Héroes, 17 de agosto: José Manuel Fernández Lozano y Juan Manuel Martínez Gil


Minutos después de las cuatro de la tarde del 17 de agosto de 1992, la banda terrorista ETA asesinaba en el aparcamiento de un hipermercado de la localidad guipuzcoana de Oyarzun a los jóvenes guardias civiles JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ LOZANO y JUAN MANUEL MARTÍNEZ GIL.
Los dos agentes, vestidos de paisano y desarmados, acababan de salir del hipermercado, tras realizar unas compras, y se subieron al vehículo de Fernández Lozano, un Renault 19 con matrícula de Granada. En ese momento un terrorista se acercó al coche y efectuó nueve disparos, que les alcanzaron en la cabeza y el cuello, emprendiendo inmediatamente la huida en una furgoneta donde le esperaba un segundo terrorista. Fernández Lozano, con tres impactos en la cabeza, murió en el acto, mientras que Martínez Gil, alcanzado por un proyectil en la garganta, fue trasladado en estado muy grave al Hospital de Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián, falleciendo poco después. Los dos guardias civiles residían en el cuartel de Intxaurrondo de San Sebastián y llevaban menos de un año destinados en el País Vasco.
Desde el asesinato en Irún del policía nacional Juan Manuel Helices, el 23 de abril de 1992, la banda no había vuelto a asesinar, aunque sí había cometido otros atentados, algunos de ellos con coche-bomba que, por fortuna, no provocaron víctimas mortales, aunque sí heridos, algunos de gravedad. El 24 de mayo la banda hizo estallar un coche-bomba en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón, hiriendo a siete policías que prestaban servicio de vigilancia durante el partido que enfrentaba al Atlético de Madrid y el Logroñés. Entre los heridos se encontraba Juan Antonio García Casquero, que en 2008 se convertiría en presidente de la AVT. En junio, una potente bomba destrozó de madrugada la casa-cuartel de la Guardia Civil en Lerma (Burgos), mientras dormían los agentes y sus familias, que pudieron ser desalojadas a tiempo al ser detectadas antes de la explosión las mochilas con las bombas por los vigilantes del recinto. Y también en junio, la banda terrorista ETA hizo estallar otro coche-bomba en Madrid al paso de una furgoneta de la Armada en la calle Madre de Dios. Resultaron heridos de gravedad el soldado Francisco Pérez García, el capitán de navío Miguel López Nuche, el capitán de fragata Juan Antonio Muñoz Roig y el teniente coronel de Infantería de Marina Manuel Aldereguía Couceiro.
El asesinato de los guardias civiles José Manuel Fernández Lozano y Juan Manuel Martínez Gil era el primer atentado de la banda terrorista ETA desde que el 10 de julio de ese año hubiera ofrecido una tregua de dos meses condicionada a que el Gobierno central reiniciase negociaciones. Literalmente, la propuesta de la banda, según el escrito en el que la hizo pública, decía que condicionaba la tregua a que se produjera un "comienzo de una nueva fase de contactos oficiales en un país neutral". Los dos meses de tregua coincidieron con la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, durante los cuales no hubo atentados. Sólo ocho días después de la clausura, ETA asesinaba a los dos guardias civiles en Oyarzun.
El día anterior al atentado, el diario Egin recordaba que en el curso de las interrumpidas conversaciones entre el Partido Nacionalista Vasco y Herri Batasuna, el PNV se había comprometido a solicitar al Gobierno el establecimiento de un contacto con los etarras deportados en Santo Domingo, en el caso de que no se produjeran atentados antes del 1 de septiembre de 1992. Sólo unas horas antes del doble asesinato, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, había asegurado que ETA no actuaba porque no quería, y no porque no pudiera, y añadió que su partido estaba dispuesto a propiciar un final dialogado de la violencia.
Dos días después del atentado, la banda asesina ETA afirmaba en un comunicado a los medios de comunicación que mantenía la oferta de tregua, pero advertía que seguiría teniendo "todos sus frentes abiertos" mientras "el Gobierno español no abandone el juego sucio y la estrategia de alargamiento del conflicto que está llevando a cabo con el Gobierno francés".
En el funeral oficial, celebrado en la Iglesia de la Sagrada Familia en San Sebastián y presidido por José Luis Corcuera, ministro del Interior, se vivieron momentos de tensión cuando el sacerdote oficiante, Bartolomé Auzmendi, leyó el Padre Nuestro en euskera. Muchos asistentes abandonaron la iglesia y se oyeron frases como "¡Canallas, sinvergüenzas!" o "¡Esto es una burla!".

José Manuel Fernández Lozano, de 25 años, estaba casado y tenía un hijo que no había cumplido el año. Era natural de Alfacar (Granada) y pertenecía a la Guardia Civil desde tres años antes de su asesinato. Antes de ser destinado a Oyarzun, estuvo en Alustante (Guadalajara). El funeral por su alma se celebró en Alfacar, donde fueron inhumados sus restos mortales.


Juan Manuel Martínez Gil, de 23 años, era natural de Orense, aunque desde niño residió en Gondomar (Pontevedra), donde estuvo destinado su padre, José Martínez, sargento de la Guardia Civil durante varios años. Juan Manuel llevaba tres meses prestando servicio en Guipúzcoa. Anteriormente había estado destinado en Burgos. Sus restos mortales fueron enterrados en Sarreus (Orense), localidad natal de su madre, con la presencia de más de dos mil personas entre familiares, amigos, compañeros de la Guardia Civil, y autoridades de los Gobiernos central y autonómico, además del alcalde y concejales del Ayuntamiento de Sarreus.

Cuba: Que ser valiente no salga tan caro que ser cobarde no valga la pena

por Lilianne Ruíz.


En uno de esos programas que inserta la Seguridad del Estado en la programación de la televisión cubana he visto a uno de los hombres que más admiro por su valor en esta saga por la libertad de Cuba. Pero la Seguridad no presentó realmente a Antúnez, ni habló de sus años de presidio político, de los horrores de las cárceles cubanas tan oscuras y olvidadas.
Jorge Luis García Pérez “Antúnez”, es un cubano que estuvo en la cárcel desde 1990 hasta hace pocos años por el solo hecho de expresar sus ideas contrarias al poder político.
Si fuera únicamente haber estado preso por difundir sus ideas ya sería atroz la injusticia pero en sus testimonios del presidio político castrista en Cuba se puede revivir el horror de las celdas de castigo, y como reducen a los seres humanos a las más inimaginables degradaciones para hacerlos retractarse de ser quienes son, obligarles a vestir uniforme de preso común y hacerles pasar por los cursos de reeducación política.
Algún día Cuba estará en la primera plana de los periódicos del mundo a causa de los juicios que entonces podremos hacer a los violadores de los derechos humanos, los criminales contra la humanidad de estos 53 años. La Izquierda radical, extrema, carnívora, depredadora, en el mundo ha querido desconocer esto quizá porque ellos estarían dispuestos a hacer lo mismo en sus países. Hablar de esto cuesta trabajo, imaginar hasta dónde llega la maldad del hombre comienza por una puerta cerrada que no queremos atravesar. Posiblemente por eso muchas personas influyentes en el mundo prefieren mirar en la dirección de los niños uniformados saludando la bandera, las graduaciones de médicos en la escuela latinoamericana, el discurso de la justicia social. Y eso ha sido al parecer muy bien estudiado por la élite de poder en mi país. El mundo prefiere ignorar testimonios como el de Valladares, Hubert Matos, Antúnez, los 75. Y mientras tanto la Seguridad del Estado fabrica estos programas donde intenta desacreditar a personas mayormente desconocidas para los televidentes cubanos. Quizá hasta para los mismos periodistas cubanos y extranjeros, exceptuando por supuesto a los periodistas independientes y algún corresponsal extranjero desobediente, que decida salir a buscar la verdad y no quedarse en la comodidad del discurso oficial.
Lo único que consiguió la mafia de Villa Marista y la Sección 21 con el último engendro documental fue evidenciar una vez más como vigilan y persiguen a las personas que se han declarado en contra de régimen.
En respuesta al embuste para estúpidos con que intentan condicionar la percepción los segurosos, reduciendo el problema a asunto de dinero y no de libertad y autentica rebeldía, respondo en mi blog, por si alguien en Cuba (donde yo vivo y he salido de mi closet) pudiera leerme, que para salir a las calles a protestar en reclamo por la libertad de los presos políticos, como hacen las Damas de Blanco, se necesita de manera abismal mucho más que dinero.
Que para plantarse, como hizo Antúnez (y otros cubanos que también intentan desacreditar por ser opositores) en una cárcel castrista, en soledad, sin derechos, se necesita tener un no sé qué que la mayoría de los cubanos no tiene. Que no tienen los segurosos que hicieron el programa de televisión ni los carceleros que infligen torturas a los presos, especialmente los que torturan a los presos políticos con tratos crueles y degradantes. Ni los máximos jefes que mueren de miedo y son los primeros culpables de esas lesiones contra la humanidad propiciadas por la ideología del sistema y el escaso valor que tiene en él la persona humana, y  que es la condición sin la cual no se mantendrían en el poder los actuales dueños de Cuba. En los primeros siglos de cristianismo el mayor testimonio de la fe en Jesucristo que se podía dar era el martirio, y Antúnez ha probado hasta el martirio su fe en la libertad: está vivo y cuerdo gracias a la fuerza espiritual que Dios le dió. (Boitel Vive, es un libro de testimonio de sus años de cárcel en Cuba)
En el caso de las entrañables gladiadoras, Damas de Blanco -que también se hizo evidente en el programa de televisión el monitoreo y la violación del derecho a la privacidad- el mayor “pecado”  que la Seguridad presentó fue el de haber aceptado colaboración de otros cubanos en el exilio, quién sabe si otra Dama quizá de mejor retórica, para redactar un comunicado por la muerte de Oswaldo Payá. Estas mujeres en su mayoría de procedencia humilde pero que con verdadera inteligencia han elegido la mejor parte tienen lo que nadie en el exilio, ni muchos hombres en Cuba, ni ésta humilde servidora tenemos, que es el valor y la resistencia para llegar hasta el final, como llegó Laura Pollán, en su lucha por la Libertad de los presos políticos. Enfrentar la falta de justicia y de seguridad ciudadana en los Tribunales, después de saber que el poder en Cuba es un perro fiero que calcula sus jugadas sin respeto alguno a la condición humana ni a la condición de ser mujer, necesita de mucho valor y mucha fe.
Debería invertirse mucho más dinero en la Libertad de Cuba. Dinero que los cubanos residentes en la Isla no tenemos, dinero que mueve en el mundo los hilos de la política, de todos los movimientos humanos mucho menos drásticamente orientados a aspiraciones básicas, de Libertad, como tiene en Cuba la oposición  –pacífica, siempre justo aclarar-
La libertad en peligro se asiste. Los únicos que han vendido su libertad individual, y por ende la de su país, han sido los mercenarios del actual gobierno de la Isla de Cuba, los gendarmes sádicos del MININT, que sin temor de Dios ni respeto por los hombres poblaron los recuerdos de Antúnez de las condiciones de infierno que los cubanos y mucha gente en el mundo prefiere desconocer. Y que una vez más no fue comentado por el sitio Cubadebate, ni presentado en televisión por la Seguridad del Estado.

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El sudor del deportista. Hablamos con Ricardo Mora

Audio en la entrada original.


Después de disfrutar de las hazañas conseguidas por un grupo reducido de mujeres y hombres en los Juegos Olímpicos, – y pongo a las mujeres en primer lugar a propósito, porque han sido ellas las que más medallas olímpicas han logrado para España – el que les habla, tiende a sentir orgullo de sí mismo como especie y sueña, inevitablemente, con destacar, aunque sea mentalmente, en alguna disciplina deportiva, por más que esté fuera de mi alcance, por razones obvias. Después de todo, nuestros cuerpos no dejan de ser máquinas biológicas que en nada se diferencian de las de aquellas y aquellos olímpicos, aunque, en mi caso, con una puesta a punto mucho más deficiente.
Como máquinas que son, al menos energéticamente hablando, nuestros cuerpos son capaces de almacenar energía y consumirla después. En el proceso se libera calor, como se calienta el motor de su vehículo cuando lo pone en marcha, y todos sabemos que el calor, cuando se produce en exceso, no es bueno para ninguna maquinaria, ya sea biológica o mecánica. Al hacer ejercicio, nuestro cuerpo quema energía y se calienta, pero se trata de una maquinaria muy sensible que tan sólo puede funcionar correctamente dentro de un margen muy estrecho de temperaturas. Si no gozásemos de un eficaz sistema de refrigeración, una carrera de pocos minutos a velocidad moderada elevaría la temperatura corporal por encima de los 40º C poniendo en peligro nuestra existencia.
Sin embargo, todos hemos visto cómo los atletas olímpicos hacen esfuerzos mucho más grandes y logran sobrevivir para recoger las medallas. El secreto está en la habilidad del cuerpo para expulsar el calor sobrante antes de que la temperatura se eleve hasta el punto de destruir las proteínas corporales convirtiéndolas en una masa blancuzca y poco flexible, como sucede a las proteínas de la clara al cocer un huevo. Para evitar tan poco recomendable transformación, cuando hacemos ejercicio, una parte de las reservas de agua que existen en el organismo es expulsada al exterior, en forma de sudor, a través de la piel.
Cuando el sudor entra en contacto con el ambiente exterior, una parte del agua se evapora y al evaporarse absorbe energía del propio cuerpo, refrigerándolo. La más leve brisa de viento arrastra el vapor y nuevas moléculas escapan de nuestra piel sudorosa llevándose consigo más calor generado durante el ejercicio. Ésa es la razón por la que agradecemos una corriente de aire “fresco” cuando el calor aprieta, no porque el aire esté realmente más frío ( en los momentos en los que escribo estas líneas, en la calle estamos a 43 ºC) sino porque el viento arrastra el vapor y favorece que más moléculas de agua líquida se conviertan en gas y absorban calor corporal. Habría que darle una medalla de oro al inventor del abanico y de plata al del ventilador.
Por supuesto la forma de enfrentarnos al exceso de calor corporal no es igual para todos, unos sudamos más que otros, los hay que tienen más peso y generan más calor que otros haciendo el mismo ejercicio, no todos eliminamos la misma cantidad de sales con el sudor, etc. Tampoco reaccionamos igual cuando hacemos ejercicio en un ambiente seco que en otro cargado de humedad, ni reaccionamos de la misma manera al hacer ejercicio en el recinto cerrado de un gimnasio, donde no sopla la más mísera brisa, que al aire libre con el viento acariciando nuestros sudorosos músculos. Si esto hace diferentes a los más comunes de los mortales, imagínense lo que debe ser el mundo de la alta competición, donde todos los parámetros corporales se mueven al límite. Estudiar esas variaciones y comprender lo que sucede al hacer ejercicio físico, tanto en los cuerpos de los atletas como en los de la gente común, es lo que investiga nuestro invitado de hoy en Hablando con Científicos.
Ricardo Mora Rodríguez es Catedrático en la Universidad de Castilla – La Mancha y Director del Laboratorio de Fisiología del Ejercicio de la Facultad de Ciencias del Deporte de Toledo. Sus trabajos abarcan una gran variedad de investigaciones: deshidratación y pérdida de sodio durante el ejercicio de atletas de élite, concentración de sodio en el sudor durante el ejercicio realizado tanto por personas entrenadas como por personas sin entrenamiento, termorregulación durante el ejercicio en condiciones ambientales calurosas, influencia de la cafeína en el rendimiento de los atletas, etc. Éstas son algunas de las investigaciones en las que ha participado y de ellas habla hoy en el programa.
Ricardo Mora comenta también otro tema muy interesante para los que, como yo, hacemos deporte esporádico y no aspiramos a medallas olímpicas pero que, al terminar, necesitamos beber para reponer líquidos. Todos sabemos que las bebidas deportivas se inventaron para ayudar a los atletas pero ¿es realmente necesario tomar una bebida especial tras un ejercicio moderado, sin las enormes exigencias del deporte de competición?
Les invito a escuchar a Ricardo Mora Rodríguez.

Por un nuevo mecenazgo

por Arcadi Espada.


Un inmigrante ilegal (ni irregular ni sinpapeles como acepta llamarle, con el beneplácito kumbayá, la artimaña eufemística del poder político) debe tener los mismos derechos que un preso y entre ellos, por supuesto, el derecho a una sanidad gratuita. Como en el preso, un inmigrante ilegal es una condición provisional. En el caso del inmigrante la provisionalidad debería ser muy fugaz. Solo hay dos modos de que lo sea: o papeles para todos o aquello del presidente Aznar a las pocas horas de serlo, cuando metió en un avión a 103 bajo los efectos de algún narcótico: «Había un problema y lo hemos resuelto.» Sin embargo, la socialdemocracia vigente ha optado por dotar a algunos inmigrantes (medio millón en España, según parece) de una suerte de estatuto parecido al que se extiende sobre aquellos ectoplasmas apátridas de los aeropuertos, que ni pueden salir ni pueden entrar y que de tanto limbo acaban olvidando quiénes eran y a qué vinieron. El «inmigrante irregular» solo es el producto de la mala buena conciencia europea: que su irregularidad ontológica se pretenda legalizar ¡sanitariamente! por unos cientos de euros al año (como de un modo u otro hace la mayoría de países europeos) me parece un escándalo de hipocresía formidable. Un inmigrante ilegal no es nada más que un fallo en la seguridad de los Estados, cuyas consecuencias el Estado debe asumir. Y si no puede hacerlo, y quiere seguir siendo un Estado donde la ley se echa para atrás al contacto de la piedad, que no obligue a los inmigrantes enfermos a sufragar su bondadoso corazón.

Que busque espónsors.

Yo creo, compañeros, que las cosas están llegando a un punto en que ha de empezar a ser la vida y no el arte, ese suburbio lujoso, la que caiga bajo la competencia del mecenazgo. Lamento los problemas que esta propuesta pueda causarle al secretario cultural Jose María Lassalle pero esa ley que redacta habrá de prever la posibilidad de mecenazgos atrevidos. No veo bien por qué los señores Ortega, Andic y Roig deberían limitar su contribución social, impuestos aparte, a la reconstrucción de una catedral gótica o la potabilización del agua en un confín subsahariano. Ha llegado la hora de sacar réditos publicitarios de la proximidad moral y de ver grandes carteles que cuenten, por ejemplo, cómo Zara, con el 0’92 (medio millón de hombres por 700 euros cada uno) de los 38.000 millones que atesora la fortuna de su propietario, ha resuelto la asistencia sanitaria de los irregulares. «Implicándose en las soluciones»: yo pongo el eslogan.

(El Mundo, 9 de agosto de 2012)