La crisis y los vídeos de Aleix Saló

Carlos Rodríguez Braun.



Aleix Saló es un viñetista catalán cuyos dos vídeos económicos sobre la crisis han tenido gran éxito en las redes sociales y los medios (http://goo.gl/RGVPC y http://goo.gl/R3rYn). Los he visto, y entiendo su fama. Como él dice, es un periodista de opinión que hace "columnas ilustradas". Pues están bien ilustradas, y sus errores económicos no son mayores que los habituales, incluidos los que perpetramos los economistas.
El primer vídeo se titula Españistán (http://goo.gl/ xAz9d). Señala con acierto la existencia de una burbuja inmobiliaria en nuestro país. Es verdad que yerra al asignar la responsabilidad a José María Aznar y su supuesta "liberalización", y al demonizar a la construcción, como si solo se dedicara a destruir el paisaje, pero son dos exageraciones muy comunes. El vídeo también elogia a Estados Unidos por sus inversiones en I + D, como si eso los hubiera vacunado contra la crisis, y lamenta la “reducción de los derechos laborales”, como si esos supuestos derechos no tuvieran que ver con nuestro diferencial de paro, y los bajos salarios en España, como si esto no dependiera de la productividad y las exacciones públicas. Pero Saló mezcla errores con aciertos, que no conviene ignorar. Por ejemplo, atina al asignar una grave responsabilidad en la burbuja a la reducción de los tipos de interés, aunque desbarra al echar la culpa a bancos y cajas, como si funcionaran en un mercado libre sin intervención alguna.
El segundo vídeo lleva por título Simiocracia (http://goo.gl/M848i). También aquí despliega destreza y no mete la pata más que la mayoría. Por ejemplo, describe bien la burbuja y su estallido, aunque de nuevo sugiere que se trató de un fenómeno esencialmente privado, diagnóstico generalizado que ha permitido que, una vez más, los bancos centrales pudieran ponerse de perfil. Acierta también Saló al denunciar el absurdo Plan E de los socialistas, y sólo se equivoca al decir “Keynes se revolvió en su tumba”; no lo hizo, porque esas medidas absurdas eran las que él promovía para resolver el paro: llegó a aplaudir los terremotos y hasta las guerras. Pero no sería justo despellejar por eso a Aleix Saló, que no es economista y no tiene por qué saber que una figura tan venerada fue capaz de soltar tales disparates; por cierto, hay muchos economistas que tampoco lo saben (les recomiendo el último libro de Juan Ramón Rallo, Los errores de la vieja economía, Unión Editorial).
Exagera la importancia del consumo y del crédito, como casi todo el mundo, pero explica bien el deterioro de las cuentas públicas bajo el gobierno socialista. Aunque parece, otra vez, que hay una conspiración de empresarios privados, este simplismo es usual, y al menos Saló señala la responsabilidad de las autoridades: “nos gobiernan ineptos”, dice.
En resumen, dos interesantes trabajos de un hombre talentoso e independiente.

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