Héroes, 19 de febrero: Ricardo Tejero Magro, María Luisa Sánchez Ortega, Eutimio Gómez Gómez, Julia Ríos Rioz y Antonio Ricondo Somoza

Libertad Digital
El 19 de febrero de 1985 dos terroristas asesinaban en Madrid a RICARDO TEJERO MAGRO, consejero y director general del Banco Central. En torno a las 9:00 horas dos terroristas se hicieron pasar por policías de la Dirección General de Seguridad para entrar en el garaje de su casa, en la calle Ortega y Gasset del madrileño barrio de Salamanca. Allí redujeron al vigilante del inmueble y al chófer de Ricardo, encerrándoles en un cuarto de aseo. Otros dos terroristas aguardaban en el exterior y un quinto se quedó al volante de un coche, preparado para huir.
Los etarras esperaron a que el director del banco descendiera desde el portal por la escalera, y en ese momento le dispararon dos tiros en la nuca que le provocaron la muerte en el acto.
Por el asesinato de Ricardo fue condenado en 1985 Venancio Sebastián Horcajo como cómplice. Trece años más tarde, en 1998, la justicia condenó, como responsable del atentado, a Ignacio Arakama Mendia, alias Macario. En 2002 fue condenado José Luis Urrusolo Sistiaga y, en 2003, María del Rosario Delgado Iriondo, como cómplice. A esta última el Tribunal Supremo le rebajó en 2004 de 26 a 16 años la pena de cárcel que le impuso la Audiencia Nacional.
Ricardo Tejero Magro, de 58 años, estaba casado con Roser Sala y era padre de cinco hijos, dos varones y tres chicas, la menor de 14 años. En el momento de su asesinato era el número dos del Banco Central y el colaborador más próximo a Alfonso Escámez. Catalán, a pesar de haber vivido poco en su comunidad natal, se dedicó al negocio bancario por tradición familiar: su padre fue responsable jurídico y secretario general del Banco Vitalicio de España cuando Ignacio Villalonga era presidente de esta entidad y del Banco Central. Ricardo era hijo de una familia de la burguesía media barcelonesa, con domicilio en la Rambla del Prat, junto al barrio de Gracia. Estudió en los Escolapios de la calle Balmes. Se sentía muy catalán al igual que su mujer, Roser Sala, de familia de empresarios con actividad especialmente orientada a aparatos de laboratorio. La trayectoria de Ricardo Tejero estuvo ligada al Banco Central, salvo en dos momentos de su vida en que dejó temporalmente la entidad para ocupar cargos en la Unión Bancaria Hispano Marroquí y en el Banco de Crédito Industrial. Ya definitivamente de vuelta al Banco Central es nombrado director general de la entidad y, en 1979, accede al Consejo de Administración. Ricardo Tejero recibió el sobrenombre de Tejero el bueno, con motivo del espectacular asalto a la antigua sede barcelonesa del Banco Central, en la plaza Cataluña, el 23 de mayo de 1981. A media noche, mientras se mantenía la tensión, anunció a sus colaboradores que se trasladaba a Barcelona con Alfonso Escámez. Aquellos comentaron a los periodistas que "Tejero está de camino hacia el banco", ante la sorpresa de todos. Aún se mantenía la confusión sobre los autores del asalto, que se producía poco después del intento de golpe del 23-F. La aclaración de la identidad del banquero le valió el sobrenombre de "el bueno", unido a su primer apellido.
El 19 de febrero de 1987 la banda terrorista ETA mata en Bilbao a MARÍA LUISA SÁNCHEZ ORTEGA. Volvía a casa a eso de las diez y media de la noche después de su jornada de trabajo habitual como limpiadora. Le alcanzó de lleno la explosión de un artefacto de considerable potencia colocado en un concesionario de Renault de Bilbao. María Luisa quedó gravemente herida: sufrió la amputación de ambas piernas, heridas graves en el pubis, fracturas de costillas y graves quemaduras en la cara que afectaban a los globos oculares. Un coche de la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) recogió a la herida y la trasladó al hospital bilbaíno de Basurto, donde, tras ser intervenida quirúrgicamente, falleció pasada la una de madrugada del 19 de febrero.
Cuatro minutos antes de que hiciese explosión el artefacto se recibió una llamada anónima en la Cruz Roja de Bilbao en la que se decía textualmente: "Soy portavoz de ETA militar. Hemos colocado un petardo en la Renault del muelle de Marzana que hará explosión sobre las once de la noche. Avisar a la policía". El atentado era parte de la campaña etarra contra los intereses franceses en España, consecuencia de la colaboración francesa en materia de lucha antiterrorista. Madrid y Barcelona ya habían sufrido atentados de esa naturaleza.
María Luisa Sánchez Ortega tenía 60 años. Su marido, Antonio Rodríguez, estaba enfermo, y susdos hijos en el paro. Su trabajo limpiando oficinas era la única fuente de ingresos de la familia. Natural de la localidad vizcaína de Dima, era limpiadora de profesión y trabajaba en la zona donde se produjo el atentado.

El 19 de febrero de 1992 fallecen víctimas de la explosión de un coche bomba en el barrio obrero de La Albericia de Santander JULIA RÍOS RIOZ, su marido EUTIMIO GÓMEZ GÓMEZ y el estudiante ANTONIO RICONDO SOMOZA.
Las fuerzas de seguridad de Cantabria se encontraban desde hacía algunos días en estado de alerta en previsión de atentados de la banda terrorista. A Eutimio, Julia y Antonio les alcanzó de lleno la explosión, a las 20:10 horas, del coche bomba activado a distancia al paso de una patrulla de la Policía Nacional que se dirigía al cuartel situado a unos 300 metros.
Además de las tres víctimas mortales, resultaron gravemente heridos los dos agentes que viajaban en el furgón: Benito Sáiz Corral, de 50 años, que fue ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Marqués de Valdecilla con fracturas múltiples en las extremidades y heridas en cara y cuerpo, y Francisco Vega Cumplido, de 40, intervenido quirúrgicamente de hundimiento craneal. Otras dieciocho personas sufrieron lesiones de diferente consideración, de las que siete fueron dadas de alta a primera hora de la tarde.
La explosión fue brutal. Una veintena de vehículos tenía graves desperfectos y algunos quedaron para el desguace. La furgoneta que ocupaban los policías tenía el techo enteramente destrozado y a ambos lados de la carrocería había decenas de impactos producidos por la metralla. A unos 30 metros tiene sus instalaciones El Diario Montañés, cuyas ventanas resultaron dañadas por la deflagración. Siete inmuebles sufrieron daños y varios pisos quedaron parcialmente destruidos por el artefacto, que se escuchó a casi un kilómetro de distancia.
Por este atentado fueron condenados, en varios fallos diferentes, etarras y colaboradores. En 1992 fue condenado a tres años de prisión el arcipreste de Irún y Fuenterrabía, José Ramón Treviño, por esconder en su iglesia a Ignacio Recarte Ibarra y Luis Ángel Galarza Quirce, autores materiales del atentado junto a Dolores López Resina.
Por sentencia de la Audiencia Nacional fueron condenados en 1998 José Gabriel Zabala Erasun y Gonzalo Rodríguez Cordero. Fueron los que robaron el coche, lo cargaron con explosivo (25 kilos) y metralla (45 kilos) y lo entregaron a los tres miembros de la banda que se habían instalado previamente en Santander. En el mismo fallo se condenó a Ignacio Recarte y Luis Ángel Galarza, etarras que colocaron el coche en el cruce de La Abericia junto a Dolores López Resina. Recarte fue quien accionó el telemando cuando pasó el furgón de la policía.
En 2005 fue condenado Francisco Múgica Garmendia, Pakito, como el que ordenó a los demás terroristas cometer el atentado. Por último, en 2008 fue condenada la etarra Dolores López Resina, alias Lola, quien colocó el coche bomba en La Albericia junto a Recarte y Galarza.
Eutimio Gómez Gómez, 43 años, calefactor del hospital Marqués de Valdecilla, situado cerca de donde tuvo lugar la explosión, y su mujer, Julia Ríos Rioz, de 41 años y panadera de profesión, iban a montarse en su coche cuando les sorprendió la explosión. Ambos fallecieron en el acto. Eutimio era natural de Barrio, del municipio cántabro de Vega de Liébana, y era militante de UGT. Julia era de Gajano, del municipio cántabro de Marina de Cudeyo. Trabajaba en la panadería La Constancia, propiedad de una hermana. Dejaron huérfanos a dos hijos: Silvia, de 18 años, y Jesús, de 16. Tuvieron que ser acogidos por su tía, Rosa Ríos Rioz, porque, como contó en ABC, se habrían quedado en la calle y en la miseria más absoluta: "¿Quién pagaría la hipoteca del piso, quién les costearía los estudios, quién les ayudaría a salir adelante no sólo económicamente, sino moralmente, que es lo verdaderamente importante?".
Antonio Ricondo Somoza, tenía 28 años y había terminado su carrera de Químicas. Tenía todo preparado para casarse el 27 de junio de ese año con Ana Mirem Castro Ugalde. El día del atentado, viajaba en su vehículo en sentido contrario al de la furgoneta policial. La onda expansiva le causó daños tan graves que se le dio por muerto en el acto, pero después se supo que se encontraba en coma terminal con pérdida de masa encefálica. Su familia autorizó que se le mantuviese artificialmente con vida para poder extraer sus órganos: todos fueron donados a otras personas, menos una córnea que quedó dañada por la metralla. Pedro Ricondo Vázquez, padre de Antonio, contó a La Razón en 2005 que "una mujer vasca vive con su corazón".
Tras el anuncio del último alto el fuego de la banda asesina, el 10 de enero de 2011, el padre de Antonio, Pedro Ricondo, que desde 2009 vive en Alicante, a donde fue "huyendo" de su "Cantabria del alma", cansado de tener dos policías siempre custodiándole porque sufría amenazas, hizo unas declaraciones a El Diario Montañés en las que dijo que estaba "hasta las narices de que estos cabrones sigan engañando a España y a todos los españoles. Por favor, póngalo usted así de claro". Añadió un consejo: "Que no se deje engañar el vicepresidente socialista, Rubalcaba, que no se da cuenta de que le están engañando de nuevo, que se lo dice un hombre de 81 años al que la vida y ETA le han dado muchos golpes detrás de las orejas. Que se de cuenta de que le están engañando como lo han hecho con otros tantos políticos de España". Asegura que de la organización terrorista "no van a conseguir nada de nada. Son como las cucarachas, matas una y salen cuarenta". El padre de Antonio habla desde la experiencia no sólo de ser una víctima de ETA por el asesinato de su hijo, "sino de los más de 12 años que estuve sufriendo y aguantando, dirigiendo una empresa en Vizcaya, con 250 trabajadores, y de donde tuve que salir por sus amenazas, para venirme a Cantabria a vivir en paz, y cuando llego a mi tierra me matan a un hijo con 27 años. Qué quiere que le diga de este alto el fuego".

El problema no es el consumo

Juan Ramón Rallo.



Cada trimestre se repite la misma liturgia por parte de ese coro de keynesianos que, según se observa, sólo han leído a medias a Keynes: el PIB cae (o no sube demasiado) por la contracción del consumo y del gasto público. Esta ocasión, claro, no ha sido la excepción. De nuevo oímos que la economía española se encuentra al borde de la recesión porque la gente no consume, de modo que el diagnóstico parece ser bastante sencillo: hay que gastar más.
La tesis subconsumista, empero, tiene dos problemillas, a cada cual más relevante. El primero es que cualquiera que oiga la explicación oficialista de la crisis –"estamos en depresión porque la gente y los políticos han dejado de gastar"– probablemente espere observar un fortísimo descenso del consumo y de los desembolsos públicos desde los felices años de la burbuja. Pues no tanto: descontando la inflación, el gasto de nuestras familias ha caído un 7% desde el cuarto trimestre de 2007 y el de nuestras administraciones ha crecido un 3,3% (y dejamos fuera las enormes transferencias públicas, que se han expandido mucho más). En total, el consumo final apenas se ha reducido un 4,3%. No es poca cosa, pero parece extraño que semejante descenso haya provocado una depresión de esta magnitud.
En efecto, ¿de dónde proceden entonces los problemas de nuestra economía? Pues no de una leve contracción del consumo, sino, como el propio Keynes sabía, de un hundimiento en toda regla de la inversión: desde finales de 2007, la formación de capital de nuestra economía se ha desmoronado un 35%. Sí, ya sé que el consumo tiene un peso unas tres veces mayor que la inversión dentro del PIB, de modo que al final las responsabilidades no serían tan distintas. Pero, aparte de lo sesgadamente mal que el PIB contabiliza el gasto empresarial en bienes de capital, si no sabemos observar la diferencia económica –que no contable– entre que una partida tropiece un 4% y que otra se hunda casi un 40%, es que no entendemos nada sobre una crisis. Ninguna economía se hunde porque los consumidores se vuelvan algo más tacaños; sí lo hace, en cambio, por que los empresarios se enfrenten a una incertidumbre y a unas restricciones tales que paralicen en más de un tercio su inversión anual.
El segundo problemilla de la tesis subconsumista, muy vinculado con el anterior, es que, como debiera saberse, el PIB mide dos realidades que son idénticas: el valor monetario de lo comprado y el valor monetario de lo vendido (o producido). Aunque los titulares periodísticos suelen preferir el lado del gasto, no está de más echarle una ojeada al lado de la producción. ¿Y cuáles son los dos sectores económicos que lo han pasado peor durante esta crisis (y también durante este trimestre)? Aquellos más intensivos en capital y que más vinculados estaban a la expansión crediticia previa: la industria, sobre todo por lo que se refiere a las manufacturas duraderas (cuya producción cae un 11% con respecto a finales de 2007), y la construcción (que desciende más de un 20%). El resto, o suben un poco, o caen un poco o se mantienen.
Ahora, ¿es necesariamente malo que nuestro PIB decrezca porque la construcción caiga un 20%? ¿Deberíamos comprar las mismas viviendas que hace cuatro años? Pues no, dado que ese sector se encontraba astronómicamente inflado. El problema, más bien, es que al tiempo que se ha hundido la construcción y la industria de ciertos bienes duraderos, los empresarios no han invertido masivamente en otros sectores que los sustituyan. ¿Y por qué no lo han hecho? En parte porque no saben dónde hacerlo; en parte porque no disponen de capital; en parte porque ellos y sus potenciales compradores están muy endeudados y antes de volver a gastar a los ritmos anteriores tienen que sanear sus balances; en parte porque los mercados son demasiado inflexibles; y en parte por la incertidumbre sobre el futuro de nuestro país (¿suspenderemos pagos? ¿seguiremos en el euro?).
Así las cosas, debería ser evidente por qué supone un enorme error que fijemos nuestros problemas en un insuficiente consumo: no, nuestros males son otros. Primero, que no sabemos exactamente qué producir y nos toca reinventar nuestro tejido empresarial; y, segundo, que antes de volver a gastar tenemos que amortizar parte de nuestras deudas pasadas. De ahí que la receta sea justamente la opuesta a la que se nos sugiere desde esos engañosos titulares que cargan las tintas contra la austeridad: ahora mismo no necesitamos más consumo, sino más ahorro para amortizar nuestras deudas y para sufragar el imprescindible aumento de la inversión que modifique nuestra estructura productiva.
Al cabo, si en estos momentos decidiéramos, por ejemplo, incrementar todavía más el gasto público, ¿qué acaecería? Primero, que restringiríamos aún más la financiación de la inversión privada; segundo, que sería el Estado quien escogería en qué sectores invertir, cómo si él tuviese la más mínima idea de dónde se hallan las oportunidades de negocio (¿Planes E? ¿Aeropuertos sin pasajeros?); tercero, que el endeudamiento total de nuestra economía seguiría aumentando y, por tanto, también la constricción del gasto privado de familias y empresas; y cuarto, que la incertidumbre institucional sobre nuestra permanencia en el euro continuaría aumentando, desincentivando todavía más la inversión empresarial.
El camino es otro y debe mirar a mucho mayor plazo: necesitamos modificar nuestros patrones de especialización y, para ello, toca reducir el endeudamiento de familias, compañías y bancos; estabilizar las cuentas del Estado para despejar histerias; liberalizar mercados para facilitar la elaboración de nuevos planes de negocio; y convertir la inversión en una actividad lo más atractiva y segura posible (por ejemplo, con impuestos bajos). Explíquenme ahora cómo se favorece todo esto promoviendo el gasto ciego, irresponsable y suicida de familias y administraciones públicas. Ay, que algunos todavía no han escapado de la mentalidad de la burbuja.

Corrupción en empresa de mercados agropecuarios

Dania Virgen García.




 
Genaro Carmona Ibáñez, vive en Serafina numero 219, entre Alacía y Castillo, reparto Juanelo, San Miguel del Padrón. Estudió escultura y dibujo en la Escuela San Alejandro. Pertenece a la Asociación Cubana de Artesanos  (ACA).

Carmona, quien vendía artesanías a turistas en varios lugares de la Habana Viejo y El Vedado, al ver que el turismo se desmoronaba tuvo que vincularse a otro tipo de trabajo para sustentar a su familia.

Pudo encontrar trabajo en la empresa agropecuaria sita en Pasaje Cruzel s/n, entre 1ra y Tejas, en el municipio de San Miguel del Padrón. En el mes de junio del pasado año comenzó a trabajar como estibador en la unidad básica de 4ta y 8 Vías, perteneciente a la empresa antes mencionada. Más tarde pasó a ser ayudante de carro.

En el mes de julio, comenzó como ayudante de almacén, en  Tejas numero 13. Con él trabajaban otras tres personas: Roque, especialista de la calidad, Daimara Méndez, la comercial del municipio, y otro empleado.

Roque fue inculpado por la comercial de un faltante de 22 mil toneladas de plátanos, que se pudrieron por demoras en los envíos. Según explica Carmona, “como Roque es internacionalista, el problema se solucionó vendiendo toda la mercancía descompuesta a Torula, una unidad básica que se dedica a comprar productos en merma para alimentar puercos”.

“Las mercancías muchas veces llegan en buen estado, pero Ramón, el director, y la comercial dejan que se les eche a perder para  podérsela vender a  Torula, y así llenarse los bolsillos de dinero”, afirma Carmona.

Al ver que la corrupción era tan grande, Genaro Carmona comenzó a tomar fotografías que mostraban que  los productos entraban en buen estado y se echaban a perder, que en las facturas no se plasmaba claramente la existencia de mercancías, los carros que llegaban para que se les vendiera por la izquierda. 

Cuando fue descubierto, Genaro Carmona fue expulsado del centro. Fue entonces que decidió entregar las evidencias de esta monstruosa corrupción a esta reportera. 

“Quiero que se conozca que a estos corruptos no les importa que el pueblo muera de hambre, sólo les importa su beneficio personal”.

dania@cubadentro.com


Metropolis

1927. Director: Fritz Lang.

Al di Meola World Sinfonia & Gonzalo Rubalcaba - Jazz in Marciac 2011



Gonzalo Rubalcaba - piano
Al Di Meola - guitare
Kevin Seddiki - guitare
Fausto Beccalossi - accordéon
Peter Kaszas - batterie, percussions

Ellen Cooper

American Gallery.


Marmee's Garden In The Snow
Judy
Defiance Of Erebus
Maura With Lilly
Ryan
Elizabeth - Quiet Place
In The Garden
Alex
Bobby
Randy
Cindy And Remy
Study of Nnenna
Corey
Nell Rose Bates
Parks
Vera
Sulli
Jack
Madeline
Will
Anna
Emma
Taylor
Emma (triptych)


Ellen Cooper web.

España inteligible

Julián Marías.



Hace quince años, en 1985, publiqué un libro por el que siento cierta predilección: España inteligible.No es que sea mi «mejor» libro –esto no tendría demasiado sentido–, pero es acaso el que ha ayudado más a que los españoles se entiendan a sí mismos. Tiene un subtítulo: «Razón histórica de las Españas», porque desde 1500 España es inseparable de América y el resto del mundo hispánico.

Este libro se ha leído bastante: diez ediciones en español, traducciones al inglés y al japonés. No se ha hablado demasiado de él, lo que puede ser explicable. Lo que me sorprende es la escasez de comentarios a su título. Dije que el libro cumple lo que el título promete: inteligibilidad. Por lo visto, esta noción irrita; se prefiere la idea de que España es un país «anormal», conflictivo, irracional, enigmático, un conglomerado de elementos múltiples y que no se entienden bien.

Mostré que España es coherente, más razonable que otros países, en suma, inteligible si se lo mira desde su génesis, sus proyectos, su argumento histórico. Como se ha decretado lo contrario, hay una manifiesta resistencia a mirar la realidad y tomarla en serio. Lo inaceptable es el título, que va contra las ideas recibidas y aceptadas sin crítica, aunque la experiencia las desmienta. Todo antes que admitir que se entienda lo que ha acontecido, que se comprenda un proceso histórico excepcionalmente coherente si se lo mira con la razón histórica y no con la razón abstracta; es mucho pedir que se mire la historia con mirada histórica, humana. Se trata de un caso particular de la evidente resistencia a mirar como personal la realidad humana, aunque sea al precio de no entenderla, de suplantarla por las «cosas» o, en el caso más favorable, por lo biológico, lo meramente animal. Si se considera casi todo lo escrito sobre cuestiones humanas en los dos últimos siglos, asombra el deliberado olvido de los caracteres personales, irreductibles a ninguna otra forma de realidad: no hay ningún «eslabón» ambiguo, equívoco, en que sea dudosa la condición humana, identificada con lo personal. Hay que refugiarse en el pasado imaginario para alojar en él lo que no existe en la realidad actual.

Se repiten monótonamente todos los tópicos acumulados sobre España durante varios siglos. Casi nadie se atreve a considerar la realidad y la interpretación fundada en su examen. El reconocer que las cosas no son como se dice parece a muchos una «infidelidad». Habría que preguntar a qué. He insistido a veces en la «fragilidad» de la evidencia, que se descubre y entrevé un momento y se pierde pronto por la presión del hábito. La idea de que España pueda ser «normal», una realidad colectiva humana y por tanto inteligible parece una «herejía».

Lo verdaderamente innovador e interesante es que habría que dar un paso más en la misma dirección. No solo España ha sido y es inteligible, sino también otros pueblos a los que se les ha atribuido esa condición sin suficiente motivo y sobre todo sin atender adecuadamente a su realidad y a los métodos que reclama. Quiero decir que otros países son más inteligibles de lo que se piensa, porque tampoco se los mira con los instrumentos mentales necesarios. Habría que intentar una revisión histórica de los demás países; creo que se aumentaría considerablemente su nivel de inteligibilidad, de racionalidad.

¿Podría extenderse este criterio de todos los pueblos? No lo creo así. Los pueblos procedentes de una herencia histórica que es la nuestra y que incluye el mundo helénico y el romano han conservado la continuidad y la pretensión de inteligibilidad. Por eso sus historias presentan, a pesar de azares, errores, violencias y crisis, que pueden ser graves y duraderas, algo que se puede entender y narrar; dicho con otras palabras, han realizado una historia que es susceptible de ser narrada, aunque en etapas bien distintas.

En otros casos la continuidad ha sido mucho menor, la inestabilidad de las poblaciones, la complejidad étnica, la ausencia de proyectos coherentes, el carácter precario y vacilante de su expresión, hace sumamente difícil esa inteligibilidad, precaria, vacilante. Finalmente, hay y por supuesto ha habido durante siglos o milenios, pueblos que sólo han poseído y conservado el mínimo de inteligibilidad que pertenece a lo humano, que sólo se encuentra en forma residual, como el grado inferior de la condición personal.

Vemos, pues, que la inteligibilidad, lejos de ser un privilegio de la condición histórica española, es la condición de lo humano y personal. Pero las diferencias de grado, forma y contenido pueden ser enormes. Para que esto se vea es menester una intensidad que lo haga perceptible. Lo curioso es que esto resulte particularmente evidente cuando se examina la historia española, objeto preferente de la imputación de conflicto e irracionalidad.

Pero las consideraciones que acabo de hacer descubren las diversas formas, las articulaciones y los límites de la historia. Podemos distinguir entre grados de ese carácter de todo lo humano que es la historicidad. Esto permitiría algo que no se ha hecho y que es una tarea apasionante: una tipología profunda y radical de las formas históricas. He mencionado apresuradamente tres niveles bien distintos, tanto que son irreductibles. En rigor, sólo desde los niveles superiores se puede percibir la forzosa historicidad.

Se ve igualmente la imposibilidad de una «historia universal» si no se ha llegado al descubrimiento de la inteligibilidad plena de algunas formas históricas. Solamente desde las formas superiores de inteligibilidad puede lanzarse una mirada al resto, y hallar así la universalidad de esa condición, aun en su grado ínfimo.

Todavía se suscita otra cuestión, cuyo interés teórico es del mayor alcance: en qué medida está ligada la noción de historia universal a la posibilidad de su realización, en la medida de las posibilidades reales. El hecho de que los griegos, los romanos y los españoles, en diversas épocas, hayan sido realizadores y teóricos de lo que podemos llamar «versiones» distintas de la historia universal llevaría a barruntar esa conexión. En otros ciclos humanos, ni la realidad ni el pensamiento parecen vinculados a la noción de historia universal.

Baste pensar un momento en estas cuestiones para recordar la complejidad y el apasionante interés de la condición histórica del hombre. Resulta inquietante, y sugestivo, darse cuenta de lo que falta para que esta condición de la vida personal se haya puesto adecuadamente en claro.