Héroe, 26 de agosto: José García Gastiain



El 26 de agosto de 1978 fallecía en Vitoria el comerciante jubilado JOSÉ GARCÍA GASTIAIN, que no pudo superar las graves heridas sufridas la noche anterior.
A las diez y media de la noche del 25 de agosto García Gastiain tuvo la mala suerte de encontrarse en la línea de fuego de dos terroristas que, en esos momentos, estaban ametrallando el cuartel de la Policía Nacional de la capital alavesa. El agente de Policía que hacía guardia ante el cuartel logró protegerse del ataque y resultó ileso, pero uno de los disparos hirió de gravedad a José García, que escasos momentos antes había salido de su domicilio después de cenar para aparcar su vehículo en un taller de la familia.
La víctima fue trasladada al Hospital de Vitoria, donde se le intervino quirúrgicamente, pero falleció en la mañana del día siguiente como consecuencia de las heridas producidas. Según el parte médico, la bala le penetró por la región parietal derecha, alojándose en el lóbulo temporal, produciéndole "fractura múltiple de bóveda craneal con hemorragia y pérdida de masa cerebral".
Tras el ametrallamiento, los terroristas se dieron a la fuga en un automóvil donde les esperaban otros dos etarras. El coche, un Renault 6 que había sido robado previamente, apareció a medianoche en la calle de La Paloma de Vitoria. En su interior se encontró una pistola Firebird y munición. La banda terrorista ETA intentó eludir su responsabilidad negando que fuesen sus disparos los que habían matado a José García, ya que la Policía también disparó para repeler la agresión. Por ello, y en un primer momento, se produjo cierta tensión, debido a que pensaron que sólo habían disparado los agentes. Sin embargo, en el lugar de los hechos se recogieron siete casquillos del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco, munición empleada habitualmente por la banda terrorista.
La misma noche del 25 de agosto la banda terrorista ETA secuestró en su domicilio de Guecho al hijo del industrial Javier Artiach, que fue liberado el mismo día tras el pago de 9,5 millones de pesetas. El industrial, de 45 años y cuatro hijos, fue llevado a punta de pistola a una sucursal bancaria por dos terroristas, mientras otros dos mantenían a su hijo en un coche bajo la amenaza de asesinarlo si no cumplía con el pago. Entre los participantes en el secuestro se encuentra José Antonio Alcocer Gabaldón, alias Zapatones, detenido en junio de 1980.
En 1980 la Audiencia Nacional condenó a seis años de prisión a José Luis Gómez Sampedro, detenido en febrero de 1979, por su participación en el atentado. Es hasta ahora el único condenado por el asesinato de José García Gastiain.
En abril de 1985 fue absuelto el etarra José Manuel Sánchez Beiztegui, extraditado por Francia en septiembre de 1984, de su participación en el ametrallamiento que acabó con la vida de García Gastiain, y para el que el fiscal pedía 118 años de prisión. La Fiscalía basó fundamentalmente su acusación en el testimonio ante la Policía del entonces miembro de ETA José Luis Gómez Sampedro, condenado por los mismos hechos, que acusó a Sánchez Beiztegui de formar parte del grupo que ametralló el cuartel de la Policía en Vitoria. Esa primera declaración la ratificó ante el juez que instruyó el caso. Posteriormente, sin embargo, se retractó de la misma alegando que su declaración había sido obtenida bajo torturas.
El 3 de abril de 2004 son detenidos en Francia en una operación conjunta de la Policía Judicial francesa y la Guardia Civil, los etarras Félix Ignacio Esparza Luri, Félix Alberto López de Lacalle Gauna, alias Mobutu, y Mercedes Chivite Berango, miembros de la dirección del aparato logístico y operativo de la banda terrorista ETA. Mobutu figuraba como buscado en cinco sumarios de la Audiencia Nacional, entre ellos el asesinato de José García Gastiain.
José García Gastiain, de 68 años de edad, estaba casado y tenía dos hijos, de 20 y 15 años.

¿En qué consiste la expansión artificial del crédito?

por Juan Ramón Rallo.


Los economistas austriacos suelen explicar que el ciclo económico se desata cuando los bancos expanden artificialmente el crédito o cuando los tipos de interés se rebajan de manera artificial. Son enunciaciones simples pero ciertamente inexactas: ¿qué es una expansión artificial del crédito? ¿Y una natural? ¿Cuál es el nivel a partir del cual podemos estar seguros de que unos tipos sondemasiado bajos: el 10, el 5, el 3, el 1,47%? Todo muy bonito, pero también muy inexacto. O al menos eso podría parecer de entrada: vamos a intentar demostrar que no es así.
Nuestro punto de partida debe ser la existencia de diferentes tipos de crédito a muy distintos plazos. Una persona puede prestar su capital a una semana, a 12 meses, a 10 años o a cualquier otro plazo. ¿Cuál es la diferencia, para el prestamista, entre prestar su capital a un día o a 30 años? Pues, básicamente, que en el primer caso lo recuperará en un día y, en el segundo, al cabo de 30 años. La proposición podría parecer una obviedad, pero conviene que tengamos claras sus implicaciones: la persona que ha prestado a un día volverá a ejercer su influencia sobre el mercado (a la hora de decidir qué consumir, en qué invertir, o qué no consumir o en qué no invertir) y podrá utilizar ese capital para readaptarse a cambios imprevistos de su entorno en apenas 24 horas; en cambio, quien ha extendido crédito a 30 años renuncia a su capital y a su capacidad de influir en el mercado (traspasando esa capacidad al prestatario). Fijémonos, además, en que no es lo mismo prestar el capital durante 30 años que prestarlo a 24 horas durante cada uno de los días de los próximos 30 años: en el primer caso, el prestamista no recupera el capital hasta dentro de tres décadas, mientras que en el segundo lo recupera cada día y cada día decide si desea volverlo a prestar, pudiendo en tal caso adaptarse con rapidez a los cambios imprevistos y súbitos de su entorno (si, verbigracia, el negocio de su prestatario se deteriora y su riesgo de impago aumenta, puede escoger extender crédito a otra persona distinta). Como es lógico, pues, el ahorrador exigirá tipos de interés más altos para prestar a 30 años que para prestar a un día, dado que los inconvenientes son mucho mayores.
A su vez, una persona también puede demandar crédito a una semana, a 12 meses, a 10 años o a cualquier otro plazo. ¿Cuál es la diferencia, para el prestatario, entre pedir prestado su capital a un día o hacerlo a 30 años? Pues, básicamente, que en el primer caso estará obligado a devolverlo en un día y, en el segundo, al cabo de 30 años. De nuevo, por tautológica que parezca la proposición, conviene aclarar sus implicaciones: la persona que se ha endeudado a un día apenas tendrá tiempo para recuperar ese capital tras haberlo utilizado en el mercado; la persona que se ha endeudado a 30 años, en cambio, tendrá un amplio margen para devolver el capital que ha recibido prestado rentabilizándolo y ejerciendo su influencia en el mercado. Fijémonos en que no es lo mismo tener que devolver el dinero al cabo de 30 años que estar obligado a devolverlo cada uno de los días durante los próximos 30 años: en el primer caso, el deudor tiene cintura para absorber cambios imprevistos en su entorno, mientras que en el segundo no (si un día se queda sin amasar el capital, entrará en suspensión de pagos). En consecuencia, el prestatario estará dispuesto a abonar tipos de interés más altos por recibir un crédito a 30 años que por recibirlo a un día, pues las ventajas son mucho mayores.
La clarificación y la coincidencia del plazo de los préstamos facilita la coordinación entre ahorradores-prestamistas e inversores-prestatarios: ahorrar y prestar el capital a 30 años significa renunciar a consumir o invertir durante 30 años, justamente el plazo de que disfrutará el inversor que pide prestado el capital para, al cabo de 30 años, generar los suficientes bienes y servicios futuros con los que amortizar el crédito y los correspondientes intereses. En pocas palabras, el ahorrador le dice al inversor: “Dispones de 30 años para fabricar la riqueza que deberás entregarme a la finalización del préstamo”, y el inversor actúa en consecuencia.
Sucede que, como hemos explicado, los tipos de interés por los créditos a largo plazo serán normalmente más elevados que los tipos de interés a corto plazo. En jerga financiera, a esta circunstancia se le conoce como curva normal de rendimientos: conforme aumenta el plazo de los préstamos, también se incrementa el tipo de interés necesario para que llegue a darse la transacción. Y aquí es donde comienzan las tentaciones problemáticas.
Si los tipos de interés a corto plazo son más bajos que los tipos de interés a largo plazo, ¿acaso no sale a cuenta tomar dinero prestado a corto plazo (pagando, por ejemplo, un tipo de interés anualizado del 2%) y prestarlo o invertirlo a largo plazo (recibiendo, por ejemplo, un tipo de interés anualizado del 8%)? Sin duda: se trata de una operación muy rentable, pero también muy peligrosa individual y socialmente. Desde un punto de vista individual, una persona que tenga que devolver cada día el capital que ha invertido y que no recuperará hasta dentro de 30 años, caerá casi seguro en suspensión de pagos. Desde un punto de vista social, si los prestamistas-ahorradores sólo renuncian a su capital durante un día (confiando en recuperar su capacidad de influencia sobre el mercado en apenas 24 horas), mientras que los prestatarios-inversores lo han inmovilizado por tres décadas (tardando 30 años en fabricar los bienes y servicios futuros necesarios para devolverles a los ahorradores su capital), es evidente que existirá una descoordinación entre unos y otros: los ahorradores habrán diseñado sus planes de actuación bajo la hipótesis de que recuperarán su capital en un día, mientras que los inversores lo habrán cristalizado durante 30 años.
Huelga decir que si los ahorradores fueran indiferentes entre recuperar su capital en un día o recuperarlo al cabo de 30 años, lo habrían prestado desde un comienzo a 30 años, pues los tipos de interés que hubiesen percibido habrían sido superiores. Además, también hay que tener presente que el problema de fondo no es que haya carestía de dinero, sino de bienes económicos: si los ahorradores desean recuperar su capital en un día para comprar comida y los inversores van a tardar 30 años en producir alimentos, los primeros se morirán de hambre por mucho dinero que imprimamos para permitir a los inversores devolver sus deudas a los ahorradores.
Llegados a este punto, ya estamos en posición de describir qué es eso de expandir el crédito o rebajar los tipos de interés de manera artificial. El crédito se expande artificialmente cuando se canaliza capital que debe devolverse a corto plazo hacia préstamos a largo plazo: no hay ahorro a largo plazo (predisposición del ahorrador a renunciar a su capital durante un largo período de tiempo) que financie los préstamos a largo plazo (la transferencia de un capital durante un largo período de tiempo). O, dicho de otra manera, los tipos de interés a largo plazo se reducirán de manera artificial no porque haya más ahorro a largo plazo, sino porque la oferta de fondos prestables a largo plazo se habrá incrementado a partir de la oferta de fondos prestables a corto plazo. Será esa distorsionada disminución de los tipos de interés y esa manipulada oferta de crédito a largo plazo lo que inducirá a los agentes económicos a sobreendeudarse y malinvertir a mucho mayor plazo del que los ahorradores están dispuestos a esperar, dando como resultado un primer período de prosperidad ficticia (crece el consumo y la inversión gracias a un crédito falsamente elevado) seguido de otro de depresión (colapso económico y financiero como consecuencia de las distorsiones acumuladas durante la prosperidad ficticia).
Los bancos son los agentes económicos que con más asiduidad recurren a este perjudicial descalce de plazos: las deudas de los bancos son depósitos a la vista (plazo de vencimiento a discreción del depositante) o a corto plazo, mientras que sus inversiones son créditos a muy largo plazo (hipotecas a 40 años, préstamos empresariales, créditos al consumo, etc.). Afortunadamente, en un mercado donde la moneda y la banca se desarrollan en libertad y sin privilegios gubernamentales, los bancos no tienen apenas margen para realizar esas peligrosas operaciones, pues tan pronto como sus acreedores dejaran de refinanciarles, caerían en suspensión de pagos. Desgraciadamente, en nuestro mercado ultraintervenido y ultraprivilegiado, una institución estatal llamada banco central tiene el monopoliode la emisión de papel moneda, lo que le permite proporcionar refinanciación barata a los bancos privados que descalzan plazos durante muy dilatados períodos de tiempo (hasta que el sobreendeudamiento y las malas inversiones sociales se saturen y colapsen) y prolongar de manera perversa la duración y devastación de los ciclos económicos.

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Soberanismo e Inversión Extranjera

por Xavier Sala i Martín.

Cada vez está más claro que don Mariano Rajoy nombró a Soraya Sáenz de Santamaría como vicepresidenta del gobierno solamente para que ésta pudiera demostrar, semana tras semana, que los políticos también tienen sentido del humor. En la rueda de prensa de ayer, doña Soraya volvió a hacer uso de su habitual simpatía para advertir a los catalanes de que el creciente soberanismo que se detecta en Catalunya “aleja la inversión extranjera”.
¿De verdad doña Soraya? ¿No cree usted que el hecho de que la inversión extranjera se aleja de España no tiene nada que ver con que los extranjeros se han dado cuenta de que España es un país de pandereta? Ya la he escrito en otras ocasiones pero volvamos a hacer la lista:
La primera institución del estado, la corona, es la mofa del mundo, con un rey que se va a cazar costosos elefantes con una misteriosa señorita alemana mientras su pueblo se hunde en la miseria y con un yerno imputado por estafas millonarias.
El presidente del tribunal supremo es obligado a dimitir por haber malgastado dinero público en excursiones románticas de fin de semana con el encargado de su seguridad.
El juez más mediático y famoso del mundo, expulsado de la audiencia nacional por haber sido probado que espió a un acusado y violó la relación de secreto entre abogado y cliente, relación que es sagrada en toda democracia que se precie.
Los partidos políticos violan sistemáticamente todas sus promesas electorales. Los partidos que ahora mandan hacen lo contrario de lo que decían cuando estaban en la oposición y los partidos que ahora están en la oposición critican al gobierno por hacer lo que ellos mismos hacían cuando mandaban. Entre unos y otros, están dejando a los ciudadanos una sensación de que sus votos no sirven para nada y una desconfianza en la clase política de consecuencias impredecibles.
Sin abandonar la esfera política, en toda la prensa internacional aparecen imágenes de estaciones de AVE vacías, aeropuertos sin aviones, ciudades fantasma e infraestructuras sobre las que los alemanes sueñan cada día y no sólo porque son las infraestructuras que les gustaría tener sino porqué ya ven venir la factura que tendrán que pagar por toda la corrupción que ha generado tanto dispendio. Por cierto, señora vicepresidenta, en el momento de escribir esta nota me encuentro de viaje por el centro de Europa y cada vez que algún político, banquero o economista me habla de España, salen a la conversación los reportajes que han visto en sus televisiones sobre el aeropuerto de Castellón, un monumento a la incompetencia, la desfachatez y el caciquismo de Carlos Fabra, Presidente de la Diputación del Partido Popular de Valencia, padre de la tristemente famosa diputada del Partido Popular, Andrea “que-se-jodan” Fabra.
Al descrédito de España también han contribuido las élites empresariales lideradas por el banquero más famoso e internacional del país, don Emilio Botín a quien se le descubrió una fortuna de 2.000 millones de euros escondida en un paraíso fiscal o uno de sus subordinados, convenientemente indultado una vez los tribunales emitieron sentencia de culpabilidad.
Tampoco hay que olvidar la nefasta labor de las entidades supervisoras a la cabeza de las cuales se encuentra el Banco de España, una entidad que ha agravado significativamente la crisis con su absurda política de fusiones bancarias que ha acabado por contaminar a los bancos y cajas sanos con toda la porquería de los bancos y cajas quebrados. El Banco supervisor también es quien hizo los stress tests que dieron la nota de aprobado a Bankia, ese engendro financiero insolvente cuya salida a bolsa bajo la supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores acabó con los ahorros de miles de ciudadanos españoles.
Y dejo para el final al gobierno del Partido Popular, que pensó arrogantemente que sólo por el simple hecho de ser del PP, apaciguaría a los mercados internacionales a pesar de que el PP gobernaba la Comunidad Valenciana cuando tuvieron lugar todos aquellos escándalos de corrupción y dilapidación estratosférica de dinero público (y eso lo sabían todos los inversores internacionales). El gobierno del PP, que pospuso durante meses la presentación de los presupuestos más importantes de la historia con el burdo objetivo de ganar las elecciones andaluzas a pesar que ese retraso estaba hundiendo la economía del país. Ese gobierno que tras explicar que las subidas del IRPF eran contraproducentes, acabó poniendo unas de las tasas más altas de Europa y tras explicar que los aumentos del IVA iban a agravar la recesión, acabó subiéndolos hasta extremos nunca vistos en España. Ese gobierno cuyo ministro de hacienda siempre encuentra la manera de exculpar sus acciones y sus engaños y de dar la culpa de todo a los demás, desde los extranjeros hasta las autonomías pasando por los evasores de impuestos, los mercados financieros y esos hombres de negro que nunca iban a venir a España pero que ya están llamando a la puerta.
Ese gobierno que se ha convertido en la única empresa de España que crea ocupación aunque sólo sea para colocar a militantes del PP, familiares y amigos entre los que se encuentra... ¡el señor marido de la señora vicepresidenta doña Soraya Sáenz de Santamaría!
Esto, todo esto, y no los soberanismos catalán y vasco, es lo que hace que España haya perdido toda su credibilidad internacional y haya ahuyentado la inversión extranjera, doña Soraya. Es más, el descrédito constante de todas y cada una de las instituciones españolas, desde el Rey hasta le CNMV pasando por el gobierno, los partidos, los jueces, las entidades reguladoras y los empresarios no sólo hace que los inversores vean que España no es un país de fiar en el que invertir su dinero sino que, además, está haciendo que el sentimiento antiespañol esté cada vez más arraigado en algunas comunidades. Y eso no remitirá hasta que ustedes arreglen su propia casa.
El descrédito de España no es culpa del soberanismo. Es culpa de ustedes. Y el soberanismo... también.
It’s up to you.