Héroes, 6 de mayo: Andrés Segovia Peralta, Francisco Robles Fuentes, Tomás Caballero Pastor y Manuel Giménez Abad

Fuente: Libertad Digital.

A las 22:25 horas del martes 6 de mayo de 1975, miembros de ETA ametrallaban en Guernica (Vizcaya) al guardia civil ANDRÉS SEGOVIA PERALTA cuando se dirigía al cuartel de la Guardia Civil de la localidad. Volvía de prestar servicio de vigilancia en la fábrica de armas Astra-Unceta, poco después de las diez de la noche.
Andrés regresaba a pie al acuartelamiento de Guernica por la vía férrea Bilbao-Bermeo que pasa por la puerta de la citada fábrica. Cuando llevaba recorridos unos cien metros, varios etarras que estaban apostados detrás de un almacén le dispararon por la espalda con una metralleta. Al escuchar los disparos, el jefe de estación de Guernica, que se encontraba a unos diez metros de donde Andrés cayó herido, fue a avisar a los clientes de un bar próximo. Todos juntos caminaron al lugar donde yacía herido el guardia civil. Al reconocer al jefe de estación exclamó entre lamentos: "ya ves lo que me han hecho, me han matado, me han matado". Junto al almacén se encontraron entre 30 y 40 casquillos de bala. El agente recibió más de 20 impactos de bala y falleció media hora después, cuando era trasladado en un taxi al Hospital Civil de Bilbao.
Al día siguiente, miércoles 7 de mayo, a primera hora de la tarde, se instaló la capilla ardiente en la biblioteca del cuartel de la Guardia Civil de La Salve en Bilbao. Dos días después, el 9 de mayo, se celebró el funeral en este cuartel. El Ayuntamiento de Bilbao expresó su más enérgica repulsa por el atentado.
En octubre de 1975 se produjo una gran operación de la Guardia Civil en Vizcaya. Entre los detenidos estaba María Aránzazu Sagrado Aguirre, vecina de Guernica y novia del huido Pedro Antonio Alonso Herrero, miembro del mismo grupo etarra que Jesús María Marquiegui Ayastui, aliasMarqui, y José María Zapirain Maya, autores del asesinato de Andrés Segovia.
María Aránzasu Sagrado Aguirre había estado vigilando los movimientos de los guardias civiles en la fábrica de armas Astra, información que pasaba a Alonso Herrero y este a Marquiegui. Este último murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil el 14 de mayo de 1975, nueve días después del asesinato de Andrés Segovia. En el enfrentamiento también murió la pareja que tenía escondido a Marquiegui, Ignacio Garay Legarreta y Blanca Zaralegui Allende, y el teniente de la Guardia CivilDomingo Sánchez Muñoz.
En cuanto a José María Zapirain Maya, fue detenido en Francia en enero de 1979, pero no fue juzgado en España. Posteriormente, cuando en 1989 Venezuela empezó a acoger etarras deportados desde Argelia, se instaló en ese país. Hoy día es un próspero empresario y se considera que es uno de los etarras que mayor fortuna ha hecho en la Venezuela de Hugo Chávez, donde es propietario de empresas de procesamiento de pescado, de terrenos y de cuentas corrientes muy saneadas.
Andrés Segovia Peralta era de Moral de Calatrava (Ciudad Real). Tenía 40 años, estaba casado y era padre de dos hijos: un niño de 9 años y una niña de 5. Desde que salió de la Academia de la Guardia Civil en junio de 1969 estaba destinado en Guernica. El Ayuntamiento de Moral de Calatrava puso su nombre en una calle y le concedió, a título póstumo, la medalla de oro de la localidad.
Minutos antes de las siete de la mañana del 6 de mayo de 1991, el guardia civil FRANCISCO ROBLES FUENTES era asesinado en el puerto de Pasajes y varios compañeros suyos resultaron heridos de diversa consideración, alcanzados por la onda expansiva de una bomba que los terroristas del grupo Donosti de ETA accionaron cuando vieron acercarse a sus víctimas. El artefacto explosivo, activado a distancia, estaba adosado a una garita situada junto a uno de los muelles del almacén número 1 del depósito franco del puerto de Pasajes. Estaba compuesto por 10 kilos de amonal.
Los guardias civiles estaban destinados en el Servicio Fiscal de Control de Mercancías del puerto. Además de la muerte en el acto de Francisco, resultaron heridos sus compañeros José Moreno PiñeroMiguel Ángel Álvarez Escanciano y David Náñez Minguela, el más grave. Fue trasladado al Hospital de Nuestra Señora de Aránzazu donde le amputaron parcialmente la pierna derecha. David era natural de Olmedo (Valladolid) y tenía 23 años.
La explosión desplazó los cuerpos de Francisco Robles y David Náñez más de quince metros del lugar en el que se hallaban, y la garita, de 1,5 toneladas de peso y con cristales blindados, salió también despedida varios metros por la onda expansiva.
El funeral por Francisco Robles se celebró al día siguiente, 7 de mayo, en la Iglesia de la Sagrada Familia de San Sebastián, presidido por el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, y el delegado del Gobierno en el País Vasco, José Antonio Aguirirano.
En 1994 fueron condenados a 55 años de prisión por un delito de atentado con el resultado de muerte, y tres delitos de asesinato frustrado, los etarras Sergio García Razquín, José Ignacio Echevarría Pascual, Alfonso Castro Sarriegui, José Arizmendi Oyarzábal, Miren Maitane Sagastume Arrieta y Javier Aramburu Muguruza. Todos ellos eran miembros del grupo Ipar-Haizea de ETA. En 1996 fue condenado a la misma pena que sus compañeros el etarra Ignacio Cañas Cartón, que fue quien fabricó el artefacto explosivo en su casa.
Francisco Robles Fuentes, hijo de guardia civil, era natural de Segura de la Sierra (Jaén) y tenía 21 años. Llevaba seis meses destinado en Guipúzcoa. Tenía previsto viajar el mismo día del atentado a Valencia para asistir a la primera comunión de una prima. Sus padres residían en Campanar (Valencia) y ahí recibieron sepultura los restos mortales de Francisco.
El año 1998 lo inició ETA asesinando al concejal del PP en Zaráuz José Ignacio Iruretagoyena. Tres semanas después fue asesinado el también concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su mujer Ascensión. Cuatro meses después, el miércoles 6 de mayo de 1998, la banda terrorista volvía a asesinar a un político, TOMÁS CABALLERO PASTOR, portavoz de Unión del Pueblo Navarro (UPN) en el Ayuntamiento de Pamplona. Dos etarras le dispararon dos tiros a través de la ventanilla del conductor de su vehículo, estacionado en las inmediaciones de su vivienda en la capital Navarra, cuando acababa de ponerlo en marcha. Los proyectiles impactaron en la cabeza y en la cara del edil. Eran aproximadamente las nueve y cuarto de la mañana.
Como todos los días laborables desde que en julio de 1995 tomó posesión de su cargo en el Consistorio pamplonés, Tomás se dirigía al Ayuntamiento para realizar su labor como portavoz de su grupo municipal. Poco antes, como era su costumbre, había comprado el periódico. Tomás iba acompañado por una vecina a la que regularmente llevaba hasta su trabajo, en el centro de Pamplona.
Un testigo precisó que la víctima miró los bajos de su automóvil antes de subir al mismo. El coche estaba equipado con un sistema de alarma para prevenir que fuera abierto por extraños. Este dispositivo fue instalado en el vehículo después de que ETA iniciase su campaña de atentados contra ediles del PP. Además, el fallecido había participado recientemente en un curso de autoprotección, impartido por miembros de las FSE para cargos públicos ante el temor a sufrir un atentado. Apenas se puso en marcha el coche, dos individuos se acercaron al mismo y uno de ellos disparó dos tiros contra el concejal. El automóvil del edil continuó la marcha hasta chocar con otro vehículo estacionado muy cerca. Tras efectuar los disparos, los dos terroristas huyeron a pie en direcciones opuestas.
Su hijo José Carlos oyó los disparos desde su casa, avisó a la policía municipal y bajó corriendo a la calle. Cuando llegó al coche, un repartidor mañanero de propaganda había entrado en el vehículo de Tomás e intentaba taponar el orificio abierto por la bala en el cuello de la víctima. José Carlos entró por la otra puerta y le cogió la mano, y no dejaba de hablarle mientras le tomaba el pulso. Estuvieron con él hasta que llegó la ambulancia.
El concejal, gravemente herido, fue trasladado al Hospital de Navarra donde falleció una hora después, en torno a las 10:45 horas. Según el parte médico facilitado por el centro, Tomás ingresó en el servicio de Urgencias con parada cardiorrespiratoria y heridas por arma de fuego. Una de ellas, con orificio de entrada en la parte izquierda de la mandíbula y salida por la cara derecha del cuello. La otra bala quedó alojada en la barbilla.
El día que ETA asesinó a José Ignacio Iruretagoyena, el 9 de enero de ese mismo año, Tomás Caballero tomó la palabra en el salón de plenos del Ayuntamiento, donde se debatía una moción de condena por el asesinato, y se dirigió a los tres representantes de Herri Batasuna que anunciaron su abstención en la votación: "Debemos plantar cara no sólo a los asesinos, sino también a quienes les jalean, les apoyan y nunca les condenan. Me estoy refiriendo a los miembros de HB". Y agregó en tono emocionado: "Gritarán mucho en la calle, porque es fácil (...). Ustedes, por eso, lo que quieren es matar y seguir matando para que de esa forma nos aterroricemos. Quieren que nos aterroricemos y que nos vayamos. Pero no nos hemos de ir, porque tenemos una obligación para con nosotros, para el pueblo que nos ha elegido y para las futuras generaciones a las que tenemos que conseguir dejar en paz y libertad. A los que tenemos una determinada edad, como la que tengo yo, nos tocó luchar contra una dictadura y luchamos, y salimos adelante. No nos van a amedrentar en este momento con otra dictadura".
Herri Batasuna intentó entonces que Caballero rectificara y se querelló contra él por injurias y calumnias, pidiéndole 90 millones de indemnización. El juez de Instrucción número 3 de Pamplona archivó la querella en abril de ese mismo año, un mes antes de su asesinato, al estimar que esas manifestaciones se enmarcaban en el principio de la libertad de expresión. El diario Egin publicó su fotografía junto a un titular que decía: "El archivo de la querella a Caballero legaliza la calumnia a HB". Sus familiares y amigos vieron en esa querella una especie de señalamiento que precedió a su asesinato días después.
Caballero era consciente del riesgo que corría, y lo fue hasta el último día. Hacía unos días que había hablado con un amigo sobre los últimos atentados a concejales del PP. Él le había dicho: "Hay que ser fiel a lo que uno sea, y yo soy así. Que hagan lo que quieran".
Comisiones Obreras de Navarra, tras condenar el asesinato de Tomás, exigió al grupo municipal de HB, "que recientemente llevó a Caballero a los tribunales, porque éste les acusó de complicidad con el terrorismo, que demuestren que éste se equivocaba". Por su parte, el concejal de IU en el Ayuntamiento de Pamplona, José Javier Echevarría, relató que cuando HB puso la querella le preguntó a un concejal de la coalición radical si "asumirían este hecho si, desgraciadamente, lo que yo no quería creer y hoy ha ocurrido, ocurría. La respuesta fue fría, me dijo que si ocurría sería ‘un efecto del conflicto’".
El día del pleno de condena del asesinato del concejal Caballero, ya sin cámaras, el concejal de Herri Batasuna Koldo Lakasta se acercó a José Javier Echeverría, portavoz de IU, y le susurró: "Ya le avisamos cuatro veces para que rectificara".
En 2003 la Audiencia Nacional condenó a 30 años de prisión mayor por el asesinato de Tomás Caballero a los etarras Francisco Javier Ruiz Romero, Mikel Javier Ayensa Laborda y Alberto Viedma Morillas.
Tomás Caballero Pastor tenía 63 años y era natural de Alfaro (La Rioja), aunque residió en Navarra prácticamente toda su vida. Estaba casado con Pilar Martínez. Era padre de cinco hijos y abuelo de ocho nietos. Presidió en los años 60 y 70 el Consejo de Trabajadores de Navarra contra el sindicato vertical. Fue concejal y alcalde en los años 70, por lo que se llamaba entonces tercio sindical. Volvió al sindicalismo independiente durante unos años y, desde 1995, fue concejal en Pamplona por UPN hasta que lo mataron. Era el sexto concejal asesinado por ETA desde 1995, y el primero de UPN, formación que a partir de las elecciones de 1991 estaba coaligada con el Partido Popular. El último político municipal asesinado en Navarra había sido el alcalde de Etxarri-Aranatz, Jesús Ulayar, en enero de 1979.
En 2007, con motivo del noveno aniversario de la muerte de su padre, María Caballero dijo que su familia "seguirá reivindicando memoria, dignidad y justicia" para todas las víctimas del terrorismo. La Fundación Tomás Caballero que nació "para mantener su memoria, como una parte de la memoria colectiva, con el reconocimiento de la persona, su pensamiento y su acción social", tiene como objetivo rendir "homenaje de gratitud a todas las víctimas de ETA. Porque más allá de los cargos representativos, los uniformes o la profesión de las víctimas, los terroristas asesinan a una persona con su familia, sus ilusiones, su futuro, su dignidad". En la lápida donde descansan los restos de Tomás en el cementerio de Pamplona pude leerse la siguiente inscripción: "Murió por lo que había vivido: la libertad, la justicia y la paz. Sigues vivo entre nosotros. D.E.P.".
El domingo 6 de mayo de 2001 ETA asesinaba en Zaragoza de tres disparos en la cabeza y el abdomen al presidente del Partido Popular de Aragón, y senador por esa comunidad autónoma, MANUEL GIMÉNEZ ABAD, mientras caminaba por una céntrica calle en compañía de su hijo menor, Borja, de 17 años. Ambos se dirigían, sobre las 18:30 horas, al estadio de La Romareda a presenciar el partido de fútbol entre el Zaragoza y el Numancia, que comenzaba media hora después.
El político fue atendido, inicialmente, por un equipo médico en el lugar del atentado, y el cadáver fue trasladado posteriormente al Instituto Anatómico Forense para practicarle la autopsia. La policía encontró en el lugar de los hechos tres casquillos de bala de 9 milímetros parabellum. Un testigo relató a El Mundo la desolación de Borja ante el cadáver de su padre: "Era espantoso, tenía las manos en la cabeza y gritaba dando vueltas alrededor del cuerpo de su padre, sin saber qué hacer ni dónde ponerse".
El presidente de los populares aragoneses tenía por costumbre ir a Jaca, su ciudad natal, los fines de semana. Como contó su viuda, ese fin de semana su hijo Borja había aprobado COU e iba a celebrarlo con sus amigos. Por ello fue Manuel el que bajó a Zaragoza, y no al revés.
Manuel Giménez Abad no llevaba escolta, aunque estaba metido en los turnos de contravigilancia que realizaba la Policía Nacional, según informó la Delegación del Gobierno. Hacía unos días que el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, se había encontrado con Manuel Giménez y se extrañó de que fuera sin guardaespaldas. Le preguntó por qué, y su homólogo aragonés le respondió:"¿Escoltas yo? Bastante tengo con el Plan Hidrológico Nacional", en referencia al conflicto surgido en aquella comunidad autónoma a raíz de la aprobación en el Congreso del plan. Manuel prescindió de la escolta porque entendía que era gravoso para la Administración.
La muerte de Manuel Giménez causó gran consternación en Aragón y de modo especial entre la clase política, ya que era una persona muy apreciada dado su talante conciliador. La capilla ardiente quedó instalada en la sede de las Cortes de Aragón, en el Palacio de la Aljafería. El ministro del Interior, Mariano Rajoy, llegó a primera hora de la noche a Zaragoza y acudió al domicilio de Manuel para visitar a la viuda del dirigente asesinado.
Tanto al lugar del atentado, como al Instituto Anatómico Forense y a la sede del Partido Popular se acercaron representantes de las instituciones aragonesas. El Gobierno autónomo en pleno, con el presidente Marcelino Iglesias a la cabeza, se acercó a dar el pésame a la Ejecutiva regional del PP, que se reunió en la sede del partido. El presidente aragonés, Marcelino Iglesias, declaró: "Esto es la lógica de la locura; no hay palabras para explicarlo". También hizo acto de presencia la presidenta del Congreso de los Diputados y ex alcaldesa de Zaragoza, Luisa Fernanda Rudi, que ese fin de semana de mayo estaba en Zaragoza. Entre las muchas reacciones destacan las de Santiago Lanzuela, a quien Manuel Giménez Abad sustituyó en el cargo de presidente del PP aragonés. "Era muy bueno como persona, un gran conocedor de la Administración del Estado y de la comunidad autónoma, y le estoy muy agradecido por los cuatro años que compartí con él en el Gobierno de Aragón".
El asesinato de Manuel se produjo en fechas muy próximas a las elecciones en el País Vasco que el PP y el PSOE estuvieron a punto de ganar. Todos los partidos -salvo Euskal Herritarrok- suspendieron por un día los actos de campaña en señal de duelo.
Manuel fue la primera persona a la que ETA asesinaba de un tiro en la nuca en Aragón, aunque la banda asesina ya había dejado su huella en varios atentados con el método del coche bomba en esta comunidad, siendo el más grave de todos el cometido contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en el que hubo 11 muertos, cinco de ellos niños.
A día de hoy no se sabe quién asesinó a Manuel Giménez. Según algunos testigos, el autor fue un joven de unos 25 años, de 1,70 metros de estatura, con pelo largo y vestido con un chándal. El asesino, al que cubría una etarra, salió corriendo del lugar y en su huida encañonó a dos jóvenes, a los que obligó a entrar en un videoclub. Luego, ambos continuaron la huida a bordo del automóvil que conducía la terrorista. La policía cree que eran miembros de un grupo itinerante de ETA. La banda asesina reivindicó el atentado en un comunicado del que se hacía eco el diario Gara el 26 de julio de 2001.
Manuel Giménez Abad, de 52 años, había nacido en Pamplona, aunque su infancia y adolescencia transcurrieron en Jaca. Estaba casado con Ana Larraz, y tenía dos hijos: Borja, que acababa de terminar COU, y Manuel, que estaba en Francia terminando el último curso de Derecho cuando recibió la noticia del asesinato de su padre. En una entrevista en El Periódico de Aragón(29/04/2007) explicó el cambio que supuso en su vida: "Te empiezas a plantear cosas que antes ni siquiera te parabas a pensar: qué iba a hacer con mi vida, si iba a poder ir a estudiar a Bruselas (...) Es una responsabilidad muy grande que, de repente, te cae encima; y eso que la que realmente se hizo dueña de la situación fue mi madre (...). Muchas de las cosas a las que yo pensaba renunciar, no tuve que hacerlo porque mi madre no lo permitió".
Giménez Abad estudió Derecho en Navarra e ingresó en el Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ocupó varios cargos en la Administración y ejerció la docencia en el Instituto Aragonés de Administración Pública y en las universidades de Navarra y Granada. En la Diputación General de Aragón desempeñó diversos puestos hasta que, en septiembre de 1986, fue nombrado Letrado Mayor de las Cortes de Aragón. Elegido diputado a las Cortes de Aragón por el PP en las elecciones autonómicas de junio de 1999 y, posteriormente, senador en representación de dicha comunidad, fue el tercer senador asesinado por la banda terrorista ETA, junto a Enrique Casas y Manuel Broseta. En febrero de 2001 lo nombraron presidente del PP en Aragón, cargo en el que estuvo apenas dos meses. Javier Arenas pidió perdón a la viuda por haberle convencido para que fuese presidente del PP, a lo que ella contestó "si él no hubiera querido, no habría aceptado".
Giménez Abad era un hombre querido y respetado por todos los compañeros de todas las formaciones políticas. Pocos meses después de su asesinato se creó la Fundación Manuel Giménez Abad para Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico que tiene entre sus fines "contribuir a la investigación, conocimiento y difusión del Parlamento y del modelo de distribución territorial del poder que representa el Estado autonómico", los dos campos a los que Manuel Giménez Abad dedicó su vida profesional y política.

¡Haga como yo!

Arcadi Espada.



Tengo una pregunta, y es quién se dedica a la política en el Gobierno y en el partido del gobierno. Sabemos que a la política no pueden dedicarse, por ejemplo, los ministros Guindos y Montoro. Ellos se dedican a cuadrar y a cuadrarse y es imprescindible que sigan en ello. En cuanto al presidente Rajoy, es verdad que los gallegos no se meten en política («¡haga como yo…!»); pero aún así. El caso de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría merece mayor atención. Después de cinco meses en el gobierno, ejerciendo un poder en teoría omnímodo, aún se espera de ella que haga su primera declaración política: sobre todo, porque la coordinación entre sus ministros, visto el espectáculo, no debe de ocuparle mucho tiempo.
Quizá, y venciendo la vergüenza, haya que explicar qué supone hacer política. En primer lugar supone la práctica del generalismo. No es la ministra Mato, sacando y metiendo la tarjeta sanitaria, ni el ministro Wert apagando y encendiendo los semáforos de la reforma educativa ni el ministro Margallo en sus Argentinas, dubitativo entre los barcos y la honra, ni los ya citados ministros económicos manejando sus arañas aritméticas. Hacer política es insertar todos esos movimientos en un relato claro, coherente, justificado y hasta orgulloso. Hacer política no es tuiteo sino escritura.
Hacer política es también la exhibición de las convicciones; gozar del escrúpulo del principio de la realidad, pero sin olvidar que un político es parte inexorable y activa de ese principio. La realidad, por ejemplo, es que en Andalucía y en Cataluña el gobierno afronta mayorías políticas regionales peligrosamente contrarias a sus propósitos. Pero la impresión dominante va mucho más allá de este dato objetivo. La impresión dominante es que allí el gobierno no gobierna ni piensa gobernar. El PP ha perdido las elecciones andaluzas pero eso no le da derecho a guardar un depresivo silencio sobre el exceso andaluz que va configurándose (bajo la mirada complaciente e irresponsable del líder de la oposición) y del que la sesión de constitución del nuevo parlamento fue su preludio dadá. El PP no gobernará nunca en Cataluña, pero ni siquiera las comprensibles aspiraciones de su líder catalana a llevar una vida regalada justifican la pasividad con la que el partido está encarando la continua deslegitimación del Estado que llevan a cabo, con obsesiva pertinacia, los dirigentes nacionalistas. Para hablar del País Vasco será mejor esperar unos meses. Tétricos.
Cualquier gobierno tiene un relato. Pero yo no había visto aún ninguno que estuviera siendo escrito en solitario por sus enemigos.
(El Mundo, 26 de abril de 2012)

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Se descubre (parte) del pastel

Antón Uriarte.


El diario El País dedica hoy una página a un artículo cuyo elocuente titular dice "El mercado de CO2 : negocio para las fábricas, ruina para el Estado". Felicitaciones.

En este blog llevo años denunciando el mercado de emisiones de CO2,  parte esencial del Protocolo de Kioto. Hace dos semanas salió a la luz pública la larga lista de las miles de fábricas europeas afectadas por este mercado (unas 11.000), con los números de las cuotas asignadas gratis y las realmente utilizadas (co2: Más cuotas adjudicadas que usadas). En El País de hoy el periodista de la sección de medio ambiente, Rafael Méndez, hace un interesante análisis del tema en España. Desvela lo mal que ha sentado a las cuentas públicas del estado español el mercado de emisiones de CO2 y cómo, por el contrario, el regalo de las cuotas ha favorecido a cientos de empresas que aberrantemente se han visto favorecidas si producían menos y vendían parte de las cuotas asignadas. De esta manera la aplicación del mercado de emisiones de CO2 ha logrado el objetivo ecologista de emitir menos CO2 y fabricar menos. De intensificar la crisis industrial y llegar a su alabado "crecimiento cero".

Durante todos estos años, tanto en El País como en los demás periódicos (con la excepción del diario online Libertad Digital) todo han sido loas hacia el Protocolo de Kioto y hacia la Secretaría de Estado de Cambio Climático, que ha sido, hasta su reciente desaparición, la principal institución oficial encargada de fomentar esta ruina pública, con la añagaza siempre del cambio climático.

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