Héroe, 22 de abril: José Ramón Morán González

Fuente: Libertad Digital.

A las 8:40 horas del 22 de abril de 1975 es asesinado a tiros en Guecho (Vizcaya) JOSÉ RAMÓN MORÁN GONZÁLEZ, inspector de Policía.
A José Ramón le dispararon por la espalda y a corta distancia con una escopeta de cañones recortados. El inspector acababa de bajarse del tren para dirigirse a su puesto de trabajo en la comisaría de Guecho. Diariamente cogía ese tren, pues vivía en Sopelana, a unos siete kilómetros de la localidad vizcaína.
Cuando se encontraba en la confluencia de las calles Alango y Alangobarri, a unos 150 metros de la comisaría, dos terroristas salieron de un Morris 1300, se le acercaron por la espalda y uno de ellos le disparó dos veces a una distancia de unos 25 centímetros. A continuación, volvieron al coche, donde les esperaba otro etarra, y se dieron a la fuga. Sólo un niño fue testigo de los hechos.
José Ramón, que iba desarmado, presentaba dos orificios en la parte lateral del hemitórax izquierdo y región escapular izquierda a nivel de omóplato. Trasladado al puesto de socorro de Guecho, falleció pocos minutos después de ingresar.
La Guardia Civil realizó una extensa operación de control en las carreteras de Vizcaya y en la zona montañosa próxima a Guecho. El coche, robado, apareció en la zona de Las Arenas a cinco kilómetros del lugar del atentado.
En su comunicado de reivindicación del atentado desde Burdeos, la banda terrorista ETA dijo que lo habían matado por ser un represor del pueblo vasco. José Ramón había intervenido en varias operaciones antiterroristas, aunque en el momento del atentado realizaba un trabajo puramente burocrático en las oficinas de expedición del DNI de Guecho.
El 25 de abril, y como respuesta al asesinato de José Ramón, se estableció el estado de excepciónen las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Era la quinta vez que se adoptaba esta medida desde el asesinato de Melitón Manzanas el 5 de agosto de 1968.
Uno de los etarras que participó en el asesinato de José Ramón, Félix Eguia Inchaurraga, alias Papi, dirigente de los grupos especiales de ETA, resultó herido el 31 de julio de 1975 en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. En el mismo enfrentamiento resultó muerto otro etarra, identificado el 2 de agosto como Jesús Múgica Ayestarán. Eguia Inchaurraga también participó, como colaborador en la huida, en el atentado contra el guardia civil Gregorio Posada, el 3 de abril de 1974.
José Ramón Morán González tenía 32 años y era natural de La Velilla (León). Estaba casado y teníauna hija de 3 años, Helena. Vivía en Sopelana e ingresó en el Cuerpo en enero de 1965. Anteriormente estuvo destinado en Palma de Mallorca, Torremolinos y Barcelona. Desde abril de 1972 estaba destinado en Guecho como jefe de Departamento de Expedición de DNI. El asesinato de José Ramón era el segundo que cometía la banda terrorista en 1975, año de la muerte de Franco. El 29 de marzo ETA había asesinado al también policía José Díaz Linares.

Singapur: un modelo de reforma sanitaria



La sanidad pública española pasa por ser una de las más eficientes de globo. Su coste en términos de PIB está por debajo de la media europea y la calidad de su servicio no cabe tildarlo precisamente de desastroso. El problema de este feliz modelo patrio, más allá de que en realidad sea bastante mejorable, es que no resulta sostenible: en apenas una década, el gasto total del sistema sanitario estatal se ha multiplicado prácticamente por dos y todo indica que, como resultado del envejecimiento de la población y de la demanda de nuevas y más caras tecnologías sanitarias, esa tendencia continuará imparable su curso: en 2020 bien podríamos encontrarnos con un gasto sanitario de 120.000 o 130.000 millones que resultaría del todo infinanciable (los 70.000 millones de gasto actual ya sufren un déficit sanitario de alrededor de 15.000 millones).
Es evidente, pues, que más allá de que estemos al borde de la suspensión de pagos y de que la reforma sanitaria pueda contribuir a minorar tal riesgo, el modelo sanitario español necesitaba de una profunda cirugía para proceder controlar y mejorar la eficiencia del gasto. Pero, ¿reforma en qué dirección? Lo que ha aprobado y deja entrever el Gobierno del PP hasta la fecha pasa, por un lado, por implantar el sistema de copagos (de momento ampliando el que había en el gasto farmacéutico) para corresponsabilizar a los consumidores y, por otro, por recortar las prestaciones cubiertas por el sistema. Es decir, salvo retoques muy cosméticos por el lado de la oferta, la apuesta del PP visualizada hasta la fecha parece pasar consistir en controlar el gasto sanitario restringiendo su demanda.
El escollo de la restricción generalizada de la demanda, especialmente copago mediante, es de sobras conocido: la disuasión a la atención primaria impide la aplicación de medidas preventivas de ulteriores dolencias que, a largo plazo, no sólo puede empeorar la salud de la ciudadanía sino, en relación a lo que nos ocupa, incrementar el gasto sanitario. El objetivo del copago es claramente el de limitar el gasto innecesario –los “abusos”– alineando la demanda del mismo con parte de su coste. Ahora bien, el copago, por motivos similares, también puede restringir el gasto necesario; razón entre muchas para que algunos seamos escépticos sobre el éxito de su aislada implantación. Pero, ¿podría haber algún modo de retener los efectos positivos de la medida al tiempo que evitamos sus subproductos más contraproducentes?
El modelo de Singapur
La respuesta óptima sería sin duda la de transitar hacia un sistema sanitario completamente libre, en el que demanda y oferta se determinaran en el mercado y no en los despachos políticos. Las características previsibles de un sistema de este tipo serían muy probablemente: por el lado de la demanda, una renta disponible familiar más elevada que la actual (por los menores impuestos) combinado con un nivel de ahorro precautorio muy superior al presente, el pago directo por la atención sanitaria primaria, el aseguramiento contra dolencias menos comunes y con un tratamiento más caro, y una cierta caridad privada que auxilie a los más pobres; y, a su vez, por el lado de la oferta, una mayor diversidad y competencia entre centros sanitarios, quienes exhibirían calidades y tablas de precios muy variables y serían disciplinados en cuanto a productividad y profesionalidad por la propia amenaza de ser desplazados del mercado. Gracias a todo ello, la gente no descuidaría su salud (pues tendrían una renta más que suficiente para asumir unos precios y unas primas de seguros razonables) pero tampoco abusaría de la socialización masiva de los costes.
A día de hoy no existe ningún país que combine adecuadamente todos estos principios (se suele pensar en el sistema sanitario estadounidense, cuando el intervencionismo estatal tiene un peso más que notable). Existe un país que, sin ser ni mucho menos un ejemplo de libre mercado sanitario, sí ha tratado de aplicar las que probablemente serían sus características para el caso de sistema intervenido: Singapur.
Si alguien sigue repitiendo que la sanidad pública española es una maravilla cuasi inimitable, debería prestar mucha atención a la ciudad Estado asiática: la sanidad singapurense está considerada una de las mejores del mundo por la OMS (por delante de la española) y su coste, pese a que la edad mediana de su ciudadanía es la misma que en España (38 años), es un tercio del de nuestro país (poco más del 3% del PIB, del cual sólo un 1% es gasto público). ¿Cómo ha conseguido Singapur esté muy notable éxito? Pues a través de la combinación de los principios anteriores que consiguen reproducir bastantes de los incentivos de un mercado libre: por el lado de la demanda, sólo los extremadamente pobres tienen acceso gratuito financiado por el Estado, mientras que el resto de la población se enfrenta a un sustancial copago sanitario en la atención primaria (de hasta el 20% del coste total, pero que puede aumentar cuando el paciente solicita servicios suplementarios) con unos impuestos bajísimos (la presión fiscal del país es la mitad de la española) y la obligación de destinar parte de sus rentas a una cuenta de ahorro personal que pueden emplear, entre otros fines, para ciertos tratamientos sanitarios; por el lado de la oferta, el sector público compite activamente con el privado tanto en la venta de seguros para las prestaciones no catalogadas como básicas cuanto en la creación y gestión de centros sanitarios, lo que tiende a mantener una elevada calidad del sistema junto con unos bajos precios. 
Los resultados son suficientemente esperanzadores como para que el PP se plantee cuando menos avanzar en semejante dirección. Desde luego, cabe esperar que parte de la izquierda trate de menospreciar sus logros apelando a la poca representatividad de los cinco millones de habitantes de la ciudad Estado. Bien, pero entonces que no se pongan tan pesaditos con el paraíso socialdemócrata de los países nórdicos, esto es, con unas sociedades cuya demografía oscila entre los cinco (Finlandia y Noruega) y los diez millones (Suecia) de habitantes.
La pelota está encima del tejado del PP. De momento, su reforma sanitaria consiste en aumentar la tributación para sufragar un sistema mastodóntico cuyo gasto –cada vez menos sostenible– no varía en lo sustancial. Habida cuenta del comportamiento del PP hasta el momento, entenderán que no mostremos eufóricamente optimistas.

Visual 50

Más imágenes en Tumblr.

































Ejemplo de Cálculo de Muros de Ladrillo según el Código Técnico de la Edificación.

2006. UNED.

Incluyo este documento en mi recopilación sobre Estructuras.


Introducción:

El presente documento tiene por objeto el desarrollo pormenorizado de los procesos a seguir para verificar el cumplimiento de las condiciones resistentes y de estabilidad de un edificio convencional proyectado con muros de ladrillo, utilizando tanto el formato catalán, como el formato castellano.

El procedimiento utilizado se basa en el contenido del Código Técnico de la Edificación; respetando, en particular,  las prescripciones, modelos y parámetros establecidos en los siguientes Documentos Básicos:

- DB SE (“Seguridad Estructural”)

- DB SE-AE (“Seguridad Estructural: Acciones en la Edificación”)

- DB SE-F (“Seguridad Estructural: Fábrica”)

Para este objetivo, se ha elegido como ejemplo objeto de estudio un edificio sencillo en cuanto a la geometría se refiere; que tiene, no obstante, un número considerable de situaciones diferentes que afectan al dimensionado de los muros, lo que permite exponer los procedimientos y estrategias a seguir en cada caso.

En este documento se presentan los procedimientos básicos para el dimensionado de los elementos a un nivel global de estructura, y las rutinas necesarias para verificar los requisitos de resistencia y  estabilidad exigidos por la normativa para cada tipo de muro, utilizando como único recurso el cálculo manual.

La descripción del edificio a estudiar y los datos de partida de Proyecto aparecen detallados en la hoja gráfica adjunta.

El albergue de 11 y 24

Iván García.

Lluvia en La Habana.
Hace tres décadas, tal vez más, la posada o motel para parejas en 11 y 24, en la barriada del Vedado, estaba entre las mejores de La Habana.
Joel, de 57 años, recuerda las habitaciones con aire acondicionado y neveras cargadas de cerveza. Fue en esa posada donde por primera vez hizo el amor con su esposa.
Ha llovido bastante. Y la vida, con sus giros enigmáticos, los ha traído de vuelta a 11 y 24. Ahora, sin embargo, en condición dealbergados. En Cuba, ser albergado es habitar en el último escalón de la pobreza.
Cuando se pierde el domicilio debido a un derrumbe o por haber sido declarado inhabitable por los funcionarios del Instituto de la Vivienda, la opción es residir hacinado en un albergue estatal.
"Es lo más cercano a una prisión. La gente llega engañada a los albergues. Las autoridades te dicen que en 5 años, a lo sumo, te darán una casa nueva. Hay familias aquí que llevan 20 años. Vivimos crispados y frustrados. Ya nos cansamos de reclamar una vivienda", cuenta Joel en su estrecha habitación de paredes enmohecidas.
En esta exposada del Vedado residen actualmente más de veinte familias. El que menos tiempo lleva, ya cumple diez años.
Interior de vivienda en 11 y 24. (YURI ROCA)
Josefina también reside en el antiguo motel. Desde hace 12 años habita en un cuarto mínimo, donde cinco personas duermen en dos camas junto a un baño muy pequeño con fuerte olor a orina y una sábana sucia, repleta de parches, que hace las veces de puerta.
La cocina y el refrigerador junto a las camas sirven de división.
El patio común, donde tienden sus ropas, está inundado de aguas albañales. En las noches calurosas, los albergados se sientan en pedazos de ladrillos o descoloridas sillas plegables a conversar después de la comida.
Josefina nos cuenta que ella fue a parar al albergue por el derrumbe de su casa, en la calle H entre 9 y 11, Vedado, frente al Hospital Maternidad de Línea. Le prometieron que sería albergada provisionalmente, a la espera de que se le otorgara una vivienda en mejores condiciones. Hasta el sol de hoy.
"A todos los que vivimos aquí les han dicho lo mismo. Ya nadie cree la historia de que el gobierno resolverá nuestros problemas. De esto hace 12 años. Si todavía no lo ha resuelto, no lo hará en el futuro", dice Josefina.
Y las noticias no son buenas. Según el Instituto de la Vivienda, el fondo habitacional es escaso.
Cocina en 11 y 24. (YURI ROCA)
Las lluvias y el mal tiempo provocan cada año el derrumbe de cientos de casas en la ciudad. El gobierno de Raúl Castro no tiene solución para estas familias sin techo. Solamente en La Habana, hay dos docenas de albergues. Todos en precario estado constructivo.
Algunas noches, los albergados se sientan a beber ron barato en el patio del antiguo motel. Y a soñar con el día que puedan tener un hogar digno. Pero como marchan las cosas, entre crisis económica, despidos laborales, abolición de subsidios y piñatas corporativas de los empresarios militares, Joel piensa que la otrora posada de 11 y 24 será su residencia de por vida.
"Saldré de aquí hacia el Cementerio de Colón, cuando Dios pase a recogerme", comenta en voz baja y sin esperanza. Por cierto, entre el albergue y la necrópolis la distancia es corta.

El mal del cerebro