David Gray (1970)

The Storyteller
Sun And Moon
Dreamers
title unknown
Willing His Return
Braids
Blue Turban
Braid
Lost In Thought
Rebecca
Second Look
A Place In Between
Jessica With Ingres
Hannah
Angel
Curious
Blue Ribbon
Echo
After The Dream
Homage
Daydreamer
Waiting For The Sun
Sunday Chore
Hope

Libros y cadáveres

Por Mario Vargas Llosa.



Entre el 21 y el 23 de noviembre hubo en los barrios pobres de Guadalajara (Jalisco) lo que los mexicanos llaman levantones, es decir, secuestros. Las víctimas eran, casi todas, jóvenes de humildes oficios -repartidores, electricistas, mecánicos, vendedores de chatarra, panaderos- y algunos de ellos estaban fichados por la policía por delitos menores como atracos callejeros y robo de autos.

Un día después, el 24, todos ellos aparecieron -eran 26- muertos, con las manos y pies atados, huellas de balas en la cabeza y algunos con señales de tortura. Los asesinos embutieron los 26 cadáveres en tres camionetas robadas que dejaron cerca de los Arcos del Milenio, en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras del local donde dos días más tarde se inauguraría la 25ª edición de la Feria Internacional del Libro, sin duda la más importante de las muchas que se celebran en el mundo de lengua española.

¿Quién y por qué perpetró ese horrendo crimen? Según un reportaje estremecedor aparecido en el semanario Proceso, del 27 de noviembre, los asesinos fueron sicarios de uno de los cárteles más poderosos de la droga, el de Zeta-Milenio, que con esta matanza se proponía simplemente advertir a un cártel rival, el del Pacífico, lo que le esperaba si seguía empeñado en tender sus redes en tierras de Jalisco, que los zetas consideran exclusivamente suyas. Lo que pone los pelos de punta al leer esta crónica no son solo los horripilantes excesos de crueldad cometidos por los forajidos en esta ocasión, sino que salvajismos de esta índole son frecuentes en distintos lugares de México, donde cerca de 50.000 personas han perecido ya desde que el Gobierno del presidente Felipe Calderón decidió enfrentar militarmente los cárteles de la droga que habían comenzado a infiltrarse como una hidra por todos los vericuetos del Estado, empezando por los cuerpos policiales.

Declarar esta guerra fue un acto de coraje, sin duda, que ha servido para sacar a la luz del día y mostrar el enorme poder económico y bélico del monstruo que anidaba en las entrañas de la sociedad mexicana, pero, también, para comprobar lo quimérico que es ya en nuestros días creer que se podrá acabar con el tráfico de drogas y la delincuencia y crímenes que genera mediante la simple represión. La bestia ha crecido demasiado y cuenta con demasiados recursos para poder derrotarla por las armas de modo definitivo. Ella se reproduce como las serpientes en la cabeza de la Medusa y la violencia que desata puede llegar a desarticular el funcionamiento de todas las instituciones y a convertir la democracia en una caricatura de sí misma.

Proceso reproduce el mensaje que los autores del asesinato dejaron garabateado en una de las camionetas. Basta tratar de leerlo para darse cuenta de la indescriptible mescolanza de ignominia, crueldad y estupidez que guía a los forajidos. Comienzan advirtiendo que "el pleito no es con la población civil. Es con el Chapo y Mayo Zambada que andan queriendo pelear y no defienden ni su tierra". Acusan a sus enemigos de ser "informantes de los gringos" y piden a las gentes de Jalisco que "se quiten la venda de los ojos". Añaden: "Aquí les dejamos estos muertitos. Sí, los levantamos nosotros para que miren que sin la ayuda de ningún cabrón estamos metidos hasta la cocina". Se despiden de este modo jactancioso: "Atentamente. Grupo Z, el cártel fuerte a nivel nacional. El único cártel no informante de los gringos. Lealtad, honor, Grupo Z, siempre leales". (He puesto la puntuación para hacer algo más comprensible ese mazacote sintético). Lo que parecen querer decir es muy simple: "Asesinamos a esos 26 solo para demostrar que podemos hacerlo". No tenían inquina alguna contra sus víctimas. Los aniquilaron solamente para que el enemigo supiera que estaban en condiciones de acabar con cualquiera que pretendiera disputarles el monopolio que se habían ganado a punta de dinero y balazos.

¿Significa esto que México seguirá hundiéndose en la barbarie de manera irreversible?

Nada de eso. Yo llegué a la ciudad de Guadalajara dos días después de aquella matanza, permanecí cuatro días en la ciudad y no vi ni un solo muerto ni una sola escena de violencia. Más bien, mañana, tarde y noche estuve rodeado de libros y de gentes cultas, apasionadas por el arte, las ideas, la música, la poesía, las novelas, hombres y mujeres que acudían en masa a escuchar presentaciones de novedades literarias, diálogos y debates de escritores, filósofos, politólogos, críticos y masas de personas que salían de los interminables pabellones de la Feria con enormes bolsas llenas de los libros que acaban de comprar. Tuve un diálogo público con Herta Muller sobre la vocación literaria y creo que ninguno de los dos vio jamás un público tan atento y numeroso, unos 1.800 espectadores. Cualquiera que hubiera vivido solo esa experiencia hubiera concluido que México está muy lejos de la barbarie y es uno de los países más civilizados, libres y cultos del planeta.

En verdad, México, como el resto de América Latina y buena parte del mundo, es ahora las dos cosas a la vez. Si, antaño, parecía que la civilización y la barbarie tenían bien definidas sus demarcaciones y eran antagónicas, hoy descubrimos que aquella era una más de las muchas ilusiones que fabricamos para no sentirnos demasiado inseguros en el mundo en que vivimos. Gracias al fanatismo religioso y político y su símbolo -el terrorista suicida- y a la criminalidad que la industria de la droga genera por doquier, además de factores como las enormes desigualdades económicas, el desplome de los valores espirituales y religiosos y el generalizado desapego a la ley, la barbarie es hoy un ingrediente esencial de la civilización, una de sus expresiones. No es una casualidad que en Noruega, que parecía un pequeño paraíso, el salvador de la humanidad Anders Behring Breivik se cargara el 22 de julio pasado a 77 inocentes, solo para mandar un mensaje al adversario, como hacen los zetas mexicanos.

Cuando recuerda que el Holocausto fue obra de un país que era el mismo de Goethe, Beethoven, Rilke y Thomas Mann, George Steiner saca la siguiente lección: "Las humanidades no humanizan". Tal vez tenga razón, tal vez sea cierto que la cultura no nos defiende contra el instinto tanático de destrucción y muerte que se disputa en nuestro ser con el Eros constructivo, solidario y vital.

Pero, acaso, la cercanía del peligro y del horror sea un poderoso aliciente para el quehacer cultural, lo impregne de una atracción hechicera y de una fuerza mágica a la que inconscientemente acudimos en pos de consuelo, ayuda, seguridad, cuando el suelo parece estar cediendo bajo nuestros pies. ¿Es esa la explicación de la extraordinaria concurrencia de jóvenes que, procedentes de todas las provincias de México, acuden a la Feria del Libro de Guadalajara? Las tres o cuatro veces que he estado allí siempre me llamó la atención esa presencia sobresaliente de chicos y chicas. Y este año ella ha sido infinitamente más numerosa que las anteriores, añadida de un gran número de niños que poblaban los pabellones de literatura infantil. Esos millares de muchachos y muchachas circulando por todos los rincones de la Feria, haciendo largas colas para asistir a los actos programados, hojeando los libros de las estanterías o leyendo tumbados por los suelos o apretujados en los cafés y salas de descanso, parecían inmunizados contra los peligros que erizan las calles de México, fuera del alcance de esos pistoleros semianalfabetos, armados de las armas más modernas de la industria bélica, que levantan a los indefensos transeúntes y los matan solo para que sus competidores sepan lo feroces y mortíferos que son.

La Feria del Libro de Guadalajara comenzó hace un cuarto de siglo sin muchas ínfulas pero ha ido creciendo de manera sistemática, sin pausa, y es ahora un encuentro internacional al que acuden editores, agentes, libreros, escritores y lectores de todos los países del globo. Su notable éxito se debe a que ha sabido combinar el aspecto industrial y comercial con el cultural, de mercado que es al mismo tiempo un semillero de actividades creativas en la que participan intelectuales y escritores de todas las culturas del globo. Ahora no solo existe en el Estado de Jalisco. Desde el año pasado se celebra también en Los Ángeles y esta es, creo, la única feria en Estados Unidos dedicada exclusivamente al libro en español.

Se trata de un espectáculo hermoso y gratificante, sin duda. Y, también, de un homenaje a esos 26 pobres diablos sacrificados de manera inmisericorde por las guerras cainitas del narcotráfico. Porque no hay nada más lejano de la muerte, la crueldad y la brutalidad que el amor por los libros.

Two anecdotes and a complaint.

By Scott Sumner.

Here’s a couple anecdotes I’ve heard about unemployment insurance:

1. A couple years ago a commenter mentioned the following story from someone who ran a hotel in California. A dozen or so maids were laid off during the recession. After a few months the owner tried to hire them back. They declined, saying that with their husband’s income and their unemployment insurance checks they found they didn’t need the second income. But note; if they were collecting UI then they would be required to call themselves “unemployed.”

2. A few days ago an acquaintance mentioned that he heard the following story from a Chicago taxi driver. He said it was hard to keep drivers, because they’d work for a few months and then go collect UI.

How are we to react to stories like these? Are they apocryphal? After all, you can’t collect UI if you quit your job. Except you can, I’ve known people who did so. Are they not politically correct? Do they represent “blaming the victim?” (Something I’ve been doing a lot recently.)

OK, here’s my complaint. I don’t like the way progressive bloggers talk about this issue, for all sorts of reasons (which have nothing to do with ideology–I’m not hostile to their policy views.) There’s a suggestion that anyone who talks about the disincentive effects of UI is somehow either clueless or cold-hearted. Maybe that’s true of some, but there are all sorts of reasons to take this issue very seriously. And suggesting UI has effects on employment is not the same thing as calling unemployed people “lazy.” Consider the following:

1. The statistical evidence on UI is overwhelming significant. When the UI benefits maxed out at 26 weeks, there was a spike in the number re-employed right after the benefits ran out. That’s not to say the benefits are necessarily inefficient, if the spike was due to the income effect then UI might actually make the job market more efficient. But it’s hard to dispute the fact that UI insurance does have some effect on labor supply. And that means some effect on employment, as studies show that the effects on unemployment duration even occur in areas with double digit unemployment.

2. Many Western European countries such as France saw their natural rates of unemployment rise from around 2% in the 1960s to about 10% in the 1980s. We don’t know all the reasons, but the most plausible explanations have to do with various labor market policies. Progressives have NEVER come up with a plausible explanation for this sharp rise in the European natural rate of unemployment. Until they do they have no business calling out conservatives who warn that the same thing could happen here.

3. Denmark recently found that their four year maximum on UI benefits was distorting the labor market, and cut the maximum duration to 2 years. Denmark is arguably the most progressive, most civic-minded country on Earth. Were they just imagining this problem? Were the policymakers over there hypnotized by Casey Mulligan?

4. Both liberals and conservatives seem prejudiced against the proletariat, but in slightly different ways. Some conservatives seem to think the unemployed are lazy, not willing to work hard. This outrages liberals, but I find their defense of the unemployed to be just as offensive. They seem to concede that if UI did increase unemployment, then the accusation of “laziness” would be valid. That’s easy to say if you have a nice, cushy, interesting white collar job that pays well.

I used to do various construction jobs like painting and roofing. It’s work I can do. Suppose I lost my six figure job and was offered a job paying $20,000 a year doing roofing. Would I take it? No, I’m too “lazy.” I’d keep collecting those UI checks and keep looking. Now consider those lucky hotel maids that were offered jobs paying something like $20,000 for the privilege of cleaning toilets and watching naked IMF chiefs parade around. And let’s assume they didn’t need the money because their husband had a job and they were also getting UI checks. And maybe they had kids they wanted to spend time with. How’s their decision any different from mine? Don’t we all follow self-interest? How does all this moralizing advance the positive issue of how many people are unemployed due to the 99 week UI maximum.

I don’t think anyone claims it’s the reason for all unemployment—large numbers of unemployed don’t even collect UI insurance. My guess is that around 1 out of every 100 Americans are current unemployed due to extended UI and higher minimum wage rates. Casey Mulligan seems to think it’s 2 or 3 out of 100. I think that’s too high, that AD is still a big problem. But we ought to be able to have a civil debate without descending into personal attacks. It’s an empirical question, and until we understand it that way we won’t be able to make sensible policy judgments. My hunch is that the Danes have already reached this understanding.

Now for a curve ball. I’m not calling for less UI right now. I’d like to see more monetary stimulus, and then gradually reduce the maximum UI benefits as jobs become more available. So I have “progressive” views on the AD question. But just because AD matters doesn’t mean AS stops mattering, no matter what the new-old Keynesian models tell us, and no matter how squeamish we are about talking about the issue.

In the long run we should reform UI to give workers more “skin in the game” (and idea progressives seem to hate.) If it’s going to worsen inequality, then accompany it with actions that make the payroll tax more progressive.

Why We Should Thank the Chinese Currency Manipulators

By Mark Perry.



Yes, China manipulates its currency, but it’s a form of generous foreign aid to Americans.

At a recent event hosted by The Aspen Institute, "Is U.S. Trade Policy Helping or Hurting Manufacturing?" and featuring former U.S. Trade Representative Susan Schwab and former principal economic adviser to Vice President Joseph Biden Jared Bernstein, there was a lively debate on a number of issues relating to trade and manufacturing. While there were differences of opinion on most topics, there was a strong consensus (including among the attendees) on one topic: China is a currency manipulator. Here is a summary of that consensus, as I understand it:
1. China manipulates its currency by keeping the yuan undervalued and the dollar overvalued.
2. That currency manipulation gives China an economic advantage that harms the United States.
3. The United States and other countries should individually or collectively take steps to persuade or force China to stop its manipulation.
4. Solutions to China’s currency manipulation range from direct legislation, like the bill passed recently in the Senate that will impose stiff tariffs on Chinese goods if the Treasury finds evidence of currency manipulation, to other forms of indirect pressure on China to persuade it to stop manipulating its currency.
Let me break from that consensus about China’s currency policy and present an alternative position:
In the best of all possible worlds for the United States, China would use its labor and capital to manufacture consumer products like clothing, footwear, furniture, electronics, and appliances and send $300 billion worth of these products to U.S. consumers for free every year as a gift or a form of foreign aid to the American people. In addition, the Chinese would produce and send to America another $100 billion worth of raw materials, parts, industrial supplies, inputs, and natural resources at no charge, as a gift to American manufacturers every year. (Note: That’s roughly the amount of goods we will purchase from China this year.)
Can there really be any argument that such an arrangement, where America would receive $400 billion worth of free goods every year from China, would be to the unquestionable economic advantage of the United States? Unfortunately, that extreme Chinese generosity is not realistic, so here's a possible second-best outcome:
Instead of sending us $400 billion worth of goods annually for free, China offers an attractive alternative. It agrees to send us $500 billion worth of consumer and industrial goods every year, but agrees to sell us those manufactured goods at a substantial 20 percent discount for only $400 billion. In that case, the amount of foreign aid will be less than the $400 billion in the first example, but will still be significant—a $100 billion gift every year from the Chinese people to the American people.
How will China generate this $100 billion in annual foreign aid to the United States? One way is to keep its currency undervalued to bring about the 20 percent discount on its products coming to America.
Which then raises the question: If China is willing to undervalue its currency, and in the process provide approximately $100 billion of foreign aid annually to American consumers and businesses, what’s the problem? Why should we complain?
And that is my main point: that the "manipulation" of China's currency is actually to the distinct advantage of millions of American consumers (especially low-income Americans) and U.S. businesses buying products made in China. Those two groups certainly aren't complaining about low-priced Chinese products, and in fact would be made worse off if China were forced to revalue its currency and in the process make its products more expensive for Americans.
So if neither American consumers nor U.S. import-buying businesses would benefit from a stronger yuan and a reduction in China's "foreign aid" to America, who would really benefit? The same group that always benefits from protectionist, mercantilist trade policies: domestic producers who compete against foreign rivals in China and elsewhere.
We know from economic theory and empirical evidence that protectionist tariffs produce benefits for domestic producers, but also higher costs for domestic consumers. Unfortunately, the costs to consumers from protectionism are greater than the benefits to producers, resulting in a net economic loss for the country and a reduction in its standard of living.
Likewise, forcing China to appreciate its currency would be equivalent to a protectionist tariff on Chinese goods and would make American consumers, import-buying companies, and the country as a whole worse off.
So when you hear discussion of China’s currency manipulation, keep the following in mind:
1. China's currency manipulation is a form of foreign aid, and to the direct advantage of millions of U.S. consumers, especially low-income groups, and to the direct advantage of thousands of American companies buying inputs from China.
2. Forcing China to revalue its currency would benefit some American manufacturers competing with China, but would significantly harm those American consumers and businesses currently buying undervalued imports. On net, there would be more harm to American consumers than benefits to American manufacturers, which would reduce our overall standard of living.
3. Like other forms of mercantilism and protectionism, forcing or pressuring China to appreciate its currency would favor certain domestic producers over millions of consumers and import-buying companies, but would make the United States worse off, not better off.
4. Finally, instead of complaining, we should be thankful for China's foreign aid to Americans through an undervalued yuan, overvalued dollar, and undervalued goods that collectively save American consumers and companies billions of dollars every year.
Bottom Line: If you wouldn't object to China sending products to the United States for free, then on what basis would you object to currency “manipulation” that allows you to purchase undervalued Chinese imports at a huge discount and great bargain?

El PSOE ante el abismo

Por Ignacio Moncada:

"Si el Partido Socialista opta por intentar recuperar el poder con urgencia, tomando atajos, sin autocrítica ni revisar su ideario, fracasará. No sólo no conseguirá recuperar el poder ante una España temporalmente vacunada contra el populismo socialista, sino que pospondrá la necesaria catarsis que necesita el partido. Ahora le tocan unos años de reflexión y enmienda que pueden alargarse más de lo que les gustaría. Deben revisar su doctrina económica, sus bases teóricas y su oferta política y moral, y refundar una alternativa de izquierdas acorde con nuestros tiempos. Deben analizar su oportunista relación con los nacionalismos, su aversión a la libertad económica y su tendencia al dirigismo de la sociedad desde arriba. De lo contrario, puede que no encuentren hueco en la España del siglo XXI. Otro partido, como UPyD, podría barrer al PSOE y pasar a ocupar de forma mayoritaria el centro-izquierda español. Las urnas no tienen piedad. Es el momento de que el Partido Socialista decida entre la catarsis ideológica o precipitarse por el abismo ante el que hoy se encuentra".

Marina Bay Sands, Singapure










Las arenas de la bahía del puerto están situadas a una altura de 200 metros sobre tres rascacielos, que sirven como pilares.

Aquí están los Casinos, Bares y Restaurantes más costosos del mundo, como también, la Piscina al aire libre más grande del mundo con 150 metros de largo e incluso un Museo de Arte Moderno.

La indignación y la ingratitud

Por Carlos Alberto Montaner.





Es curioso que estos jóvenes furiosos sean capaces de ver lo que la sociedad no les da, acaso porque no puede, pero ignoren lo mucho que les entrega. Esos españolitos o chilenitos rabiosos no advierten la sangre, el sudor y las lágrimas que les costó a sus antepasados, desde los más remotos hasta sus padres, crear y mantener las infraestructuras que ellos ahora disfrutan: puentes y carreteras, calles asfaltadas, hospitales, escuelas, parques, edificios, acueductos, puertos marítimos y aéreos o vías férreas. Ellos son los herederos privilegiados, pues se sirven de esas infraestructuras pagadas con el trabajo de muchas generaciones que vivieron miserablemente.

Estos jóvenes, empeñados en sentirse ofendidos, son incapaces de valorar el capital intangible que reciben de sus mayores cuando abren los ojos: las instituciones de derecho que armonizan la vida en común y dirimen los conflictos, las redes comerciales y financieras, los lazos de colaboración espontánea, el conocimiento vivo en las cátedras universitarias o en los medios de comunicación, las sofisticadas normas de convivencia... No se imaginan cuánto dolor y sacrificio ha costado esa obra admirable que les han legado y a la que nada o muy poco han contribuido.

En el 2006 el Banco Mundial se atrevió a medir la riqueza de más de un centenar de naciones. Sus mejores expertos sumaron lo que valían las riquezas naturales de cada una de ellas –tierras de pastoreo, minerales, maderas, etc.–, agregaron la riqueza producida –infraestructuras, artefactos, cosechas, etc.–, añadieron el capital intangible y dividieron la cifra resultante entre el número de habitantes. Ese era el capital per cápita que disfrutaba cada individuo; capital aportado por la sociedad en que vivía.

Los diez más ricos, con su intenso trabajo, habían logrado acumular entre 650.000 y 450.000 dólares per cápita. Suiza, a la cabeza del ranking, ponía a la disposición de sus moradores un capital calculado en 648.241 dólares. Es importante señalar que el factor más importante en esta fabulosa acumulación de riqueza es el capital intangible: más del ochenta por ciento. Nueve de los diez países más pobres eran africanos sub-saharianos. El más desdichado era Etiopía: apenas valía 1.965 dólares per cápita. Chile, por cierto, con 77.726 dólares, estaba en el cuarto lugar de América Latina, tras Argentina, Uruguay y Brasil. Los españoles alcanzaban la nada desdeñable suma de 261.205 dólares.

Sería interesante averiguar si esos jóvenes que tanto piden son capaces de reconocer lo que les han dado.




Pobreza y desigualdad

Por Gabriel Zaid.


Rompiendo con muchos de los lugares comunes que suelen aplicarse en el estudio social, Gabriel Zaid vaticina en este ensayo el deseable final de la pobreza y la inevitable -y sana- persistencia de la desigualdad. Llegará el día en que los pobres sean protegidos como una especie en extinción. Habrá zonas de veda, parques turísticos y hasta aldeas más o menos auténticas que ilustren cómo vivían. Quizá los visitantes admiren la inteligencia y dignidad con que se puede vivir estrechamente. Pero será difícil explicarles cómo pudo haber pobres en medio de la abundancia.

La pobreza puede quedar atrás en unas cuantas décadas. Pensar que será eterna ayuda a perpetuarla. No hay que confundirla con la desigualdad, que también existe entre los millonarios, y seguiría existiendo si toda la población fuese millonaria. La pobreza es económica, la desigualdad es social y política. La desigualdad política nació con el Estado, la vida sedentaria y la agricultura hace unos diez milenios. La desigualdad social viene de más lejos: de la vida animal, y en la democracia moderna se cultiva con pasión. De todo se hacen listas que muestren quién es más. Organizar concursos, clasificar a las personas y distinguirse en alguna clasificación entusiasman. Buscar criterios nunca vistos de jerarquización para Guinness se vuelve noticia.

La desigualdad económica es una de tantas, pero facilita otras. La riqueza ayuda a acumular distinciones. Además, el dinero es un criterio fácil de aplicar. Es más fácil jerarquizar a los artistas por su éxito económico que por su arte. Y los números fascinan. Las cifras millonarias de gastos, ingresos y patrimonio parecen fantasías más allá de este mundo, como si la vida de Creso superara infinitamente a la de Sócrates. Esto da a la pobreza una perspectiva sesgada: la llamada pobreza relativa (tener menos, gastar menos, ganar menos), que reduce la pobreza a desigualdad.

Muchas desigualdades son injustas y deben terminar, por ejemplo: la esclavitud, la discriminación racial. Pero la desigualdad económica no tiene esa importancia (no es injusta por sí misma), ni puede impedirse. Lo importante es que todo ser humano disponga de suficientes calorías, proteínas, agua potable, ropa, techo, vacunas, vitaminas; y esto es algo que se puede lograr. Lo que no tiene importancia, ni se puede lograr, es que todos igualen a los demás. Menos aún (aunque se recomienda mucho), que todos superen a todos los demás.

Seguir leyendo en Letras Libres.

Sobre la pobreza y la desigualdad. Carta a Arcadi Espada 08.12.2011

Estimado Sr. Espada.

En su entrada del 6 de diciembre, escribió usted sobre la desigualdad y la pobreza,  junto con el informe de la OCDE y enlazando el soberbio artículo de Gabriel Zaid.

En mi opinión la desigualdad no es un problema, la pobreza sí. Aunque harán falta muchos estudios para saber por qué molesta tanto la desigualdad.

Estoy de acuerdo con usted en lo del par libertad-injusticia.

En estos textos se ahonda en el tema de una manera inteligente: Walter Williams escribe sobre personas que han creado una riqueza inmensa para toda la humanidad, Xavier Sala i Martí sobre la reducción de la pobreza, Michael Tanner sobre el 1% más rico y José Carlos Rodríguez hace una inteligente crítica al estudio de la OCDE:

Pero además este tipo de estadísticas suelen interpretarse muy mal. Las vemos con ojos europeos, es decir, de una sociedad inmovilista o poco dinámica. No es el caso de los Estados Unidos, donde cada uno de los tramos en que se dividen los grupos de renta se corresponden con tramos de edad. Los ingresos más bajos se corresponden con los más jóvenes y los más altos con los más mayores, dentro de la edad activa. Esto es, se mejora en renta del trabajo a medida que ganamos en experiencia y responsabilidad. ¿Habrá quien se extrañe de ello? Quizá alguno que otro periodista, pero la mayoría sabe que esa es una experiencia común.

Efectivamente, hay que tener en cuenta que los ingresos en los hogares no son fijos, y se puede pasar a ingresar más o menos, evolucionando de pobre a rico o a la inversa. Por ejemplo, en Estados Unidos, según un estudio de la Minneapolis Fed, desde 2001 a 2007, solo el 56% de los hogares que estaban en el quintil más bajo de ingresos siguen en él, y el 5% se ha movido a los dos quintiles superiores. En cuanto a los pertenecientes al quintil más alto, solo permanecen en él el 66%, y el 5% han caído al quintil inferior. Todos los quintiles han evolucionado, y casi la mitad de sus miembros han evolucionado a otros quintiles.

Si hablamos del famoso 1% más rico, en Estados Unidos, solo el 56% de los que pertenecían a ese grupo en 1996 lo estaban en 2005. Aquí el informe completo.

Esto también es válido para las empresas, según Fortune, de las 500 compañías americanas más grandes en 1955, el 87% ya no están en esa lista.

Jarred Skorup escribe otro interesante análisis.

Aunque los datos anteriores son para Estados Unidos, seguro que los datos son similares para los países de la OCDE.


Aquí dejo algunos datos sobre las mejoras que afectan a la reducción de la pobreza:

-       La evolución es hacia un menor gasto por hogar en comida.

-       Una mayor producción agrícola.

-       La evolución en el nivel de vida.

-       Cada día se encuentran más combustibles fósiles.

-       Países, como Corea del Sur, que eran pobres se han convertido en ricos en pocos años.

-       Mejoras en el transporte de mercancías.

-       Dispositivos que no existían hace apenas 10 años.

-       Como pasamos de la cantidad a la calidad, en términos de población.

-       El crecimiento en África.

-       Animales para alimentarnos más grandes en menos tiempo.

-       Capacidad para enfrentarnos a los desastres naturales.

-       Más gas, más.

-       Y muchos más.


Otro día hablamos de la educación universitaria, y como se tendrá que adaptar la realidad, le dejo estos enlaces: Un estudio serio de Catherine Campbell, otro con humor y unos más serio de Alex Tabarok,

P.S.: Creo que le puede interesar esta pensadora.


Creo que me he excedido con los enlaces, pero ya tengo confianza con usted tras saludarle en persona y sabrá perdonarme. Por cierto, creía que era usted más alto.