El recortazo de Montoro por Juan Ramón Rallo

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Dado que el ministro de Hacienda sigue empecinado en la mentira de que estos presupuestos realizan la mayor parte del ajuste por el lado del gasto y no de los ingresos, aclaremos las cosas: el gasto sube en casi 8.000 millones de euros. El siguiente gráfico es suficientemente ilustrativo:
Variación del presupuesto de 2013 en relación con el de 2012 (millones de euros)










Se dirá: sube el gasto, pero por las pensiones. No, si excluimos las pensiones el gasto sube casi 2.000 millones. Se dirá: es por las pensiones y la deuda. Entonces bueno, algo de cierto habrá: si excluimos pensiones y deuda, el gasto cae menos de 8.000 millones, un 4,6%. El problema, claro, es que pensiones y deuda representan el 50% del presupuesto. ¿Qué sentido tiene hacer mediciones de la evolución del gasto sin tener en cuenta la mitad de tu presupuesto? Amén de que una reducción del gasto público de menos de 8.000 millones es simplemente ridícula en el contexto actual. Repito: el déficit son 100.000 millones de euros. ¿Cómo cuadrar unas cuentas tan desequilibradas con recortes tan parcos que, a la postre no son recortes ni son nada, pues el gasto total (incluyendo pensiones y deuda) sube en 8.000 millones de euros?.
Se dirá que la culpa de todo esto la tienen los intereses de la deuda, que es por su culpa que nos toca recortar. Obviamente, si pagáramos menos intereses, podríamos gastar más, pero tampoco nos confundamos: en 2007 teníamos un superávit de 20.000 millones de euros y en 2011 un déficit de 100.000 millones, esto es, el saldo presupuestario se ha degradado en 120.000 millones anuales desde 2007. ¿Y cuánto han aumentado los intereses anuales desde 2007? En 21.000 millones de euros, por tanto, sigue habiendo un desequilibrio estructural no relacionado con intereses de 100.000 millones de euros. Y justamente, si el gasto por intereses se ha disparado en los últimos cinco años es porque mientras algunos advertíamos de que había que recortar y recortar para estrechar el déficit, otros proclamaban que había que gastar y gastar para estimular la economía sin preocuparse por el déficit. El resultado final salta a la vista: no se ha estimulado nada y el gasto por intereses fagocita porciones crecientes del presupuesto. Por eso, la inversión más rentable de España ahora mismo sigue siendo dejar de endeudarse.
Se dirá que el gasto por intereses ha subido por los malvados mercados, que nos han sablado con la prima de riesgos: pero no, el tipo de interés medio de la deuda viva en 2012 es inferior al tipo de interés medio que pagábamos en 2006, 2007 y 2008. El problema no es que la deuda nos salga cara, sino que ya tenemos mucha deuda.
Se dirá que con la evolución que siguen los intereses, es imposible recortar el gasto total del Gobierno. Bien, pero entonces no mareemos más la perdiz: declaremos la suspensión de pagos, salgamos del euro y argentinicémonos. Si cada año nos seguimos endeudando en 100.000 millones y nos vemos incapaces de estrechar ese diferencial, la conclusión es clara o inexorable.  ¿O a qué esperamos? ¿A un milagro? ¿A eso se reduce todas las presiones para que el BCE nos rescate a bajos tipos de interés? ¿A colocarle al instituto monetario una deuda basurienta que sólo será repagable si la Providencia ayuda? ¿Alguien puede extrañarse de que no quieran perder ni un solo euro más?

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