Víctimas. 7 de junio: José Pardines Arcay, Andrés Antonio Varela Rúa, Francisco Machío Martos y Diego Torrente Reverte

Libertad Digital.



El 7 de junio de 1968 la banda terrorista ETA asesina en Villabona al guardia civil JOSÉ PARDINES ARCAY. Fue la primera víctima mortal deliberada de la banda y, durante muchos años, se consideró que fue el bautismo de sangre de ETA. Aún tenían que pasar muchos años para que el asesinato dela niña Begoña Urroz Ibarrola, el 27 de junio de 1960, fuese atribuido a la banda terrorista.
El año 1968 fue el año en que la organización terrorista tomó la decisión de empezar a matar, aunque ya desde 1962 la denominada "rama acción" de ETA se convirtió en "rama acción militar". También en ese año se produjo la primera baja en las filas de la banda. Fue un año crítico en el que el régimen de Franco respondió a los asesinatos con la declaración del estado de excepción y el restablecimiento de medidas de represión contra el bandidaje y el terrorismo, que suponían recuperar para la jurisdicción militar los juicios por esos delitos.
El asesinato de José Pardines se produjo en la Nacional I, a su paso por el término municipal de Villabona (Guipúzcoa), en una zona en obras de la carretera. La Guardia Civil de Tráfico se encontraba en el lugar desviando los vehículos y dirigiendo el tráfico. Pardines estaba en un extremo de las obras y Félix de Diego, su compañero, en el otro, a una distancia de dos kilómetros. En ese momento, los etarras Francisco Javier Echebarrieta Ortiz, alias Txabi, e Iñaki Sarasketa, que viajaban en un automóvil Seat 850 coupé con matrícula de Zaragoza, se detuveron junto a Pardines, que debió ver algo sospechoso en el mismo y les solicitó la documentación. Treinta años después, Iñaki Sarasketa relataría en La Revista de El Mundo (7 de junio de 1998) como ocurrieron los hechos: "Txabi me dijo: ‘Si lo descubre, lo mato’. ‘No hace falta’, contesté yo, ‘lo desarmamos y nos vamos’. ‘No, si lo descubre, lo mato’. Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda, de cuclillas mirando el motor en la parte de detrás. Sin volverse empezó a hablar: ‘Esto no coincide...’. Txabi sacó la pistola y le disparó en ese momento. Cayó boca arriba. Txabi volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Había tomado centraminas y quizá eso influyó. En cualquier caso, fue un día aciago. Un error. Como otros muchos en estos veinte años. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que aquel hombre muriera".
En el momento del asesinato, el conductor de un camión que pasaba por ese tramo de obras se percató de lo que sucedía y alertó al compañero de Pardines, que se acercó con una motocicleta hasta el lugar donde se encontraba el guardia civil, muerto en medio de un charco de sangre.
Txabi Echebarrieta, autor material del crimen, murió horas más tarde en un enfrentamiento con la Guardia Civil en Tolosa. Sarasketa fue detenido y condenado a muerte, aunque la pena fue conmutada por cadena perpetua. Beneficiado por las medidas de amnistía aprobadas como parte del proceso de Transición a la democracia tras la muerte de Franco, salió de prisión en 1977. El día que asesinaron a Pardines, Echebarrieta y Sarasketa se dirigían a San Sebastián para preparar el asesinato del inspector Melitón Manzanas.
José Pardines Arcay era natural de Malpica (La Coruña). Estaba soltero y tenía 25 años. Hijo y nieto de guardias civiles, había residido en varias localidades gallegas y también en Santa Pola (Alicante), donde también estaba destinado su padre en el momento del asesinato. Tras entrar en la Guardia Civil, estuvo destinado primero en Asturias y, posteriormente, tras realizar el curso de Tráfico, fue destinado a Guipúzcoa, donde conoció a su novia, Emilia. Huérfano de madre desde muy joven, se crió con la ayuda de una tía. Cuando empezó a ganar dinero, contribuyó a la economía familiar para que sus dos hermanos menores pudiesen estudiar. Su compañero el día del atentado, Félix de Diego Martínez tuvo que abandonar la Guardia Civil en 1972. Siete años más tarde, el 31 de enero de 1979, fue asesinado también por la banda terrorista ETA.
Los restos mortales de José Pardines fueron enterrados en Malpica, donde se celebró el funeral. Un año después, se le hizo un homenaje en su localidad natal y se colocó una placa azul con letras blancas en la calle que lleva su nombre donde puede leerse: "Guardia civil 1943-1968. Morto en servicio. 7 xunio".
A las dos y veinte de la tarde del 7 de junio de 1979 la banda terrorista ETA asesinaba a tiros, en la localidad guipuzcoana de Tolosa, al comandante de Infantería retirado ANDRÉS ANTONIO VARELA RÚA.
El militar retirado se había apeado, veinte minutos antes, del tranvía en el que todos los días volvía de San Sebastián a Tolosa, tras terminar su trabajo en el Ayuntamiento de la capital donostiarra. La víctima se dirigía a pie desde la estación hacia su domicilio y no se dio cuenta que le seguían dos individuos, disfrazados con pelucas. Los terroristas le abordaron por la espalda y abrieron fuego de pistola contra él. La víctima se desplomó en el suelo tras recibir diez balazos, uno de los cuales le alcanzó en la frente. Al parecer nadie presenció la acción, pero al oír los disparos los vecinos de las casas contiguas pudieron ver a los dos jóvenes que, empuñando todavía sus pistolas, se alejaban del lugar sin demasiada prisa y doblaban la calle para dirigirse hacia la plaza de Guipúzcoa. Probablemente los agresores subieron en algún coche aparcado en las proximidades.
El cuerpo de la víctima permaneció cubierto por una manta en el lugar del suceso durante más de una hora, hasta que fue recogido por una ambulancia. La Guardia Civil encontró más tarde, junto al cadáver, tres casquillos de bala calibre 9 milímetros parabellum, marca SF.
El alcalde de Tolosa, Iñaki Linazasoro, del Partido Nacionalista Vasco, se trasladó al lugar de los hechos donde fue increpado por una persona que le preguntó si el Ayuntamiento "iba a pedir amnistía para los que han matado a este buen hombre". El alcalde señaló que esa misma tarde se iba a celebrar un Pleno donde se presentaría una moción de condena por el atentado. Linazasoro declaró a los medios de comunicación que la víctima "era un hombre encantador, querido por todos los tolosanos y dispuesto a hacer favores a cualquiera".
El 12 de junio la banda terrorista ETA reivindicó el atentado a través de varias llamadas a medios de comunicación de Bilbao.
Andrés Antonio Varela Rúa había nacido en Orense y tenía 51 años. Estaba casado con una tolosarra y era padre de una hija, Eva, de 15 años, que estudiaba en Vitoria. En el momento del atentado trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento de San Sebastián y, anteriormente, había sido capitán de la Policía Armada y comandante de Infantería. Unos años antes había sido contratado por el colegio de los Escolapios de Tolosa para impartir clases de matemáticas.
Alrededor de las nueve menos cuarto de la noche del día 7 de junio de 1983, dos terroristas miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban en Azpeitia (Guipuzcoa) a FRANCISCO MACHÍO MARTOS, vecino de la localidad y trabajador en paro.
Los terroristas entraron a cara descubierta en el Bar Amaya, donde se encontraba Francisco con dos amigos, y le dispararon a bocajarro mientras tomaba un vino en la barra del bar. Los asesinos remataron a la víctima, ya en el suelo, con un segundo tiro. A continuación salieron del local andando a paso ligero pistola en mano en dirección a la plaza del pueblo, donde les esperaba un tercer terrorista a bordo de un vehículo en el que emprendieron la huida.
Francisco había recibido dos impactos de bala en la cabeza y falleció casi en el acto. En el momento del atentado se encontraban en el bar, además de los dos amigos de la víctima, los propietarios del establecimiento.
Su cuerpo fue trasladado por miembros del servicio de asistencia DYA a su domicilio, en la calle Juan XXIII, después de que el juez ordenara el levantamiento del cadáver una hora después del atentado.
Aunque al día siguiente un grupo de vecinos de Azpeitia se manifestó por las calles de la localidad para expresar su repulsa por el asesinato de Francisco, en su funeral apenas hubo diez personas en la iglesia, como narró José María Calleja en Contra la barbarie (Temas de Hoy, 2007) único periodista que asistió al mismo.
Francisco Machío Martos, de 31 años y soltero, era natural de Hornachos (Badajoz). Había emigrado con su familia al País Vasco cuando tenía 10 años. Hasta tres meses antes del asesinato había trabajado en la fábrica de muebles Fernando Olaizola, aunque en el momento del atentado se encontraba en paro.
Hacia las nueve de la noche del jueves 7 de junio de 1984, la banda  terrorista ETA asesinaba en Pamplona al policía nacional DIEGO TORRENTE REVERTEdisparándole a quemarropa. La víctima recibió varios impactos en la cintura y en la cabeza, y falleció de modo inmediato. En el lugar de los hechos la Policía encontró varios casquillos de 9 milímetros tipo parabellum.
El atentado se produjo en las inmediaciones del estadio de fútbol El Sadar. El policía nacional estaba fuera de servicio, limpiando su coche, cuando se le acercaron dos etarras con la intención de robarle el vehículo, ignorando que su propietario era un agente de la Policía. Uno de ellos se dispuso a sacar la pistola mientras decía "Somos de...". Diego se dio cuenta de que eran terroristas y creyó que iban a matarle, por lo que no le dejó acabar la frase y se abalanzó sobre sus agresores. Durante el forcejeo uno de los etarras logró darle un empujón, momento que aprovechó el otro para dispararle.
El funeral corpore insepulto, al que asistió el ministro del Interior, José Barrionuevo, y el inspector-jefe de la Policía Nacional, general Félix Alcalá Galiano, se celebró al día siguiente, en la Iglesia de Cizur Mayor. Barrionuevo fue insultado e increpado por los asistentes al acto, que se desarrolló en medio de un ambiente de gran tensión y nerviosismo. Una hermana del agente fallecido llegó incluso a golpearle con su bolso cuando el ministro se acercó a darle el pésame
En su homilía, Florentino Lategui, que ofició el funeral, hizo referencia a que dos de los hijos del policía nacional asesinado iban a realizar la primera comunión el domingo, lo que provocó escenas de gran emoción. "Habéis matado", dijo el sacerdote, "la inocencia de unos chicos maravillosos que creían en un mundo bonito. Quiera Dios que la semilla del odio que en ellos habéis sembrado no fructifique".
Al término de las honras fúnebres, los gritos contra las autoridades volvieron a producirse. El féretro que contenía los restos mortales del policía fue trasladado a Puerto Lumbreras (Murcia), su localidad de nacimiento, para recibir sepultura.
Los autores del asesinato de Diego Torrente pertenecían al grupo Mendaur de ETA. En 1985 la Audiencia Nacional condenó a Enrique Labay Machín a 27 años de cárcel. Al ser condenado por el antiguo Código Penal, redimió penas que le permitieron salir de prisión en 2006, en vez de hacerlo en 2014. Nueve años después, en 1994, la misma sección 2ª condenó a sendas penas de 27 años de prisión a José Ignacio Urdiain Ciriza y a Joaquín Sancho Biurrun.
Diego Torrente Reverte tenía de 30 años. Natural de Puerto Lumbreras (Murcia), estaba casado y tenía tres hijos de corta edad. En 2005 el Ayuntamiento de su localidad natal acordó poner el nombre del agente asesinado a una de las plazas del pueblo.

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