El periodismo cambia y las empresas no quieren enterarse

Jordi Pérez Colomé.



El jueves el Tribunal Supremo publicó su opinión sobre la reforma sanitaria de Obama. Era una decisión esperada e inundó la actualidad durante 24 horas. Luego casi desapareció. Los tres telediarios del día siguiente abrían con los incendios de Colorado.

En este buen artículo, Ben Smith cuenta cómo se formó la opinión colectiva en unas horas y la noticia quedó atrás: la empresa Nexis reunió más de mil artículos sobre el magistrado John Roberts en 24 horas; en 2000, tras la decisión Bush vs. Gore, 227 artículos hablaron el primer día del entonces jefe del Supremo, William Rehnquist.

Así son los ciclos de las noticias en la época de internet. La noticia no ha desaparecido del todo, claro. Ahora vienen análisis más concretos sobre el papel de Roberts, las consecuencias de la decisión en los estados y quérevelan las decisiones de todo el año del Supremo -que ya está de vacaciones. Pero la narrativa se creó y cerró en el primer día.

Hay más gente que escribe. Esta historia es solo un ejemplo de cómo el periodismo cambia. En el 2000 solo se podían escribir algunos en periódicos y agencias. Hoy todos pueden escribir en internet.

El medio de referencia para los que el jueves seguíamos el Supremo no fue la CNN o Fox -por suerte- ni el New York Times, sino SCOTUS Blog, una página sobre el Tribunal Supremo que llevan desde 2002 varios profesores y abogados que escriben bien (SCOTUS es “Supreme Court Of The United States”); ahora está patrocinado por la agencia Bloomberg.

Solo en ese día SCOTUS Blog tuvo más tráfico que en sus cinco primeros años. Recibió más de tres millones de visitas a su liveblog. También el presidente se enteró del resultado allí.

La calidad está repartida. El monopolio de los periodistas se ha terminado. Ahora jugamos en campo abierto. Los periodistas sabemos algo más sobre cómo contar lo que pasa, pero tenemos buenos competidores. Si un deportista, politólogo o biólogo sabe explicarse bien, pueden ser grandes periodistas. Es difícil en cambio que yo sea ya un gran deportista, biólogo o politólogo.

Yo me suelo fiar de CNN, pero el jueves me fié más de SCOTUS Blog. Este es el segundo problema grave para los medios: no solo ya no son los únicos, tampoco son los mejores. (La tele y la radio tienen aún la ventaja de la comodidad del espectador, que no debe esforzarse a leer, pero ya veremos cómo acaba.)

Ya no cuenta el qué, sino el cómo. Cuando hay tanta información disponible, es menos importante qué se cuenta y más cómo. El otro día hablaba con un histórico del periodismo catalán, ya jubilado pero aún en activo. Me explicaba cómo en los 70 la información que les llegaba del corresponsal era distinta a la de las agencias: “Pon al corresponsal”, le decían. Era por el prestigio.

Hoy ese caché ya no existe y esa distinción es imposible. La buena información de agencia suele ser incluso mejor que la de algunos corresponsales. También es difícil decirlo mal o con poca claridad. Los errores se notan más porque la competencia es extraordinaria. Es bueno para el periodismo, pero los periodistas deben esforzarse más.

Los medios españoles no reaccionan. La prensa tradicional solo ve disminuir su difusión desde hace años. La única reacción son los recortes. Hasta ahora los periódicos eran los más afectados. Ahora la Ser también esta de huelga por un Ere. En el grupo Prisa parece que seguirán con más despidos.

Es fácil decir aquí que los medios necesitan más inversión y más periodistas. No sé si tienen dinero o no. Quizá la crisis económica del país les ha afectado más al ser un sector ya con problemas. Podría ser incluso que algunas empresas optaran por soltar lastre ahora para volver con más vigor.

Pero de momento los grandes cambios que han hecho los grupos españoles son vender su pdf con variantes e implantar una idea de otro, el Huffington Post. Es difícil así afrontar un periodismo que ha cambiado.

Los periodistas sí reaccionan. En cambio, los periodistas sí que se han enterado de que algo ha cambiado para siempre y que debe hacerse periodismo de otro modo. Pocos, por lo que sé, son rentables, pero los montones de ideas y proyectos que surgen son en parte de periodistas que han sido despedidos o se han ido de sus redacciones, además del montón de nativos digitales que ya funcionan. Unos se centran en opinión, otros en hacer algo que no se hacía o hacerlo distinto o mejor.

Pero la gran diferencia es que hay montones de ideas y los grandes medios apenas cazan alguna. Alguno reúne unos cuantos blogs de firmas ilustres, como si eso sirviera de algo más allá de los dos primeros posts. Me sorprende sinceramente la poca capacidad de reacción.

La gente no es tonta. Me he dado cuenta de que sigo más a gusto un deporte o una rueda de prensa con periodistas sueltos que saben de qué hablan y de los que me puedo fiar que de la cuenta o página general de un medio. Es más natural, más transparente -que es la nueva objetividad- y más accesible. No hay corsés. Los medios tradicionales tienen sus reglas de objetividad y escritura, que en algunos casos han quedado anticuadas.

Los medios nuevos -como los viejos- buscan su financiación, cada cual a su manera y con sus recursos. Las empresas españolas partían con ventaja: tenían el dinero y los periodistas. Hoy están ya en desventaja. El 49 por ciento de los periodistas teme que su medio desaparezca. Si el periodismo resiste, está claro de dónde saldrá.

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