Entrevista a Carlos Rodríguez Braun por Amparo Ledo

Intereconomía.


-Ahora urge pensar cómo reconducir la economía.
-Hay tres grandes problemas: las finanzas, la Hacienda pública y la productividad. Tres campos en los que hay gravísimas responsabilidades del Gobierno porque son ellos los que han creado esta situación y no los ciudadanos, ni los trabajadores ni las empresas.
-Empecemos por la banca, entonces.
-El Gobierno está intentando tener un sistema financiero más sólido. Dice que con las reformas que ha hecho nunca más va a haber crisis. No me lo creo, pero es posible que salgamos con unos bancos más fuertes.
-¿Y en la Hacienda pública?
-Se ha cometido una grave irresponsabilidad: no se ha reducido el gasto público. El problema del déficit se está intentando resolver con más impuestos, que es lo peor que se puede hacer. El único consuelo –magro consuelo– es que lo están haciendo todos los políticos del mundo. Da lo mismo que sean de derechas o de izquierdas, todos están subiendo los impuestos.
-¿Y en cuanto a la productividad?
-Hay que tener una economía más flexible y para ello hay que hacer reformas: rebajar los costes de las empresas, liberalizar los mercados (no sólo el de trabajo sino todos los demás). Hay muchos mercados muy intervenidos, como el de la energía, y ahí tampoco están haciendo muy bien los deberes.
-Con los sindicatos que hay en España, ¿tiene solución la rigidez del mercado laboral?
-Esta rigidez es una herencia de la dictadura franquista y la democracia no se atrevió a reformarla a fondo. Eso es lo que explica el paro que tenemos. ¿Qué han hecho los Gobiernos? Todos son iguales, PP y PSOE.
-Los socialistas empezaron las reformas.
-Sí, los que tanto se quejan ahora de la precariedad. Ellos intentaron una reforma, pero lo que hicieron fue partir en dos el mercado de trabajo: por una parte, los trabajadores fijos y por otra, los temporales. Se mantuvo muy caro el contrato de trabajo fijo y se abarató mucho el temporal. Y esto no es una solución ni eficiente ni justa. Habría que liberalizar el mercado y que haya contratos fijos y temporales según les convenga a los trabajadores y a los empresarios. Los niveles de desempleo del 25% y del 50% en paro juvenil no se han producido por el mercado, el capitalismo, las empresas o los trabajadores. Sólo es culpa de las autoridades.
-¿Cree que habrá rescate?
-En realidad, ya estamos rescatados.
-Dos días después de que subiera el IVA, se anunció que el FROB daba 6.000 millones de euros a Bankia. ¿Por qué el Gobierno gasta así el dinero de los contribuyentes?
-Lo que intenta es resolver sus problemas. Rajoy dice lo mismo que Zapatero, que sube los impuestos porque no tiene otro remedio. Y esto es falso. Lo que no quieren es bajar el gasto público en la medida necesaria porque piensan que esto les haría perder votos.
-Entonces, lo hacen por beneficio propio.
-Naturalmente. Y para eso chantajean al pueblo. Le trasladan la pelota al pueblo. Como decía Zapatero: subo los impuestos para salvar el Estado del bienestar. Esto es un chantaje. Prácticamente las mismas palabras las acaba de utilizar Rajoy al decir que ha tenido que subir el IVA porque si no, tenía que bajar las pensiones. Y esto es falso.
-Cuando usted presentó el libro ‘El liberalismo no es pecado’ esperaba que el nuevo Ejecutivo subiera los impuestos.
-Yo no tengo confianza en los políticos y el Gobierno del PP no me ha desilusionado porque nunca me ilusionó. Tenía mis sospechas de que todo el discurso liberal de Mariano Rajoy era para estar en la oposición y no para estar en el Gobierno. Para tomar las medidas de reducción del gasto público que son políticamente costosas, el PP no era el partido capaz de hacerlo. Y probablemente ningún otro. Porque si hacemos una lista de los Ejecutivos de derechas que han aumentado los impuestos, vemos que son todos. Para qué hablar de Nicolás Sarkozy, que era la gran esperanza y subió los impuestos más que los socialistas.
-¿Saldrá Grecia del euro?
-Yo no sé qué va a pasar, pero si tuviera que apostar, sospecho que no.
-¿Y España? Si saliera, ¿sería terrible?
-No estoy muy seguro. Depende de lo que hubiera que hacer para quedarse o para irse. Imaginémonos que España sale del euro, recuperamos la peseta pero acto seguido el Gobierno baja los impuestos, el gasto público y abre la economía. En este caso sería mejor un escenario liberal con peseta que uno intervencionista con euro. Pero si lo que me pregunta es qué es mejor en un escenario intervencionista, creo que quedarse porque el mecanismo del euro le impone algunas restricciones a los gobernantes. Si no tuviéramos el euro, probablemente no se harían las reformas y habría una devaluación y un salto inflacionario.
-¿La compra de deuda por parte del BCE es la solución?
-La política está repleta de pensamientos mágicos y una constante búsqueda de eludir la responsabilidad. Este es un caso de manual. El BCE puede comprar deuda y, de hecho, lo está haciendo desde hace tiempo, pero lo que no se puede creer es, primero, que eso permitirá esquivar la gravísima responsabilidad de los Gobiernos nacionales. Y segundo, no se puede creer que esto es una solución mágica. El BCE es una autoridad pública y monopólica, pero también es un banco y tiene un balance. El pasivo es la moneda que emite y el activo son los títulos que sostienen el valor de la moneda emitida. Lo que no puede es tener activos de cada vez peor calidad porque el pasivo pierde valor. Y de ahí viene toda la resistencia. Si tienes activos de países cuya credibilidad baja estás destruyendo tu balance.
-Esto es lo que pasará con los llamados bancos malos, que van a comprar los activos de peor calidad.
-Esto es un buen ejemplo de hasta qué punto no estamos viviendo en una economía de mercado, particularmente en el sector financiero. ¿Qué pasaría si esto se trasladara a las empresas? Todo mi activo malo se lo doy a otro y me quedo con el bueno. Así cualquiera. Esto prueba cómo está de intervenido el sector bancario. Es un truco hecho posible por la intervención del Estado para sanear unas empresas privilegiadas, como son los bancos.
-Leí en su blog que el odio al dinero es típico de los enemigos de la libertad.
-Pues sí. Y el odio al capitalismo también. En la crisis del 30 pasó exactamente lo mismo que ahora. En lugar de buscar las responsabilidades estatales y públicas lo que se dijo es que la crisis probaba el final del capitalismo. Repetir ese disparate hoy es mucho más grave que entonces porque en los años treinta no habían salido a la luz los resultados de los regímenes que decidieron acabar con el capitalismo. Y esos resultados fueron catastróficos en lo económico y criminales en lo político.
-Y ahora vivimos en economías capitalistas o de mercado libre.
-Realmente, no. Son mezcla. Híbridos de mercado y Estado, de sociedad y política, de libertad y coacción.
-El mercado absolutamente libre, ¿es la base de todo posible desarrollo?
-El mercado absolutamente libre es un señuelo porque uno nunca es completamente libre. Estamos rodeados de restricciones y muchas veces para criticar a los liberales se nos acusa de utópicos, como si el socialismo no lo fuera. La diferencia entre el liberalismo y socialismo es que el socialismo riega sus utopías con sangre. Se trata de conseguir que en este híbrido en el que vivimos, la coacción disminuya y la libertad aumente. Asombrosamente, cada vez hay más democracia y cada vez la gente elige menos y democracia significa elegir. No solamente suben los impuestos, es decir, que podemos elegir cada vez menos lo que hacemos con nuestro dinero, sino que de pronto si eres catalán y quieres ir a los toros, no puedes porque un Parlamento te lo ha prohibido. Por no hablar de si te gusta ir a un restaurante y fumar un cigarro. Se ha perdido esa libertad por completo desde la ley. Tenemos un problema.

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