Héroe, 26 de marzo: Enrique Cuesta Jiménez

Libertad digital.

Pasadas las tres de la tarde del 26 de marzo de 1982, dos terroristas muy jóvenes, pertenecientes a los Comandos Autónomos Anticapitalistas, rama escindida de ETA, asesinaban a tiros en San Sebastián al delegado provincial de la Compañía Telefónica Nacional de España, ENRIQUE CUESTA JIMÉNEZ, y herían gravemente al policía nacional Antonio Gómez García, que prestaba protección al primero. Antonio moriría cinco días más tarde, el 31 de marzo.
Enrique Cuesta había sucedido en el cargo a Juan Manuel García Cordero, que fue secuestrado y asesinado de un tiro en la nuca en el monte Ulía el 23 de octubre de 1980, también por los Comandos Autónomos. Juan Manuel fue previamente "interrogado", pues los terroristas le acusaban de ser el responsable de las escuchas telefónicas en colaboración con la Policía. Además, también habían asesinado a Juan Carlos Fenández Aspiazu, otro directivo de la empresa responsable de publicidad de las páginas amarillas de la guía telefónica, el 29 de octubre de 1980, seis días después.
Ese era el motivo por el que Enrique llevaba protección. Normalmente esta protección era de dos agentes, pero en el breve trayecto del trabajo a su domicilio a veces sólo le acompañaba uno.
Los dos individuos que efectuaron los disparos aguardaban apostados junto a la esquina de la sucursal de la Caja de Ahorros Provincial, situada en la avenida Sancho el Sabio, en el barrio donostiarra de Amara. Enrique Cuesta abandonaba todos los días a las tres de la tarde la delegación de Telefónica en la calle Sagrada Familia, a escasa distancia del lugar de los hechos, y se dirigía caminando hasta su domicilio, en el número seis de la avenida citada.
Testigos presenciales manifestaron que los dos terroristas abordaron de frente al delegado de la Telefónica y a su escolta, y comenzaron a disparar sus pistolas sin mediar palabra. Dispararon primero contra el escolta: un proyectil alcanzó en el hemitórax derecho al policía Antonio Gómez García, le perforó el pulmón y salió por el occipital, arrastrando parte de la masa encefálica. A continuación, otra bala, disparada a quemarropa, destrozó el corazón de Enrique Cuesta.
Ambas víctimas cayeron al suelo fulminadas, mientras los dos terroristas cruzaban la avenida de Sancho el Sabio corriendo, acompañados de un tercer individuo, que había cubierto su retirada. Una vez recorrida la calle Luca de Tena, se dieron a la fuga en un vehículo robado, que les aguardaba en el Paseo de Vizcaya. El automóvil empleado por los terroristas en su huida, un Seat 850 de color blanco matriculado en Zamora y robado poco antes de consumarse el atentado, fue hallado por la policía junto a la estación de Renfe, a unos 1.500 metros del lugar de los hechos. Enrique Cuesta fue trasladado a la residencia de la Seguridad Social donde ingresó cadáver. El policía nacional Antonio Gómez fue atendido en el Hospital de la Cruz Roja.
La Policía recogió casquillos de bala de calibre nueve milímetros tipo parabellum, marca STE. En la fachada de vidrio de la sucursal de la Caja de Ahorros provincial, junto a la que se perpetró el atentado, podían apreciarse dos orificios de bala.
El atentado fue cometido en presencia de gran número de personas, entre ellos muchos niños que esperaban el paso de autobuses escolares cuyas paradas habituales se encontraban cerca del lugar. La hija menor de Enrique Cuesta, Irene, de 14 años, solía esperar cada día a su padre cerca de ese lugar, antes de tomar el autobús que la trasladaba al colegio. Así lo contó en Olvidados, de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero:
"Eran las tres de la tarde y esperaba, como todos los días a esa misma hora, cruzarme con mi padre. Él volvía del trabajo a casa después de su jornada laboral, iba a comer a casa, y yo habitualmente le esperaba antes de irme al colegio porque, como coincidíamos en el horario, yo le daba un beso y las buenas tardes antes de irme a clase. Pero ese día mi padre no llegaba así que retrocedí un par de calles -porque yo sabía su itinerario habitual- y cuando me fui acercando hacia una esquina cercana a casa vi que había un corro con mucha gente, vi ambulancias, vi a la Policía Nacional y no entendí lo que pasaba. Simplemente miraba por encima de las cabezas de todo el mundo -la gente miraba hacia el suelo- buscando a mi padre. Mi padre iba siempre con dos escoltas. También los buscaba a ellos, pero no los encontraba. Y no sé cómo, no lo recuerdo bien, llegué hasta el centro del círculo que formaba la gente y es entonces cuando vi lo que miraban los demás. Era a mi padre que estaba tumbado en el suelo, sangrando. En ese momento fui consciente de lo que acababa de pasar: mi padre acababa de tener un atentado". La joven sufrió una aguda crisis nerviosa y hubo de ser trasladada a la residencia de la Seguridad Social Nuestra Señora de Aránzazu.
La otra hija de Enrique, Cristina, de 20 años, era estudiante de Periodismo en Lejona. El día del asesinato de su padre se encontraba en el domicilio familiar en San Sebastián porque había ido a celebrar su cumpleaños en familia. Ajena a lo sucedido, recibió una llamada telefónica de un comunicante anónimo, que se limitó a decirle "baja deprisa que a tu padre le ha pasado algo", y colgó el aparato. La muchacha, presa de una enorme excitación, bajó a la calle cuando las ambulancias habían recogido ya a los heridos.
Recientemente, Cristina revivió para El Mundo (12/12/2010) cómo vivió todo aquello. Tras la llamada telefónica anónima, Cristina bajó a la calle y ambas hermanas se cruzaron, pero no llegaron a verse. "Cuando llegué sólo estaban sus restos de sangre". Al llegar la noche, se acostó con su hermana pequeña y le dijo: "Tranquila, nadie te va a hacer daño nunca, yo te voy a cuidar, Irene". Y así lo recuerda la propia Irene en Olvidados: "Maduramos a marchas aceleradas en esa etapa. Reconozco que sin el apoyo de mi hermana no sé lo que habría hecho".
Cristina se convierte, prácticamente, en cabeza de familia. Su madre cayó en una depresión que aún dura. En la pensión de viudedad ponía que Enrique había muerto de "accidente laboral". Hasta 1992 su madre no empezó a percibir una pensión extraordinaria como víctima del terrorismo. Un mes después del asesinato de su padre, Cristina entró a trabajar en Telefónica. "Entré como zombi allí" sigue contando para El Mundo. "Se me dijo que la información del comando terrorista que lo mató vino de dentro de la compañía... Con lo que yo veía terroristas por todas partes".
Irene también rememora en Olvidados la primera manifestación: "Recuerdo con orgullo que, en una época en la que no había apenas manifestaciones ni la gente salía a la calle a protestar como ahora, espontáneamente, los compañeros de mi padre en Telefónica hicieron una manifestación. A los dos o tres días de enterrar a mi padre yo estaba en casa, oí ruido en la calle, me asomé al balcón y vi a los compañeros de mi padre con una pancarta improvisada protestando por su asesinato. Bajé corriendo y me uní a ellos".
Pero el despertar se produce en torno a 1986. Cristina, cuenta en El Mundo, ve una pintada de "Gora ETA" en un pasillo de la facultad. Tras comprobar que no había nadie, escribió con rabia debajo: "Y si matan a tu padre, ¿qué?". A los pocos días, vio de lejos que alguien había respondido. Se acercó esperanzada, pero la respuesta escrita debajo de la suya era "algo habrá hecho". Cristina no estaba dispuesta a callar ni un minuto más: "A mí no me daba la gana decir que mi padre había muerto en accidente de tráfico". Así que "como era más fuerte la indignación que el miedo", decide pasar a la acción dando un paso al frente y monta un pequeño grupo que se autodenominó Asociación por la Paz. "Eran 24 inconscientes".
Así lo cuenta su hermana Irene: "Llegamos a 1986. [...] mi hermana consigue poner en marcha un grupo por la paz [...] y el 8 de mayo, tras un atentado contra un policía en Vizcaya, decidimos que ya no queríamos estar callados y que había que salir a la calle [...]. En la primera concentración estábamos unas pocas personas detrás de la pancarta. Entre ellas, todo un colectivo de mujeres de policías nacionales con muchísimo miedo en el cuerpo agarrando también la pancarta porque eran conscientes de que los siguientes podían ser sus maridos, y había que hacer algo. En la pancarta ponía: ‘Dilo con tu silencio’. Algo así. Era una pancarta chapucera porque no teníamos dinero. Mi hermana y yo la hicimos en el pasillo de casa, con brochas, sin ninguna habilidad [...].Mucha gente comenzó a unirse a las concentraciones, algo que le resultaba insoportable al mundo radical y que le llevó a enfrentarse con nosotros en las denominadas "contramanifestaciones". [...] mientras nosotros estábamos en silencio con la pancarta, con los lazos azules, exigiendo la libertad de los secuestrados, que no se matara a nadie más y que se acabara el terrorismo de una vez, ellos estaban a un metro de distancia con sus carteles de los presos gritándonos, tirándonos piedras e intimidándonos sin límites".
En el Epílogo de Olvidados, escribe Cristina: "Hoy las víctimas no están solas y pueden hablar, se les reconoce su sacrificio y su entereza. Corremos el riesgo de que su legado y sus reclamaciones obvias no sean tenidas en cuenta en un supuesto final y que se pueda traicionar el significado, también político, de tanto dolor. Quiero creer, y trabajamos por ello, que el final será el de la derrota política, social e institucional del terrorismo, por pedagogía democrática, por homenaje a todas las víctimas del terrorismo".
Tras el asesinato de Enrique, militantes socialistas anunciaron que trabajarían durante la noche para preparar decenas de miles de octavillas, que al día siguiente fueron distribuidas por toda Guipúzcoa, en las que se reproducían unas frases del teólogo alemán Martin Niemöller, sobre las que circulan muchas versiones y han sido erróneamente atribuidas a Bertolt Brecht: "Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar".
En 1985 la Audiencia Nacional condenó a Francisco Javier Taberna Arruti, Antonio Angulo Sagarzazu y a Ramón Agra Alonso por el asesinato de Enrique Cuesta y Antonio Gómez. Agra Alonso fue asesinado en septiembre de 1990 durante un permiso penitenciario, pues disfrutaba de régimen abierto en la prisión provincial de Málaga, después de acogerse en septiembre de 1987 a las medidas de reinserción del Gobierno. Desde que se reinsertó regentaba un bar en Fuengirola. La Policía barajó desde un principio dos hipótesis: la de la delincuencia común relacionada con el tráfico de drogas y la de una venganza de la banda terrorista.
Otro de los asesinos de Enrique y Antonio es Juan Antonio Zurutuza Sarasola, alias Capullo oAcullo. Este etarra huyó a Francia y posteriormente fue extraditado a Venezuela. Después volvió a Francia, donde se caso con una rica empresaria de Hendaya, adquiriendo así la doble nacionalidad. Sus crímenes han ido prescribiendo pero, por suerte, fue detenido en febrero de 2004 por la Policía francesa por dar cobertura económica a ETA desde su puesto de gerente de la empresa Olabe Distribución, que se dedica a la distribución de productos españoles y peruanos en Francia. Ya había sido detenido por el mismo motivo en 2002, pero en aquella ocasión la Policía francesa le dejó en libertad. Al tener doble nacionalidad, las dificultades para extraditarlo a España eran enormes. Sin embargo, esta llegaría en diciembre de 2007. Este caso marca un hito en la cooperación antiterrorista de Francia con España, siendo la primera vez que las autoridades de París conceden la entrega de un ciudadano francés, rectificando, también por primera vez, una anterior negativa en aplicar los criterios de prescripción españoles. Extraditado a España, fue condenado por este atentado en abril de 2010 a 46 años. Posteriormente, en febrero de 2011, el Tribunal Supremo rechazó el recurso del etarra, que alegaba prescripción del delito. Según la sentencia de la Audiencia Nacional, Zurutuza Sarasola y Francisco Javier Taberna Arruti (también fallecido) robaron el vehículo con el que fueron a San Sebastián, donde les esperaba Agra a bordo de otro vehículo preparado para la huída. Fue Capullo el que realizó los disparos que acabaron con la vida de Enrique y Antonio.
Enrique Cuesta Jiménez, de 54 años, era natural de Logroño, adonde fueron trasladados al día siguiente del atentado sus restos mortales. Estaba casado y tenía dos hijas, Irene, de 14 años, y Cristina, de 20. Cristina fue presidenta de Covite (Colectivo de Víctimas del País Vasco) y actualmente es presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco.

Apple no será más grande que España

Juan Ramón Rallo.



Un buen ejemplo de titular engañoso: Apple será más grande que España en tres años. ¿La razón? En estos momentos, la capitalización bursátil de la empresa de Cupertino se sitúa en 560.000 millones de dólares y un analista de Forbes ha pronosticado que para 2015 alcanzará los 1,53 billones de dólares; dado que, para esa fecha, el PIB español se espera que se sitúe en el entorno de los 1,07 billones de euros (1,4 billones de dólares), la corresponsal de El Mundo concluye que la compañía será más grande que todo el Reino de España.
Reparen en que este es un argumento muy manido por el movimiento antiglobalización (“las multinacionales son más grandes que muchos países”) y que obviamente hace las delicias de la mayoría de marxistas (la irrefrenable tendencia hacia el monopolio único). A mí, la verdad, me entusiasma que haya empresas que sin ejercer la coacción (aunque en el caso de Apple sería discutible por el tema de las patentes) tejan lazos contractuales voluntarios con millones o decenas de millones de personas que alcancen un valor de mercado superior a los son capaces de establecer todas las compañías y los gobiernos presentes en un territorio determinado (que no otra cosa viene a subsumir el Producto Interior Bruto).
En el caso de Apple, sin embargo, me temo que todavía le queda mucho trecho para alcanzar a la economía española. No ya porque las previsiones de este analista sean más que objetables, sino por un detalle mucho más importante: el artículo de El Mundo compara peras con manzanas; a saber, la capitalización bursátil de una empresa con la producción anual de un país. Una cosa es el valor actual de toda la producción futura y otra el valor actual de la producción presente: no podemos comparar lo que se produce en un año con lo que se espera que produzca a lo largo de 20 ó 30 años. O bien comparamos el PIB de España con, por ejemplo, las ventas de Apple en un año dado (el valor de su producción durante ese año) o bienla capitalización de Apple con el valor de todos los activos netos de España (el valor de todas las viviendas, empresas o créditos después de deducir las deudas de nuestro país). En caso contrario es como si dijéramos que una persona que tiene varias viviendas valoradas en 1 millón de euros es más rica que una que cobra unos alquileres anuales de 950.000 euros, cuando obviamente si esta persona percibe alquileres de más de 900.000 euros será porque el valor de sus inmuebles será muy superior a esa cifra (probablemente cercano a los 20 millones de euros).
Dado que una estimación del valor de todos los activos netos de España es más difícil de obtener, podemos simplemente comparar el PIB español (un billón de euros) con los ingresos por ventas de Apple en 2011 (108.000 millones de dólares u 83.000 millones de euros) para darnos cuenta de que, por mucho que en 2015 el tamaño de Apple se haya triplicado (y, por tanto, sus ventas se ubiquen en torno a los 330.000 millones de dólares o 250.000 millones de euros, si es que se mantiene la relación actual entre valor de mercado e ingresos), el tamaño de la economía española, medido por su producción anual, seguiría siendo cuatro veces superior al de Apple. Desde luego, nada mal, pero bastante alejado del engañoso titular anterior.
Eso sí, no deja de resultar llamativo que apenas 60.400 empleados de Apple generaran en 2011 casi una décima parte del valor que los 18 millones de trabajadores de la economía española: un trabajador de Apple fue tan productivo como 25 españoles. O, dicho de otro modo, si todos los trabajadores de España fueran tan productivos como los de Apple (para lo cual, evidentemente, haría falta mucha mayor acumulación de capital, incluido el humano, y también mayor pericia empresarial), el PIB de la economía española alcanzaría los 25 billones de euros, más de dos veces el de EEUU. Dado que la creación de riqueza no es un juego de suma cero (los trabajadores de Apple no son hiperproductivos porque los españoles lo seamos mucho menos), asombra el enorme potencial que a largo plazo tiene un sistema económico como el capitalismo, por desgracia tan frecuentemente castrado por el omnipresente intervencionismo gubernamental y de los bancos centrales.

El Papa, el cardenal y la policía

Andrés Oppenheimer.



La visita del papa Benedicto XVI a Cuba empezará en medio de un clima enrarecido: los grupos de derechos humanos están consternados por la reciente decisión del cardenal cubano Jaime Ortega de llamar a la policía para desalojar a trece disidentes que habían ocupado pacíficamente una iglesia.
Según un comunicado oficial de la Iglesia Católica de Cuba, publicado en el diario del régimen cubano,Granma, el 14 de marzo el cardenal Ortega le pidió a la policía que desalojara a los 13 disidentes que se habían refugiado en la iglesia Nuestra Señora de la Caridad de La Habana.
Tras su desalojo forzoso por policías antimotines en uniformes negros y armados con lanza gases, los disidentes, incluyendo a un hombre de 82 años, dijeron que fueron golpeados y llevados a una comisaría, donde fueron interrogados durante cinco horas antes de que les concediera libertad condicional. Según dijeron a los periodistas, habían querido entregarle una petición al Papa, y expresar sus demandas de democracia y derechos humanos.
¿Qué tan usual que un cardenal llame a la policía para desalojar a manifestantes pacíficos de una iglesia?, les pregunté a algunos de los principales grupos internacionales de derechos humanos y a varios expertos en derecho internacional.
Por lo que recuerdo de mi época como corresponsal extranjero durante las dictaduras militares de Sudamérica y América Central, y por lo que he leído sobre lo ocurrido en Polonia y en otras ex dictaduras comunistas de Europa, no se trata de algo muy usual. Mis entrevistados me lo confirmaron.
“Nunca he visto algo parecido”, me dijo José Miguel Vivanco, director del departamento de las Américas del grupo Human Rights Watch, refiriéndose al pedido del cardenal a la policía. “Es resultado de una obvia subordinación de la jerarquía eclesiástica al gobierno cubano”.
Vivanco recordó que en 1977 y 1978, durante el régimen del dictador militar Augusto Pinochet en Chile, cientos de familiares de personas desaparecidas buscaban regularmente refugio en las iglesias para concitar la atención internacional sobre sus demandas. Muchos pasaban largos períodos allí, y jamás fueron desalojados.
“A ningún obispo chileno se le hubiera cruzado por la cabeza llamar a la policía para desalojarlos”, me dijo Vivanco. “El cardenal chileno Raúl Silva Henríquez solía decir que la Iglesia está allí para dar voz a los que no tienen voz. La Iglesia jamás permitió que los servicios de seguridad estatales siquiera se acercaran a las iglesias”.
Javier Zuniga, un funcionario de la organización Amnistía Internacional en Londres, me dijo que el pedido del cardenal Ortega a la policía cubana "no es un hecho muy frecuente’’.
“La iglesia Católica ha desempeñado un rol muy importante en defensa de las personas que sufrieron dictaduras en Chile, en El Salvador y en otros países”, dijo Zuñiga. “En esos casos, la iglesia se convirtió en el defensor, y acogió en las iglesias a las asociaciones de familiares de presos políticos, detenidos y desaparecidos, que no podían expresarse en otra parte. Eso fue respetado”.
Claudio Grossman, decano de la Escuela de leyes de American University y ex director de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, me dijo que “el uso de los lugares religiosos como asilo es una antigua costumbre, y puede considerarse parte del derecho consuetudinario. Desde esa perspectiva, esta actitud causa consternación. Contradice el rol que la Iglesia ha desempeñado tradicionalmente”.
Los grupos de defensa de los derechos humanos de Cuba están igualmente consternados. Elizardo Sánchez Santa Cruz, director de uno de los principales grupos de derechos humanos de la isla, dijo a Associated Press poco después del incidente que “no puedo salir de mi asombro” por lo ocurrido.
¿Qué ha dicho el cardenal cubano a todo esto? El arzobispado de La Habana respondió a sus críticos con un comunicado el 14 de marzo senalando que "la iglesia escucha y acoge a todos, e igualmente intercede por todos’’, pero que "nadie tiene derecho a convertir los templos en trincheras políticas”.
El comunicado agregó que: "Nadie tiene derecho a perturbar el espíritu celebrativo de los fieles cubanos, y de muchos otros ciudadanos, que aguardan con júbilo y esperanza la visita del Santo Padre Benedicto XVI a Cuba”.
Mi opinión: La jerarquía de Ia Iglesia cubana ha cometido un gran error. Una cosa es no antagonizar abiertamente al régimen para poder seguir abriendo gradualmente espacios para la Iglesia en un sistema totalitario, y otra cosa muy diferente es llamar a la policía para desalojar a disidentes pacíficos.
Cuanto menos, el cardenal Ortega podría haberse quedado quieto, y decirle a la policía: “si ustedes quieren desalojarlos, es una decisión vuestra’’.
A menos que haya una sorpresa durante la visita del papa Benedicto XVI —y a diferencia de lo que ocurrió en Chile, El Salvador y Polonia– este episodio contribuirá a que el cardenal cubano pase a la historia como cómplice de los represores, en lugar de como defensor de los oprimidos.

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2012/03/21/v-fullstory/1158321/andres-oppenheimer-el-papa-el.html#storylink=cpy

Pont de l´Assut de l´Or (Puente de Serrería), Valencia

Artículo completo en la revista Hormigón y Acero. (ACHE).





Resumen:


En este artículo se describe el proyecto y construcción del puente conocido como Puente de Serrería durante su construcción, y ahora Pont de l´Assut de l´Or, proyecto de Santiago Calatrava que se ubica en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Como es habitual en las obras del mismo, une la originalidad del diseño arquitectónico con la singularidad estructural: un solo vano atirantado, sin vanos de compensación, con un pilono inclinado, de directriz curva, atirantado en su coronación. 


Palabras clave: Calatrava, Ciudad de las Artes, puente atirantado.

Delbert Gish

American Gallery.


Mokama Woman In Blue Sari
Mokama Girl In Red
Her Blue Dress
Mokama Woman With Orange Sari
Mokama Girl In Pink
Rwanda Adolescence
Village Gathering
The Peasant Girl From Mokama
Mokama Girl With Braids
Indian Woman
December Fog
Medical Lake Barn
Lilacs With Green Apples

Repensar la pobreza

Carlos Rodríguez Braun.


Este libro es un inteligente replanteamiento de la necesidad del intervencionismo estatal. Los autores, destacados especialistas y profesores en el M.I.T., recurren a la estrategia del centrismo y se presentan como equidistantes de dos extremos: por un lado, las burocracias internacionales, las ONGs y el buenismo progresista antiliberal que asegura que la pobreza se resuelve con más intervencionismo, más gasto público y más ayuda al desarrollo; por otro lado, los liberales que promueven el fin de esa ayuda y el apoyo a la libertad y sus instituciones, como la propiedad privada y el comercio libre. Su centrismo, no obstante, es un espejismo, porque el libro procura apuntalar el intervencionismo, no a socavarlo, aunque esta conclusión va apareciendo a lo largo del texto y no resulta patente al comienzo. 

En efecto, abundan declaraciones aparentemente neutrales del estilo “el lector no descubrirá en este libro si la ayuda es buena o mala”, políticamente incorrectas como “en el sector público las cosas están mucho peor que en el privado”, o directamente heréticas, como cuando denuncian el increíble despilfarro de la ayuda oficial o la consigna progresista que nos da la tabarra con las masas crecientes de millones hambrientos: “La mayoría de las personas que viven con menos de 99 centavos al día no parecen comportarse como si tuvieran hambre”.Asimismo, presumen de estar alejados de toda ideología: no se guarecen en sus despachos sino que viajan a los países pobres, y estudian la realidad científicamente, caso por caso, e intentan probar sus teorías mediante ensayos controlados aleatorizados. 

Pero sus conclusiones no son en el fondo diferentes de las convencionales, lo que llama la atención en un volumen subtitulado “un giro radical”. No tan radical, desde luego, más bien se trata del discurso habitual que asegura que la libertad está bien mientras no esté mal: “los gobiernos existen para hacerse cargo de problemas que no son capaces de resolver los mercados”, “el espacio adecuado para las políticas no es tanto la sustitución de la familia como completar su acción y, algunas veces, protegernos de sus abusos”, “existe un margen claro para la acción del gobierno, lo que no significa que tenga que ser el sustituto de un mercado de seguros privado”, “en algunos casos sencillamente no se dan las condiciones para que surja un mercado por sí solo”, y así siguiendo con la acostumbrada forma de razonar que puede justificar un abanico virtualmente ilimitado de intrusiones políticas y legislativas. 

Pero su reformulación intervencionista es sutil porque se presenta como moderada: ellos aseveran que no son ni Sachs ni Easterly, aunque en realidad lo son alternativamente: por ejemplo, es bueno que los pobres sean empresarios pero… no podrán salir adelante sin intervención pública. Es curioso que no citen a Popper, cuando son un buen ejemplo de lo que él llamó “ingeniería parcial”. El Estado es necesario, y antes de que usted levante la mano para preguntar por qué, lo abruman con numerosos y acertados planteamientos sobre cómo puede hacer las cosas mejor, sin grandes cambios ni grandes revoluciones, solo manteniéndose como está pero siendo más eficiente, más legitimado y a la postre más fuerte. 

17 Reasons to be cheerful


Reader's Digest summarises rational optimism.

April's Reader's Digest carries an article based on excerpts from my book and an interview with me:
"The world has never been a better place to live in," says science writer Matt Ridley, "and it will keep on getting better." Today, in a world gripped by global economic crisis and afflicted with poverty, disease, and war, them's fightin' words in some quarters. Ridley's critics have called him a "denialist" and "shameful" and have accused him of "playing fast and loose with the truth" for his views on climate change and the free market.
Yet Ridley, 54, author most recently of The Rational Optimist, sticks to his guns. "It is not insane to believe in a happy future for people and the planet," he says. Ridley, who's been a foreign correspondent, a zoologist, an economist, and a financier, brings a broad perspective to his sunny outlook. "People say I'm bonkers to claim the world will go on getting better, yet I can't stop myself," he says. Read on to see how Ridley makes his case. Brilliant or bonkers? You decide.
1. We're better off now
Compared with 50 years ago, when I was just four years old, the average human now earns nearly three times as much money (corrected for inflation), eats one third more calories, buries two thirds fewer children, and can expect to live one third longer. In fact, it's hard to find any region of the world that's worse off now than it was then, even though the global population has more than doubled over that period.
2. Urban living is a good thing
City dwellers take up less space, use less energy, and have less impact on natural ecosystems than country dwellers. The world's cities now contain over half its people, but they occupy less than 3 percent of its land area. Urban growth may disgust environmentalists, but living in the country is not the best way to care for the earth. The best thing we can do for the planet is build more skyscrapers.
3. Poverty is nose-diving
The rich get richer, but the poor do even better. Between 1980 and 2000, the poor doubled their consumption. The Chinese are ten times richer and live about 25 years longer than they did 50 years ago. Nigerians are twice as rich and live nine more years. The percentage of the world's people living in absolute poverty has dropped by over half. The United Nations estimates that poverty was reduced more in the past 50 years than in the previous 500.
4. The important stuff costs less
One reason we are richer, healthier, taller, cleverer, longer-lived, and freer than ever before is that the four most basic human needs-food, clothing, fuel, and shelter-have grown markedly cheaper. Take one example: In 1800, a candle providing one hour's light cost six hours' work. In the 1880s, the same light from a kerosene lamp took 15 minutes' work to pay for. In 1950, it was eight seconds. Today, it's half a second. In these terms, we are 43,200 times better off than in 1800.
5. The environment is better than you think
In the United States, rivers, lakes, seas, and air are getting cleaner all the time. A car today emits less pollution traveling at full speed than a parked car did from leaks in 1970.
6. Shopping fuels innovation
Even allowing for the many people who still live in abject poverty, our own generation has access to more calories, watts, horsepower, gigabytes, megahertz, square feet, air miles, food per acre, miles per gallon, and, of course, money than any who lived before us. This will continue as long as we use these things to make other things. The more we specialize and exchange, the better off we'll be.
7. Global trade enriches our lives
By 9 a.m., I have shaved with an American razor, eaten bread made with French wheat and spread with New Zealand butter and Spanish marmalade, brewed tea from Sri Lanka, dressed in clothes made from Indian cotton and Australian wool, put on shoes of Chinese leather and Malaysian rubber, and read a newspaper printed on Finnish paper with Chinese ink. I have consumed minuscule fractions of the productive labor of hundreds of people. This is the magic of trade and specialization. Self-sufficiency is poverty.
8. More farm production = more wilderness
While world population has increased more than fourfold since 1900, other things have increased, too-the area of crops by 30 percent, harvests by 600 percent. At the same time, more than two billion acres of "secondary" tropical forest are now regrowing since farmers left them to head for cities, and it is already rich in biodiversity. In fact, I will make an outrageous prediction: The world will feed itself to a higher and higher standard throughout this century without plowing any new land.
9. The good old days weren't
Some people argue that in the past there was a simplicity, tranquillity, sociability, and spirituality that's now been lost. This rose-tinted nostalgia is generally confined to the wealthy. It's easier to wax elegiac for the life of a pioneer when you don't have to use an outhouse. The biggest-ever experiment in back-to-the-land hippie lifestyle is now known as the Dark Ages.
10. Population growth is not a threat

Although the world population is growing, the rate of increase has been falling for 50 years. Across the globe, national birth rates are lower now than in 1960, and in the less developed world, the birth rate has approximately halved. This is happening despite people living longer and infant-mortality rates dropping. According to an estimate from the United Nations, population will start falling once it peaks at 9.2 billion in 2075-so there is every prospect of feeding the world forever. After all, there are already seven billion people on earth, and they are eating better and better every decade.
11. Oil is not running out
In 1970, there were 550 billion barrels of oil reserves in the world, and in the 20 years that followed, the world used 600 billion.
So by 1990, reserves should have been overdrawn by 50 billion barrels. Instead, they amounted to 900 billion-not counting tar sands and oil shale that between them contain about 20 times the proven reserves of Saudi Arabia. Oil, coal, and gas are finite, but they will last for decades, perhaps centuries, and people will find alternatives long before they run out.
12. We are the luckiest generation
This generation has experienced more peace, freedom, leisure time, education, medicine, and travel than any in history. Yet it laps up gloom at every opportunity. Consumers do not celebrate their wonderful field of choice and, according to psychologists, say they are "overwhelmed." When I go to my local superstore, I do not see people driven to misery by the impossibility of choice. I see people choosing.
13. Storms are not getting worse
Not at all. While the climate warmed slightly last century, the incidence of hurricanes and cyclones fell. Since the 1920s, the global annual death rate from weather-related natural disasters (that is, the proportion of the world's population killed rather than simply the overall number) has declined by a staggering 99 percent.
The killing power of hurricanes depends more on wealth than on wind speed. A big hurricane struck the well-prepared Yucatán in Mexico in 2007 and killed nobody. A similar storm struck impoverished Burma the next year and killed 200,000. The best defenses against disaster are prosperity and freedom.
14. Great ideas keep coming
The more we prosper, the more we can prosper. The more we invent, the more inventions become possible. The world of things is often subject to diminishing returns. The world of ideas is not: The ever-increasing exchange of ideas causes the ever-increasing rate of innovation in the modern world. There isn't even a theoretical possibility of exhausting our supply of ideas, discoveries, and inventions.
15. We can solve all our problems
If you say the world will go on getting better, you are considered mad. If you say catastrophe is imminent, you may expect the Nobel Peace Prize. Bookshops groan with pessimism; airwaves are crammed with doom. I cannot recall a time when I was not being told by somebody that the world could survive only if it abandoned economic growth. But the world will not continue as it is. The human race has become a problem-solving machine: It solves those problems by changing its ways. The real danger comes from slowing change.
16. This depression is not depressing
The Great Depression of the 1930s was just a dip in the upward slope of human living standards. By 1939, even the worst-affected countries, America and Germany, were richer than they'd been in 1930. All sorts of new products and industries were born during the Depression. So growth will resume unless prevented by wrong policies. Someone, somewhere, is tweaking a piece of software, testing a new material, or transferring the gene that will make life easier or more fun.
17. Optimists are right
For 200 years, pessimists have had all the headlines-even though optimists have far more often been right. There is immense vested interest in pessimism. No charity ever raised money by saying things are getting better. No journalist ever got the front page writing a story about how disaster was now less likely. Pressure groups and their customers in the media search even the most cheerful statistics for glimmers of doom. Don't be browbeaten-dare to be an optimist!