Asombros, vergüenzas, y preguntas por Carlos Rodríguez Braun

Expansión.


El asalto a unos supermercados a cargo de las huestes del alcalde y diputado Sánchez Gordillo provocó protestas solemnes pero asombrosas. Parece como si ahora nos enteramos de quién es este caballero, como si no llevara décadas viviendo del cuento y la intimidación.
¿De verdad alguien pretendía que quien ha quitado el retrato del Rey de su despacho para colocar uno del Ché Guevara iba a respetar la libertad y la propiedad privada de los ciudadanos?
Las explicaciones de los asaltantes y sus partidarios fueron bochornosas, como la del mismo Sánchez Gordillo: “Cuando están expropiando al pueblo, queremos expropiar a los expropiadores, esto es, terratenientes, bancos y grandes superficies, que están ganando dinero en plena crisis económica”. Análoga rastrera falacia consumó Amanda Meyer, secretaria general de la Vivienda de la Junta andaluza, que reprochó a Griñán sus críticas: “Presidente, no señale al débil”. ¿Cómo que “débil”? Llevarse carritos sin pagar y que no les pase nada no es debilidad sino fuerza. Para comprobarlo, intente usted robar mañana en un supermercado.
Fue particularmente repugnante el caso de la cajera de Mercadona, zarandeada y vilipendiada por los asaltantes, sin ruidosas protestas ulteriores de feministas, progresistas, indignados, etc. En cambio, algunos estalinistas alegaron que tampoco había pasado nada, e incluso pretendieron aleccionar al más puro estilo de la checa a la pobre y llorosa cajera explicando que hay lucha de clases, y si uno se sitúa del lado de los explotadores, pues que se atenga a las consecuencias. Vamos, por su bien, claro. Vamos, que aquí o somos explotadores como el señor Roig o somos héroes del pueblo como el señor Gordillo. Qué basura, oiga.
Y entre tantos lamentos y preguntas, nadie se preguntó algo tan sencillo como escalofriante: ¿por qué los asaltantes sólo robaron unos carritos? ¿Por qué no se robaron todo el Mercadona? ¿Qué hay en sus ideas, sus valores y sus principios que les impida arrasar con la propiedad privada? Respuesta: nada.
Dirá usted: hombre, la propiedad privada está reconocida y protegida en nuestra Constitución. Pues tengo malas noticias: los asaltantes esgrimían precisamente la Carta Magna, que limita el derecho de propiedad según su “función social”. La presión fiscal ha llegado al 50 % del PIB con pleno respeto a la Constitución.
Y ahora, intente usted dormir.

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