Víctimas, 12 de septiembre: Carmen Tagle González y Luis Reina Mesonero

Libertad Digital.


A primera hora de la tarde del 12 de septiembre de 1989, los etarras Henri Parot y Jacques Esnal, con información suministrada por Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, acribillaron a tiros a través de la ventana de su vehículo a CARMEN TAGLE GONZÁLEZ, fiscal de la Audiencia Nacional.
La fiscal Tagle desempeñaba fundamentalmente la acusación pública en sumarios sobre atentados de la banda terrorista ETA en la Audiencia Nacional. De hecho, y tal como declaró Parot ante la Guardia Civil, la decisión de asesinar a Carmen Tagle estuvo directamente relacionada con el interrogatorio en Francia de José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, alias Josu Terneray Santiago Arrospide SarasolaSanti Potros. Al mismo, que tuvo lugar en mayo de 1989 -cuatro meses antes de su asesinato-, la fiscal acudió acompañada del juez Baltasar Garzón y del comisario Pedro Díaz-Pintado. Josu Ternera se negó a declarar en español, salvo para decir, mirando a Tagle: "Cuando hablemos de las torturas que practican contra nosotros en las cárceles españolas, entonces hablaremos de eso" (en respuesta a una pregunta previa sobre si asesinar a un niño de dos años era su forma de luchar por la independencia). En otro momento, el asesino dijo que no reconocía la jurisdicción española y que no pensaba contestar a las preguntas, a lo que Tagle comentó en voz baja a Díaz-Pintado: "¡Valiente hijo de puta!", frase queJosu Ternera debió de oír "porque se volvió y le clavó una mirada... que no se me ha olvidado nunca", según contó Garzón (Pilar Urbano, El hombre que veía amanecer, Plaza y Janés, 2000).
Ese 12 de septiembre, en torno a las 15:15 horas, la fiscal Carmen Tagle se disponía a entrar en el garaje de su domicilio en la calle Julio Palacios de Madrid. Pese a que estaba amenazada, algo que había comentado con compañeros y amigos la semana antes a su asesinato, no disponía de escolta. Había salido de la Audiencia Nacional con María Dolores Márquez de Prado, su colega y amiga, a la que trasladó a su domicilio, en la calle Pío XII. De ahí se encaminó al suyo, donde Parot y Esnal aguardaban en el interior de un vehículo aparcado en las inmediaciones. Mientras la fiscal esperaba a que se abriera la puerta del garaje, Parot le disparó a bocajarro en la cabeza a través de la ventanilla, que tenía bajada. Carmen Tagle recibió varios impactos de bala, uno de ellos en la nuca, y falleció en el acto. En el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos del calibre 9 milímetros parabellum.
En la zona en la que vivía la fiscal tenían también sus domicilios varios magistrados que, en el mismo lugar del atentado, criticaron duramente la decisión de retirar la escolta de varios de ellos, pese a que la Policía estaba en alerta ante la posibilidad de que ETA atentara en estas fechas próximas a las elecciones legislativas. Además, en recientes documentos de la banda terrorista se hacía referencia a la conveniencia de actuar contra los jueces. No obstante, Carmen Tagle no había tenido nunca servicio de escolta.
La Asociación Profesional de la Magistratura difundió un comunicado de repulsa tras el atentado en el que señalaba que atacando "frontalmente a la justicia imparcial e independiente" se puede llegar"directamente a medios extremos de defensa del Estado, asimismo indeseables". Jueces para la Democracia, por su parte, calificó el crimen de "una muerte más contra la democracia".
En 1991 la Audiencia Nacional condenó a Henri Parot a 30 años de prisión como autor material del asesinato de Carmen Tagle. En 1997, Jacques Esnal fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal de lo Criminal de París. En el año 2000, la Audiencia Nacional condenó, como inductor y cooperador necesario para cometer el asesinato, a Francisco Múgica Garmendia a los mismos 30 años que al autor material, Henri Parot. Múgica Garmendia no sólo suministró la información sobre los hábitos de la fiscal, sino que facilitó a los autores materiales el vehículo con el que cometieron el atentado. Durante la primera vista del juicio, Múgica Garmendia fue expulsado de la sala por dirigirse al tribunal y decirles que "para nosotros, todos vosotros sois Tagle".
Carmen Tagle González, de 44 años, era natural de Madrid y estaba soltera. Miembro de la Carrera Judicial desde once años antes, desde hacía cuatro su actividad profesional la desempeñaba principalmente en el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, cuyo titular era el juez Baltasar Garzón. La fiscal Tagle era una mujer valiente que solía expresar públicamente, cuando así se lo requerían, sus opiniones sobre la benignidad del ordenamiento legal hacia los asesinos de ETA. Un mes después de su asesinato empezó en la Audiencia Nacional el juicio contra los autores de la masacre de guardias civiles en la plaza de la República Dominicana de Madrid. El escrito de conclusiones había sido elaborado por la fiscal Tagle.
Apenas seis horas después del asesinato de Carmen Tagle en Madrid, la banda terrorista ETA asesinaba en Bilbao al pescadero LUIS REINA MESONEROmediante un paquete-bomba remitido a su nombre. Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche cuando Luis entró en el portal de su domicilio, en la calle Fica, y recogió un paquete del buzón. Debido a que había sufrido una embolia meses antes, que le había dejado secuelas en la vista y el oído, Luis se acercó el paquete a la cara para poder verlo mejor, momento en el que la bomba explotó. La deflagración le provocó graves heridas en el cráneo y el tórax. El artefacto contenía entre 150 y 200 gramos de explosivo y la explosión provocó también algunos destrozos en el portal.
El asesinato de Luis Reina se debió a un error de la banda asesina ETA. Su situación familiar, su estado de salud y la falta de motivaciones claras hicieron que la Policía barajase desde el primer momento la hipótesis de que se tratara de un error. En medio de la confusión, y como había hecho en otras ocasiones, el entorno proetarra intentó desviar la atención culpando a grupos de extrema derecha del atentado. De esta forma, pocas horas después del asesinato, el dirigente de Herri Batasuna, Jon Idígoras, señaló que Luis Reina era simpatizante de la coalición proetarra y que HB colaboraría en la organización del funeral. La familia desmintió inmediatamente que existiese ninguna vinculación de Luis con los proetarras, por lo que HB tuvo que aclarar que la víctima no tenía ninguna relación con ellos.
El 23 de septiembre, ETA se atribuyó el asesinato de Luis en un comunicado publicado por el diarioEgin, en el que calificaba de "equivocación y error irreparables" el atentado, por lo que hacían "la más seria y sincera autocrítica". La causa de la confusión se debía, según ese comunicado, a que un policía nacional tenía el mismo nombre que el pescadero, extremo que desmintió de forma tajante la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Chapuza tras chapuza de una banda chapucera y asesina.
El motivo real del error, según cuenta José María Calleja en su libro La diáspora vasca (Aguilar, 1999), es que la banda asesina habría confundido a Luis Reina, el pescadero, con el propietario de un concesionario de coches y motos de Bilbao, también apellidado Reina, que sí había recibido amenazas del entorno proetarra por vender coches a policías y responsables del Gobierno civil de Vizcaya. Tras las amenazas, Reina habría hablado con dirigentes batasunos para pedir explicaciones y para que le garantizasen que ETA no atentaría contra él. Habló, entre otros, con Txomin Ziluaga, que le prometió "tratar su caso para que no le pasara nada, consciente de que este hombre no merecía un atentado". Acudió, además, a Txema Montero, abogado de HB, que le garantizó que no le pasaría nada, y a Jone Goirizelaia, también abogada de la coalición proetarra, que le contestó que si "la organización" le había amenazado, era porque algo habría hecho. Cuenta Calleja que, pocos meses después de estos contactos, se produjo el asesinato de Luis Reina Mesonero, y que el propietario del concesionario se marchó del País Vasco.
Luis Reina Mesonero tenía 61 años y era propietario de una pescadería en el mercado de Abastos de Bilbao, ciudad en la que había nacido. Estaba casado y su mujer llevaba veintisiete añosimpedida en una silla de ruedas. El matrimonio tenía un hijo de 25 años que, desde que Luis sufrió la embolia, había pasado a hacerse cargo del negocio de la pescadería.

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La gran desigualdad por Carlos Rodríguez Braun

Libertad Digital.


Por recomendación de José Carlos Díez leo en La Vanguardia el texto"Alemania en la Gran Desigualdad", de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Berlín. Es un buen compendio de aspectos ampliamente compartidos del pensamiento único. Nada fascina más a la corrección política como que haya tanto porcentaje de la humanidad con tan poco porcentaje de la renta total, y viceversa. Sospecho que es porque así muchos progres pueden jugar a buenos Procustos, mientras que si se tratara de la enorme desigualdad en talento o belleza sería más complicado. Y desde luego lo que jamás les preocupa es la desigualdad entre el poder y sus súbditos.
Otra idea popular es la antropomorfización del capital. La tesis progre, que recoge Poch con destreza, es ésta:
A partir de los años setenta el Capital perdió el miedo a los factores que perturbaban, y moderaban, su sueño histórico de dominio y beneficio sin concesiones ni fisuras. Es entonces cuando, aprovechando la primera crisis del petróleo de 1973, se comienza a desmontar el pacto social de posguerra en los países del capitalismo central, pacto que incluía una cierta socialización de la prosperidad, lo que a su vez contribuía a ampliar el consumo y a alimentar el crecimiento. A partir de políticos como Carter, Reagan y Thatcher, eso se sustituye por un enfoque dirigido al enriquecimiento exacerbado de una minoría oligárquica: el enriquecimiento de los más ricos a expensas de trabajadores y clases medias.
Esto no tiene fundamento. En cambio, lo que sí pasó a partir de esa época es un fenómeno que la corrección política evitar analizar, y sobre el que Poch pasa púdicamente por encima denominándolo "la alternativa"; los ciudadanos perdieron el miedo al gran sueño histórico de dominio político: el socialismo real. Eso fue lo que pasó, y se coronó en la caída del Muro de Berlín. A partir de entonces el pensamiento de izquierdas clamó alarmadísimo ante el poder del capital, cuando lo que estaba pasando era lo contrario: el poder político crecía y se extendía a expensas del capital, el ahorro y el trabajo del pueblo. A cambio, se enriquecían las oligarquías políticas (el peso del Estado en la economía alcanzó niveles inéditos) y los grupos de presión que a su socaire medran.
En vez de pensar en esto, Rafael Poch solo ve aterrado la posibilidad de que el poder político sea cuestionado también en el mundo no comunista, y entonces incurre en las fábulas usuales: "Liberada de sus límites políticos, y desregulada, la nueva economía dio a su vez lugar a una orgía de especulación y corrupción". Lógicamente, hay que agitar siempre la amenaza paranoide: "Todo eso pudo realizarse gracias a una agresiva campaña ideológica financiada por nuevas instituciones vinculadas a las grandes empresas que colonizaron el poder político e impusieron, en la academia, en los think tanks y en los medios de comunicación, el discurso del desmonte paulatino del Estado social, y del papel del Estado en general, en beneficio de la empresa privada (privatización). El resultado fue un asalto general a la regulación y un enorme incremento de la influencia empresarial en la política". Un completo disparate que elude la realidad constatable de que el Estado no perdió peso en ningún país del mundo.
El artículo tiene interés por la sistematización de fantasías que lo pueblan: desde la amabilidad de la intervención política hasta el cántico al gasto público, el bulo de que la crisis fue desencadenada por el sector privado, etc.

A la deriva... sin más por Manuel Fernández Ordóñez

Libertad Digital.


Este gobierno ha perdido definitivamente el rumbo, tal vez en muchos campos, pero de manera absoluta en el sector energético. La futura reforma que han elaborado a escobazos entre los ministros Soria y Montoro constituirá la puntilla definitiva del sector, destrozando de un plumazo los pocos resquicios de libre mercado que quedaban en el ámbito energético. En un clásico "quítate tú pa ponerme yo" han decidido intervenir el mercado y decretar unos impuestos leoninos a las tecnologías más eficientes (nuclear e hidráulica) hasta el punto de cuestionarse su viabilidad en el mercado. Con un único afán recaudatorio, han querido sacar tanta leche que han matado a la vaca. 
Durante los últimos años, en un escenario de déficit tarifario desbocado gracias a los subsecuentes intervencionismos estatales, se obligó a las empresas eléctricas a financiar tal desaguisado por Real Decreto. El Estado obligó a algunas empresas del sector a prestarle miles de millones de euros con la única promesa de que algún día, tal vez, se los devolverían. Este modus operandi, únicamente visto en el sector eléctrico y rayando lo kafkiano, lejos de suponer un reflexión serena acerca de lo insostenible de nuestro sistema sirve como excusa al gobierno para decretar un nuevo intervencionismo mucho más digno de otras latitudes. Ya saben la máxima del socialismo: los errores del intervencionismo se arreglan con más intervención. Y esto es independiente del socialismo que gobierne, ya sea el del PSOE o el del PP.
 
Parece mentira que no sepan ya lo que va a suceder. Es tan evidente que la situación produce vergüenza y sonrojo. Lo sabemos todos: si se deja a las eléctricas repercutir el precio de los impuestos habrá una subida inmediata del kWh en el mercado. Electricidad más cara implica pérdida de competitividad y más paro. Si las eléctricas no pudieran repercutir el impuesto en el precio, implicará una pérdida de competitividad de éstas. Las ganancias en el sector nacional irán a cero o directamente entrarán en pérdidas (las plusvalías de nuestras empresas eléctricas vienen fundamentalmente de las inversiones en el extranjero). Esto implicará el despido masivo de miles de empleados y el cierre de centrales de producción. Por ejemplo, está por ver la viabilidad de la central nuclear de Garoña tras la hecatombe fiscal.
 
Y a todo esto, pululan por el panorama de la opinión ciertos personajes cuyos desmanes en forma de moratoria nuclear aún estamos pagando en el recibo de la luz casi 30 años después. Me refiero a Felipe González, que en recientes declaraciones afirmó que "el proceso de liberalización del sector eléctrico produjo un déficit de 25.000 millones". Para empezar, señor González, lo de "liberalización" del sector eléctrico provoca carcajadas solo de oírlo. Para seguir, el déficit de tarifa se genera porque los costes regulados que establece el gobierno no son suficientes para cubrir los gastos. Se lo repito de nuevo, "que establece el gobierno". Es decir, el déficit se ha provocado artificialmente desde La Moncloa y no por un funcionamiento ineficiente del mercado. Si no fuera así, señor González, ¿cómo explica usted que tengamos un precio del kWh en el mercado de los más bajos de Europa y, sin embargo, paguemos la electricidad a precios de los más caros de Europa? ¿Dónde está el truco, señor González?
 
Cuando se enterarán de una vez que lo que sobra no es el mercado eléctrico, los que sobráis sois los políticos populistas que habéis hundido y seguís hundiendo este país. Pueden seguir subiendo impuestos y destrozando la poca industria que queda hasta que no haya nadie de quien recaudar. Pueden atacar a los débiles, quitar las pagas a los funcionarios o rebajar las pensiones. Mientras tanto no cierran ni un aeropuerto, construyen AVEs fantasma, tienen decenas de televisiones autonómicas, sillones en las cajas de ahorro, gobiernos autonómicos que no sirven para nada, embajadas en el extranjero, una universidad en cada pueblo, cada político varios cargos, diputaciones absurdas y piden prestados miles de millones al mes que saben que no van a poder devolver... y a la vez echan la culpa a los mercados, dicen que nos atacan.
 
Los mercados no atacan, los mercados se defienden de tanta estupidez. Y a nuestros dirigentes lo único que se les ocurre es intervenir y aniquilar uno de los pocos resquicios de eficiencia, el mercado mayorista eléctrico. En unos meses veremos las consecuencias, electricidad más cara, pérdida de competitividad, empresas en ERE, empresas que se van de España, pérdida de empleo, menos consumo, más recesión, la prima de riesgo más alta, la financiación a tipos de interés inasumibles y más crisis. En definitiva, estamos a la deriva... sin más.