Por qué Suiza es el país más competitivo del mundo

Xavier Sala i Martín.

Suiza ha votado hoy multitud de referendums.
Entre las decisiones adoptadas POR LA MAYORÍA DE CIUDADANOS ESTÁ el NO aumentar las vacaciones pagadas obligatorias de 4 a 6 semanas. Las dos terceras partes de los ciudadanos suizos (la mayoría de ellos, trabajadores) han decidido que eso era demasiado costoso (se estima que unos 6.520 millones de francos suizos unos 5.000 millones de euros, en una población de apenas 7 millones de habitantes). Todos los cantones han rechazado mayoritariamente esa propuesta. Es decir, los suizos han entendido que aumentar los costes laborales con más vacaciones pagadas acabaría perdjudicando a la economía y, al final, a los propios trabajadores. Con esta decisión, los suizos han demostrado tener una cultura del trabajo y el esfuerzo y un grado de responsabilidad sencillamente impensable en otras latitudes. Y que conste que no se trata de un empresario malo que explota a los trabajadores buenos. Son los propios trabajadores que han votado no obligar a los empresarios a darles más vacaciones pagadas.
Por cierto, no sé si tiene relación o no, pero en otro referéndum, esta vez en el cantón de Ginebra, sede de las Naciones Unidas en Europa y sede frecuente de manifestaciones de todo tipo, los votantes también han decidido regular el comportamiento de los manifestantes e imponer multas de hasta 100.000 francos suizos (unos 80.000 euros) a los que hagan manifestaciones sin permiso o a los que no se comporten de acuerdo con las normas de manifestación pacífica (por ejemplo, a los que corten el tráfico sin permiso). Antes de que los demagogos de turno me acusen de intentar limitar el derecho de huelga de los trabajadores, recordar que en el referéndum suizo han votado mayoritariamente trabajadores y que nadie ha cuestionado el derecho de huelga. Simplemente  los suizos han decidido que las manifestaciones y los manifestantes también tienen que es cumplir las leyes y no pueden perjudicar a inocentes para reivindicar lo que sea que reivindican cuando hacen uso de su legítimo derecho a la huelga.
Suiza es uno de los países más ricos y competitivos del mundo. Las decisiones tomadas hoy pueden ayudarnos a entender por qué.

Víctimas, 14 de marzo: José Antonio Álvarez Díez y Ángel Jesús Mota Castillo

Libertad Digital.



Pasadas las once de la noche del 14 de marzo de 1986, el inspector del Cuerpo Superior de Policía JOSÉ ANTONIO ÁLVAREZ DÍEZ resultaba muerto en San Sebastián en el transcurso de un tiroteo con tres miembros de un grupo de terroristas. Uno de ellos, que llevaba identificación falsa, falleció también en el intercambio de disparos.
José Antonio se hallaba en compañía de otro policía en un coche camuflado siguiendo las evoluciones de tres personas -entre ellas una mujer- dentro de un Citröen Visa que estaba aparcado en el paseo de Miraconcha. La víctima se acercó al turismo para pedir la identificación de los sospechosos cuando recibió dos disparos a bocajarro, uno de los cuales le atravesó el corazón y provocó su muerte instantánea.
Su compañero repelió la agresión con su arma reglamentaria y alcanzó al terrorista Ángel María Galarraga Mendizábal, alias Pototo, con varios disparos que le ocasionaron la muerte. Los otros dos terroristas huyeron a pie y llegaron hasta la playa de La Concha, donde se les perdió el rastro.
Galarraga Mendizábal tenía un largo historial criminal dentro de la banda terrorista, además de pertenecer a una saga familiar de terroristas. Combatió con la guerrilla salvadoreña a principios de los ochenta y era hermano de Juan Manuel Galarraga Mendizábal, alias Zaldivi, acusado de ser el principal responsable del atentado de la calle Correo de Madrid en septiembre de 1974 (Cafetería Rolando). Una hija de este último, Saroia Galarraga, fue detenida en Francia en 2001 junto al etarra Juan Antonio Olarra Guridi. Días después su prima Hodei Galarraga Irastorza moría en Bilbao al explotarle la bomba que transportaba en un vehículo. Un hermano de Saroia, Haritza, está también implicado en actividades de Segi. Ángel María Galarraga fue enterrado el 16 de abril en Zaldivia, donde fue homenajeado por simpatizantes de la banda. Además, el Ayuntamiento corrió con todos los gastos del sepelio.
En el interior del coche de los terroristas, que había sido robado con anterioridad a un veterinario de la localidad guipuzcoana de Azcoitia, fueron encontrados 12 kilos de Goma-2. El explosivo estaba colocado en el interior de dos ollas metálicas, en las que los terroristas habían introducido 20 kilos de tornillos de grueso calibre, a modo de metralla. El artefacto, preparado para explotar, iba a ser utilizado al paso de un vehículo policial que haría su ronda habitual por el paseo marítimo.
En 1989 la Audiencia Nacional condenó a 44 años por este atentado a Ignacio Erro Zazu, alias Pelos, y Estanislao Echaburu Solabarrieta, alias Iván. Ignacio Erro Zazu fue detenido en 1987 en una operación en Pasajes de San Pedro en la que, durante el enfrentamiento con la policía, murió la etarra Lucía Urigoitia Ajuria. Además de por el asesinato de José Antonio Álvarez Díez, ha sido juzgado y condenado a varios cientos de años por varios asesinatos más. Por otra parte, es uno de los 47 etarras que redimió condena por estudiar carreras en la UPV sin tener los requisitos mínimos de acceso a la universidad, escándalo que llevó a la Fiscalía General del Estado a investigar el asunto en el año 2005.
José Antonio Álvarez Díez, de 27 años, estaba casado con Gabriela García (22 años) y tenían un hijo. Era natural de Tremor de Arriba (León). Había ingresado en el Cuerpo Superior de Policía cinco años antes de su asesinato. Ejerció su corta carrera en San Sebastián.
El 14 de marzo de 1990 fallece el funcionario de prisiones ÁNGEL JESÚS MOTA IGLESIAS, al no poder salir del coma provocado por las graves heridas en cráneo y cuello sufridas en el atentado del día anterior en San Sebastián.
A las ocho menos cuarto de la noche del 13 de marzo Ángel recibió un tiro en la cabeza en presencia de su mujer y su hijo de cinco meses, al que llevaba en brazos. El atentado se produjo en la calle Matía, en el momento en que su esposa estaba bajando la persiana de la tienda de fotografía propiedad de la familia de ésta y él se dirigía al vehículo familiar con el bebé en brazos. Un etarra se le acercó y le disparó a bocajarro en la cabeza. El niño fue recogido del suelo por una mujer testigo de los hechos, que vio que el pistolero de ETA huía en una moto que conducía otro terrorista.
A última hora de la noche, y tras ser operado en el hospital de la Cruz Roja, a escasos metros de donde tuvo lugar este atentado, su estado clínico fue calificado de suma gravedad, presentando orificio de entrada y salida, pérdida de masa encefálica y afectación del hueso temporal. Ángel quedó en coma profundo y falleció al día siguiente.
ETA había comunicado recientemente, a través del diario Egin, que los funcionarios de Interior y Justicia eran objetivo prioritario de la banda asesina. Tras el asesinato de Ángel, la banda asesina aprovechó el comunicado de reivindicación para reiterar su amenaza a todos los funcionarios de Justicia e Interior, a los que convierte en "objetivo militar" por colaborar "a distintos niveles en la política represiva contra los presos políticos vascos". En varios centros penitenciarios el asesinato de Ángel provocó la celebración de multitud de manifestaciones, concentraciones y huelgas de protesta por las condiciones de inseguridad en las que tenían que llevar a cabo su trabajo y contra la política antiterrorista  del Gobierno del PSOE.
El asesino, que no dudó en meterle un tiro a Ángel mientras tenía a su bebé de cinco meses en brazos, fue detenido en 1992. Se trataba de Francisco Javier Balerdi Ibarguren que, en ese momento, trabajaba como empleado contratado en el seno del grupo municipal de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de San Sebastián. Fue condenado en 1994 a 30 años de reclusión mayor por el asesinato de Ángel. Juan Ignacio Ormaechea Antepara, el etarra con el que cometió el atentado, había fallecido en agosto de 1991 en un enfrentamiento con la Guardia Civil.
Francisco Javier Balerdi Ibarguren tenía 24 años cuando fue detenido. Según fuentes de la lucha antiterrorista actuaba como un liberado y mantenía su vida y su actividad normal como militante y empleado de HB. Desde 1989, y tras ser captado por el etarra Rubén Egaña, Balerdi participó en cinco asesinatos junto a Ormaechea, entre ellos el ametrallamiento el 2 de enero de 1991 del coche del gobernador militar de Guipúzcoa, coronel García Lozano. Balerdi recibía la pistola o la metralleta de Ormaechea y se la devolvía al terminar cada atentado. A continuación, regresaba a su trabajo en el Ayuntamiento de San Sebastián como si tal cosa.
Ángel Jesús Mota Castillo, de 31 años de edad, era natural de Zamora, aunque vivía en el País Vasco desde 1960. Estaba casado y tenía dos hijos de corta edad. Trabajaba en la prisión de Martutene desde once años antes de su asesinato. En Martutene hacía funciones administrativas, como el reparto de la paga a los reclusos y la entrega de las nóminas a los compañeros.

El continuo aumento de los precios

Osmar Laffita Rojas.

LA HABANA, Cuba, marzo, www.cubanet.org -Una muestra de hasta donde se ha  contraído el bolsillo de la mayoría de los cubanos, se aprecia en el hecho de que el gobierno se vio obligado rebajar los altos precios de los insumos agrícolas para aquellos que recibieron tierras en usufructos y no habían podido ponerlas en explotación. Una medida similar tomó el 20 de diciembre, con la rebaja de 122 productos que se venden en los establecimientos de materiales de construcción.
Pero el asunto de los altos precios cobra mayor dramatismo en el sector alimentario.  En el año que terminó, muchos de los mercados agropecuarios estatales permanecieron prácticamente desabastecidos. Estos establecimientos son los frecuentados por los cubanos que devengan un promedio de 22 dólares mensuales. Con tales ingresos tienen que pagar el arroz, a 0.14 centavos de dólar la libra; los frijoles, a 0.32 dólar la libra; la carne de cerdo, a 0.84 dólar la libra; la malanga, a 0.10 dólar la libra; y la yuca, a 0.06 dólar.
Sin embargo, esos mismos productos se pueden comprar, con más variedad y calidad, a los 14 454 carretilleros, vendedores ambulantes de productos del agro, y en los mercados agropecuarios de oferta y demanda, con la excepción del arroz, que el Estado vende liberado, a 0.20 centavos de dólar la libra.
El que quiera hacer un potaje de frijoles colorados, tiene que pagarlos a 0.60 dólar la libra. Si quiere deleitarse con un  potaje de frijoles negros, o una fabada de judías, tiene que pagar la libra a 0.72 dólar.
Comer vegetales en La Habana es hoy un lujo. Una libra de tomates de ensalada cuesta 0.20 dólar,  la de remolacha o zanahoria, cuesta 0.40 dólar.
La situación se torna grave para aquellos que quieran comer carne de cerdo. La no procesada y los recortes, están a dólar la libra. El lomo y la costilla, está a 1.20 dólar la libra. El filete hay que pagarlo a 1.60 dólar la libra. Como se comprenderá, no muchos pueden darse esos lujos con salarios que, por lo general, no sobrepasan los 15 o 20 dólares mensuales.
El estado no logra detener la subida de los precios de los productos agropecuarios porque la agricultura continúa atrapada en los incumplimientos, la ineficiencia y la desorganización. Además, es afectada por la corrupción general que incluye a los propios funcionarios de las empresas del gobierno.
Por otro lado, las Tiendas de Recuperación de Divisas, desde su surgimiento, suben continuamente los precios de todos los alimentos, haciéndolos cada vez más inasequibles. A esto hay que sumarle los 5,10 o 15 centavos de dólar, que le agregan a los precios los empleados de las tiendas, para provecho propio.
Ante todo esto la indefensión del cliente es total. Nadie sabe adónde dirigirse para protestar, o para reclamar que se le ponga coto a esta loca política de constante aumento de precios, mientras los salarios no crecen.

Visual 21

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Climate Deniers Are Giving Us Skeptics a Bad Name

S. Fred Singer.



Gallia omnia est divisa in partes tres. This phrase from Julius Gaius Caesar about the division of Gaul nicely illustrates the universe of climate scientists—also divided into three parts. On the one side are the “warmistas,” with fixed views about apocalyptic man-made global warming; at the other extreme are the “deniers.” Somewhere in the middle are climate skeptics.

In principle, every true scientist must be a skeptic. That’s how we’re trained; we question experiments, and we question theories. We try to repeat or independently derive what we read in publications—just to make sure that no mistakes have been made.

In my view, warmistas and deniers are very similar in some respects—at least their extremists are. They have fixed ideas about climate, its change, and its cause. They both ignore “inconvenient truths” and select data and facts that support their preconceived views. Many of them are also quite intolerant and unwilling to discuss or debate these views—and quite willing to think the worst of their opponents.

Of course, these three categories do not have sharp boundaries; there are gradations. For example, many skeptics go along with the general conclusion of the warmistas but simply claim that the human contribution is not as large as indicated by climate models. But at the same time, they join with deniers in opposing drastic efforts to mitigate greenhouse (GH) gas emissions.

I am going to resist the temptation to name names. But everyone working in the field knows who is a warmista, skeptic, or denier. The warmistas, generally speaking, populate the U.N.’s IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) and subscribe to its conclusion that most of the temperature increase of the last century is due to carbon-dioxide emissions produced by the use of fossil fuels. At any rate, this is the conclusion of the most recent IPCC report, the fourth in a series, published in 2007. Since I am an Expert Reviewer of IPCC, I’ve had an opportunity to review part of the 5th Assessment Report, due in 2013. Without revealing deep secrets, I can say that the AR5 uses essentially the same argument and evidence as AR4—so let me discuss this "evidence" in some detail.

IPCC-AR4 uses only the global surface temperature (GST) record (shown in fig. 9.5 on page 648). It exhibits a rapid rise in 1910-1940, a slight decline in 1940-1975, a sharp “jump” around 1976-77—and then a steady increase up to 2000 (except for the temperature “spike” of the 1998 Super-El Niño). No increase is seen after about 2001.

Most everyone seems to agree that this earlier increase (1910-1940) is caused by natural forces whose nature the IPCC does not specify. Clearly, the decline of 1940-1975 does not fit the picture of an increasing level of carbon dioxide, nor do the “jump” and “spike.” So the IPCC uses the increase between 1978 and 2000 as evidence for human (anthropogenic) global warming (AGW).

Their argument is somewhat strained, and their evidence is questionable. They claim that their models simulating the temperature history of the 20th century show no warming between 1970 and 2000—when they omit the warming effect of the steady, slow CO2 increase. But once they add the CO2 increase into the models, they claim good agreement with the reported global surface temperature record. Ergo evidence for AGW.

There are three things wrong with the IPCC argument. It depends very much on detailed and somewhat arbitrary choices of model inputs—e.g., the properties and effects of atmospheric aerosols, and their temporal and geographic distribution. It also makes arbitrary assumptions about clouds and water vapor, which produce the most important greenhouse forcings. One might therefore say that the IPCC’s evidence is nothing more than an exercise in curve-fitting. According to physicist Freeman Dyson, the famous mathematician John von Neumann stated: “Give me four adjustable parameters and I can fit an elephant. Give me one more, and I can make his trunk wiggle.”

The second question: can the IPCC fit other climate records of importance besides the reported global surface record? For example, can they fit northern and southern hemisphere temperatures using the same assumptions in their models about aerosols, clouds, and water vapor? Can they fit the atmospheric temperature record as obtained from satellites, and also from radiosondes carried in weather balloons? The IPCC report does not show such results, and one therefore suspects that their curve-fitting exercise may not work, except with the global surface record.

The third problem may be the most important and likely also the most contested one. But first let me parse the IPCC conclusion, which depends crucially on the reported global surface warming between 1978 and 2000. As stated in their Summary for Policymakers (IPCC-AR4, vol. 1, page 10): “Most of the observed increase in global average temperatures since the mid-20th century is very likely due to the observed increase in anthropogenic greenhouse gas concentrations.”

But what if there is little to no warming between 1978 and 2000? What if the data from thousands of poorly distributed weather stations do not represent a true global warming? The atmospheric temperature record between 1978 and 2000 (both from satellites and, independently, from radiosondes) doesn’t show a warming. Neither does the ocean. And even the so-called proxy record—from tree rings, ice cores, ocean sediments, corals, stalagmites, etc.—shows mostly no warming during the same period.

Now let me turn to the deniers. One of their favorite arguments is that the greenhouse effect does not exist at all because it violates the Second Law of Thermodynamics—i.e., one cannot transfer energy from a cold atmosphere to a warmer surface. It is surprising that this simplistic argument is used by physicists, and even by professors who teach thermodynamics. One can show them data of downwelling infrared radiation from CO2, water vapor, and clouds, which clearly impinge on the surface. But their minds are closed to any such evidence.

Then there is another group of deniers who accept the existence of the greenhouse effect but argue about the cause and effect of the observed increase of atmospheric carbon dioxide. One subgroup holds that CO2 levels were much higher in the 19th century, so there really hasn’t been a long-term increase from human activities. They even believe in a conspiracy to suppress these facts. Another subgroup accepts that CO2 levels are increasing in the 20th century but claims that the source is release of dissolved CO2 from the warming ocean. In other words, they argue that oceans warm first, which then causes the CO2 increase. In fact, such a phenomenon is observed in the ice-core record, where sudden temperature increases precede increases in CO2. While this fact is a good argument against the story put forth by Al Gore, it does not apply to the 20th century: isotopic and other evidence destroys their case.

Another subgroup simply says that the concentration of atmospheric CO2 is so small that they can’t see how it could possibly change global temperature. But laboratory data show that CO2 absorbs IR radiation very strongly. Another subgroup says that natural annual additions to atmospheric CO2 are many times greater than any human source; they ignore the natural sinks that have kept CO2 reasonably constant before humans started burning fossil fuels. Finally, there are the claims that major volcanic eruptions produce the equivalent of many years of human emission from fossil-fuel burning. To which I reply: OK, but show me a step increase in measured atmospheric CO2 related to a volcanic eruption.

I have concluded that we can accomplish very little with convinced warmistas and probably even less with true deniers. So we just make our measurements, perfect our theories, publish our work, and hope that in time the truth will out.
• “The data doesn’t matter. We’re not basing our recommendations on the data. We’re basing them on the climate models.” —Professor Chris Folland, Hadley Centre for Climate Prediction and Research 
• “The models are convenient fictions that provide something very useful.” —Dr. David Frame, Climate modeler, Oxford University 
• “It doesn’t matter what is true, it only matters what people believe is true.” —Paul Watson, Co-founder of Greenpeace 
• “Unless we announce disasters no one will listen.” —Sir John Houghton, First Chairman of the IPCC 
• “No matter if the science of global warming is all phony ... climate change provides the greatest opportunity to bring about justice and equality in the world.” —Christine Stewart, former Canadian Minister of the Environment


Fuente: Francisco Capella.

Una Ingeniosa Idea para España: Devaluación Fiscal

Xavier Sala i Martín.

Los profesores de Harvard Emmanuel Fahri y Gita Gopinath y el profesor de Princeton Oleg Itskhoki han hecho una interesante propuesta para solucionar uno de los principales desequilibrios internos europeos: los déficits comerciales exteriores.
Además de los consabidos problemas de deuda pública y de falta de competitividad y crecimiento, la zona Euro tiene graves problemas de desequilibrios internos: Alemania y los países de su entorno tienen enormes superávits exteriores (exportan más de lo que importan) mientras que los países de la periferia, entre los que se encuentra España, tienen déficits exteriores (exportan menos de lo que importan). Esos desequilibrios reflejan un hecho fundamental, desde que se fijaron los tipos de cambio para crear el Euro en 1996, los costes del trabajo unitarios han subido un 8% en Alemania, un 13% en Francia pero un ¡37% en España y un 59% en Grecia! Eso ha erosionado la competitividad española y griega en relación a la alemana y francesa. Eso hizo que, justo antes de empezar la crisis en 2008, los déficits exteriores de España y Portugal superaran el 10% del PIB y fueran de los más grandes del mundo.
Para corregir esos desequilibrios, la mayoría de economistas proponen una depreciación de la moneda española: al abaratar su moneda respecto a la alemana, los productos españoles también se abaratan respecto de los alemanes y los alemanes se encarecen respecto a los españoles. La gente deja de comprar productos alemanes más caros (importa menos) y compran productos españoles más baratos (exportan mas) y eso corrige los desequilibrios comerciales. Eso es lo que hizo el gobierno socialista de Felipe González en 1993, cuando el ministro Carlos Solchaga devaluó la peseta tres veces en un periodo de 9 meses. En total, la peseta se depreció un 21% en lo que hoy día se conoce aquel episodio como "las devaluaciones competitivas de Solchaga".
Todo el mundo sabe que esta receta tradicional no se puede llevar a cabo porque España y Alemania, hoy día tienen la misma moneda. Es por ello que algunos economistas han hecho una llamada a la desaparición del euro. Otros economistas, entre los que se encuentra Paul Krugman, han propuesto una “devaluación interna”. Es decir, una reducción de los salarios en España: eso abarataría los costes y por lo tanto los productos españoles cosa que haría aumentar las exportaciones de España. Por otro lado, al ser los españoles más pobres, podrían comprar menos al exterior con lo que también se reducirían las importaciones. El déficit exterior, pues, se reduciría con una “devaluación interna” del mismo modo que una “devaluación monetaria normal”.
Para todos aquellos que no quieren bajar salarios porque reducen el poder adquisitivo de los trabajadores pero, en cambio, favorecen una devaluación monetaria como la que hizo el PSOE en 1993, sepan que ¡el poder adquisitivo de los trabajadores también se reduce con esta última! Recordad que la devaluación de la peseta en relación al marco abarata los productos españoles (por eso genera un aumento de las exportaciones) pero al mismo tiempo encarece los productos alemanes (por eso genera una reducción de las importaciones). En la medida que los trabajadores compran productos alemanes,  (y los tienen que comprar porque sino no habría déficit en relación a Alemania) la devaluación reduce el poder adquisitivo de los trabajadores del mismo modo que lo hace un recorte salarial.
Una propuesta alternativa es la de la “devaluación fiscal”.  Fahri, Gopinath y Itskhoki argumentan que se puede conseguir li mismo que una devaluación monetaria (es decir, encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones) haciendo un cambio de impuestos: subida gigante del IVA y reducción gigante de las cotizaciones salariales. Al subir el IVA, se encarecen todos los productos, los producidos por las empresas españolas y los producidos por empresas extrajeras. Pero como las empresas exportadores reembolsan el IVA, de facto, el aumento del IVA encarece las importaciones sin encarecer las exportaciones. Al reducir las cotizaciones sociales al mismo tiempo, se abaratan los costes SOLO de las empresas españolas lo que les permite reducir precios a los exportadores. De este modo, la “devaluación fiscal” consigue el objetivo de encarecer los productos extranjeros y abaratar los españoles, exactamente igual que la tradicional “devaluación monetaria”.
Los autores dicen que eso puede incluso ayudar a solucionar el problema fiscal al generar más recaudación para el gobierno (aunque yo ese punto no lo veo claro ya que dependerá de si la recaudación adicional del IVA es superior que la reducción de las cotizaciones sociales).
Además, para los que argumenten que eso Alemania nunca lo permitirá ya que quiere una mayor armonización fiscal, habrá que recordarles que Alemania ya hizo una devaluación fiscal en 2007, cuando subió el IVA del 16% al 19% y redujo las cotizaciones laborales del 6.5% al 4.2%.
Un último comentario: ¡SI! Esta “devaluación fiscal” comporta una pérdida del poder adquisitivo de los ciudadanos españoles... ¡igual que las devaluaciones “monetaria” o “interna”! Por eso yo no estoy a favor de hacer devaluaciones de ningún tipo. Ahora bien, si se quieren evitar devaluaciones y sus consiguientes pérdidas, la ÚNICA alternativa es que se acometan las tan frecuentemente mencionadas pero tan raramente implementadas “reformas estructurales” que ataquen el problema de fondo de la economía española: la falta de productividad y competitividad.