni a cantar como Frank Sinatra, ellos son unos fuera de serie por su talento. Aunque cuanto más trabajemos y practiquemos más cerca estaremos de nuestro techo, pero nunca podremos ir más allá. Es una pena.

Un ejemplo claro de que el entorno importa y que incluso las personas más dotadas genéticamente necesitan de un entorno favorable es el de los países divididos tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Corea. Sólo hay que comprobar como están ahora Corea del Norte y Corea del Sur para ver que el entorno importa, y mucho.

El propio autor escribe: "Nuestros fueras de serie se caracterizan por haber disfrutado de oportunidades... y haber tenido la fuerza y el ánimo de aprovecharlas". La genética manda, lo primero es necesario, pero sin lo segundo no sirven para nada las oportunidades para llegar a ser un fuera de serie.

A pesar de todo lo anterior hay una serie de ideas muy interesantes en el libro. La más destacada es la regla de las 10 000 (diez mil) horas, que se comenta en el capítulo II. La tesis es que para destacar en una disciplina hacen falta al menos 10 000 horas de practica. Estoy de acuerdo con esto, aunque quizá no todas las personas necesiten las mismas hora, sí parece que aunque seas un genio necesitas muchas horas de dedicación para poder destacar y llegar a ser un fuera de serie, aunque, por el contrario, si no eres un genio, y aun dedicando 10 000 horas, no llegarás a destacar como lo han hecho Mozart o Bill Gates. Indro Montanelli ya lo escribió en relación a Dalí:
En torno, los cuadros de las paredes testimonian la verdad de cuanto está diciendo (Dalí): las formas gráficas del alto Renacimiento, imitadas con inigualable perfección, documentan las monedas negras de sudor de este frenético trabajador que dedica dos horas diarias a exhibir su locura, pero que se pasa más de catorce ante el caballete, persiguiendo con implacable tenacidad escorzos de perspectiva, efectos de luz, armonías arquitectónicas, y, en suma, todo lo que el oficio puede procurar a la fantasía inventiva. Toda la grandeza de Dalí radica en esa industria artesana, casi académica, que nada tiene de la genial locura que se le atribuye, o por lo menos la sostiene con tan sólidos puntales que hace aceptar su engaño.
Estoy también de acuerdo con la idea de que la educación debe durar más, y las vacaciones de verano deberían de reducirse drásticamente. Es importante para los niños tener tiempo de jugar, disfrutar, y relacionarse con otros niños, pero una mayor disciplina en el estudio y una reducción del tiempo libre en vacaciones haría que mejorasen sustancialmente sus resultados académicos.

Mi pensamiento es que las condiciones externas importan, son necesarias para que surjan los fueras de serie, pero no son suficientes, Hace falta que esas condiciones afecten a personas genéticamente dotadas. No cualquiera destaca en todas las condiciones.

El autor escribe sobre lo desagradable que es comprobar de donde venimos: "William Ford puso sus lascivos ojos en la bisabuela de mi bisabuela en un mercado de esclavos de Alligator Pond, y la compró".

Para los que piensen que el mundo no ha mejorado, como sí pensamos Matt Ridley y un servidor, lean uno de los castigos a esclavos por intentar escaparse (p. 288): "Los fugitivos atrapados sufrían una cruel paliza, y a continuación se les frotaban las heridas abiertas con salmuera, zumo de lima y especias picantes. Otro esclavo defecaba en la boca del desdichado o desdichada, al que inmediatamente después se amordazaba por un tiempo entre cuatro y cinco horas".

*«Outlier» es un término científico para designar objetos y fenómenos que están por fuera de la experiencia ordinaria. En el verano, en París, esperamos que la mayoría de los días sean entre cálidos y muy calurosos. Pero imagine que hubiera un día en pleno mes de agosto en el que la temperatura bajara a menos de 0 °C. Ese día sería un «outlier», un fuera de serie. Y mientras que tenemos una buena idea de por qué los días de verano en París son cálidos o calurosos, sabemos mucho menos acerca de por qué un día de verano en París puede tener un clima helado. En este libro, me interesan las personas que son fueras de serie; aquellos hombres y mujeres que, por una u otra razón, son tan exitosos, tan extraordinarios y tan fuera de serie que son tan enigmáticos para nosotros como puede serlo un día gélido en pleno mes de agosto.