La campaña de Romney se tambalea por Jordi Pérez Colomé

Quedan 49 días para las elecciones del 6 de noviembre. Obama vaganando: tiene una ventaja pequeña pero firme en encuestas nacionales y un poco mayor en los estados clave. Nada está decidido, pero en la campaña de Romney hay más nervios que en la del presidente.


Salvo sorpresas -como la muerte del embajador en Libia- Romney solo tiene dos cartuchos para dar un vuelco: los tres debates de octubre -el primero es el día 3- y muchos millones para anuncios. Son recursos limitados. Pero el problema de Romney es otro. Su campaña no puede permitirse errores. Pero el lunes salieron a la luz dos sorpresas.

El discurso de Stevens. Politico publicó una exclusiva: “Cómo tropezó la campaña de Romney”. Era la historia del discurso de la convención republicana, el más importante de la vida política de Mitt Romney.

Su principal estratega, Stuart Stevens, lo encargó primero a un asesor de los tres últimos presidentes republicanos. Había allí esta frase buena: “El presidente actual intenta rebajar las expectativas de nuestro país al nivel penoso de sus logros. Solo ganará si os conformáis”.

Luego, ocho días antes de la convención, Stevens pidió a dos escritores de discursos del presidente Bush hijo que hicieran un discurso nuevo. Tampoco lo usaron y se optó por usar solo un párrafo de la segunda pieza y Romney pronunció uno que habían escrito él y Stevens. Con las prisas, apenas hubo tiempo para ensayar.

La historia de Politico ofrece más roces de los miembros de la campaña con Stevens. Las peleas entre los egos de una campaña son habituales, pero cuando salen al público es que alguien intenta ya protegerse de la derrota.


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