Héroes, 19 de enero: José Miguel Palacios Domínguez, Agapito Sánchez Angulo y José Antonio Santamaría Vaqueriza



Pasadas las seis y media de la tarde del 19 de enero de 1980, dos miembros de la banda terrorista ETA asesinaban a tiros en el barrio de Algorta (Guecho) al agente comercial JOSÉ MIGUEL PALACIOS DOMÍNGUEZ. Todas las tardes jugaba una partida de cartas en el reservado de la cafetería Txiskiñe, cerca de su domicilio. Esa tarde había unas quince personas jugando a las cartas o presenciando las partidas. En torno a las siete menos cuarto dos chicos y una chica penetraron en el bar a cara descubierta, ordenaron apartarse a los presentes y efectuaron nueve disparos en la cabeza, cuello y pecho de José Miguel. Ninguno de sus compañeros de juego sufrió daño alguno.
José Miguel Palacios fue trasladado inmediatamente en una ambulancia municipal al Hospital Civil de Basurto. Según manifestaciones del conductor de la ambulancia, José Miguel era ya cadáver cuando fue trasladado y habiendo recibido el impacto de ocho o nueve disparos.
Inmediatamente después de efectuar los disparos, los pistoleros abandonaron el bar pidiendo a los clientes que se quedaran quietos, y huyeron en un vehículo que habían sustraído quince minutos antes a punta de pistola en la misma localidad.
"Hace tiempo le dijeron que era un chivato, pero nunca se había metido en política ni le habían amenazado", declaró a los medios Tomás Palacios, padre del agente comercial asesinado. Con un fuerte ataque de nervios y lágrimas en los ojos, afirmó que no comprendía nada de lo ocurrido "ya que él nunca ha estado metido en política. No entiendo nada de lo que pasa, no me lo puedo explicar". Tomás se enteró del asesinato de su hijo por la agencia EFE.
El 23 de enero ETA reivindicó el asesinato de José Miguel y el atentado dos días después en Mondragón contra Manuel Fernández, que resultó herido, acusando a ambos de ser chivatos. La paranoia de los colaboradores y chivatos fue un elemento que introdujo ETA a finales de los años 70 para justificar sus asesinatos. Los etarras veían por todas partes a ciudadanos que pensaban que cooperaban con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y estos quedaban convertidos en "objetivos prioritarios" de los comandos. Era como una sentencia de muerte.
José Miguel Palacios Domínguez tenía 31 años. Trabajaba para Olivetti como agente comercial, aunque llevaba una temporada en paro.

El 19 de enero de 1985 la banda terrorista ETA asesinaba en Portugalete (Vizcaya) al peluquero AGAPITO SÁNCHEZ ANGULO. Fue el primer asesinato de un año que terminaría con 37 víctimas mortales. Ese año, además, ETA instaló en Madrid un grupo permanente y utilizó profusamente el método del coche-bomba.
En el caso de Agapito Sánchez Angulo el modus operandi fue muy parecido al utilizado contra José Miguel Palacios Domínguez, aunque esta vez el escenario sería la peluquería de la que era propietario, en vez de un bar.
En torno a las 16:00 horas se encontraban en el local varios clientes, algunos menores de edad. Tres terroristas entraron en el mismo e indicaron a los clientes que se situaran de pie frente a una pared. Nieves Fernández, su esposa, fue testigo de la escena. Al parecer la peluquería estaba conectada a través de una puerta con la vivienda en la que vivía con su mujer y su hijo. Ahí, en la cocina, fue donde lo asesinaron.
Un hermano del peluquero, Fernando Sánchez Angulo, declaró tras el atentado que la víctima no tenía filiación política alguna y que jamás había sido amenazado. Agregó que Agapito había pasado "toda su vida trabajando denodadamente por sacar adelante la peluquería", muy conocida en Portugalete.
ETA intentó, como otras veces, justificar el asesinato con falsas acusaciones sobre supuestas actividades relacionadas con el tráfico de estupefacientes. Tuvieron que pasar 18 años para que el Ayuntamiento de Portugalete, con el alcalde socialista Mikel Cabieces a la cabeza, organizase un homenaje a Agapito con presencia del hijo, pidiendo perdón a la familia por no haber estado a la altura y no haberles apoyado en el momento del asesinato.
En junio de 1986 fueron detenidos en Bilbao tres etarras cuando intentaban perpetrar un atentado contra una pareja de la Guardia Civil. Integraban el grupo Orbaizeta de ETA creado en 1983 y responsable de dos asesinatos, entre ellos el de Agapito Sánchez Angulo. Los detenidos eran Elías Fernández Castañares, de 24 años, Joseba Koldobika Artola Ibarreche, de la misma edad, y Francisco Javier Echevarría González, de 22 años. En 1988 fueron condenados a 29 años de cárcel por asesinato consumado. En 1990 fue condenado por el mismo asesinato Fernando Vicente de Luis Astarloa, que había conseguido escapar en 1986.
Agapito Sánchez Angulo tenía 30 años. Era natural de Castro Urdiales (Cantabria). Estaba casado y tenía un hijo.

El 19 de enero de 1993 el grupo Donosti de ETA asesinaba en San Sebastián al hostelero y exjugador de la Real Sociedad JOSÉ ANTONIO SANTAMARÍA VAQUERIZA. Tres miembros de ese grupo, tras vigilar previamente los hábitos de José Antonio, lo asesinaron de un tiro en la nuca mientras cenaba en la sociedad gastronómica Gaztelupe con motivo de la Tamborrada que daba inicio a las fiestas patronales de San Sebastián.
Era amigo personal del socialista José María Benegas que, al igual que su viuda, denunció el juicio paralelo que el diario Egin, cuyo redactor jefe era Pepe Rei, hizo contra Santamaría. Beatriz Lasa criticó asimismo la actitud de las instancias judiciales, que no habían hecho nada para impedirlo.
Como en otras ocasiones, antes y después, ETA acusó al industrial de tener vinculaciones con el contrabando de tabaco y el narcotráfico. Su nombre había aparecido en un informe de la Fiscalía de la Audiencia Provincial de San Sebastián conocido como 'Informe Navajas'. Parte de su contenido fue desvelado en 1989 en Diario 16 y posteriormente por el diario Egin. Concretamente, tres días antes del atentado lo señalaban como colaborador del sargento del cuartel de Inchaurrondo Enrique Dorado Villalobos en el soborno de guardias civiles para evitar decomisos del contrabando.
Por el proceso judicial abierto en la Audiencia Provincial de San Sebastián Santamaría declaró en noviembre de 1992, asistido legalmente por Fernando Múgica Herzog (que también sería asesinado por ETA en 1996). Tal y como declaró su viuda, Beatriz Lasa, su marido vivió hasta su asesinato "bajo la angustia de saberse inocente (...) de toda implicación de narcotráfico".
Aunque Santamaría negó en su momento las acusaciones vertidas contra él, desde ese momento hasta su asesinato, poco más de dos años más tarde, poco pudo hacer para evitar que su nombre siguiera apareciendo ligado regularmente a noticias, filtraciones y rumores de todo tipo que mezclaban narcotráfico, lucha antiterrorista y tramas de corrupción policial.
El juicio por este caso se celebró en abril de 1994 en la Audiencia Provincial de San Sebastián. El juez Luis Blázquez criticó en su sentencia "la escasa prueba acusatoria" aportada por el Ministerio Fiscal, impidiendo dar por válidas sus conclusiones y no condenando a Santamaría. Hacía un año y tres meses que había sido asesinado.
Por el asesinato de José Antonio Santamaría Vaqueriza fue condenado Valentín Lasarte Oliden en 1997 y Juan Antonio Olarra Guridi en 2007. El tercer terrorista, José María Iguerategui Gillisagasti, no pudo ser juzgado pues murió en marzo de 1994 en Vitoria, tras explotarle una bomba que portaba en una mochila.
José Antonio Santamaría Vaqueriza tenía 47 años. Estaba casado con Beatriz Lasa y tenía tres hijos. En el momento del atentado regentaba el bar Basque y anteriormente había sido copropietario de la discoteca ibicenca Ku.

Maureen O'Hara

Mi favorita.





















LOS CUBANOS SOMOS



Cuatro dogmas de la neurociencia cuantitativa

Eduardo Robredo.


Cuatro neurocientíficos radicados en Brasil han publicado un llamativo artículo en European Journal of Neuroscience discutiendo cuatro "dogmas" de la neurociencia cuantitativa que son aceptados ampliamente a pesar de no estar respaldados por las evidencias.

1. La corteza cerebral es el mayor logro de la evolución del cerebro

La idea de que el tamaño del cerebro, y determinadas regiones suyas en especial, es un correlato suficiente de las habilidades cognitivas, contrasta con la visión de las neuronas (y últimamente de las células gliales) como el aspecto verdaderamente prevalente de la cognición, en cuanto unidades computaciones mínimas de los sistemas nerviosos, tal y como ha revelado el descubrimiento de las llamadas "células gnósticas" y las "neuronas espejo" tanto en primates no humanos como en humanos.

Esta visión popular centrada en el crecimiento evolutivo del cerebro, que alcanzaría su punto álgido en el córtex de los mamíferos, se ha convertido en un "dogma" según Lent y sus colegas, que insisten en que no es tanto la corteza, sino el cerebelo, el que ha experimentado un mayor crecimiento evolutivo (las células del cerebelo en roedores representan el 60% de las totales, mientras que en macacos suponen un 83%, y un 80% en humanos). Así pues "la evolución coordinada de tanto el neocórtex como el cerebellum debería verse como una inversión evolucionista más realista que resultó en la computación cognitiva de los primates más evolucionados, incluyendo los humanos".

2. El cerebro humano posee 100.000 millones de neuronas y 10 veces más de células gliales

“Sobre la base del volumen estimado del cerebro,
 no se sabe por qué el Homo Neanderthalensis
contenía 100.000 millones de neuronas”.
Este número que los autores llaman "mágico" está ampliamente aceptado en artículos científicos a pesar de que se sostiene en evidencias escasas o ambiguas. Uno de los autores del artículo, Azevedo, ha contribuído en concreto a reducir la incertidumbre sobre el número de neuronas empleando "fraccionador isotrópico", reduciendo el número hasta unas 86.000 millones (un 15% inferior al número "mágico"). Por otra parte, se ha de tener en cuenta que el cerebelo contiene el 80% de las neuronas totales, a pesar de sólo suponer un 10% de la masa total del cerebro. Otras estimaciones sobre la proporción entre células gliales y neurales  ha reducido la diferencia de 10:1 hasta cerca de 1, también muy lejos de los porcentajes mágicos.

3. El cerebro humano es excepcionalmente complejo en comparación al de los demás primates

La creencia en que el cerebro humano presenta propiedades excepcionales depende de una concepción antropocéntrica, desde luego, pero también de unos sesgados "cocientes de encefalización" que miden la relación entre el tamaño del cerebro y del cuerpo, y que sitúan a los humanos muy por delante de otros animales. Según los autores, estas conclusiones menosprecian que hay diferencias de escala en la evolución de distintas especies y órdenes. El cerebro humano no es un resultado excepcional, dado nuestro linaje ancestral, sino el resultado de una escala lineal característica de los primates: "No somos especiales por naturaleza, sino únicamente primates con grandes cerebros".

4. Los cerebros crecieron en evolución y desarrollo añadiendo módulos uniformes

Suponiendo que la corteza está organizada de forma modular, se ha supuesto también que un número constante de neuronas siguen a la formación de nuevas áreas corticales. Sin embargo, recientemente se ha averiguado que existe una variación de hasta el 300% en primates para el número de neuronas que se encuentran en una unidad pequeña de volumen cerebral. En consecuencia, la superficie total de la corteza no parece incrementarse de forma lineal en relación al número de neuronas. Las llamadas columnas corticales no son uniformes, por tanto, aunque esto no implica que el cerebro no esté organizado en módulos.


He encontrado este artículo a través de Antonio Orbe


ResearchBlogging.orgLent R, Azevedo FA, Andrade-Moraes CH, &; Pinto AV (2012). How many neurons do you have? Some dogmas of quantitative neuroscience under revision.The European journal of neuroscience, 35 (1), 1-9 PMID: 22151227

La estampida

Andrés Trapiello.



HACE unas semanas, mirando en You Tube cierta entrevista con la admiradísima Hannah Arendt, realizada en 1974, le oímos expresar sobre el feminismo y el papel de las mujeres en las sociedades modernas opiniones que difícilmente habría sostenido hoy. A lo largo de su vida, nos dice, prefirió ocupar un lugar secundario, dejando que fuesen los hombres quienes tomaran las decisiones y ejercieran el poder político, económico, social: le había resultado más cómodo. Oírselo decir a una mujer inteligente no es  lo menos relevante. La lista de hombres abiertamente misóginos es, por lo demás, tan larga, desde Platón hasta hoy, y las cosas increíbles y cómicas que ellos hayan podido decir de las mujeres tan numerosas, que más que pesar producen asombro: ¿cómo, nos preguntamos, varones tan preclaros llegaron a pensar y a creer firmemente tales tonterías?

En otro orden de cosas cualquiera que haya leído a Cervantes sabe que las opiniones de este a propósito de “la morisma” son abiertamente hostiles y despectivas, las de Baroja sobre los judíos racistas  y las de nuestro querido JRJ sobre “los maricas” de una intransigencia sin par en él.  Cuando leemos a ciertos autores antiguos, sensibles a todo lo concerniente al dolor humano, nos anonada comprobar que trataban a sus esclavos con menos consideración que a sus caballos, por no hablar de la idea que tenían de los niños y su educación algunos de los padres de la Ilustración.

Lo que hace complejo el mundo es que a pesar de que tales o cuales opiniones nos parezcan inadmisibles en la actualidad, los libros en los que vienen expresadas pueden resultarnos a menudo hondos y valiosos por otros conceptos, y comprendemos que tales opiniones no fueron en realidad sino eco de las que compartían con muchos de sus contemporáneos. Lo que pensaba Arendt de las mujeres lo pensaban la mayor parte de las mujeres de su siglo, y de los hombres, claro; la idea que tenía Cervantes de los moros, la tenían todos los cristianos; la opinión de don Pío de los judíos la compartía con miles de antisemitas de medio mundo, y lo que pensaba de los homosexuales JRJ era lo que pensaba la inmensa mayoría. Ninguna de esas opiniones injustificables fue discordante en su contexto y circunstancias, sino parte del coro de su tiempo. 

Cada época ha hecho el ridículo con algo. En este momento, usted y yo tenemos de tal o cual asunto una opinión que será considerada dentro de un siglo, con toda probabilidad, grotesca, patética, despiadada, pese a que a nosotros nos pareció  razonable. ¿Y cómo evitarlo, si no sabemos cuál es? ¿No hay un modo de obrar que nos ponga a salvo de nuestra propia estupidez? Seguramente no. En un tiempo como el nuestro, en el que todo está cambiando a una velocidad de vértigo, menos aún. Permanecer junto a los débiles nos aseguraría una causa noble, ¿pero quién quiere quedarse orillado, en un mundo en el que todo va tan rápido,  entre acelerones y estampidas provocadas? Claro que nuestras prisas podrían ser no sólo nuestro talón de Aquiles, por donde se eche a perder la humanidad, sino precisamente las que nos hagan parecer en el futuro completamente idiotas, si acaso no unos locos temerarios. 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de enero de 2012]

Segovia y Peñafiel