Sordinas al ajuste predominante por Carlos Rodríguez Braun

Expansión.


Tras unos presupuestos austeros que aumentan el gasto, conviene recordar que todos los políticos, en España y otros países, afrontan la consolidación fiscal diciendo que ajustan el gasto. No es verdad. Los que ajustan el gasto son las empresas y los ciudadanos. Los gobernantes, en cambio, suben primero y más los impuestos, y ajustan después y menos el gasto. Éste es el ajuste predominante, que se vende como un prudente equilibrio entre austeridad y crecimiento. Los economistas políticamente correctos creen que la reducción del gasto público es negativa para la economía, al profundizar la recesión. Los que levantamos la mano para protestar somos considerados extravagantes, cuando no ignorantes con respecto a la ciencia económica y ciegos con respecto a la realidad.
El economista Alberto Alesina, que es catedrático en Harvard, lleva tiempo defendiendo, ante la irritación del pensamiento único, que los ajustes fiscales son menos costosos en términos de actividad económica si descansan sobre la reducción del gasto público en lugar de sobre el aumento de los impuestos. En un reciente trabajo con otros dos colegas reafirma su tesis con datos de una quincena de países desarrollados. Los autores concluyen: "En especial, los ajustes por medio del gasto se asocian con recesiones suaves y de corta duración, y a menudo con ausencia de recesión. Por el contrario, los ajustes basados en subidas de impuestos son seguidos por recesiones prolongadas y profundas" (Alberto Alesina, Carlo Favero y Francesco Giavazzi, The output effect of fiscal consolidations, Documento de Trabajo Nº 18336 del National Bureau of Economic Research, agosto 2012, http://goo.gl/2tJuJ).
Las diferencias entre los ajustes son notables y no dependen de las políticas monetarias. Asimismo, "la heterogeneidad en los efectos de los dos tipos de ajuste fiscal se debe principalmente a la respuesta de la inversión privada, más que en el crecimiento del consumo". Ponderan la importancia de la previsibilidad y la reducción de la incertidumbre, de modo que la reducción del gasto público recaiga en los gastos corrientes y no de inversión, y no sea interpretada como temporal, tal como sucede en los ajustes actuales. Las reformas estructurales supply-side son importantes: "Las consolidaciones basadas en contención del gasto que han sido especialmente favorables al crecimiento han sido las que han venido acompañadas de reformas del lado de la oferta, liberalización de los mercados de bienes y trabajo, y moderación salarial".
Afirma Stiglitz en su último libro: "Un principio aceptado desde hace tiempo es que un aumento equilibrado de los impuestos y el gasto estimula la economía". Precisamente, Alesina y sus colegas rechazan ese principio: los datos indican, al revés de lo que proclaman los keynesianos, que los multiplicadores de los impuestos son mayores que los del gasto. Y está lejos de ser evidente que toda reducción del gasto público sea recesiva.
Los ajustes son menos costosos si se basan en reducir el gasto y no en subir los impuestos.

Víctimas, 6 de octubre: José Ángel Álvarez Suárez y Carlos Arberas Arroyo

Libertad Digital.


A las dos y diez de la tarde del 6 de octubre de 1989, el asesino de la banda terrorista ETA Francisco Javier Balerdi Ibarguren, empleado del grupo municipal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento, asesinaba en San Sebastián, de un disparo en la nuca, al policía nacional JOSÉ ÁNGEL ÁLVAREZ SUÁREZ mientras paseaba por el Casco Viejo de la ciudad, cerca del céntrico mercado donostiarra de la Brecha.
José Ángel disfrutaba de un día de permiso, por lo que paseaba tranquilamente, vestido de paisano y desarmado, cuando el pistolero de ETA se le acercó por la espalda y le pegó un único tiro en la cabeza. El etarra huyó en un coche aparcado cerca del lugar del atentado, donde le esperaban otros miembros de la banda, mientras el policía caía de bruces sobre la acera. La bala, mortal de necesidad, le atravesó la cabeza, siguiendo una trayectoria desde el maxilar derecho hasta la boca. El cuerpo de José Ángel Álvarez permaneció cubierto con una sábana hasta que el juez ordenó su levantamiento. A un metro escaso del cadáver había un cartel de Gestoras pro Amnistía, en el que se reclamaba solidaridad con los presos de ETA, que fue rasgado por los compañeros de la víctima.
Al funeral celebrado el 7 de octubre por la mañana asistieron los ministros de Interior, José Luis Corcuera, y de Justicia, Enrique Múgica. Al término de la ceremonia religiosa, Corcuera aseguró que "dentro de poco, algunos de los que cometen estas barbaridades o de su entorno nos pedirán protección, al Cuerpo Nacional de Policía o a la Ertzaintza, porque los ciudadanos de los pueblos de Euskadi les correrán a gorrazos".
El Ayuntamiento de San Sebastián convocó para el día siguiente de su asesinato una manifestación de condena, apoyada por todos los grupos políticos salvo Herri Batasuna, lo que si normalmente no resultaba extraño en la coalición proetarra, esta vez lo era mucho menos, puesto que el pistolero de ETA Balerdi Ibarguren, detenido en junio de 1992, tenía tanta relación con Herri Batasuna que estuvo trabajando durante meses en el grupo municipal de la formación proetarra en el Ayuntamiento de la ciudad. El caso de Balerdi Ibarguren, que muestra a las claras la simbiosis entre ETA y su brazo político, se llame este como se llame, fue un auténtico escándalo, además de ser un caso extraño dentro de la estructura de la banda asesina, puesto que actuaba como un liberado, cometiendo atentados y ayudando a cometer otros, al tiempo que mantenía su vida y su actividad normal como militante y empleado de HB en el Ayuntamiento de San Sebastián.
Era la primera vez que el consistorio donostiarra organizaba oficialmente una manifestación de condena por el asesinato de un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, algo que destacaron varios medios de comunicación. El 7 de octubre por la tarde unas dos mil quinientas personas recorrieron las calles de la ciudad bajo el lema "Paz ahora y para siempre".
El asesinato de José Ángel Álvarez se produjo cuatro días antes del inicio oficial de la campaña para las elecciones generales del 29 de octubre de 1989. Por este motivo, el 7 de octubre los obispos vascos hicieron pública una pastoral que, bajo el título "Una decisión responsable", pedían a sus feligreses que no votaran a Herri Batasuna. El resto de la campaña electoral transcurrió sin más víctimas mortales.
Por sentencias dictadas por la Audiencia Nacional, fueron condenados a sendas penas de 30 años de reclusión mayor Francisco Javier Balerdi Ibarguren (en 1994) y Jesús María López González (en 1999) como responsables en concepto de autores de un delito de atentado con resultado de muerte, y con las circunstancias agravantes de premeditación y alevosía. El tribunal consideró hechos probados que, siguiendo las directrices de la cúpula de la banda ETA, López González encargó a Balerdi Ibarguren que asesinase a José Ángel Álvarez, para lo que le entregó una pistola y le señaló a la víctima cuando paseaba por San Sebastián. Balerdi Ibarguren acumula condenas que suman 120 años de prisión por atentados cometidos hasta 1992. López González fue expulsado por México en 1998, donde vivía refugiado en situación irregular. En el asesinato de José Ángel participó también el etarra Ignacio Ormaechea Antepara, que no pudo ser juzgado al morir en un enfrentamiento con la Guardia Civil en agosto de 1991.
José Ángel Álvarez Suárez, de 31 años, estaba casado y era padre de una niña de 5 años. Pertenecía desde hacía tiempo al servicio de escoltas de personas amenazadas por ETA, aunque últimamente no tenía asignado un servicio específico. Tiempo atrás había escoltado al diputado guipuzcoano del PSE-PSOE Ángel García Ronda. Era natural de Socil (León), una pequeña localidad de no más de cuarenta vecinos, que asistieron conmocionados al entierro de José Ángel. Uno de los familiares comentó los motivos por los que la víctima ingresó en la Policía: "¿Qué iba a hacer? La solución es quedarse a vivir aquí como agricultor o eso, meterte en la Policía. Es la solución de los pobres, eso o el paro" (Diario de León, 07/10/1989).
Un año después, el 6 de octubre de 1990, la banda terrorista ETA asesinaba en un bar de Plencia (Vizcaya) al empresario CARLOS ARBERAS ARROYO, que regentaba el restaurante Batela en esa localidad. El atentado terrorista se cometía horas después de que miles de personas convocadas por Herri Batasuna (HB) pidiesen en Bilbao la negociación entre ETA y el Gobierno como el camino para conseguir la paz en el País Vasco.
Carlos Arberas fue asesinado a las 22:45 horas mientras tomaba una consumición en la barra del Bar Zabala, próximo a la estación de ferrocarril de Plencia. Dos terroristas a cara descubierta irrumpieron en el interior del establecimiento y, sin mediar palabra, se dirigieron hacia Carlos y efectuaron varios disparos, de los que cuatro alcanzaron a la víctima –dos en la cabeza, uno en el costado izquierdo y otro en el brazo izquierdo–. Su cuerpo sin vida quedó tendido en el suelo en medio de un gran charco de sangre.
Una vez cometido el asesinato, los etarras abandonaron el recinto y se introdujeron en un vehículo aparcado en las inmediaciones, que había sido robado minutos antes en la misma localidad de Plencia, donde les esperaba un tercer miembro de ETA. Una de las personas que se encontraba en el bar salió en persecución de los asesinos justo cuando los etarras emprendían la huida en el vehículo. Los ocupantes hicieron un disparo intimidatorio dándose a la fuga en dirección a la localidad de Barrica. El vehículo utilizado, un taxi, fue encontrado por la Policía en el alto de Goyerri.
En el lugar de los hechos la Ertzaintza, que se personó en el bar a los pocos minutos de cometerse el asesinato, encontró seis casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum. La Policía Autonómica no notificó los hechos a la Guardia Civil hasta las dos y media de la madrugada, cuando ya habían pasado cuatro horas, lo que impidió que se pudieran establecer los controles habituales para intentar detener a los asesinos de Carlos Arberas (ABC, 08/10/1990).
El autor material del asesinato de Carlos Arberas, según el Ministerio del Interior, fue Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, un etarra con dieciocho muertos a sus espaldas, además de setenta heridos.
Carlos Arberas Arroyo, de 43 años de edad, que regentaba el restaurante Batela en Plencia, era vecino de Erandio (Vizcaya). Estaba casado y era padre de tres hijos. Años antes había trabajado como vigilante de seguridad en las obras de la central nuclear de Lemóniz. A la víctima no se le conocía vinculación política ni relaciones con el mundo de la droga, dos argumentos tradicionalmente utilizados por la banda para justificar sus asesinatos. Hacía pocos meses, el 10 de junio, ETA había asesinado en un bar de Guecho a Rafael San Sebastián y, posteriormente, la banda lamentó el "error" cometido. Durante los meses siguientes siguió la campaña intimidatoria de la banda contra locales y bares de diferentes localidades. En el caso de Carlos Arberas, no se saben los motivos que llevaron a la banda terrorista ETA a asesinarlo y tampoco hubo, con el paso del tiempo, un reconocimiento de que hubiesen cometido un "error".



España paga a Polonia 40 millones de euros por CO2 por Antón Uriarte

CO2.




La noticia, que transmiten Reuters y Efe, solamente se publica en un periódico de Extremadura (Hoy).

Existe en España una connivencia para no decir nada desagradable sobre el Protocolo de Kioto. Al fin y al cabo fue firmado por el gobierno de Aznar y ensalzado por el gobierno de Zapatero. Aplaudido durante toda la década por el periodismo en general y jaleado por los grupos ecologistas, que han sido claves en España para fomentar el "decrecimiento" de la economía ... ese camino que a Romney, con toda razón, no le gustaría seguir.

En cambio, a pesar de que Polonia es el país europeo que mejor ha sorteado la crisis y que proporcionalmente más carbón usa en la producción de electricidad (el 90 %), el Protocolo de Kioto le ha resultado un gran negocio. En una hábil negociación (lo que le faltó al trío ecologista Aznar, Rajoy y Matas, en el gobierno español cuando se ratificó) obtuvo el permiso de emitir más CO2 de lo que necesitaba y de poder vender lo que le sobraba. Uno de sus principales clientes ha sido España, cuyos gobiernos se han gastado ya la "broma", —expresión irónica del ministro Arias Cañete en el Congreso—, de unos 800 millones de euros en comprar a otros gobiernos derechos de emisión de CO2.

Un escándalo silenciado por todos.


España compra a Polonia derechos de emisión de CO2 por 40 millones de euros. hoy.es
Arias Cañete defiende que la reforma energética lucha contra el cambio climático


España, capital Madrid por César Molinas


Detalle de Madrid en 1561. vista del real Alcázar de lso Austrias, residencia de Felipe II en Madrid / ALBUM ORONOZ



Desde muy antiguo, los humanos eligieron para establecerse lugares próximos al mar o a ríos navegables. La razón principal era el transporte: en ausencia de autopistas, ferrocarriles y aeropuertos, el agua ofrecía el medio de transporte más rápido, barato y seguro. Como no podía ser de otra manera, junto a las mercancías navegaban también las compañeras inseparables del comercio: las ideas y las innovaciones. Las principales capitales europeas —Londres, París, Berlín, Roma, Viena, Budapest, Moscú…— tienen acceso inmediato al transporte marítimo o fluvial. La excepción es Madrid, que, sita en un altiplano, está a varios centenares de kilómetros del agua navegable más cercana. La villa del Manzanares tiene otra característica geográfica relevante: con 655 metros de altura media, Madrid está más alta que Berna o que Vaduz. Es, después de Andorra la Vella, la capital más alta de Europa, dato que ilustra bien la penosa dificultad de sus accesos.
 ¿Quién tuvo la ocurrencia de situar la capital en un lugar de geografía tan adversa? La historia cuenta que fue Felipe II, atendiendo al consejo de su padre de que estableciese una capital fija. A priori, el Austria tenía tres posibilidades obvias: Sevilla, Lisboa y Barcelona. La última se descartó, probablemente, por razones políticas, porque, tras el aplastamiento de la revuelta de los comuneros, el rey tenía mucho más poder en el reino de Castilla que en el de Aragón. Lisboa podía parecer de incorporación demasiado reciente. ¿Y Sevilla? ¿Por qué, en plena empresa americana, no se estableció el monarca en Sevilla? Especulando con la psicología de un personaje que, puestos a instalarse en el centro de la Península, decidió hacerlo no en Toledo, sino en Madrid —a la sazón, tercera población de Castilla, pero que no tenía obispo—, puede aventurarse que Felipe II no quería tener cerca a nadie que pudiera hacerle algo de sombra, hipótesis esta avalada por el hecho de que, no satisfecho con la soledad del páramo madrileño, el soberano decidió encaramarse al risco de El Escorial, en donde aún reposan sus restos.