Héroes, 1 de junio: Juan Caballero Porral y Juan José Hernández Rovira

Fuente: Libertad Digital

El domingo 1 de junio de 1986 muere a manos de la banda terrorista ETA en su domicilio de San Sebastián JUAN CABALLERO PORRAL. El caso de este prestigioso abogado es un ejemplo de la indefensión judicial en la que se han encontrado muchos familiares de víctimas de la banda asesina.
Lo que a todas luces fue un intento de secuestro por parte de la banda terrorista, que acabó con el fallecimiento de la víctima, intentó taparse por no se sabe muy bien qué motivos, lo que fue aprovechado por el entorno proetarra para lanzar todo tipo de insidias sobre la familia Caballero, haciendo incluso correr el rumor de que había sido asesinado por sus propios hijos.
El acoso de la banda terrorista contra la familia Caballero se inició años antes. Un hijo de Caballero Porral, el también abogado Francisco Javier Caballero Dotres, tuvo que abandonar el País Vasco en octubre de 1982 al sufrir un intento de atentado. Previamente se había resistido al chantaje económico llamado "impuesto revolucionario", negándose a pagar lo que le exigía la banda. Los miembros de la familia decidieron que si alguno de ellos llegaba a ser secuestrado por la banda no se pagaría rescate alguno "para no alimentar las arcas de los terroristas". Cuando se tuvo que marchar fuera del País Vasco, Francisco Javier Caballero acudió a un notario para dejar constancia de las razones que le obligaban a abandonar su tierra. En 2003, el testimonio de este abogado fue uno de los que se aportó al sumario sobre la limpieza étnica en el País Vasco abierto por el juez Baltasar Garzón a instancias de la AVT. Francisco Javier Caballero ha señalado a Libertad Digitalque "a los españoles que hemos abandonado el País Vasco nos han robado el alma".
El cadáver de Juan Caballero Porral fue encontrado a media mañana del domingo 1 de junio en el dormitorio de su domicilio por la enfermera que le atendía periódicamente. Estaba vestido con un pijama y tenía las manos fuertemente esposadas con unas cadenas de bicicleta.
Al parecer la banda terrorista ETA pretendía secuestrar a uno de los dos hijos de Juan Caballero, Ignacio María Caballero Dotres. Para ello se habían hecho con las llaves de la puerta de entrada al despacho de abogados de Juan, con las que podrían acceder al domicilio, toda vez que ambos inmuebles estaban comunicados por una escalera de acceso interior. Sin embargo, la ausencia de Ignacio, que estaba fuera de San Sebastián ese día, trastocó los planes de ETA.
Los terroristas sorprendieron a Juan Caballero en el cuarto de baño. El abogado, de 84 años pero de complexión fuerte, opuso resistencia, pero no pudo impedir que lo amarrasen fuertemente con una cadena. Juan ofreció tanta resistencia que dobló el candado que cerraba la cadena. La víctima, que llevaba un marcapasos, falleció probablemente durante el forcejeo con los secuestradores. Posteriormente, estos le colocaron encima de la cama e intentaron quitarle las cadenas, pero el candado doblado lo impidió.
La banda asesina ETA no reivindicó el atentado, como había ocurrido tantas veces antes. Además, y como hemos señalado, el entorno proetarra difundió rumores para mancillar a la familia de la víctima. Sin embargo, Javier Caballero ha dedicado parte de su vida a demostrar que su padre murió víctima de la banda terrorista.
Una semana después del crimen, Rafael Pastor Ridruejo, marido de una prima carnal de los hijos de Juan Caballero, y por entonces director general del Ministerio de Asuntos Exteriores, llamó a Javier para decirle que en el informe semanal del CESID, del que se hacen ocho copias, en el balance de la actividad terrorista figura el asesinato de Juan Caballero a manos de ETA.
Por otra parte, y según la nota informativa de la Brigada de Información de la Comisaría de Policía de San Sebastián "(...) Nada más descubiertas las cadenas, así como el hecho de que el finado tenía las manos atadas con una, fue comunicado tal hecho a la Brigada Provincial de Información, y en concreto al Grupo I, dirigiéndose varios funcionarios adscritos a la misma, al lugar del suceso, toda vez que ciertas circunstancias que rodean los hechos permiten suponer y por ello no descartar, la participación de la Organización Revolucionaria Socialista Vasca de Revolución Nacional ETA, rama militar, en el hecho, habida cuenta de que debido a la personalidad del finado, su profesión y sus inclinaciones políticas, así como sus medios económicos, permiten presupuestar que la víctima podía haber sido objeto de un intento de secuestro. Como puntilla a esta hipótesis es hecho relevante a destacar la remisión de una carta en la que se solicitaba el pago del 'impuesto revolucionario' a un miembro de la familia, y concretamente al hijo del fallecido, llamado Javier Caballero Dotres, quien por dicha circunstancia se vio abocado a trasladar su residencia de esta ciudad, a Alicante (...) Que vista la metodología utilizada y el formato de las cadenas empleadas en este caso, corresponden a los habitualmente empleados por la ya citada banda armada en hechos similares (...)".
Además, y pese a que la Guardia Civil nunca hizo investigación alguna durante la instrucción del sumario, la 513 Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, en su informe de 1 de octubre de 1986 remitido al juzgado, señala que "teniendo en cuenta extremos como la metodología de entrada, la ausencia de otras lesiones secundarias en el cadáver, así como la no falta de ningún objeto de valor, que hacen descartar la atribución del mismo a delincuentes comunes, haya sido cometido, posiblemente, por individuos pertenecientes a la banda armada y terrorista ETA(M)".
En el diario ABC de 18 de septiembre de 1986 apareció una reseña del ministro del Interior, José Barrionuevo, reconociendo que "... como consecuencia de todos estos atentados han muerto treinta y cuatro personas y ha sido la banda terrorista ETA la que se ha atribuido su autoría en treinta y tres casos. En el que queda se trató, probablemente, según el ministro del Interior, de un intento de secuestro por parte de ETA, que acabó con el fallecimiento de la víctima".
Pese a todo ello, la falta de diligencia y el desinterés de los jueces y la fiscalía han tenido como resultado que el crimen haya quedado impune. Tras el intento de secuestro y fallecimiento de Juan Caballero, se abrió el Sumario nº 7/1986 del Juzgado de Instrucción nº 3 de San Sebastián en el que compareció como abogado, ejerciendo la acusación particular, su hijo Francisco Javier Caballero Dotres. Dicho Juzgado, con independencia de unas primeras declaraciones, no practicó prueba alguna, obstaculizando junto al Ministerio Fiscal la averiguación de los autores del crimen. El sumario se extravió varias veces, los escritos de prueba no se unían a los autos e, incluso, las pruebas se tuvieron que solicitar por telegrama, pero nunca se practicaron, con lo cual el crimen quedó impune por prescripción del delito.  
Tras luchar muchos años, el 14 de noviembre de 2000 los hijos de Juan Caballero Porral consiguieron que se les hiciese cierta justicia con el reconocimiento por parte del Ministerio del Interior de que su padre había fallecido víctima de un atentado terrorista en San Sebastián. En la misma resolución nº 2.260 se les reconoce el derecho a ser indemnizados como víctimas del terrorismo.
Juan Caballero Porral había nacido en Gibraltar en 1901, por lo que tenía 84 años cuando fue asesinado por ETA. Era hijo del capitán de navío José María Caballero, profesor de táctica naval en Marín y gobernador civil de Asturias durante la dictadura de Primo de Rivera, y de María Porral, ciudadana británica. Participó como voluntario en la guerra civil española y estuvo a punto de ser "paseado" en San Sebastián. Le salvó el chivatazo de un guardia de asalto que prestaba servicio en la Audiencia de San Sebastián. Juan Caballero estabaviudo desde dos años antes de su fallecimiento, tenía dos hijos y vivía solo en el barrio donostiarra de Gros. Era un abogado muy conocido en San Sebastián, debido a su larga trayectoria jurídica, especialmente en el campo del derecho civil y procesal. Fue, además, fundador de El Diario Vasco, colaborando asiduamente en sus páginas. Fue enterrado la tarde del 2 de junio, y sus funerales tuvieron lugar el día 3.
El abogado Juan Caballero siempre se opuso públicamente a la banda terrorista ETA y aconsejaba a su numerosa clientela que no pagaran el chantaje económico, pues pagar suponía "apagar un incendio con una lata de gasolina". Como solía decir, aludiendo a Napoleón, las guerras se ganaban a base de dinero y negarse a pagar a la banda era la única forma de asfixiarla económicamente. Además, según él, ETA no podía matar a todo el mundo. Tras su muerte, el despacho -uno de los más prestigiosos de San Sebastián, donde se habían formado los mejores abogados de Guipúzcoa- se cerró y sus hijos se exiliaron.
En torno a las 8:40 horas del 1 de junio de 1994 la banda terrorista ETA asesinaba en Madrid al general de Brigada del Ejército de Tierra JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ROVIRA. Minutos antes el militar había salido de su domicilio, cerca de El Retiro, con su hija Lourdes, de 25 años. Tras despedirse de ella, se dirigió a la calle Ibiza donde le esperaba su chófer a bordo de un coche blindado para dirigirse a su puesto de trabajo en el Ministerio de Defensa. Cuando se disponía a subir al vehículo, un etarra lo asaltó por la espalda y le disparó varios tiros con una pistola. Una vez que el militar cayó al suelo, el pistolero de ETA lo remató "con total tranquilidad" con dos disparos más, según testigos presenciales. Después disparó al conductor del vehículo oficial, un joven que realizaba el Servicio Militar, pero las balas no le alcanzaron.
El pistolero de la banda terrorista actuó con total impunidad mientras una etarra le cubría en la acción. Ambos emprendieron la huida en un vehículo donde les esperaba un tercer terrorista.
El general, que iba de paisano, fue atendido inmediatamente por una empleada del Hospital Gregorio Marañón que pasaba por esa calle para llegar al trabajo. La empleada declaró que cuando ella llegó hasta la víctima todavía vivía. Después se acercó un médico del mismo hospital que ordenó el inmediato traslado del herido al Gregorio Marañón. Sin embargo, pese a la cercanía del centro médico, el militar ingresó ya cadáver. Había recibido cinco impactos de bala, cuatro en el tórax y uno en el cuello.
El vehículo utilizado por los terroristas para huir fue abandonado cargado de explosivos en la calle Walia, frente a dos guarderías. Explotó a las 9:40 horas, media hora después de la llamada de ETA avisando de su ubicación. Sólo dio tiempo de evacuar a los niños del Centro de Educación Infantil, pero no a los cuarenta menores de seis años de la guardería Miriam. Ante la inminencia de la explosión, los niños fueron trasladados a la parte trasera de la guardería, donde los profesores simularon hacer una fiesta y les hicieron creer que la explosión era un cohete de feria del Parque de El Retiro.
El asesinato del general Hernández se produjo días antes de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo del 12 de junio.
En el año 2000 la Audiencia Nacional condenó a Mikel Azurmendi Peñagaricano a 52 años de reclusión por el asesinato de Juan José Hernández. Azurmendi fue quien condujo el coche empleado en la comisión del atentado. En 2003 fue absuelto el supuesto autor material del asesinato, José Luis Aguirre Lete. Pese a que el Ministerio Fiscal había solicitado una pena de 84 años de prisión por encontrarle autor de los disparos que acabaron con la vida del militar, el tribunal consideró insuficientes las pruebas aportadas. La etarra que participó dando cobertura al autor material no ha sido juzgada.
Juan José Hernández Rovira, de 58 años y natural de Madrid, estaba viudo, pues su mujer había fallecido de un cáncer fulminante un años antes de que fuese asesinado. El asesinato del militar dejaba huérfanos de padre y madre asiete hijos, el más pequeño de 11 años y con síndrome de Down. Era general de Brigada de Infantería desde 1991 y subdirector de Centros y Servicios de Defensa. Su nombre había aparecido en una lista de 400 objetivos de la banda terrorista ETA incautada en 1992.

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Túnel de El Regajal



Adiós, Manolo

Arturo Pérez-Reverte.


De compras. Me atiende una señora con acento eslavo, de un metro ochenta de estatura a ojo de buen cubero, con el pelo rubio y los ojos claros. De ésas que dan miedo. O casi. Hechos los trámites, llama a dos empleados, y éstos se ocupan del resto de la operación. Uno es un rumano eficiente que se ocupa de mí con diligencia, y hablando un español casi perfecto, me advierte: «Cuidado con esta pieza, que es muy jodida y se suelta». Lo de muy jodida lo ha dicho con el desparpajo y la naturalidad de quien le tiene tomado el punto a la pieza que se suelta y al habla de Cervantes. Integrado total. El otro empleado es un joven azteca, o maya, o lo que sea. Uno de allí, con un magnífico pelo negro, la piel cobriza y unos ojos oscuros e inteligentes. También son ojos orgullosos. Hace un momento, mientras brujuleaba por la tienda, tuve ocasión de presenciar una escena de ese mismo joven con un cliente ligeramente estúpido, y de advertir la mirada que le dirigió el indio cuando al otro se le fue un poco la mano en el trato. Si te llego a pillar en Tenochtitlán aquella noche -decía elocuente esa mirada- me hago un llavero con tus pelotas. Incluso si te encuentro un sábado por la noche, de copas, igual me lo hago. Huevón. 

El caso es que salgo de la tienda satisfecho, porque además de eficientes son gente amable, que sabe lo que importa un cliente en estos tiempos. En la puerta me paro a dejar pasar a tres niños que vienen del cole con mochilas a la espalda, hablando de sus cosas. Deben de andar por los ocho o diez años. Dos son chinos totales, y uno de ellos lleva una felpa -detesto discúlpenme, la sucia palabra sudadera- del Real Madrid y les está diciendo a los otros algo que acaba con la frase «os lo juro, tíos». Me lo quedo mirando con media sonrisa en la boca y la otra media en la tienda de la que acabo de salir, y me digo: ahí los tienes, chaval. En los últimos veinte minutos has visto a seis personas, y sólo los padres de dos nacieron aquí. Y acaba de pasar un chino de Lavapiés, hincha del Madrid, con un acento castizo que te vas de vareta. Ésta es la España que hay, concluyo. Y la que viene. La que va siendo. Y a lo mejor por ahí nos salvamos, al final. O se salvan nuestros descendientes. Cuando pasen los tiempos de la purga, de la penitencia por lo que fuimos y aún somos, y nuestra mala simiente ancestral se diluya por fin en la genética, y otra generación de españoles diferentes nos borre del mapa.Camino detrás de los tres críos, observándolos mientras pienso en todo eso. En que dentro de unos años, sus nietos se mezclarán con los de la bolchevique rubia de la tienda, del americano de ojos orgullosos e inteligentes, del rumano que sabe que las piezas son jodidas y se sueltan. Y de esos fascinantes cruces de caminos del azar y la vida, saldrán españoles nuevos: jóvenes gloriosamente mestizos, con la mirada orgullosa del indio en unos ojos rasgados y asiáticos que tengan el color claro de la ucraniana de la tienda y la inteligencia del rumano de eficaz parla cervantina, aliñados tal vez con el valor desesperado del africano que se jugó la vida a bordo de una patera. Españoles felizmente distintos, nuevos, mezclados entre sí, que rompan nuestra estúpida inercia para generar, como ocurre en los buenos mestizajes, hombres y mujeres más atractivos, imaginativos e inteligentes. Sobre todo, cada vez más lejos de los fantasmas y odios viscerales que emponzoñan este lóbrego patio de vecinos llamado España. Gente distinta, a cuya sangre mezclada y renovada importen un carajo las secuelas no resueltas de las guerras carlistas, la guerra del Segador, los mártires de la Cruzada, los fusilados del franquismo, el fuero de los Monegros, el Estatut de Úbeda y toda nuestra larga enfermedad histórica. Nuestra puerca estirpe de insolidaridad, vileza y mala leche. Nacerán así españoles nuevos, prácticos, que se rían en la cara de los sinvergüenzas que ofrecen euros a cincuenta céntimos, esqueletos de armario, errehaches y endogamias catetas. Que se vayan a la cama juntos, se preñen unos a otros y nos preñen a todos tantas veces como haga falta, hasta que lo importante, lo necesario, se dibujen con nitidez en la retina de nuestra estirpe. Hasta que nazca, al fin, un español que busque el futuro en vez de la manera de hacerle la puñeta al vecino, o vengar a su abuelo. Puestos a ser analfabetos -eso ya parece irremediable-, seamos al menos analfabetos guapos, con ojos verdes, ritmo africano y latino en las venas, andares de mulata hermosa, aplomo de eslavos tenaces, coraje de sangre moruna. Y al tradicional Manolo moreno, bajito, limitado, fanático de las fiestas de su pueblo, de la efigie del santo patrón y de la última y puta guerra civil, que le vayan dando.    

Escuchar la voz de Agustí Calvet, ‘Gaziel’



Leer atentamente el siguiente fragmento —extraído de una carta del periodista Agustí Calvet, Gaziel, datada en París el 5 de diciembre de 1938 y dirigida a un amigo residente en la España nacional— y, una vez leído, aplicarlo a la situación presente y sacar, sin apriorismo alguno, las oportunas lecciones —o, al menos, intentarlo—:

“Nosotros, los cincuentones de hoy, teníamos del mundo un concepto totalmente equivocado, fruto de la época excepcionalmente favorable en que nos tocó por fortuna nacer y vivir largos años. Formados en medio de un remanso o rellano delicioso, que fue el periodo comprendido entre la guerra franco-prusiana de 1870 y la guerra mundial de 1914 (periodo de bienestar extraordinario, que para España se prolongó, en virtud de su alejamiento de Europa, hasta 1923), sacamos del mundo la falsa impresión de que era una especie de paraíso gratuito. Por eso ahora, al verlo y sufrirlo tal como es, tal como ha sido y probablemente será siempre, a muchos de nosotros nos hace el efecto, falso también, de que nos han estafado algo. Y por eso no hacemos más que mirar atrás y tendemos a retroceder a lo de antes. Hay que curarse, de una vez para siempre, de esa tendencia malsana. No sólo no nos han estafado nada, sino que en realidad nos dieron mucho más de lo normal: como fuimos unos privilegiados, al quitarnos ahora el privilegio y encontrarnos con que nos dan lo que al común de los mortales se ha dado siempre, en todas partes y en todos los tiempos, nos parece que nos defraudan. Es un error. Y en cuanto a lo de antes, hemos de recordarlo como se recuerda un paraíso perdido: no desesperados de vernos privados de él para siempre jamás, sino reconocidos de haberlo podido gozar al menos largo tiempo. Yo, al menos, lo veo y lo creo sinceramente así”. 


Xavier Pericay (Barcelona, 1956)  es escritor. Actualmente, da clases de periodismo en el Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez, adscrito a la Universidad de las Islas Baleares, y colabora de forma regular en el diario Abc. Su web, aquí  

La jauría anda suelta

José Hugo Fernández.

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Cualquiera diría que en Cuba la política pretende ir hoy por un lado, mientras que las fuerzas represivas del ministerio del interior van por el lado opuesto. Claro que el tal distanciamiento es aparente, otro de esos decorados que suelen montarse aquí para los tontos útiles del exterior. Pero también es un síntoma. Indica que el régimen se acerca a un nuevo punto sin retorno en su proceso de decadencia. Y todavía más, sugiere que lo está haciendo a partir de la plena conciencia.
Nunca como ahora recibieron nuestros caciques tantos elogios juntos, y en tan poco tiempo, por parte de distintas representaciones de la ONU. Nunca antes fue tan notable su preocupación por entonar (o aparentar que entonan) con los programas y las proyecciones políticas de otros gobiernos del continente, elegidos democráticamente, y con su discurso de fatuo pero aún eficaz progresismo.
El apuro por sacarse de la manga un remedo de sociedad civil organizada, junto a la gran ofensiva mediática que hoy despliegan intelectuales y artistas cubanos en línea con el poder, así como distintas instituciones religiosas (entre otras) afines a sus planes, delatan el propósito de legitimar nuestra dictadura como un sistema compatible con las prácticas de la política a nivel internacional.
Sin embargo, al mismo tiempo, ha estado aumentando la represión de la Seguridad del Estado en las calles cubanas. Los índices de arrestos a disidentes, mes por mes, y la violencia sistemática e institucionalizada ante las manifestaciones de descontento, son hechos que hablan por sí solos. Incluso, se han ensayado nuevos métodos restrictivos, como la desconexión de los teléfonos y de otros medios de comunicación con el exterior, a los opositores, blogueros y periodistas independientes, cada vez que se arrima a nuestras costas un visitante de rango, o cuando ocurre aquí algún acontecimiento de repercusión noticiosa.
Es como si existiera una especie de acuerdo tácito para que el funcionariado ideológico se concentre en la tarea de lavarle la cara al régimen, a fin de que luzca presentable ante la opinión internacional, mientras que las fuerzas brutas se ocupan de apuntalar el éxito de la operación, garantizando que no se mueva ni una hoja del Morro hacia adentro, aunque para ello tengan que violentar todos los límites, sean éstos de la legalidad, la decencia, o el mero sentido común.
Sería un pacto de horror, cuyos más tenebrosos frutos tal vez estén por verse, a pesar de todo lo que ha mostrado ya. Y supone una deriva desesperada, por parte del régimen, que no sólo compromete sus deseos de perpetuarse en el poder, sino que en general abre una brecha muy peligrosa para el porvenir de Cuba.
Bien se sabe, porque abundan los ejemplos históricos en todas las épocas y latitudes, lo que sucede en un país cuando a las fuerzas policiales y a los demás organismos represivos se les otorga patente de corso para que mantengan a la ciudadanía bajo el control de sus botas, sin reparar en remilgos.
Es algo que aunque jamás dejó de hacerse aquí durante las últimas décadas, se hizo siempre desde un único mando central que englobaba todas las fuerzas y las presentaba, precisamente a través de una coartada política, como el poder del pueblo.
Los cuerpos armados, y en especial sus instancias que se responsabilizan con el dominio de las calles, no tuvieron antes esa autonomía de la que al parecer disponen hoy para ejercer el atropello público, digamos por propia iniciativa. Al punto que comienzan a mostrar toda la traza de un poder autárquico dentro del poder.
Hace poco, Cubanet hizo público el caso de un asalto de las brigadas de respuesta rápida a la vivienda de un periodista independiente, acción a todas luces perpetrada por iniciativa e interés particular de un oficial del ministerio del interior. El reporte (publicado el 7 de mayo, con el título Violento intento de desalojo de una familia), además de ofrecer pruebas gráficas de la agresión, deja al descubierto su carácter de pandillaje con beneficio privado para quien la organizó. Incluso, demuestra que la dirección política del municipio Plaza, donde tuvo lugar, no sólo estaba ajena a su ejecución sino que la desaprobó en forma manifiesta.
¿Sería este un caso aislado, o se trata de un nuevo resabio que tiende a hacerse común dentro del cada vez más enrarecido panorama represivo de la Isla?
De momento, lo único que nos consta es que apenas unos días después de aquel asalto, el máximo representante de la dirección política del municipio Plaza fue sustituido. En tanto, el hecho vandálico y su organizador permanecen impunes.
¿Será que la sustitución de uno y la impunidad del otro son casos que no se imbrican necesariamente? ¿O será que en efecto le abrieron las puertas a la perrera, y una vez suelta y a su aire, la jauría comienza a tornarse incontrolable?

10 Brainteasers to Test Your Mental Sharpness

Holly Green.



To test your mental acuity, answer the following questions (no peeking at the answers!):
1. Johnny’s mother had three children. The first child was named April. The second child was named May. What was the third child’s name?
2. A clerk at a butcher shop stands five feet ten inches tall and wears size 13 sneakers. What does he weigh?
3. Before Mt. Everest was discovered, what was the highest mountain in the world?
4. How much dirt is there in a hole that measures two feet by three feet by four feet?
5. What word in the English language is always spelled incorrectly?
6. Billie was born on December 28th, yet her birthday always falls in the summer. How is this possible?
7. In British Columbia you cannot take a picture of a man with a wooden leg. Why not?
8. If you were running a race and you passed the person in 2nd place, what place would you be in now?
9. Which is correct to say, “The yolk of the egg is white” or “The yolk of the egg are white?”
10. A farmer has five haystacks in one field and four haystacks in another. How many haystacks would he have if he combined them all in one field?
Answers

1. Johnny.
2. Meat.
3. Mt. Everest. It just wasn’t discovered yet.
4. There is no dirt in a hole.
5. Incorrectly (except when it is spelled incorrecktly).
6. Billie lives in the southern hemisphere.
7. You can’t take a picture with a wooden leg. You need a camera (or iPad or cell phone) to take a picture.
8. You would be in 2nd place. You passed the person in second place, not first.
9. Neither. Egg yolks are yellow.
10. One. If he combines all his haystacks, they all become one big stack.
Okay, some of these are a bit corny. But they all illustrate several brain idiosyncrasies that affect how we make decisions in the world.
Thanks to the way our brain works, we have a very strong tendency to see what we want to see and what we expect to see. This has huge implications when studying our customers, markets, competitors, and other data that influences key business decisions.
When we only see what we want or expect to see, we miss competitive threats because our brain tells us a threat couldn’t possibly come from that direction. We miss opportunities because we only see what has worked in the past rather than what could be. And we miss major market shifts and changes in customer needs that seem obvious in hindsight but are easily overlooked when focusing on what we already know.
Our brain doesn’t like information gaps, so we tend to jump at the first answer/solution that looks good rather than take the time to examine all the data. This is especially true in a world where we receive more information every day than we have time to assimilate. Finally, our brains love to see patterns and make connections. This trait serves us well in many ways as we move through the world. But the brain doesn’t always get it right.
For example, how did you answer question #1 (be honest)? For most people, the first word that pops into their head is “June,” because the brain quickly spots the April/May/June pattern. Upon re-reading the question and analyzing the data, the answer “Johnny” becomes obvious.
And what about the man with the wooden leg? Your answer depends on how you interpret “with.” Does it refer to the man with the wooden leg or to the camera? A bit of a trick question, but it clearly illustrates how the language we use shapes the way we look at the world.
Perhaps the best example of how we miss things is the egg yolk question. Everybody knows egg yolks are yellow. But the question’s phrasing puts our attention on selecting the correct verb, so we overlook an obvious piece of data and an even more obvious answer.
We can’t change how the brain works – at least not yet. Give science another 50 years and who knows what our brains will be doing! For now, we can become more aware of how our brain works, then pause from time to time to consider what we’re missing. This includes the data we’re unconsciously screening out as well as different sources of data to counterbalance what we expect to see.
Get in the habit of teasing your brain. You’ll be amazed at what you end up seeing that you didn’t see before.
Retweet this blog to find out how clever your friends and business associates are.

Entrevista con Manuel Arenilla Sáez sobre el estado de las Administraciones Públicas


Fuente: Educación para la libertad.

La Habana 1958