Víctimas, 13 de abril: Eugenio Lázaro Valle, Jesús Alcocer Jiménez, Juan José Visiedo Calero y Tomás Palacín Pellejero

Libertad Digital.



A las dos de la tarde del domingo 13 de abril de 1980 ETA asesinaba en Vitoria de un tiro en la nuca al jefe de la Policía Municipal y comandante del Ejército, EUGENIO LÁZARO VALLE.
A las diez y media de la mañana el comandante Lázaro Valle había estado en el cuartel de la Policía Municipal donde, tras inspeccionar los servicios, había recogido su coche. Posteriormente asistió a misa en la parroquia de Los Ángeles.
En esos momentos tres terroristas, que habían solicitado los servicios de un taxi para llegar hasta la iglesia, se identificaron como miembros de ETA y tomaron el volante del vehículo, conminando al taxista a que se estuviese quieto.
El comandante salió de misa y se dirigió hacia la calle de Sancho el Sabio. Ahí se detuvo unos segundos en un semáforo. Un etarra bajó del vehículo y se acercó al semáforo, donde le esperaba un tercer terrorista. Se colocó detrás de Eugenio Lázaro y le disparó un tiro en la nuca. En el lugar de los hechos se encontró un solo casquillo de nueve milímetros parabellum. El comandante fue trasladado al Hospital de Santiago, donde sólo se pudo certificar su fallecimiento.
El asesinato se interpretó como la continuación de la campaña etarra contra mandos militares que ocupaban puestos importantes al frente de policías locales. El nombre de Eugenio Lázaro se había barajado como sustituto de Jesús Velasco Zuazola, jefe de los Miñones de Álava, asesinado por ETA el 10 de enero de 1980.
ETA reivindicó el atentado en un comunicado enviado el 15 de abril a diferentes medios de comunicación de Bilbao. Por el asesinato de Lázaro Valle fueron condenados en 1982, a 8 años de reclusión mayor como cómplices del atentado, Moisés Izar de la Fuente y Martínez de Arenaza y Pedro Manuel González Alonso. Estos dos terroristas fueron los que proporcionaron a los dirigentes de ETA en Francia la información necesaria para cometer el atentado. En 1999 fueron condenados a 30 años los autores materiales del atentado, los etarras Ignacio Arakama Mendia y José Ramón López de Abechuco Liquiniano.
Eugenio Lázaro Valle tenía 49 años y era natural de Santoña (Santander), aunque tanto él como su padre, también militar de profesión, eran considerados como vitorianos desde siempre. Dentro de su carrera militar en Infantería, eligió el cuerpo de la antigua Policía Armada (hoy Nacional), desempeñando el mando en la guarnición de Vitoria como teniente y, posteriormente, como capitán. Tras el atentado se confirmó oficialmente que había sido amenazado en repetidas ocasiones. Estaba casado y tenía cuatrohijos.
El 13 de abril de 1984 ETA asesinaba en Pamplona a un comandante de Infantería retirado y a dos policías nacionales en dos atentados diferentes cometidos, con apenas una hora de diferencia, por los mismos terroristas.
Como cada día a las siete de la mañana el comandante del Ejército de Tierra retirado, JESÚS ALCOCER JIMÉNEZ, se dirigió a Mercairuña, centro mayorista donde realizaba las compras de suministros que luego vendía en tres supermercados de su propiedad ubicados en Pamplona. Cuando se disponía a entrar en el edificio, dos etarras le tirotearon alcanzándole dos veces en la cabeza y provocándole la muerte en el acto.
Los etarras se dieron inmediatamente a la fuga en un automóvil Renault 18, de color verde claro, donde les aguardaba un tercer terrorista. Varios testigos pudieron identificar el vehículo utilizado en el atentado y, alertadas las dotaciones policiales de Pamplona, se establecieron diversos controles, procediéndose también a realizar una amplia operación de rastreo por diversas calles de la ciudad a fin de localizar este turismo, cosa que ocurrió unos 45 minutos después.
Una dotación del 091, compuesta por tres policías nacionales, localizó el Renault 18 abandonado en la ronda de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de Enseñanza Media y a varios kilómetros del lugar en que se produjo el asesinato de Jesús Alcocer.
El cabo primero TOMÁS PALACÍN PELLEJERO y el policía nacional JUAN JOSÉ VISIEDO CALEROprocedieron a inspeccionar el automóvil. Tras abrir una de las puertas delanteras del vehículo, se produjo la explosión de una potente bomba, compuesta por unos 15 kilos de Goma 2, que había sido colocada en el interior del vehículo. Los cuerpos de los dos policías nacionales fueron lanzados en direcciones opuestas, decapitados y mutilados. Sus restos quedaron esparcidos en un radio de unos cien metros y tuvieron que ser recogidos posteriormente por voluntarios de la Cruz Roja. El conductor del coche de la Policía Nacional, Juan Sánchez Martín, que observaba desde el vehículo a sus compañeros, sufrió heridas leves. El dispositivo que accionó el artefacto explosivo es de los conocidos como pinza y estaba conectado a una de las cerraduras del vehículo.
Por el asesinato de Jesús Alcocer fueron condenados a 29 años en 1988, como autores materiales, Mercedes Galdós Arsuaga y Juan José Legorburu Guerediaga; en 1989, fue condenado Juan Carlos Arriaga, también a 29 años, por haber realizado el control y seguimiento de los movimientos de la víctima; en 1991 fue condenado, como autor material, José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui.
A las mismas penas fueron condenados por el asesinato de los dos policías Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui. Y también fue condenado a 29 años Jesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para el vehículo trampa utilizado en la huida.
Jesús Alcocer Jiménez, natural de Sos del Rey Católico (Zaragoza), tenía 65 años. Estaba casado y era padre de cuatro hijas. Fue comandante del Ejército hasta 1977, año en que se retiró y pasó a ejercer actividades empresariales privadas en Pamplona. También fue delegado provincial de Fuerza Nueva. Ambas circunstancias le pusieron en el punto de mira de la banda terrorista. En 1978 Jesús fue víctima de un doble atentado. Una bomba estalló en uno de sus supermercados y, poco después, un segundo artefacto hizo explosión en su vehículo. Esta segunda bomba se programó para que estallase cuando el ex militar se montase en el mismo y fuese a inspeccionar los desperfectos provocados por la primera explosión. Sin embargo, la víctima retrasó su salida del domicilio y eso evitó que fuera alcanzado por la explosión del vehículo.
Juan José Visiedo Calero, de 26 años, era natural de Melilla. Estaba casado y tenía una hija de dos años.




Tomás Palacín Pellejero, también casado, tenía 43 años y dos hijos. Era natural de Cervera de Cañada (Zaragoza).

Simplificar

Fernando del Pino Calvo-Sotelo.



Los sucesivos gobiernos centrales, autonómicos y municipales han creado de la nada cientos de miles de páginas de leyes, reglamentos, normas y regulaciones que todos tenemos que cumplir. Según tengo entendido, en España los diarios oficiales de las CCAA publican más de 800.000 páginas al año; el BOE, más de 250.000. Han leído bien: un millón de páginas. Al año. Luego dicen que en España no se lee; desde luego, escribir, se escribe.
Sin embargo, a pesar de este disparate, sigue aplicándose el principio de que “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”. Opino que este principio tenía más sentido y era más justo cuando el número de normas era más reducido y cuando además dichas normas no reñían con el sentido común. En cualquier caso, su vigencia nos coloca a ciudadanos y empresas en una situación incómoda. Hoy en día es difícil estar completamente seguros de que cumplimos con todas las exigencias inventadas por nuestros políticos. Para deleite de despachos de abogados, gestorías y consultoras, nos vemos obligados a dedicar una ingente cantidad de recursos a intentar cumplir con estas normas. Como los recursos son finitos, los que se destinan a este menester se detraen de mejorar nuestra productividad, de incrementar la calidad de nuestros productos, de ampliar nuestra capacidad, de remunerar a nuestros empleados y accionistas o de reforzar nuestra liquidez para no depender tanto de esa frágil línea de crédito bancaria. Los caprichos del legislador nos obligan a distraernos con asuntos completamente improductivos. Pronto, si a la gente dedicada a regular nuestra vida le sumamos la gente dedicada a controlarnos para que cumplamos con la regulación y la gente contratada por nosotros para estar seguros de cumplir con ella, quedaremos pocos para pagarles el sueldo a todos ellos. Y entonces, ¿qué? Hemos llegado a normalizar algo que definitivamente no tiene nada de normal. Nos acercamos al mundo de Ayn Rand en La Rebelión de Atlas.
Un empresario extranjero, impresionado tanto por la maraña de regulaciones de nuestro país como por la simultánea laxitud con que se cumplía y hacía cumplir la ley, resumía la situación de la siguiente manera: “España es una dictadura legislativa, sólo atemperada por el incumplimiento de la ley”. Se refería a un problema que es causa importantísima de pobreza relativa y pérdida de competitividad de España. Este problema es realmente un desastre nacional y nos está carcomiendo poco a poco. A pesar de ello, nuestros políticos siguen sin querer verlo ni darle importancia. Este desastre nacional se llama exceso normativo e inseguridad jurídica.
Este verdadero cáncer tiene cuatro vertientes principales. Primero, como he mencionado, los políticos inventan demasiadas normas que de modo agobiante regulan hasta el más sutil detalle de nuestras vidas personales y empresariales. Así, asedian nuestra libertad y aumentan su poder. Además, a las 18 administraciones españoles se une el mamut de Bruselas. Segundo, estas normas son demasiado extensas y tremendamente farragosas. Parece que al legislador le aterre la sencillez; lo complejo vende; las leyes se valoran al peso. Qué típicamente español es ese articulado profuso, lleno de apartados y subapartados, que trata de maniatar una realidad demasiado grande y compleja, realidad que continuamente se rebela en defensa de su libertad amenazada. Tercero, leyes sobre temas muy relevantes cambian cada vez que hay un cambio de Gobierno. ¿Cuántas reformas educativas ha habido? ¿Cuántos cambios fiscales? Los partidos mayoritarios no se ponen de acuerdo en casi nada y legislan en exceso para corregir los “errores” del anterior Gobierno. De esta forma, es imposible planificar a largo plazo. Y si no se puede planificar a largo plazo, no se invierte. Y si no se invierte, ¿cómo se planta la semilla del crecimiento? En cuarto lugar, las leyes españolas basculan entre una concreción que trata inútilmente de atrapar esa realidad siempre más compleja y una vaguedad intencionada que permite la arbitrariedad por parte de quien ostenta el poder. En este último caso, el ciudadano o la empresa dependen de la “benevolencia” del político de turno. No existe el imperio de la ley: existe el imperio de la voluntad del político. Como el rey Ricardo III, en la obra homónima de Shakespeare, el político busca tener siempre la puerta abierta para responder: “Hoy no estoy de humor para dar” (Acto cuarto, escena II). No olviden que el súmmum del poder, aquél con que sueñan todos los políticos, es el poder arbitrario: el hoy sí; mañana, no; a ti, sí; a aquél, no. Les suena, ¿verdad?
En España los políticos han hecho de la política una profesión. Por regla general, llevan en ella desde que terminaron sus estudios. Algunos apenas tienen estudios, luego llevan en política realmente mucho tiempo. En el extremo contrario están los que estudiaron una carrera universitaria y una oposición y, a renglón seguido, con veintitantos, zas, se metieron en política. A éstos últimos, en nuestro país, los calificamos como “muy preparados”. La admiración al opositor es un fenómeno muy español. Obviamente, siempre es mejor tener formación que no tenerla; los idiomas, por cierto, también ayudan mucho. Además, una oposición es un indicio de capacidad memorística, sacrificio, trabajo y concentración. No obstante, contrariamente a otros compañeros de oposición que sí han pasado por la vida “real”, muchos de estos políticos no han tenido más experiencia que la sede del partido o, si han tenido suerte, algún puesto de responsabilidad en la Administración durante unos pocos años; en demasiadas ocasiones, no tienen ni la más remota idea de cómo funciona una empresa privada, el motor de riqueza y creación de empleo de cualquier economía moderna. Les falta este conocimiento, importantísimo en el mundo globalizado y duramente competitivo del s. XXI. Han estado casi siempre en el lado de quien redacta la norma o la hace cumplir; casi nunca en el extremo de quien soporta sus consecuencias.
Pues bien, los unos y los otros llegan al poder después de estar media vida ansiándolo y quieren dejar su impronta. Quieren redactar. Les posee una suerte de fiebre legislativa y miden su eficacia por el número de leyes que aprueban. Con esta fusión tan española entre poder ejecutivo y legislativo, nuestros políticos creen que gobernar es hacer leyes. Pues bien, lo que necesita España es deshacer leyes. No añadir legislación, sino eliminarla; no regular más, sino desregular; no asfixiar la libertad individual, sino darle alas para que cree prosperidad.
Si el Gobierno realmente quiere reformar España para salir de esta maldita crisis debería plantearse como uno de sus objetivos reducir drásticamente el número de normas y regulaciones. En particular habría que apuntar a las producidas por ese Frankenstein llamado “Estado autonómico”, un invento metamorfoseado en monstruo. También debería establecer un plan de simplificación de las normas más relevantes. Ambas medidas devolverían parcelas de poder tomadas coercitivamente a la sociedad civil. Por último debería intentar ponerse de acuerdo en un número de normas claves con el principal partido de la oposición, aunque esté actualmente en formato guerrilla y echado al monte,  y dejar así al albur del capricho político sólo normas de menor entidad.
La actividad empresarial en España sobrevive sofocada y agobiada bajo el peso de las normas y regulaciones disparatadas y caprichosas de sus 18 administraciones, y en la inseguridad permanente provocada por su continua modificación y por la arbitrariedad de su aplicación. Debemos sacudirnos este yugo.
Fernando del Pino Calvo-Sotelo
www.fpcs.es

The Path to Prosperity

Steve Landsburg.

If you want to know why some countries are rich and others are poor, a good starting place is this graph, which I took from the first edition of David Weil’s quite marvelous textbook on Economic Growth:


Because I took this from Weil’s first edition, these data are several years old, and some countries might have moved up or down the ladder since then. But the overall picture is clear: More capital per worker means more output per worker, and more output per worker means more income per worker. This relationship — in fact, the nearly linear relationship that you see on the graph — is just what standard economic theory predicts. It’s nice to see that prediction so powerfully confirmed.
Capital here refers to physical capital — the machinery, factory space and office equipment that allows workers to be more productive. A garment worker with a sewing machine produces more blouses per hour than a garment worker with a needle and thread; therefore the garment worker with a sewing machine earns higher wages. (A good rule of thumb is that workers are paid about 2/3 the value of what they produce.) If you want rich garment workers, you need a lot of high-quality sewing machines. If you want rich farm workers, you need a lot of high-quality tractors.
And if you want more high-quality tractors, you need more factories producing them — which means fewer factories producing consumer goods like, say, cars. That in turn requires consumers to rein in their immediate appetites, spending less and saving more. In other words, capital accumulation is driven in part by frugality. Forgo that car purchase and the factories will produce another tractor instead. That’s why tax policies matter. A tax that punishes saving (e.g. the estate tax) is a tax that encourages spending. Because of that tax, the rich buy more cars, the factories produce fewer tractors, and farm wages fall. If you doubt that farm wages depend heavily on the production of tractors, have another look at the graph.
Do not, however, jump to the conclusion that if, say, Nigerians had access to Japanese levels of capital, then Nigerian wages would rise to Japanese levels. Part of the reason Nigerians have so little capital is that capital is used less efficiently in Nigeria, so people choose to accumulate less of it. To move up this ladder, you need to do more than just accumulate capital — you’ve got to be the sort of country where capital is worth accumulating. What that entails will be a topic for a future post.

Pals

Fotógrafa: María Jesús Martín Villar.

























¿En la ‘Champions League’ económica?

Luis Garicano. Expansión, viernes 14 de septiembre de 2007.

Según las declaraciones recientes del presidente del Gobierno, España está en la Champions League económica mundial. España es “la que más partidos gana, la que más goles ha metido y la menos goleada.” Desgraciadamente, la realidad es muy distinta. Hemos tenido un crecimiento reciente asombroso, cierto. Y sí, nuestras finanzas públicas están saneadas. Pero hemos conseguido llegar hasta aquí con un modelo económico que sirve para alcanzar a los de Primera División, pero que no nos permitirá sobrevivir en esta Liga.

España crece porque usa más capital, más materias primas (¡ladrillos!) y más trabajo cada año, no porque la productividad de estos factores haya aumentado. Un estudio reciente (Klems, marzo de 2007) calcula que el valor añadido por la economía española creció al 3,6% anual entre 1995 y 2004. El crecimiento del empleo contribuyó 2,6 puntos a esta cifra, y el del capital empleado 1,9 puntos porcentuales. La contribución del incremento de la productividad es negativa: -0,9% anual. Esta evolución es la peor registrada en las economías de nuestro entorno (EU+Japón+US). ¿Por qué?: El crecimiento econó- mico está concentrado en la construcción (que aumentó un 7% anual) y en el sector turístico. España ha crecido a base de usar más máquinas, más ladrillos y más obreros para hacer más de lo mismo.

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Hygiene

… is about Europe in the 14th & 15th centuries; it’s from pages 244-245 of Will Durant’s 1957 volume The Reformation:
Social and individual hygiene hardly kept pace with the advances of medicine.  Personal cleanliness was not a fetish; even the King of England bathed only once a week, and sometimes skipped….  In all Europe – not always excepting the aristocracy – the same article of clothing was worn for months, or years, or generations.  Many cities had a water supply, but it reached only a few homes; most families had to fetch water from the nearest fountain, well, or spring.  The air of London was befouled by the odor of slaughtered cattle, till such carnage was forbidden in 1371.  The smell of latrines detracted from the idyllic fantasies of rural life.  London tenements had but one latrine for all occupants; many houses had none at all, and emptied their ordure into the yards or streets.  Thousands of privies poured into the Thames; a city ordinance of 1357 denounced this, but the practice continued.


Source: Cafe Hayek.

Steel Framing

Alacero.

Incluyo las publicaciones en la documentación sobre estructuras.


Manual de Ingeniería de Steel Framing. Roberto G. C. Dannemann.



Este manual proporciona una ágil aproximación a las normas AISI, pero incorporando gráficos para el cálculo simple de columnas y vigas. Asimismo incorpora comentarios innovadores sobre el comportamiento de este sistema de entramados a las solicitaciones sísmicas, el efecto de la reducción de la resistencia de los perfiles canal por torsión, así como la selección de perfiles para evitar los efectos del pandeo local.


Steel Framing: Arquitectura. Arlene María Sarmanho Freitas, Renata Cristina Moraes de Crasto.


Este Manual es la traducción de Steel Framing: Arquitetura, de Arlene María Sarmanho Freitas y Renata Cristina Moraes de Crasto. Es de fácil lectura, permitiendo llegar ordenadamente al lector desde los rudimentos de este sistema hasta los distintos detalles arquitectónicos.