Víctimas, 26 de junio: Valentín Godoy Cerezo, Antonio Murillo Chacón y Estanislao Galíndez Llano

Libertad Digital.



El 26 de junio de 1977 es asesinado en La Puebla de Arganzón (Burgos) el policía VALENTÍN GODOY CEREZO. El agente llevaba seis meses destinado en Vitoria, donde compartía una vivienda con un compañero de trabajo. Anteriormente estuvo destinado en Miranda de Ebro, formando parte de una de las compañías de Reserva de la Policía que se enviaban al País Vasco para reforzar las plantillas ordinarias.
Valentín fue asesinado de tres disparos en un crimen sin testigos. Su cuerpo se encontró en la localidad de La Puebla de Arganzón, en el límite entre Álava y Burgos. Su vehículo, un Renault 12, estaba con las luces encendidas cuando fue localizado a las 11:00 horas por una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico junto a la carretera Nacional-I. El cuerpo del agente aparecía reclinado sobre el asiento derecho, con varios impactos de bala en la cabeza realizados a corta distancia y desde la parte posterior.
Su asesinato fue reivindicado por un desconocido grupo autodenominado Doble G (Gazte Gudaroste-Ejército Joven) mediante una llamada al diario Deia. Durante los primeros días no se dio credibilidad a esta reivindicación. Finalmente se descartó el asesinato común y se atribuyó la muerte de Valentín a ETA.
Valentín Godoy Cerezo era natural de Santa Amalia (Badajoz), donde fue enterrado. Allí su familia explotó un cine durante muchos años. Tenía 27 años y estaba soltero. Trabajaba como practicante en la enfermería del cuartel de la Policía Armada. El 17 de marzo de 2000, el Consejo de Ministros le concedió la Gran Cruz de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo.
En torno a las cuatro y media de la madrugada del 26 de junio de 1981 los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban a tiros al joven ANTONIO MURILLO CHACÓN en el barrio de La Florida de Hernani (Guipúzcoa) cuando regresaba a su domicilio. Al día siguiente, la autoría del atentado fue asumida por el llamado Grupo Autónomo de Autodefensa de Euskadi (GAAE), desconocido hasta ese momento. En el comunicado, los terroristas lo relacionaron con el tráfico de drogas y, según informó la agencia Efe, había sido detenido en 1977 con una cantidad de heroína. Sin embargo, amigos y conocidos de la víctima negaron rotundamente esta afirmación y señalaron que, en todo caso, se trataba de un consumidor, pero no de un traficante de estupefacientes. Era un muchacho introvertido y considerado por sus vecinos como una muy buena persona.
Antonio había pasado la noche en compañía de su cuadrilla, celebrando las fiestas patronales de la localidad de Hernani. Hacia las cuatro y media se despidió de un amigo cuando se encontraba a escasa distancia de su domicilio y continuó caminando hacia el mismo. En ese momento fue sorprendido por un terrorista que le disparó en la cabeza y lo remató con varios disparos más cuando estaba ya tendido en el suelo.
Instantes después llegaban al mismo barrio varios coches con jóvenes que también regresaban de las fiestas. La primera en darse cuenta de los disparos fue una chica hermana de un concejal de la localidad, quien aplicó los primeros auxilios al herido antes de avisar a la Policía Municipal y a los servicios de ambulancia de la DYA. Cuando llegó la ambulancia, Antonio aún estaba con vida, pero falleció durante su traslado al hospital de San Sebastián.
El funeral, multitudinario, se celebró al día siguiente en la parroquia San José Obrero, del barrio La Florida. Más de medio millar de personas abarrotó la iglesia para darle su último adiós a Antonio. Junto al féretro se colocaron coronas de flores de organizaciones locales y grupos de amigos del joven fallecido. Otra corona había sido enviada por el Ayuntamiento de Puebla de la Reina (Badajoz), de donde era natural la víctima. Finalizada la ceremonia religiosa, el féretro con el cadáver de Antonio Murillo fue trasladado hasta el cementerio en un furgón fúnebre. La mayor parte del público que había asistido al funeral acompañó a la comitiva, a pie, bajo un fuerte chaparrón.
Antonio Murillo Chacón había nacido en Puebla de la Reina (Badajoz) y desde allí emigró al País Vasco con su familia. Tenía 25 años y estaba soltero. Trabajó un tiempo como camarero pero cuando fue asesinado estaba en el paro. A la mañana siguiente, su madre señaló que "la familia pensaba haberse marchado de Hernani, pero que su hijo sentía un gran cariño por el pueblo y por sus amigos, y que siempre repetía que él no quería irse". El padre comentó que "la familia nunca había intervenido en política" y que desconocía las causas el atentado. Una hermana menor de Antonio quiso dejar claro que su hermano era completamente apolítico y que nunca había votado en ninguna de la elecciones celebradas hasta entonces. La atribución de este asesinato sigue siendo problemática, igual que tampoco está claro el móvil del mismo. Ni siquiera las asociaciones de víctimas se han puesto de acuerdo, pues mientras la AVT lo atribuye a los CAA, al igual que hacen Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey enVidas Rotas, Covite lo considera víctima de la extrema derecha. 
El 26 de junio de 1985 es asesinado, a primera hora de la mañana, el cartero de la localidad alavesa de Amurrio, ESTANISLAO GALÍNDEZ LLANO, cuando se dirigía en su bicicleta a la oficina local de Correos, donde trabajaba.
Cuatro años antes, el 25 de julio de 1981, su hermano Félix Galíndez Llano también fue asesinado por ETA. Ese mismo día aparecieron en Amurrio unas octavillas en las que, bajo la acusación de ser informadores de la Policía, se amenazaba de muerte a cuatro vecinos del pueblo, entre los que figuraban los hermanos Galíndez. Como escribió Ramón Jáuregui en El país que yo quiero. Memoria y ambición de Euskadi (Planeta, 1994), Estanislao "no había entendido el mensaje, el de su hermano, y se lo repitieron. Me consta. Nada más".
El asesinato de Estanislao tuvo lugar a las 8:55 horas. Poco antes, en el barrio de Lezama situado a las afueras de Amurrio, dos jóvenes, que se identificaron como miembros de ETA, obligaron al propietario de un vehículo Seat Málaga a introducirse en el maletero del coche, dejándolo atado y amordazado. Tras recoger en el trayecto a otras dos personas, entre las que figuraba una mujer, el vehículo se dirigió a la calle de Mendico, un camino vecinal que comunica el centro de la localidad con las escuelas públicas de la misma y algunas casas dispersas, en una de las cuales vivía la víctima.
El cartero, montado en su bicicleta y vestido de uniforme, fue abordado a la altura de un colegio, junto a una fábrica de muebles, por los ocupantes del vehículo robado. Desde el interior del maletero, el propietario del coche llegó a oír los gritos de Estanislao, que tuvo tiempo de pedir auxilio hasta por tres veces al ver como descendían del vehículo dos hombres y una mujer arma en mano. Los etarras le dispararon dos veces en la cabeza y una en el corazón. El cuerpo de Estanislao quedó tendido en el suelo, junto a la bicicleta y la saca de cuero.
En el lugar del atentado fueron hallados tres casquillos, así como una bala sin percutir, marca Geco, calibre 9 milímetros parabellum. El coche utilizado por los agresores, con su propietario encerrado en el portamaletas, fue encontrado hacia las 11:00 horas en la aldea de Larrimbe, a cinco kilómetros de Amurrio.
La banda terrorista ETA justificó el asesinato de Galíndez en un comunicado enviado a varios medios de comunicación en el que acusaba a la víctima de colaborar con la Guardia Civil.
El alcalde de la localidad, Ángel Sasiain, del PNV, amigo y vecino de la víctima, comentó que Estanislao sólo se dedicaba "a su familia y a su trabajo, servicial y querido por todos" y que representaba a "la derecha más civilizada y dialogante". Era, según Sasiain, la persona más trabajadora del pueblo. La misma mañana del asesinato, el alcalde declaró una jornada de luto oficial. En la moción para condenar el asesinato, Herri Batasuna se abstuvo.
Al día siguiente, la práctica totalidad del pueblo asistió a la misa funeral, oficiada por quince sacerdotes, entre ellos su hermano Sixto, misionero en Filipinas, que también había oficiado cuatro años antes el funeral de Félix Galíndez. En el caso de Estanislao, Sixto pudo administrarle la extremaunción mientras agonizaba en la calle Mendico de Amurrio.
En 1991 la Audiencia Nacional condenó al etarra Juan Carlos Arruti Azpitarte a 35 años de prisión por el asesinato del cartero de Amurrio.
Estanislao Galíndez Llano tenía 63 años, estaba casado y era padre de ocho hijos (siete chicas y un chico), con edades comprendidas entre los 28 y los 11 años, seis de los cuales seguían todavía en el domicilio familiar. Había nacido en la aldea alavesa de Lecamaña, cercana a Amurrio, en 1921, y le faltaban sólo diecisiete meses para alcanzar la jubilación, tras trabajar durante cuarenta años como cartero. No escondía sus ideas políticas, pues estaba orgulloso de ser católico y conservador, y en la localidad alavesa le consideraban una bellísima persona y era querido por la mayoría de los vecinos. Lo mismo opinaban de él sus compañeros en la estafeta de Correos.

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