Por qué es tan difícil intervenir en Siria en diez puntos

Jordi Pérez Colomé.



El viernes pasado hubo otra masacre en Siria que puso el país de nuevo de actualidad. Fue en Hula, cerca de Homs, en la provincia más rebelde del país. Murieron más de cien personas, casi la mitad eran niños. La causa no fue un bombardeo sino un avance casa por casa de milicias del régimen; muchos disparos son a quemarropa.

Después hubo una declaración de Naciones Unidas, la expulsión de embajadores sirios de trece países y una comisión de investigación siria que declaró que los autores eran “bandas armadas”. Rusia y China han repetido que no apoyarán una intervención. A Occidente ya le va bien; es un modo de excusar la inacción.


Siria lleva en conflicto desde marzo de 2011. Las reuniones de organismos internacionales, las iniciativas diplomáticas, las amenazas militares y los observadores han ido y han vuelto y estamos casi como al principio. El régimen se defiende al precio que sea, pero la revuelta no tiene marcha atrás. A estas alturas, es bastante seguro decir que Siria solo puede empeorar. Aquí en diez puntos resumo algo que me han preguntado a menudo: por qué no se hace algo.

1. El régimen tiene apoyo real. La familia del presidente Asad y los puestos clave en Siria son de la minoría alauí -una rama peculiar del chiísmo-, que son un 12 por ciento de los sirios. Hay otras minorías étnicas y religiosas -cristianos sobre todo, pero también kurdos y drusos- que creen que si cae el régimen, la mayoría suní impondrá un estado islámico y les echará del país. Son, más o menos, un tercio de los sirios.
Las manifestaciones iniciales se esforzaron en demostrar que la revuelta no era contra los alauíes, sino contra la dictadura de Asad. Pero no lo lograron. He conocido a cristianos y alauíes en contra del régimen, pero son una minoría. Los alauíes creen que si los Asad se van, irán a por ellos. Los cristianos, aunque estén menos implicados, también. Al contrario que Gadafi, el régimen no está solo ni está defendido por mercenarios.

2. El ejército es sólido. El ejército sirio tiene dos grandes ventajas respecto al libio: los rusos y los iraníes aún les envían armas -Naciones Unidas no ha impuesto un embargo por el veto ruso- y las deserciones que ha habido se limitan sobre todo a soldados rasos suníes. Las divisiones importantes y bien armadas son en su mayoría alauíes. Entre los altos cargos del gobierno tampoco ha habido noticia de abandonos. El núcleo duro está unido. Las sanciones por ahora no han logrado fisuras.
Esta semana trece países expulsaron a sus diplomáticos sirios. Era un buen momento para que alguno denunciara al régimen en público y desertara. Ninguno lo hizo. El régimen, según parece, habría mantenido a sus familias en Siria para amenazarlas y evitar imagen de barco que se hunde.

3. La lucha será hasta el final. Tras quince meses de conflicto, está claro que la lucha será hasta el final. Ha habido según cálculos aproximados 13 mil muertos. Las iniciativas diplomáticas han servido hasta hoy para ganar tiempo. Había que intentarlo todo, pero no han dado resultados. Por si eran aún necesarias, las últimas masacres demuestran que no hay reparos y que la lucha será hasta la muerte.

4. Siria tiene dos grandes amigos. Siria es un país crucial para Irán y Rusia. Su emplazamiento hace que Irán llegue a Líbano y a Hezbolá por tierra -ahora que Irak es afín. El puerto sirio de Tartús es la única base rusa en el Mediterráneo. Siria compra armas a los dos. A pesar de las sanciones y del aislamiento, mientras Siria mantenga estas amistades, podrá resistir.

5. Los otros países tiene menos intereses directos. Turquía es el único país de la OTAN que tiene un interés directo en Siria: los grupos kurdos que atentan en Turquía pueden tener bases en Siria y recibir apoyo. Es un asunto grave y quizá el único que podría hacer escalar el conflicto. Para el resto de países -incluidos los árabes- el mayor beneficio de la caída de Asad sería sacarle de la órbita iraní.

6. La guerra sería larga. Las guerras son relativamente fáciles de empezar, pero luego se complican. A pesar del éxito en Libia, los recuerdos de Irak y Afganistán son recientes. Siria ha demostrado que no se rendirá, tiene buen armamento y tiene aliados; tiene hasta peligroso armamento químico. Los países que envíen sus soldados allí por causas humanitarias deben ser conscientes de que van a recibir algunos cadáveres de vuelta. Las opiniones públicas occidente suelen olvidarse rápido de las causas justas que iniciaron las guerras.

7. Que se peleen ellos. La alternativa a la guerra más sólida, más discutida y que ya ha empezado es armar a los rebeldes. Arabia Saudí y Catar envían dinero para armas, Turquía da formación y Estados Unidos parece que ofrece coordina las entregas, además de hacer llegar herramientas no letales.
La consolidación de esta estrategia es fomentar la guerra civil. Es probable que la guerra civil ya haya empezado, pero ahora hay un solo bando sólido. Las armas que llegan por ahora son insuficientes para enfrentarse a las divisiones más sólidas del régimen. Una guerra civil en Siria con Líbano e Irak al lado es una caja de truenos. Es la típica solución que ofrece una solución para ahora, pero más muertes para mañana. Aún así, es la más probable.

8. Las armas se pierden. Otro problema de financiar una insurgencia es que las armas circulan luego por el mercado negro. Son difíciles de controlar. Las armas y lanzacohetes libios han aparecido en Gaza. Israel no estaría contento de ver moverse más armas alrededor de su territorio.

9. Hay grupos terroristas de verdad. Después de denunciar con poco fundamento la presencia de terroristas en Siria, desde enero hay un grupo llamado Jabhat al-Nusrah (“El Frente Victoria”). Los yihadistas han visto una oportunidad para reclutar candidatos y armas. Han reivindicado sieteatentados contra fuerzas de seguridad en siria desde entonces, la mayoría en abril.

10. Las matanzas aún son asumibles. El presidente Asad no ha dicho que exterminará a las ratas como Gadafi. A pesar de los miles de muertos, no ha habido una Srebrenica que después de años de conflicto obligue a actuar. A este paso, llegará.

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