Víctimas, 23 de marzo: Antonio Recio Claver y Juan José Carrasco Guerrero

Libertad Digital.



Una semana después del asesinato del presidente de la Hermandad de Legionarios, José María Maderal Oleaga, a las 8:40 horas del día 23 de marzo de 1979 tres terroristas de la banda ETA asesinaban a tiros en Vitoria al inspector de policía ANTONO RECIO CLAVER. Le dispararon once balas (ocho de munición FN y tres de Geco), varias de las cuales le alcanzaron en la cabeza y el tórax. Una vez en el suelo, recibió un tiro de gracia junto a la oreja izquierda. Fue tiroteado en la entrada al almacén de fontanería que regentaba junto a su mujer.
A las ocho de la mañana del 23 de marzo Antonio había iniciado precisamente una jornada de trabajo en este establecimiento de fontanería, distribuyendo el trabajo a los ocho empleados del almacén que, al parecer, salieron todos a cumplir con diversas entregas de materiales y encargos. Minutos después de salir el último trabajador penetraron en la entrada del local tres terroristas. Antonio se encontraba dentro de una pequeña oficina, separada del almacén por cristaleras, e intentó defenderse utilizando su pistola, que apareció junto al cadáver.
Los autores del asesinato, miembros del grupo Araba de ETA, habían robado un turismo Chrysler, a punta de pistola, en la avenida del Generalísimo. Los propietarios del vehículo, un matrimonio, fueron abandonados en el alto del puerto de Vitoria, a unos quince kilómetros de la capital. El coche utilizado por los terroristas apareció abandonado sobre las once de la mañana en una calle de Vitoria.
Por el asesinato de Antonio sólo ha sido condenado en 1998 Ignacio Arakama Mendia a una pena de 30 años de prisión.
La muerte de Antonio Recio pasó inadvertida para los medios de comunicación, en un momento en que las víctimas del terrorismo se contaban por decenas. Sin embargo, aquel policía fue elprimer miembro del Cesid asesinado por ETA, aunque la banda ni siquiera lo sabía.
Lo contó el general Ángel Ugarte, su jefe directo en Vitoria, que prácticamente fue testigo presencial del asesinato. Había quedado con la víctima en el almacén de fontanería a las 9:00 horas para trasladarse a La Rioja, donde tenían abierta una investigación. Llegó a oír los disparos, aunque no pudo ver a los asesinos. "Lo único que pude hacer fue sacarle la cartera, coger el carné del Servicio, el carné blanco con su foto y su nombre, ya sabes, volver a meterle la cartera y dejarlo todo como estaba. Cuando salía me encontré a un inspector de Policía (...) Le dije: ‘Yo no he estado aquí. Encárgate tú. Empieza a moverlo todo. Llama a quien tengas que llamar’" (Ángel Ugarte y Francisco Medina, Espía en el País Vasco. Memoria del primer hombre que negoció con ETA, Random House Mondadori, 2005)
Antonio Recio procedía del Seced, el servicio de documentación de Presidencia del Gobierno que montó Carrero Blanco para controlar la agitación estudiantil. En 1977, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado ordenó fusionar el Seced con "el Alto" (la División de Inteligencia del Alto Estado Mayor) para crear el Cesid, el servicio secreto de la recién nacida democracia española. Por su parte, Ángel Ugarte fue jefe de los servicios secretos del País Vasco. Se convirtió en la Transición en uno de los mejores conocedores del entramado de ETA, logrando desmantelar en 1975 a la cúpula de la banda. Entre otras muchas operaciones, este militar de profesión fue el encargado de infiltrar en el comité ejecutivo de la banda a Mikel Lejarza Eguía, Lobo, el primer topo de los servicios secretos en ETA.
Recientemente Ángel Ugarte declaró en una entrevista al diario El País (26/07/2010) "que ETA no se disolverá voluntariamente y que mantiene la misma táctica que hace tres décadas" (...) "La banda no se ha planteado nunca dónde ni cuándo se va a terminar. Hay que acabar con ella ahogándola con la policía, la colaboración internacional, la justicia, y a nivel económico, que es lo que no se ha hecho nunca". En opinión del exespía, que abandonó el País Vasco tras varios intentos de atentado, es un error pretender sacar ventaja política en las negociaciones con la banda, y pone como ejemplo a Jesús Eguiguren que "ya está de antemano contaminado. Si con ETA se va a buscar un resultado político a corto plazo, ya está uno perdiendo de antemano. Hay que buscar un profesional que no busque ventajas para ningún partido". Ugarte fue una de las primeras personas que se sentó a negociar con la banda terrorista.
Antonio Recio Claver tenía 50 años y dos hijos: un joven de 16 años y una chica de 14. Inspector de policía de la Brigada de Información, había nacido en Zaragoza, pero llevaba trabajando en Vitoria más de veinte años. Allí contrajo matrimonio con Marisol Laza, hija del dueño de la fontanería que regentaba desde que murió su suegro, en la que realizaba labores de contabilidad.


El 23 de marzo de 1992 ETA asesinaba en Madrid a JUAN JOSÉ CARRASCO GUERRERO, hijo de un coronel de Infantería en la reserva, Félix Carrasco Pérez-Machado. Sólo habían pasado cuatro días de los atentados cometidos en las localidades barcelonesas de Llissá de Munt y San Quirce del Vallés y que acabaron con la vida de un Tedax de la Guardia Civil y un albañil, respectivamente.
La madrugada del 23 de marzo la banda asesina había colocado una bomba-lapa, adosada mediante imanes, bajo el asiento del conductor del vehículo, un Citroën AX que figuraba a nombre del padre de Juan José Carrasco. La colocación del artefacto, compuesto por unos dos kilos de explosivo que se accionarían mediante un dispositivo de movimiento, se realizó de madrugada. El vehículo solía ser utilizado por Juan José para ir a trabajar, aunque a veces también lo utilizaba su padre.
Juan José Carrasco salió sobre las nueve de la mañana de su casa, situada en el quinto piso del número 1 de la Glorieta del Puente de Segovia. Saludó al portero de la finca y se dirigió al coche para desplazarse a la empresa Prisma Soft S.A., donde trabajaba desde hacía poco tiempo. Al ponerlo en marcha, la bomba estalló. La explosión arrancó las piernas al joven y le hirió gravemente en el abdomen, según declaró el comandante Esteban Bracero, residente en la misma finca que la familia Carrasco. "Pese a tener el cuerpo destrozado, el chico trataba de levantarse y llegó a incorporarse un poco", añadió.
El coronel Félix Carrasco, padre del joven, también escuchó la violenta detonación y, tras asomarse por una ventana, vio su automóvil envuelto en humo. Horas después declaró a Antena 3 que "sólo con la ayuda de Dios podré quitarme la imagen de Juanjo destrozado en la calle". Y pedía a los españoles que rezasen "porque Dios es el único que puede arreglar todo esto". Juan José era su hijo pequeño, el sexto, y el que más compañía le hacía. Utilizaba el coche del padre para ir al trabajo.
Miembros de la banda terrorista habían hecho labores de vigilancia sobre su objetivo y tenían localizado el coche del coronel Félix Carrasco, por lo que sabían que era un vehículo que utilizaba habitualmente su hijo.
Fuentes de la lucha antiterrorista tienen el convencimiento de que a los etarras no les importó asesinar a un familiar, recordando la carta interceptada en enero, donde aseguran que "la vida de uno de nuestros luchadores vale cien veces más que la de un hijo de un txakurra".
El delegado del Gobierno en Madrid, Segismundo Crespo, y el alcalde, José María Álvarez del Manzano, pidieron a los militares y policías, además de a otros grupos de riesgo, que duplicasen sus medidas de autoprotección y que, antes de arrancar su automóvil, comprobasen los bajos. Las personas que vivían en el mismo bloque que la familia Carrasco comentaron que era "muy fácil" colocar una bomba en sus coches, que suelen estacionar en las proximidades.
El funeral por Juan José Carrasco tuvo lugar a las once de la mañana del día siguiente, 24 de marzo, en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid. Lo ofició el vicario general castrense, José Manuel Estepa, y lo concelebró un hermano sacerdote de Juan José, Carlos Carrasco. Con el acto empezado llegó otro hermano, el capitán de la Legión Félix Carrasco, procedente de El Salvador, donde estaba destinado como parte de la fuerza internacional de paz ONUSAL.
Como autor de este atentado fue condenado en 2003 el etarra Ignacio Echevarría Martín, aliasMortadelo. La sentencia recoge que Echevarría actuó "probablemente auxiliado por otras personas no identificadas". Mortadelo fue detenido en Pontivy en febrero de 1996 y extraditado a España en 2001. Fue también condenado como autor material, junto a Gonzalo Rodríguez Cordero y José Gabriel Zabala Erasun, por el atentado con coche bomba en la Plaza de la Cruz Verde de Madrid que costó la vida a cinco militares el 6 de febrero de 1992.
Juan José Carrasco Guerrero tenía 26 años y había terminado recientemente la carrera de Ciencias Económicas. Desde poco antes de ser asesinado trabajaba en la empresa de informática Prisma Soft S.A.

Dos visiones de la crisis financiera

Carlos Rodríguez Braun.



Para que ponderase el papel de la libertad en la crisis, mi amigo José Carlos Diez me recomendó este estudio de la Reserva Federal de Nueva York: Z. Pozsar, T. Adrian, A. Ashcraft y H. Boesky, “Shadow Banking”, Staff Report Nº 458, julio 2010, http://goo.gl/5usiz.
Los autores alaban, por un lado, el intervencionismo, y afirman que se han acabado las carreras bancarias gracias al seguro de depósito de la FDIC, pero a continuación admiten que el sistema es frágil en su esencia, al tener pasivos a corto y activos a largo. Y por eso la intervención da lugar a la necesidad de...
intervención. Dicen que la banca en la sombra fue pensada como algo seguro y no necesitaba ayuda, pero a la vez afirman que cualquier sistema como el actual necesitará ayuda siempre: “prívate sector balance sheets will always fail at internalizing systemic risk. The oficial sector will always have to step in to help”. Más aún: “shadow banks will always exist”. Y no se trató de un ejemplo de liberalismo y desregulación: el esquema en el que sobresalían Fannie Mae y Freddie Mac, con garantía pública implícita, no fue paradigma del mercado libre.
En suma, el lío fue creado o propiciado por los reguladores, la banca en la sombra creció legalmente ante sus narices y se abrió camino gracias a la expansión monetaria orquestada por las autoridades.
Por otro lado, John A. Allison, que trabajó durante 40 años en banca, llegó a ser presidente de BB&T y fue incluido entre los 100 CEO más exitosos del mundo por la Harvard Business Review, escribe sobre “The Real Causes of the Financial Crisis”, Cato's Leter, invierno 2012, http://goo.gl/lF5sW.
Allison subraya que en la banca no se trabaja para los accionistas realmente, sino para los reguladores, que padecen “la fatal arrogancia” conforme a la cual un grupo de sabios puede organizar la economía, la sociedad y, por supuesto, las finanzas. Su conjetura es que la crisis, la recesión y la lenta recuperación se deben al intervencionismo. Refuta la vieja ficción conforme a la cual el seguro de depósitos justifica la regulación porque garantiza la calma generalizada; para él, el FDIC contribuyó a todas las crisis, aunque la actual fue principalmente debida a los errores del intervencionismo en la política monetaria y la actividad de las entidades cuasiestatales Fannie Mae y Freddie Mac.
El FDIC destruye la disciplina: las entidades que quebraron partieron del FDIC y emprendieron estrategias inconcebibles si ese seguro fuera privado, mientras que la regulación presionó para aumentar el crédito a partir de entidades como Fannie Mae y Freddie Mac, que no existirían en un mercado libre. El intervencionismo creó los préstamos subprime, y además lo hizo con orgullo, para lograr la igualdad, la cohesión y la justicia social.
Allison constata que los reguladores salen de las turbulencias con más dinero y poder que antes, y sin escarmiento por sus responsabilidades en la gestación y agravamiento de la crisis.

Viaducto sobre el río Ulla

Artículo completo en la revista Hormigón y Acero. (ACHE).




Resumen:


El Viaducto del Ulla permite el cruce del Corredor Norte-Noroeste de Alta Velocidad sobre el Lugar de Interés Comunitario (L.I.C.) “Sistema Fluvial Ulla-Deza” con desnivel de 115 m. El valle suele estar batido por vientos fuertes. El viaducto tiene 630 m de longitud. Salva el río mediante un arco peraltado, levemente apuntado en clave, de 168 m de luz y 105 m de flecha con sendos tramos de acceso con vanos de 52 m. El tablero es postesado de canto constante 3,89 m. Se construye mediante cimbra autolanzable. El arco es de sección constante unicelular, de 7,70 × 3,50 m y directriz poligonal. Se ejecuta “in situ” con carros de avance, atirantado provisionalmente mediante 24 tirantes. Las pilas sobre el terreno son ataluzadas. Las pilastras sobre el arco son de sección constante. El arco y las pilas cuentan con laterales curvos para reducir las cargas de viento. Su eficacia ha sido verificada en ensayos.

Palabras clave: ferrocarril de alta velocidad, arco peraltado, tirante, dovela “in situ”, instrumentación, cimbra
autolanzable.

Proteccionismo

Carlos Rodríguez Braun.



El empresario Ángel Barranco, advirtió en Cinco Días en contra de "comprar en países de bajo coste, provocando la fabricación fuera de nuestras fronteras". Esto le parece muy mal porque "un país como España se mantiene si vivimos de lo que fabricamos".
Estas ideas son tan milenarias como equivocadas. Los seres humanos libres procuran organizarse de modo eficiente, por la cuenta que les trae. Y si es más barato producir las cosas en casa que comprarlas, las produciremos en casa. Si no lo hacemos, es porque nos conviene comprarlas en la tienda de la esquina, o en la del pueblo de al lado, o en la del pueblo más lejano de España... o del mundo. Eso no tiene por qué estar mal. Como parece obvio que no vamos a fabricar todo en casa, lo lógico es que decidamos los ciudadanos qué cosas queremos comprar y dónde, sea dentro o fuera de nuestras fronteras. La vieja distinción que plantea el señor Barranco no tiene sentido: ¿por qué va a ser bueno comprarle libremente a un señor de Barcelona o de Madrid, y va a ser malo comprarle libremente a una señora de Burundi?
La idea de que hay que "fabricar" cosas es también bastante confusa. En realidad, no tenemos por qué fabricar nada. Lo haremos si nos conviene, y nos convendrá si lo hacemos bien y barato, de forma tal que los demás nos compren. Pero la gente se especializa en actividades muy diferentes, y unos producen vestidos o acero, y otros se dedican a la hostelería, la pintura o al canto. Para mantenerse no hay que vivir "de lo que fabricamos" sino conseguir que otros nos compren lo que vendemos, que no es lo mismo.
La lógica proteccionista de don Ángel lo lleva a elogiar nada menos que a las siniestras autoridades de mi Argentina natal, que están impidiendo por la fuerza que los ciudadanos importen los bienes y servicios que necesitan. Como si fuera bueno comprar los productos del país ¡independientemente de los deseos del pueblo e independientemente de la calidad y coste de esos productos!
Concluye el señor Barranco reclamando "un ciudadano comprometido con los productos fabricados en el país y exigente con los gobernantes para que protejan nuestra economía". Pero si hay ciudadanos comprometidos con los productos nacionales, habría que dejarlos en paz para que los compren libremente. Y si los gobernantes obligan a esos ciudadanos a comprar lo que no desean a un precio mayor al que estarían dispuestos a pagar ¿a quién estarían realmente "protegiendo"?

The Parable of the Broken Traffic Lights. Bad signals.

Steven Horwitz.



Suppose on some sunny afternoon in a large city somewhere in the western world, a man discovers on awaking from a two-hour nap that several hundred car accidents had occurred in the city while he slept.  He wonders why.  First he considers the possibility that the weather was the cause, but the gorgeous afternoon sun pushes that thought aside.  The odds of many hundreds of cars having simultaneous mechanical problems seems infinitesimally small, so he rules that out as well.  He ponders the question further and eventually asks himself whether the drivers in that fair city just had a bout of group psychosis or mass delusion.  The odds of that also seem pretty low.
As his brain slowly awakens, he stumbles across the likely culprit: Something must be wrong with the traffic lights.  He concludes that the lights are not working, leaving the drivers to figure out how to negotiate the intersections on their own.  Wouldn’t that, he wonders, cause many accidents?  He turns to his wife and suggests that explanation.  She replies:  “If you came to a traffic light and saw it was not working at all, wouldn’t you slow down and proceed cautiously?  In fact, after Hurricane Katrina didn’t people in New Orleans just treat broken traffic lights like four-way stops, without explicit direction to do so?”  Our fellow acknowledges his wife’s insightfulness and continues to ponder.
Soon it hits him: It’s not that the traffic lights were not functioning at all, but rather they were all green.  If all the lights were green, drivers would have no reason to think the lights were not working and would proceed through every intersection — with the result being the hundreds of accidents.  It strikes our fellow that not only do green lights mean go, they also mean that the cross-traffic has stopped.  This is how traffic lights do their job of coordinating the plans of drivers on both streets.
Reckless Drivers Blamed
Our man begins to watch the coverage of the accidents on TV, where breathless commentators are blaming the crashes on the irrational and reckless behavior of drivers.  He thinks:  “That’s not fair.  They did not act irrationally;  they simply responded reasonably to a signal whose meaning they’ve long understood.”  As he gets angrier about the blame being placed on the drivers, he realizes that the irrationality that caused the crashes was not in the actors but in the traffic signals.  When traffic signals don’t tell the truth, in this case that the cross-traffic has stopped, even the most rational, cautious drivers will get into accidents at intersections.  He is stunned that the TV commentators can’t see this.  In despair he goes back to sleep, hoping it was all a dream.
Not only was it not a dream, it was the reality of the post-2001 boom that generated the financial crisis and Great Recession.  The Austrian economist Israel Kirzner has long used traffic lights as an analogy for prices. In the case of the boom and bust, the key price was the interest rate.  In a free market, interest rates and the banking system coordinate the plans of the cross-traffic of lender-savers and borrower-spenders.  If saving increases, it means consumers are more willing to wait for goods.  Their saving leads banks to offer lower interest rates, providing a traffic signal (and an incentive) for borrowers to borrow for longer-term projects that match the greater patience of consumers.  If consumers are more impatient and save less, banks raise rates, leading borrowers to go more short term to match this preference.  Each side’s behavior is consistent with the other’s, thanks to the traffic-signal role of the interest rate.
Central Bank Tampering
When the central bank intervenes, however, it turns all the lights green.  Expansionary monetary policy provides loanable funds to banks, which enables them to lower rates as if there were more saving.  However, that saving is an illusion; consumers have not become more patient.  With lower rates, borrowers find longer-term projects more profitable and so divert resources to them and away from others.  The problem, of course, is that consumers do not in fact wish to wait longer than they did before.  So producer-borrowers invest in longer-term projects while consumer-savers continue to want relatively shorter term ones.  This, like traffic patterns with broken signals, is not sustainable and will eventually lead to the economic equivalent of car crashes: the onset of a recession as this discoordination is revealed.
Of course robust economies can mask underlying discoordination for a fairly long time before it is revealed.  A city suffering through a plague of all-green traffic lights sees a more immediate and visible result.
Like our drivers, borrowers were not irrational during the boom.  They simply responded rationally to an irrational signal.  The source of that irrational signal was the Federal Reserve System.  The next time a friend blames the boom and bust on irrational investors, you might recall our protagonist’s city and say: “The irrationality, dear friend, is not in our markets but in our government, that is, the central bank.”

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Desarrollo de soluciones mixtas y metálicas para viaductos de las líneas de alta velocidad españolas

Artículo completo en la revista Hormigón y Acero. (ACHE).




Resumen

Se presenta la evolución tipológica de diversos viaductos mixtos proyectados por IDEAM en las líneas de alta velocidad españolas, como consecuencia de los diferentes condicionantes que, en cada caso, aconsejaron el recurso a soluciones mixtas frente a las convencionales de hormigón que, en los proyectos descritos, no permitían resolver adecuadamente la problemática de cada actuación:

– Viaducto Arroyo las Piedras, ya terminado y en servicio desde inicios de 2007.
– Viaductos del río Ulla y de Archidona, actualmente en construcción.
– Viaducto de Abroñigal y Viaducto sobre la Rambla de Librilla, recientemente proyectados.

Palabras clave: viaducto mixto, alta velocidad, solución bijácena-cajón estricto, celosía mixta, arco Bowstring.

Víctimas, 22 de marzo: Alfonso Maside Bouzo, Agustín Martínez Pérez y Cristina Mónica Illarmendi Ricci

Libertad Digital.



Poco después de las tres de la tarde del lunes 22 de marzo de 1982, dos inspectores de policía y la novia de uno de ellos, argentina, resultaron muertos en un atentado perpetrado por ETA en la localidad vizcaína de Sestao. Otros dos policías quedaron gravemente heridos.
Los cuatro inspectores, y la mujer que les acompañaba, fueron salvajemente ametrallados por cuatro pistoleros que irrumpieron, con la cara descubierta, en el restaurante donde los cinco se encontraban a punto de finalizar el almuerzo. Los fallecidos fueron ALFONSO MASIDE BOUZO,AGUSTÍN MARTÍNEZ PÉREZ y CRISTINA MÓNICA ILLARMENDI RICCI (novia de Agustín y empleada en el local donde estaban comiendo). Resultaron gravemente heridos Miguel Ángel Fernández Martínez y Miguel Ángel Cabezas Fernández, también policías.
El atentado se produjo en el restaurante Rancho Chileno, situado en un bloque de viviendas construido a la salida de Sestao en dirección a Portugalete. Desde hacía algún tiempo, los cuatro policías tenían por costumbre comer en el mismo restaurante, si bien no parecían ser muy conocidos en el barrio.
Al comedor, una pieza rectangular de unos dieciséis metros cuadrados con una decena de mesas, se accede desde una puerta situada en un extremo de la barra del bar. Los terroristas irrumpieron por dicha puerta, armados con varias metralletas y, al menos, una pistola. Sin mediar palabra, efectuaron no menos de un centenar de disparos en ráfaga, directamente dirigidos contra la mesa situada en el extremo diagonalmente opuesto a la puerta. En el momento de producirse el atentado, además de los policías, había en el establecimiento media docena de personas que jugaban a las cartas y muchos clientes en la barra del bar.
En el techo del comedor eran visibles dos impactos de bala, y unos treinta o cuarenta más en la pared y cristalera del fondo. La policía recogió en el lugar un centenar de casquillos.
Tras el atentado, las fuerzas de seguridad del Estado reforzaron la vigilancia en los pasos internacionales de Guipúzcoa, a fin de impedir un posible intento de fuga de los terroristas hacia Francia.
Los agresores llegaron al lugar en dos coches: un Ford Granada, robado poco antes de las tres de la tarde en el casco urbano de Sestao, y un R-12 de color blanco. Tras cometer el atentado, huyeron en dirección a Baracaldo, donde el Ford Granada sería hallado hacia las cuatro de la tarde.
Según la información de la policía, el grupo estaba formado por seis o siete miembros: tres cometieron el atentado, dos permanecieron al volante de los vehículos utilizados, y uno o dos más se quedaron encargados de vigilar las inmediaciones del bar.
Uno de los policías consiguió repeler la agresión, alcanzando al etarra Enrique Letona Viteri que fue sacado del lugar herido por otro de los terroristas. Los etarras abandonaron en su huida dos metralletas, una de ellas de fabricación israelí y la otra francesa, así como una pistola marca Browning, del tipo FN.
De los tres inspectores que resultaron heridos, uno de ellos, Alfonso Maside Bouzo, falleció cuando era trasladado a la Residencia Sanitaria de Cruces, en compañía de Miguel Ángel Cabezas Fernández. Este fue alcanzado en el abdomen resultando gravísimamente herido. En el centro sanitario fue intervenido y se le extrajeron dos balas del estómago.
El tercer herido, Miguel Ángel Fernández Martínez, fue trasladado al Hospital de Basurto (Bilbao) y al día siguiente ya se encontraba fuera de peligro, aunque con heridas en el tórax, región lumbar, codo izquierdo y ambas piernas. Fue este agente quien consiguió repeler la agresión desde el suelo hiriendo a Letona Viteri. 
Los sindicatos policiales reaccionaron con energía al atentado. El Sindicato Profesional de Policía denunció que el atentado pretendía desestabilizar psicológicamente a "un cuerpo que tiene a su cargo una de las principales y más peligrosas misiones de un Estado democrático y de derecho, como es la lucha antiterrorista". Por su parte, la Unión Sindical de Policía solicitaba a la ciudadanía vasca que respondiera vigorosamente ante este atentado a los derechos humanos, y reclamaba medidas eficaces políticas y policiales para poner fin a esta situación.
La misa funeral, celebrada en un clima de fuerte tensión al día siguiente, 23 de marzo, se inició a las 10:30 horas en una dependencia de la Jefatura de Policía de Bilbao. Instantes antes habían llegado el presidente del Gobierno y demás personalidades, entre las que también figuraban los representantes de las instituciones locales y dirigentes de los principales partidos políticos. El funeral fue oficiado por el capellán castrense de la Policía Nacional en Vizcaya, Juan Perelló Ayuso, que dijo en su homilía: "Ayer tarde, los corazones endurecidos de unos viles asesinos se cobraron tres nuevas víctimas, cuyo defecto era ser portadores de una placa puesta al servicio de la sociedad, y en el caso de Cristina, el compartir una mesa donde reponer fuerzas para proseguir la jornada de trabajo".
Al terminar el funeral, Leopoldo Calvo Sotelo y Carlos Garaicoechea fueron abucheados cuando abandonaban la Jefatura Superior de Policía de Bilbao.
Finalizado el acto religioso los féretros, portados a hombros por compañeros de los fallecidos, fueron conducidos hacia la plaza de Indauchu, donde debían ser introducidos en los furgones funerarios. La banda del Regimiento de Infantería interpretó una marcha fúnebre, mientras que sendas secciones de la Guardia Civil y la Policía Nacional, formadas frente a la salida principal de la Jefatura Superior, rendían honores a los dos policías muertos. El retraso en la llegada de los furgones hizo que la comitiva estuviera detenida durante bastantes minutos en la calle, en un clima de alta tensión emocional. Finalmente, los féretros fueron conducidos hasta la Iglesia del Carmen, donde se rezó un responso.
Por este atentado fueron condenados como autores materiales Enrique Letona Viteri y Ángel Luis Hermosa Urra (1994); Miguel Arrieta Llopis (2001) y Sebastián Echániz Alcorta (2004) expulsado de Venezuela a España en 2002. Como cómplice por haber facilitado la información necesaria para cometer el atentado, fue condenado Juan Carlos Echeandia Zorroza (1984), y como encubridor, Juan Ignacio Aldana Celaya (1994).
Alfonso Maside Bouzo tenía 26 años y estaba soltero. Sus restos mortales fueron trasladados a Baños de Molías (Orense), donde había nacido. Igual que Agustín, llevaba destinado cuatro años en la comisaría de Sestao.


 
Agustín Martínez Pérez tenía 27 años. Sus restos fueron trasladados a La Bañeza (León), de donde era natural. Estaba destinado en la comisaría de Sestao desde cuatro años antes del atentado. Su madre le había pedido un día antes de ser asesinado que pidiese el traslado cuanto antes, aunque su hijo le contestó que estaba muy a gusto en el País Vasco.

Cristina Mónica Illarmendi Ricci era natural de Buenos Aires (Argentina). También tenía 27 años y vivía en Santurce. Era profesora de inglés y también trabajaba en el bar-restaurante del que eran dueños unos parientes suyos.

Esperaban a un nazi, qué desilusión

Arcadi Espada.



En su edición de hoy la prensa socialdemócrata describe con esta retórica los asesinatos de Montauban:
«Un terrorista frío e implacable»
«Monstruo extraordinariamente decidido, cruel y sin miedo a morir, capaz de asesinar con premeditación y a sangre fría a cuatro adultos y tres niños»
«¿Cómo la docta Francia ha podido engendrar un personaje como este, que según el fiscal, "elige a sus víctimas por su oficio, origen racial y religión", dispara siempre a la cabeza de sus víctimas desde muy cerca y circula a gran velocidad en una moto de alta cilindrada?»
«¿Dónde ha vivido este sujeto doblemente armado, capaz de acudir a un colegio a las ocho de la mañana, disparar a un rabino, entrar hasta el patio para perseguir a una dulce niña de siete años, agarrarla por el pelo, pegarle un balazo en la frente, y salir otra vez a la calle para matar a dos niños mas? ¿Qué falla en la República francesa para que un profesional del terror pueda suspender la campaña electoral y lleve doce días prófugo, sembrando el miedo y la psicosis en el Alto Garona? ¿Cuándo acabará la pesadilla?»
En estos párrafos hay frases capaces de enrojecer a cualquiera: «¿Cómo la docta Francia...?», «¿Qué falla en la República francesa...?», «Dulce niña de siete años». Y espero que el primer enrojecido sea su autor, un periodista inteligente y sensible, cuyo caso prueba, muy a mi pesar, la influencia del ambiente en la conducta.
Lo más interesante, sin embargo, es imaginar la decepción que se han llevado. Esperaban a un nazi.
frío e implacable
monstruo extremadamente cruel
a sangre fría
un personaje
moto de alta cilindrada
dispara a la cabeza de sus víctimas
sujeto doblemente armado (con la pueril ayuda de Soledad Puértolas)
profesional del terror
Y han descrito a un yihadista. Habrá que rectificar, porque los yihadistas, desde luego, no son así.